El Notario del Siglo XXI - Revista 6

PAOLO PASQUALIS
Notario de Portogruaro y fue ponente general del Congreso

La idea de un congreso (el primero) de notarios europeos había suscitado bastante poco entusiasmo. Esta idea nació en el 2003, del presidente de turno de la CNUE y presidente del Consejo Superior del Notariado Francés, Armad Roth, que inmediatamente propuso Roma como sede y el notariado italiano como principal organizador.
Las preguntas que muchos plantearon seguramente estaban justificadas. ¿Realmente existe la necesidad de un congreso de notarios de los países miembros de la Unión Europea? ¿Debería estar abierto a la participación de personas que no fueran notarios? ¿Sobre qué temas hablaremos? Y especialmente ¿lo haremos en público, en presencia de otros profesionales y autoridades europeas? ¿Pero no ha sido siempre nuestra política (nacional y continental) intentar destacar lo menos posible? ¿No existía ya un congreso de la UINL con cincuenta años de tradición que se iba a celebrar en 2007 en Europa, en Madrid?
Las jornadas del 10 y 11 de noviembre en Roma han sabido dar respuesta a todo esto, y también han añadido algún que otro estímulo más. La participación de 1400 notarios (casi 2000 congresistas en total, contando también a los acompañantes, y teniendo en cuenta que las inscripciones se cerraron con antelación por "overbooking") ha demostrado, además de nuestro amor por Roma, el interés que casi todos sentimos por los temas que vienen de Europa y a los que nos enfrentamos a diario también a nivel nacional. O por nuestra función como profesionales libres, pero sobre todo como funcionarios públicos frente a las reglas relativas a la libertad de establecimiento, a la libre prestación de servicios y a la competencia. O la amplia utilización de las nuevas tecnologías en nuestro sector, que hace que nos sintamos orgullosos y conocedores de ocupar seguramente una posición puntera. Y desde luego, la aportación que sabemos podemos ofrecer a la armonización europea de las reglas en materia de derecho de familia, de sucesiones y de contratos.
Pero la mejor parte del congreso quizás haya sido justamente la de las intervenciones de los que no eran notarios: representantes políticos, jueces, profesores, abogados, funcionarios de instituciones europeas. No hay espacio aquí para mencionarlos a todos, pero se puede hacer una observación común: todos han demostrado haber entendido el papel del notario y saber apreciarlo. Quizás esto puede resultar obvio e inevitable, dado que habían sido enviados para hablar en un congreso de notarios, pero la amplitud y la claridad de sus argumentos me hace pensar más bien que realmente estaban convencidos. En cualquier caso, nuestro primer congreso europeo nos ha dejado algunos documentos de valor indudable (el discurso de clausura del Comisario de la  UE  señor Frattini, sólo por dar un ejemplo) que no dejarán de sernos útiles en el futuro.
Los notarios europeos, por tanto, tienen ganas de reunirse. Los temas a tratar existen y son importantes. Las autoridades europeas, la academia y demás profesiones nos observan y escuchan con atención. Es mejor intentar prevenir que evitar las alternativas políticas que nos afectan. Como vemos hay materia para celebrar otros muchos congresos en el futuro.