El Notario del Siglo XXI - Revista 37

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR
Periodista

Piensa global pero actúa local, es uno de los lemas de más general aceptación ahora que todos nos estamos digitalizando. Su validez acaba de comprobarse de nuevo en Libia. Allí se ha impuesto una zona de exclusión aérea y un bloqueo al suministro de armas al dictador, conforme a un pensamiento global. Pero los aliados se abstienen de echar pie a tierra, como exigiría el actúa local preceptuado en la segunda parte del referido lema. De modo que el propósito liberador se encuentra paralizado. Porque las tropas de Gadafhi, instruidas y encuadradas por sus mandos naturales y al día en la recepción de su buena paga, demuestran clara superioridad frente a la entusiasta recluta improvisada por los rebeldes, en cuyas irregulares filas la adversidad propende a generar la huida súbita. Sobre las improvisaciones clamorosas en tiempos bélicos algo sabemos aquí porque cuando el alzamiento del 18 de julio de 1936 el gobierno de la República procedió a disolver el Ejército. Entonces, el desbordamiento de los partidos y sindicatos forzó la entrega de las armas al pueblo. Y el pueblo, sin la instrucción debida, ni la disciplina precisa, ni los mandos necesarios tan pronto derrochaba muertos y heroísmo como entraba en pánico con el olor de la pólvora, soltando las armas a la carrera, cada vez más de prisa y siempre hacia atrás.
Más se publica sobre la guerra civil -ahora mismo El holocausto español de Paul Preston (Editorial Debate. Barcelona, 2011)-, más valor cobran algunos testimonios escritos mientras el conflicto se estaba peleando. Cierto que el ambiente bélico impulsa el sectarismo beligerante pero quienes resisten esa degradación dejan piezas extraordinarias. Además queda clara la diferencia abismal entre lo que se escribe sobre la guerra y lo que se escribió con un valor temerario durante la propia guerra. Ese durante marca la diferencia del temple moral del escritor. Porque como sucede con el artillero, su puntería adquiere valor auténtico cuando es capaz de afinarse mientras está recibiendo los impactos de los cañones enemigos. En los ejercicios de maniobras todo es muy elegante y los disparos que se intercambian son inocuos, de fogueo, sin carga mortífera. Es bajo el riesgo de la munición efectiva cuando se miden las aptitudes de los oficiales o de los periodistas y escritores.

"Piensa global pero actúa local, es uno de los lemas de más general aceptación ahora que todos nos estamos digitalizando"

Entre todos los de entonces destaca Manuel Chaves Nogales, quien dirigió el periódico Ahora, el más prestigioso y de mayor tirada cuando la República. Algunos textos suyos, correspondientes al periodo de 1931  1936, que fueron recogidos en la antología “Cuatro Historias de la República” (Editorial Destino. Barcelona, 2003) junto a los de Josep Pla, Julio Camba y Gaziel, muestran una lucidez incomparable. Por eso también los nueve relatos del libro A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, apuntes tomados del natural acrecientan su interés porque ponen la mejor escritura al  servicio de la narración más exacta sin licencias imaginativas ni más recurso que el de velar apenas los nombres propios sobre los que hubieran podido recaer responsabilidades penales. Impresiona, por ejemplo, la concordancia del relato que Chaves Nogales titula La gesta de los caballistas con la narración, ya con nombres y apellidos como el de José de Mora-Figueroa, marqués de Tamarón, ofrecida en el capítulo dedicado por Paul Preston al terror de Queipo. Impresiona la descripción de la crueldad feroz del hombre que ha tenido miedo, del gusto  inédito del pobre hombre civil por el brillante aparato militar al encontrar la ocasión de saciarse, del miedo odioso que el sectario profesa al hombre libre e independiente.
Son lecturas que nos devuelven a las escenas de la guerra de los Balcanes que hemos visto durante pasar en televisión. Nos parecían de otro mundo y sucede que ha sido el nuestro de hace setenta años. Las venganzas, las delaciones, las represalias, los ajustes de cuentas, las torturas, las violaciones, los bombardeos de la población civil, los fusilamientos, las fosas, las falsas invocaciones, el convencimiento de que una buena bandera lo tapa todo, conforme a la leyenda de aquella viñeta de El Roto en el diario El País. Pero ninguno de estos desastres ajenos y propios llega a desencadenarse sin la ambientación previa que propician los medios de comunicación. Esta cooperación necesaria puede rastrearse hacia atrás hasta el momento en que de los pliegos de cordel se pasa a la prensa de masas, cuyos efectos amplifican después la radio y la televisión. Así que al  menos desde la guerra hispano-norteamericana de 1898 ningún conflicto bélico ha estallado sin la diseminación previa del odio y del antagonismo de los que se amunicionan los que acaban enfrentados en el campo de batalla. Sin preparación artillera el avance de la infantería es temerario y sin preparación mediática la opinión pública se interpondría para descalificar y paralizar el intento.
En estas estábamos cuando aparece en la contra del diario La Vanguardia Kelly Nyks, director del documental Split: a divided America, entrevistado por Lluis Amiguet. Nuestro director interrogado por esa división cada vez más profunda mientras parecería que el centro político tendiera a evaporarse  en todos los países, responde que antes cada ciudadano tenía derecho a elegir una opinión, pero estaba fuera de su alcance inventarse unos hechos. Lo que ha cambiado, señala, es que ahora las nuevas tecnologías permiten a cada ciudadano elegir también la realidad que prefiere y encerrarse dentro de ella como si fuera una burbuja. Porque hay señala Nyks más información que nunca, estamos anegados de noticias de muy diferente fiabilidad y, como tenemos advertido en estas páginas, la primera carencia que nos afecta, igual que sucede en todas las inundaciones es la del agua potable, es decir, la de la información inteligible. Pero además en estos tiempos de las nuevas tecnologías se han multiplicado las facilidades para la tergiversación a un coste cada vez menor. De manera que cualquiera puede manipular, mezclar, montar, alterar, añadir voz, sonido, imágenes, vídeos. Lo cual permite que cada uno elija su realidad y se nutra sólo de los contenidos que la mantienen incuestionable. Antes los hechos no eran elegibles que es lo que ahora pasa.

