El Notario del Siglo XXI - Revista 46

IGNACIO MALDONADO RAMOS
Notario de Madrid

Siempre es peligroso emplear un instrumento cualquiera buscando un  fin para el que no fue diseñado, especialmente cuando se trata de creaciones abstractas o mentales. Y si se hace en materias relacionadas con el mundo  jurídico-económico, el riesgo de causar daños no deseados a inocentes es aún mayor.
Así pasó durante el desarrollismo de los años sesenta. Para facilitar el acceso de la población a la recientemente adquirida sociedad de consumo, se hacía necesario fomentar la venta a plazos. El problema es que aún no había en la legislación medios jurídicos que permitieran garantizar suficientemente a los proveedores el reembolso en caso de impago. Entonces se decidió utilizar una vieja institución pensada para los comerciantes y sus negocios entre ellos: las letras de cambio. Firmar "letras" se convirtió en una costumbre nacional, lo mismo para adquirir una lavadora que un coche o un pisito. El problema es que muchos no sabían que, una vez firmada, se podía convertir en una bomba de relojería. Cuando se reclamaba el pago, no valía aducir que el lavaplatos no funcionaba, que la tele se veía borrosa o que en la parcela de la sierra no había un miserable pino. El titular de la letra ya no era la persona con la que se había firmado la compraventa, sino un banco, al cual no le afectaban tus problemas con el vendedor. El incauto consumidor se veía abocado al embargo, por lo cual la mayoría optaba al final por pagar, aunque pensasen que se les había estafado. Eso sí, con un sustancial incremento por su "morosidad".

"El Registro de la Propiedad permite la puesta en marcha del proceso destinado a privar de su vivienda al propietario, sin que valgan protestas, justificaciones o excusas, ni haber nadie a quien pedir un poco de paciencia o al menos de comprensión"

La historia se ha repetido con el "boom" inmobiliario y crediticio de los últimos años. En esta ocasión se ha echado mano de la Hipoteca, con resultados parecidos. Un instrumento pensado, según los legisladores que la introdujeron, "para liberar al propietario del yugo de los usureros", que  los padres de familia suscribían con temor reverencial y que se honraban en cancelar tan anticipadamente como les era posible, ha ido popularizándose, al igual que las ya olvidadas "letras". Con el señuelo de los bajos tipos de interés y de la supuesta revalorización constante de la propiedad, los ciudadanos han ido "entrampando" sus hogares en una espiral, suicida para muchos. Primero fue la mera adquisición de la vivienda, después las obras de mejora, luego la segunda residencia, más tarde bienes de consumo e incluso viajes de turismo. Para ello, bastaba con ir aumentando sucesivamente el importe de la deuda y el plazo de duración del préstamo, superando las prudentes barreras tradicionalmente fijadas. Así se ha llegado a cifras del ciento cuarenta por ciento del valor de la tasación y a períodos de cuarenta  años.

"El Real Decreto Ley aprobado el jueves pasado introduce por fin la posibilidad de que alguien pueda escuchar a las personas en trance de desahucio y darles un poco de esperanza"

Y cuando la fiesta termina, no hay defensa posible. En la época de las letras, al menos cabía oponer ciertas excepciones para tratar de evitar el embargo, pero con las hipotecas es imposible dialogar con nadie. El Registro de la Propiedad, cómo una máquina ciega e inexorable, permite la puesta en marcha del proceso (no en balde denominado ominosamente "de ejecución"), destinado a privar de su antes tan valiosa vivienda al desconcertado propietario, sin que valgan protestas, justificaciones o excusas, ni haber nadie a quien pedir un poco de paciencia o al menos de comprensión.
Hasta ahora.
El Real Decreto Ley aprobado el quince de noviembre pasado introduce por fin medidas para suspender, al menos temporalmente y en casos extremados, los desahucios nacidos al amparo de los procesos de ejecución hipotecaria. Aún es pronto para calibrar su utilidad y eficacia,  pero al menos por primera vez las personas en trance de verse expulsados irremisiblemente de su vivienda pueden acudir a los mismos encargados de sustanciar el proceso para que les escuchen  y les den un poco de esperanza.

Resumen

Es peligroso emplear un instrumento buscando un  fin para el que no fue diseñado. Así en los años sesenta, para facilitar el acceso de la población a la sociedad de consumo, se fomentó la venta a plazos. El problema es que aún no había en la legislación medios jurídicos que permitieran garantizar a los proveedores el reembolso en caso de impago. Entonces se decidió utilizar las letras de cambio.
La historia se ha repetido con el "boom" inmobiliario y crediticio de los últimos años. En esta ocasión se ha echado mano de la Hipoteca. Y cuando la fiesta termina, no hay defensa posible. El Registro de la Propiedad permite la puesta en marcha del proceso destinado a privar de su vivienda al propietario, sin que valgan protestas, justificaciones o excusas, ni haber nadie a quien pedir un poco de paciencia o al menos de comprensión.
Hasta ahora. El Real Decreto Ley aprobado introduce por fin medidas para suspender, al menos temporalmente y en casos extremados, los desahucios nacidos al amparo de los procesos de ejecución hipotecaria, dando a los ciudadnos un poco de esperanza.

Abstract

Using an instrument for purposes it was not designed for might be dangerous. For example, in the sixties, installment was promoted to give the population access to the consumer society. The problem was that legislation did not yet count on the necessary legal instruments to guarantee the repayment of suppliers in case of nonpayment. Therefore, they decided to use bills of exchange.
History has repeated itself these last years in the case of the real estate and credit booms. This time they have resorted to mortgage. And when the party is over, there is no possible defense. The Property Registry allows the filing of legal proceedings meant to deprive the owner of his property, without protest, justifications or excuses whatsoever. There is no one to be asked for some patience or, at least, some understanding.
Up to now. The recently passed Royal Decree contains, at last, some measures to suspend, temporarily and in extreme cases, those evictions born under eviction procedures, giving the citizens a ray of hope.