El Notario del Siglo XXI - Revista 36

ALFONSO MADRIDEJOS FERNÁNDEZ
Notario de Madrid

Jornada sobre el déficit democrático en el Notariado

Alfonso Madridejos Fernández, notario de Madrid, fue el encargado de desarrollar la ponencia titulada una propuesta de democratización del Notariado. Comenzó planteando por qué la reforma es ahora necesaria, por qué lo que antes valía ahora no vale, y señaló dos causas fundamentales:
1.- Unidad del Notariado. Antes existía un sistema, peor o mejor, que funcionaba porque había unidad, el Notariado estaba cohesionado y los decanos, elegidos por la inmensa mayoría de sus colegiados, elegían al presidente por unanimidad.
Ahora la situación es totalmente distinta y, tenga quien tenga la culpa, lo cierto es que el cuerpo no está unido, existen importantes minorías, colegios, asociaciones y notarios individuales que se siente excluidos y la realidad es que se desaprovechan esfuerzos, lo que es un lujo que, hoy por hoy, no nos podemos permitir.

"Hoy el Presidente del Consejo es Presidente de los notarios, y lo lógico y justo, en Democracia, es que los gobernados elijan por si mismos a sus gobernantes"

La mejor solución para recuperar la unidad es que se deje a los notarios elegir, de forma directa y por mayoría, a quienes tienen que gobernarles. Sólo esos dirigentes, elegidos directamente por la mayoría de los notarios, estarán en condiciones de exigir a todos la unidad en torno a ellos y gozarán de la máxima legitimación
2.- La importancia del Consejo también ha cambiado. Antes lo fundamental era la relación entre el notario y su colegio. La Junta de Decanos era un órgano de coordinación, con pocas competencias y escaso presupuesto, y era lógico que los decanos eligiesen a su presidente.
Hoy el Consejo se ha convertido en el órgano fundamental, con enorme presupuesto y grandes medios materiales y personales, se relaciona directamente con los notarios y sus decisiones afectan inmediatamente a la forma de trabajar, a los ingresos, a los gastos y, sobre todo, al futuro de cada notario.
Hoy el Presidente del Consejo es el Presidente de los notarios (no de los decanos) sobre los que gobierna directamente, y lo lógico y justo, en Democracia, es que los gobernados elijan por si mismos, sin necesidad de intermediarios, a sus gobernantes.
No se trata de quién manda o cuáles son las aspiraciones personales de uno u otro sino de que gobiernen los mejores y los mejores son aquellos que eligen la mayoría de los notarios por votación directa y correspondiendo a cada notario un voto.
A continuación hizo una referencia a la Ley de Colegios Profesionales afirmando que, tal y como luego fue corroborado en diversas intervenciones y en la mesa redonda, esa ley no constituye un obstáculo para llevar a buen fin la ansiada democratización del Notariado. También se hizo referencia a otras profesiones, que tienen una problemática muy distinta, a la organización de los registradores, dotados de un sistema envidiable y eficaz en el que las principales funciones y competencias corresponde a una Junta de Gobierno elegida directamente por todos los registradores, y al sistema de los Colegios Notariales, que goza de gran aceptación en el cuerpo, en el que la clave está en la distinción entre la Junta General, que es un órgano deliberante, y la Junta Directiva que es el órgano ejecutivo, dotado de competencias propias y elegido por todos los colegiados.
Pero la principal fuente de inspiración para la reforma debe ser el propio Consejo, no tanto su regulación legal como su situación fáctica actual ya que en su evolución histórica el Consejo ha ido adaptándose a las nuevas necesidades y la legislación lo que ha hecho es consagrar a posteriori esa evolución. La realidad actual es que hoy coexisten en el Consejo la Junta de Decanos y el Presidente y sus papeles y formas de actuar han cambiado.
La Junta de Decanos es un órgano deliberante, muy poco ágil, que se reúne, como mucho, una vez al mes y que normalmente se entera de los temas cuando ya han pasado. Los asuntos que trata son escasos, la mayoría dominante vota siempre en bloque, su funcionamiento sigue siendo el mismo que en el siglo pasado y el control económico no se ejerce ya que las cuentas se envían con muy pocos días de antelación, se sigue negando a los decanos el acceso a toda la información y existen auténticos "agujeros negros" como Ancert a cuyas cuentas sólo tienen acceso el Presidente. En realidad la misión fundamental, y casi única, de la Junta es la de elegir al Presidente.