"Nunca ha sido tan fácil, tan hacedero, crear una cadena de televisión de ullraderecha, con capacidad para emitir vídeos trucados y convocar tertulias con expertos que los comentan y amplifican con un sin fin de recursos mediáticos hasta conseguir crear una realidad paralela"

Nunca ha sido tan fácil, tan hacedero, crear una cadena de televisión de ullraderecha, con capacidad para emitir vídeos trucados y convocar tertulias con expertos que los comentan y amplifican con un sin fin de recursos mediáticos hasta conseguir crear una realidad paralela. De ahí que haya millones de  norteamericanos que todavía cree que en Iraq se encontraron armas de destrucción masiva. Una creencia que se apoya por encima de que lo haya dicho la Fox en que lo han visto en sus vídeos. Es la nueva fe que ha sustituido a la que antes suscitaba haberlo leído en los papeles. Por eso aquí, entre nosotros, hay quien sigue afirmando que la masacre del 11 de marzo de 2004 no fue obra de terroristas islámicos sino resultado de una conspiración a base del partido socialista y de los etarras marroquíes, como si las mochilas que hicieron explosión en los trenes hubieran sido preparadas en la sede del PSOE de la calle de Ferraz con participación de Alfredo Pérez Rublacaba. Ni la policía, ni los jueces habrían establecido la verdad, porque la realidad de los hechos se evapora cuando prevalece la insistencia en desafiarla desde algunos medios de comunicación que mantienen hipnotizada a su audiencia. Así que, gracias a la acción denodada de determinados medios nos encontramos ante otro Split: a divided Spain. Cierto que siempre hubo espacio para opiniones radicales que impugnaban los hechos, convicciones que creaban evidencias, como escribió Marcel Proust, pero antes se imponía la “verdad de la mayoría” que venía a ser la que ratificaban con honestidad los grandes medios como The New York Times o The Washington Post. Ahora, por el contrario, subraya Nyks, esos medios han perdido la capacidad de ofrecer una versión hegemónica de la realidad y tan solo compiten con la suministrada por la Fox o el Tea Party.  

"Los medios tan propensos a presentarse como víctimas del poder, frente al que pueden desplegar muy eficaces resistencias son por lo general incapaces de reconocerse como agresores de gentes muchas veces inermes sin posibilidad de defenderse de manera proporcionada"

Piensa global y actúa local dice el lema citado al comienzo de estas líneas. Y por eso, en el  caso de los medios informativos de nuestro país, conviene atender a las características específicas que presentan. Una de ellas es su aversión a rectificar, su resistencia a dar el derecho de réplica. De modo que los medios tan propensos a presentarse como víctimas del poder, frente al que pueden desplegar muy eficaces resistencias son por lo general incapaces de reconocerse como agresores de gentes muchas veces inermes sin posibilidad de defenderse de manera proporcionada. Entre nosotros sigue vigente el adagio de que quien calla otorga. Pero el que intenta la réplica encuentra obstáculos insalvables para que sea atendida de modo equilibrado y al hacerlo corren el riesgo de que su actitud incentive en el medio afectado el deseo de volver a la carga aumentando la dosis. Queda la opción al perjudicado de recurrir a los tribunales pero ese recurso tiene efectos  fulminantes, que multiplican la potencia del impacto negativo al diseminarlo al conjunto de los medios, tan atentos a todo lo que se formaliza en las instancias judiciales. Además, las garantías procesales permiten una dilación desesperante y sirven para que al hilo de las sucesivas vicisitudes, autos, citaciones, vistas y sentencias de la audiencia territorial o del Tribunal Superior que corresponda vuelvan a reiterarse las acusaciones de las que intentaba defenderse. De forma que los encausados en los medios renuncian a reclamar su inocencia persuadidos de que cuando la obtuvieran se habrían inflingido daños mayores. Porque la absolución es irrelevante en comparación con la pena de banquillo que habrían de padecer y la condena que obligara a los medios sería recogida de forma insignificante, incomprensible y por completo defasada, sin producir reparación apreciable alguna.
Cabría citar el caso por el que se ha interesado el Consejo General del Notariado, referente a los notarios procesados en el affaire llamado Ballena Blanca. Sucede que la sección segunda de la Audiencia Provincial de Málaga en sentencia 200/11 de 31 de marzo ha fallado la absolución de todas y cada una de las imputaciones formuladas contra los notarios de Marbella María Amelia Bergillos y de Granada Álvaro Rodríguez Espinosa. El fallo se produce después de cinco años de que se iniciara el procedimiento en marzo de 2005 y ahora el Consejo en un comunicado solicita para esta noticia absolutoria “un tratamiento informativo similar al que se dio cuando fueron detenidos”. Lasciate ogni speranza voi ch’entrate en el infierno de los medios. Recordemos aquello de “las reclamaciones al maestro armero” con la que aquí eludimos las propias responsabilidades.