El Notario del Siglo XXI - Revista 36

JOSÉ MANUEL GARCÍA COLLANTES
Notario de Madrid

En el centenario de su muerte

El pasado ocho de febrero se cumplieron los cien años de la muerte en Graus de Joaquín Costa y Martínez, insoslayable personaje en la España del tránsito del siglo XIX al XX. El centenario ha pasado prácticamente desapercibido en la prensa. El carácter de notario de Joaquín Costa, función que ejerció durante toda su vida, unido a la trascendencia que su figura tuvo en su tiempo, justifica sobradamente que desde esta revista le sea dedicado un recuerdo y una breve semblanza. Al fin y al cabo un busto de Costa está presente en el salón de oposiciones del Colegio Notarial de Madrid y una de las más activas asociaciones de notarios se engrandece con su nombre. También el notariado fue objeto de sus ansias regeneracionistas: "Reforma de la fé pública" (Biblioteca jurídica de autores españoles y extranjeros. Madrid 1897).
El personaje
Posiblemente nada mejor que observar, en primer término, el cuadro de Costa que está en el Ateneo de Madrid para acercarse a la manera de ser de este aragonés nacido en Monzón el  catorce de septiembre de 1846. El óleo nos ofrece una mirada adusta, pero también clara y enérgica, directa y decidida. Y así fue nuestro personaje, caracterizado por el tesón, la pasión y la exaltación que puso en cuantas actividades emprendió en su vida, que fueron muchas.
Culto y trabajador hasta el extremo (se dice que trabajaba diecisiete horas diarias), publicó más de cuarenta obras, destacando las dedicadas a la historia social y del derecho tratando siempre de buscar en ellas tanto la esencia de España como las raíces de su atraso secular.
Siendo de familia muy humilde, no dejó escapar y supo aprovechar al máximo todas las posibilidades que la vida le ofreció. Estudió nociones de arquitectura y pasó dos años en Francia donde quedó vivamente impresionado por la Exposición Universal de París de 1867. (Como anécdota: Allí observó lo que entonces denominó "máquina para andar" y que inmediatamente dibujó y envió a sus amigos de España que, a su instancia, hicieron la primera reproducción en madera del invento: la bicicleta).   

"Culto y trabajador hasta el extremo, publicó más de cuarenta obras, destacando las dedicadas a la historia social y del derecho tratando siempre de buscar en ellas tanto la esencia de España como las raíces de su atraso secular"

Estudió y se doctoró en Derecho y en Filosofía y Letras. Fue el número uno en las oposiciones a notarías en el Colegio de Granada (1878) y muy pronto llegó a ser notario de Madrid, donde tuvo su despacho en la calle Barquillo.
No perdió el tiempo en su vida. Todo le interesaba. Elocuente en su estilo, tenía la virtud de condensar en frases concisas y extraordinariamente expresivas algunas de sus tesis principales: "despensa y escuela", "cerrar con siete llaves el sepulcro del Cid para que no vuelva a cabalgar", "notaría abierta, juzgado cerrado"; frases todas ellas que, aun con el riesgo de simplificación que llevan consigo al aislarlas de su contexto, se hicieron muy populares. (Costa fue el primero en hablar de una "España oficial" contraponiéndola a una "España vital o real", frase luego popularizada por Ortega).
Fue atrevido, radical y a veces idealista y utópico en muchos de sus planteamientos. Baste citar el proyecto que presentó en la "Sociedad Española de Africanistas y Colonistas" (fundada por él en 1883) de irrigación del Sahara mediante aguas subterráneas con objeto de convertir el desierto en zona verde, idea mucho menos disparatada de lo que a primea vista pudiera parecer y que tuvo entonces su principal valedor en Fernando de Lesseps.
Creo, por todo ello,  que es muy ajustado a su personalidad el calificativo de "rotundo" que encabeza este artículo y que le ha sido dado por el profesor Palacio Atard.
La España en la que le tocó vivir
Fue la España de la Restauración canovista la que cubrió su etapa de formación y maduración intelectual, etapa de aceptable nivel de estabilidad política y social en España, pero de intensa agitación ideológica centrada en la denuncia y exposición de los vicios y lacras que arrastraba el país y su necesario resurgimiento. Frente a corrientes conservadoras (Menéndez Pelayo fundamentalmente), Costa representa la tendencia más abierta al exterior ("sanear a España con aires de europeización") recogiendo el testigo que mucho antes había sido lanzado por Cadalso o el propio Larra y que entonces representaba también la Institución Libre de Enseñanza, de la que Costa fue profesor.

