El Notario del Siglo XXI - Revista 59

JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA SÁNCHEZ
Decano honorario

La obra recoge la memoria imborrable  de escribanos y notarios legendarios

Eso es en efecto el elenco de las biografías de próceres notariales que se publicaban periódicamente en la revista La Gazeta de los notarios que por desgracia desapareció en 1998 a la corta edad de diez años. Antonio Pérez Sanz, su mentor durante tantos años, ha tenido la feliz idea de recogerlas en un volumen que acaba de publicar la Fundación Matritense del Notariado del Colegio Notarial de Madrid. Hubiese sido una lástima que se perdiesen en el olvido las gestas de estos pioneros que, además de ejercer la función fedataria, prestaron  a la patria y a la humanidad servicios y progreso.
Notarios y escribanos poetas como Joan Moreno en la Valencia del s. XV o Cubillo en Aragón en el siglo siguiente, historiadores y literatos como los Arias Montano en el s. XVI, José Toral en el XVIII, el gran novelista López de Haro,  o Pérez de Montalbán que además de clérigo y notario de la Inquisición fue autor de varios tomos de comedias, sin olvidar a Gonzalo Fernández de Oviedo autor de la Historia General y Natural de Indias  o al mismo Per Abad redactor del Mío Cid que para muchos era notario.  No faltan  en el elenco escribanos santos, ahí queda entre otros San Ginés (San Genís en catalán y San Xenxo en Gallego), algún Mariscal de Campo como lo fue --y con éxito durante las guerras carlistas-- el notario José Férula, y hasta algún farandulero, pícaro y buscavidas antes de profesar la fe pública, caso de Agustín de Rojas, el Caballero del Milagro. Regeneracionistas como Joaquín Costa y su relevo generacional Julio-Senador Gómez-Maestro a cuya biografía por cierto dedicó el discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas Fabián Estapé, padre de la hoy notaria Isabel Estapé.   
No hubiera sido justo  olvidar  a otros notarios relevantes como el que fue primer  bibliotecario del Escorial, Lucas Gracián, el fundador de la Universidad de Santiago, Lope Gómez de Marzoa, el que autorizó el testamento de Isabel la Católica, Gaspar de Grizio, retratado en el famoso cuadro de Rosales,  y más recientemente el que fue notario y alcalde de Barcelona José Mª Porcioles o el  ínclito Diego Hidalgo, Ministro con Lerroux durante la II República y autor de una obra singular Un notario español en Rusia (1929) que mereció reedición en 1986. Y también, por qué no, a José Nieto, al que Pérez Luján utilizó como prototipo, Nietiño, en su  famosa novela La Casa de la Troya.

"Notarios que redactaron acta de presencia  de hechos inmortales, como  la toma de posesión en nombre de los Reyes de la isla Guanahaní,  la rebelión de Lope de Aguirre, o el hecho del descubrimiento y toma de posesión del mar del sur (Océano Pacífico)"

Humanistas como Vázquez Campo, Díez Pastor o Núñez Lagos, documentalistas como José de Febrero o Gonzalo de las Casas...La relación sería interminable y aquí solo se trata de apuntar algunos de los hitos de esta Galería de escribanos y notarios inmortales que la obra de Pérez Sanz recoge.
Pero no resisto la tentación de hacer una referencia a las Américas donde se trasplantó con buen pie el notariado y aun sigue floreciente en toda América latina. Sabido es que Felipe II ordenó: pongáis en cada navío escribano que tenga cuenta y razón...., no era preciso, ya lo hubo en el primer viaje de Colón.
Y algunos fueron más allá. Notarios  hubo que descubrieron islas como Rodrigo de Bastidas, conquistaron países como Hernán Cortés, (que estudió escribanía en Salamanca) o López de Legazpi que antes de conquistar las Filipinas había ejercido como Escribano Mayor de Méjico.
Y en el orden estrictamente fedatario es obligado recordar a los notarios que redactaron actas de presencia  de hechos inmortales, Rodrigo de Escobedo dio fe de la toma de posesión en nombre de los Reyes de la isla Guanahaní en el viaje del descubrimiento, Melchor de Villegas dejó constancia fehaciente de la rebelión de Lope de Aguirre, bien que  a instancia de este, y –termino ya-- Andrés de Valderrábano que testimonió en pública y solemne forma, entre   lágrimas y cantando el Te Deum, el hecho del descubrimiento y toma de posesión del mar del sur --Océano Pacífico-- por Núñez de Balboa  el 25 de septiembre de 1513, hecho que además de gozar de acta notarial de presencia  fue magistralmente narrado por Stefan Zweig como uno de los momentos estelares de la humanidad.
Que existan estos instrumentos notariales, aparte de demostrar la vitalidad y arraigo de la institución, es una evidencia más de la importancia histórica y social de la obra que comentamos.