"La reforma que se propone es relativamente fácil introduciendo mayor democracia, participación y eficacia ... y sólo hace falta voluntad para llevarla a cabo"

Frente a ello, el Presidente se ha convertido en el órgano fundamental. Todo el incremento de medios materiales y humanos (gabinete, asesores, etc.) se ha puesto directamente al servicio del Presidente, no de los decanos. Es el Presidente el que dirige los servicios, controla las cuentas y toma todo tipo de decisiones sin contar con los decanos a los que, en el mejor de los casos, informa de lo que él ya ha hecho y decidido.
Además, la imposibilidad de que toda la gestión la haga una sola persona ha hecho que se tienda a compartir el poder, de forma que existe un "núcleo duro", un conjunto de personas (antes la comisión permanente y hoy una difusa "presidencia"), no necesariamente decanos, que son los que llevan de hecho la política del Notariado.
De lo que hagan ese pequeño grupo de personas que son los que tienen que hacer frente a las crisis (como acaba de pasar, por ejemplo, con el tema de la tramitación telemática de sociedades), que toman las decisiones sin contar con la Junta y que frecuentemente actúan sin sustento legal o reglamentario depende muchas veces el futuro del Notariado. No se trata de quitar a esas personas para poner a otras, sino de que esas personas, cuya actuación nos es vital, sean las mejores y, en democracia, los mejores son los que eligen la mayoría de los gobernados.
La reforma que se propone es relativamente fácil puesto que se trata de consagrar lo ya existente, introduciendo mayor democracia, participación y eficacia. Básicamente bastaría con delimitar correctamente, con el consiguiente reparto de competencias, dentro del Consejo General los dos órganos hoy coexistentes:
1. - La Junta de Decanos. Sería un órgano deliberante cuya misión sería la tradicional coordinación de los colegios y el control económico (con medios eficaces y acceso a toda la información) y político del presidente (a través de las mociones de confianza o votos de censura).
En este órgano sería necesario (y así lo admitieron en el coloquio posterior prácticamente todos los Decanos presentes, incluido el Presidente) establecer un voto ponderado, en función del número de notarios de cada colegio, al menos en aquellos temas que afecten directamente al conjunto del Notariado.
2.- Órgano ejecutivo, sea unipersonal o pluripersonal, que asuma las competencias necesarias para representar y defender al Notariado (es decir, las que de forma fáctica ejerce en la actualidad), cuyos miembros deben ser elegidos directamente por todos los notarios mediante el sistema de "un notario, un voto".
Su actuación debe realizarse mediante los mecanismo más eficaces y debe estar sometido al control del órgano deliberante a quien correspondería, en primera instancia, aprobar las mociones de confianza o los votos de censura que puedan plantearse, aunque, como es lógico, si la confianza se quiebra (por denegarse la confianza o aprobarse la censura) lo que procede es la inmediata convocatoria de elecciones para que el conflicto lo resuelvan los realmente afectados, es decir, la totalidad de los notarios.
La reforma pretendida, mediante la simple modificación del Reglamento, que es donde está regulado el Consejo, es técnicamente posible, sencilla y viable (por mucho que quien quiera oponerse a elle siempre podrá alegar como excusa dificultades técnicas para aplazarla) y sólo hace falta voluntad para llevarla a cabo. La voluntad esencial, la de la inmensa mayoría de los notarios existe ya ha quedado reflejada en la encuesta, ahora sólo falta que todos los dirigentes, prescindiendo de protagonismos e intereses personales, la escuchen.