"Fue un crítico acerado de la realidad española dirigiendo ataques despiadados contra lo que él siempre consideró uno de los principales vicios del sistema: los caciques"

Nunca estuvo cómodo en el ambiente relajado de la Restauración que, al final, se reveló como falso. Fue un crítico acerado de la realidad española dirigiendo ataques despiadados contra lo que él siempre consideró uno de los principales vicios del sistema: los caciques. Son muy famosas sus conferencias en el Ateneo ("Oligarquía y caciquismo") en las que con su peculiar estilo, que hoy calificaríamos de "populista", arremetía no sólo contra los oligarcas sino también contra la parálisis de la voluntad de los españoles (a los que llamó "palomitas sin hiel") que consentían la situación.
El "desastre del 98" cambió su actitud vital y de la denuncia y el estudio pasó a la acción, Costa se convierte en el principal valedor del famoso movimiento regenerador. Fue de él de quien salió el término "regeneración" y fue, sin duda, quien mejor expresó las ansias reformistas que se apoderaron de España en aquel triste momento. Ansias que él mismo concretó en un extenso documento de 13 de noviembre de 1898 (el "mensaje" de la Cámara Agrícola del Alto Aragón) que contenía todo un programa de política "reductora", "simplificadora" y "sumarísima" que abarcaba todos los aspectos de la vida española del momento con propuestas muy radicales envueltas en un lenguaje directo,  llamativo y exaltado ("entrar en el presupuesto de gastos como Atila en Roma") que le valió ser acusado de histérico - Ortega llegó a hablar de la "incontinencia enfermiza" de Costa ... y que luego fue, en cierto modo, atemperado en un "programa definitivo" de 1901 basado en dos objetivos: la enseñanza y la producción ("despensa y escuela").
Lo que nos queda de él
Joaquín Costa gozó de gran popularidad en su época y sus ideas y escritos llegaron hasta bien entrado el siglo XX. Políticos y ensayistas de todos los signos lo han utilizado como referencia y no han faltado proyectos y realidades de reconstrucción económica y social basadas indirectamente en sus propuestas. Pero en su época Costa fracasó, como fracasó todo el proyecto regeneracionista. El extraordinario caudal de ideas que él y los intelectuales de la "generación del 98" vertieron sobre la pobre España del momento quedó en una valiosa pero simple denuncia.

"Fue consciente de los problemas de España en un momento especialmente difícil y se comprometió con toda su alma en su solución"

Quisieron movilizar y despertar al país y hacerlo dueño de sus destinos. Soñaron con otorgar la ciudadanía y la educación a todos los españoles, pero fue precisamente la ausencia de cultura y educación en el país lo que provocó que sólo pudieran movilizar a unos pocos selectos. El país no les siguió. Dicen los historiadores que faltó una estructura política que vertebrase el movimiento. Joaquín Costa fue consciente de ello y lo intentó, pero no fue seguido por el resto de "regeneracionistas" que no querían involucrarse en un sistema que ellos mismos rechazaban. Al final Costa terminó sus días retirado en Graus, desencantado, muy enfermo y radicalizado.    
Pero hay algo que nadie le podrá negar. Fue consciente de los problemas de España en un momento especialmente difícil y se comprometió con toda su alma en su solución. Nunca adoptó la actitud insensible y fría, tan frecuente entre los intelectuales, de analizar la realidad que contemplan desde la lejanía pero sin comprometerse en acciones concretas. (Nadie como Montaigne y, en cierto modo Erasmo, para dar clases sobre ello). Costa hizo lo contrario. Se "lanzó a la arena" y fracasó. Nos queda, eso sí, su compasión y su compromiso con la España de su tiempo.