El Notario del Siglo XXI - Revista 14

ISABEL ESTAPÉ TOUS
Notaria de Madrid

¿Han decidido ustedes algo a favor de la humanidad?, con esta pregunta saludaba Benedicto XVI a George Bush, nada más concluir la reunión de los países del G8. Una vez más los más ricos del mundo se habían congregado con la intención de intentar solucionar los problemas que asolan e invaden al mundo y una vez más los resultados no podían haber sido más pesimistas.
En efecto, los grandes males de nuestro tiempo -la miseria, la propagación de enfermedades, el terrorismo y el cambio climático- están íntimamente relacionados entre sí y sólo una firme determinación por parte del 15% de la población que ostenta el 80% de la renta global será capaz de frenar estas cuatro lacras que corren el riesgo de terminar con una sociedad que ha crecido en la última década a una velocidad mayor que ninguna otra.
Y la cuestión de todo ello radica en que los países más desarrollados no se dan cuenta que el no adoptar decisiones serias y rápidas, puede desembocar en el fin de nuestra civilización tal y como aconteció hace 2000 años con el imperio romano.
Más grave todavía es pensar que estos mismos países, o sus gobernantes,  no gocen de la inteligencia suficiente para rendirse a la evidencia: el fin de pobreza sólo será posible a través del capitalismo y ello redundará no sólo en el fin de los otros males como en un mayor desarrollo  económico para el Primer Mundo: las economías desarrolladas necesitan de los pobres para seguir creciendo, para ampliar sus mercados, sus industrias, etc, a los lugares y personas más desfavorecidas del planeta.

"La seguridad jurídica no debe ser sólo luchar contra los gobiernos corruptos a base de cortarles el “grifo” de la ayuda económica. Debe ir mas lejos y conseguir que los pobres tengan un título de propiedad que les asegure que su casa les pertenece"

Y llegados a este punto mis lectores se preguntarán si no he equivocado el contenido de mi primera aproximación al Notario del siglo XXI. Pues no, ya que los notarios, los abogados, los economistas y muchos otros profesionales, se caracterizan, o deberían caracterizarse, por sus inquietudes hacia los temas sociales y sobre todo por alcanzar el convencimiento que la pobreza puede y debe ser la derrotada.
Hace pocas fechas titulaba mi discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras de la siguiente forma “El fin de la pobreza. Reto de todo economista del siglo XXI”. Hoy modificaría dicho título y subrayaría que debe tratarse del objetivo de todo profesional del siglo XXI y en esta línea los juristas y especialmente los notarios, deben jugar un papel de primer orden.
Gracias al peruano Hernando de Soto, fundador del Instituto Democracia y Libertad y más cerca de nosotros, gracias a Rodrigo Tena, nos hemos convencido que los instrumentos de Política Económica si bien necesarios e imprescindibles ¡qué grandes éxitos se obtienen con la microfinanciación!, necesitan del Derecho y más concretamente de la seguridad jurídica para ser eficaces. Pero la seguridad jurídica entendida en su más amplia concepción: corremos el riesgo de suponer que esta atañe solo a los Estados y los gobiernos corruptos y es este un espacio nada desdeñable cuando se trata de luchar a favor de los aproximadamente 1000 millones de personas que viven con menos de un dólar al día. (Si, un dólar y no un euro, que cotiza un 30% mas del valor del anterior).

"El fin de pobreza sólo será posible a través del capitalismo. Las economías desarrolladas necesitan de los pobres para seguir creciendo, para ampliar sus mercados, sus industrias, etc, a los lugares y personas más desfavorecidas del planeta"

Pero la seguridad jurídica no debe centrarse solo en luchar contra los gobiernos corruptos a base de cortarles el “grifo” de la ayuda económica (desgraciadamente no existe otra vía a pesar del enorme perjuicio que a corto plazo pueda suponer para la población de dichos países). La seguridad jurídica debe ir mas lejos y debe centrarse en conseguir que “los pobres no sólo descubran que sus casas/chabolas están siendo robadas porque los perros ladran cuando se acerca el ladrón”,  en palabras de Hernando de Soto, sino porque realmente gozan de un título de propiedad que les asegure que aquella casa les pertenece.
Pensemos que sólo en Perú se han llegado a contabilizar hasta veinte propietarios por vivienda: ¡qué lejos nos hallamos del Primer Mundo donde la inmatriculación de fincas o la no inscripción de las mismas es cada vez menos frecuente!. Sólo cuando la población del Tercer Mundo disfrute plenamente de la seguridad que proporciona la propiedad podrá salir del retraso en el que se encuentra, dado que la propiedad será el instrumento para alcanzar la financiación tantas veces imprescindible para iniciar un proyecto económico (hipotecas, pignoraciones, etc.).
Hernando de Soto llega afirmar que según los cálculos por él realizados la riqueza oculta en manos de los pobres y que no puede aflorarse es superior a los 10.000 trillones de dólares. Si esta cifra es o no desorbitada o demostrable o si, de este dinero se beneficia el Primer Mundo, no nos incumbe a nosotros afirmarlo y menos en estas breves líneas. Pero si nos compete a nosotros, convencernos que este suscinta aproximación al mundo de la solidaridad, queridos profesionales del Derecho y de la Economía, no es fruto de la utopía y del idealismo ya que la famosa frase del español mas célebre de la historia, Don Quijote de la Mancha, sigue estando plenamente vigente “.. también los pobres virtuosos y discretos tienen quien les siga, honre y ampare”.