El Notario del Siglo XXI - Revista 6

JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA SÁNCHEZ
Decano del Colegio Notarial de Madrid

Vaya por delante la excelente acogida que ha tenido la obra OCHO MINUTOS DE ARCO original de uno de los miembros del Consejo de redacción de EL NOTARIO DEL SIGLO XXI, Rodrigo Tena, de la que en el numero anterior dimos noticia y en éste reproducimos las cabeceras de las elogiosas críticas que de ella han aparecido en los diarios El País y ABC. Enhorabuena de nuevo a nuestro compañero y gran polígrafo Rodrigo Tena por tan clamoroso éxito.
También es encomiable el trabajo de coordinación realizado por otro compañero de Madrid, Luís Jorquera, para la edición del CODIGO SOBRE PREVENCION DEL BLANQUEO DE CAPITALES (La Ley, 2006) que recoge toda la legislación, incluidos los Convenios Internacionales y la Tercera Directiva sobre el blanqueo de capitales,  al que con lógica inatacable se añade  toda la legislación vigente sobre transacciones exteriores y sobre Fiscalidad de los no residentes. La iniciativa, de indudable utilidad, permite tener reunida legislación tan dispersa y de rango y origen  tan dispares  como la que regula esa materia   por otro lado de tan rabiosa actualidad y frecuente consulta.
Y ya metidos en este ambiente gratificante y placentero de los libros aprovecharemos para dar referencia de algunos que merecen atención. Interesante y cautivadora es la obra recién aparecida en Papeles del Tiempo debida al ingente trabajo de recopilación y método de Carlos Santacara. Bajo el título LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA VISTA POR LOS BRITANICOS, 1808-1814 (Antonio Machado, libros)  recoge las cartas, diarios, crónicas y memorias que los diplomáticos, viajeros y militares ingleses escribieron sobre la España de comienzos del XIX, dos décadas antes de los viajes de Georges Borrow (Don Jorgito el inglés) que dieron lugar a esa deliciosa obra que es La Biblia en España.   Una y otra hacen una radiografía de la sociedad española de la primera mitad del siglo XIX. Es maravilloso saborear la descripción de personas, ciudades y pueblos, posadas y caminos de la España secular, y las impresiones que las solariegas  costumbres de nuestros antepasados producían en aquellas mentes británicas tan diferentes.  La obra, que sigue el orden cronológico de la guerra y recorre toda la península desde Cádiz a San Sebastián y desde Galicia a Valencia y Port-bou,  es al mismo tiempo un libro de viajes y una novela costumbrista,  una crónica  de historia y un ensayo de etología, y goza de la ingenua frescura de quienes escriben atónito y sorprendido sin sospechar que sus anotaciones verían alguna vez  la luz pública.
Tampoco  podemos dejar de citar dos obras surgidas de ese fructífero venero de humanismo y brillantez literaria que fue la Centroeuropa de la primera mitad del siglo XX,  que si engendró los mayores monstruos  de la historia, el  nazi y el comunista,  cuyo  totalitarismo llevó  al paroxismo vital a los que lo vivieron,  siempre presos en un ambiente asfixiante  de  pánico y destrucción, también tuvo el efecto colateral de excitar la sensibilidad y la vis creativa de un irrepetible conjunto de escritores entre los que se cuentan Marai y Zweig.
Sandor Marai, del que ya hemos admirado  la primera parte de sus memorias, Confesiones de un burgués, narradas entre la nostalgia y la inquietud del primer tercio del siglo XX,  y del que ya encomiamos esa maravillosa joya menor que es El ultimo encuentro, nos ha obsequiado con el segundo tomo de sus memorias, TIERRA, TIERRA (Salamandra, 2005)  que describe la cristalización de sus aciagos presentimientos, de sus temores  y de sus desengaños al presenciar los horrores de la  experiencia nazi y sobre todo la crueldad refinada del sistema comunista que llevó a la humanidad al mas profundo pozo de ignominia libando  sádicamente cuanto de dignidad y conciencia había en la persona humana que atrapaba. El libro no narra solo la perdición del hombre y su cultura, esa refinada cultura burguesa que, tras sus críticas,  tanto admiraba. Intercalado en el relato sobresale un sorprendente rosario  de ricas reflexiones sobre la civilización humana que nos liberan de tanto nihilismo y nos consuelan con la esperanza de que esa  riqueza y sutileza espiritual seguirá pese a todo sobreviviendo  a los cataclismos en que a veces nos sume la perversión humana.  
Otro epígono de la época, Stefen Zweig, ha visto reeditada la que concibió como su gran obra, el summum de su talento biográfico, la semblanza inmensa del que llamaba Napoleón de las letras francesas, su admirado Honoré de Balzac (HONORE DE BALZAC, UNA VIDA DESBORDANTE,   Paidós, Testimonios 2006).
Zweig, que había escrito biografías inolvidables como la de Fouche, la de Maria Antonieta, la de Erasmo o la de Magallanes, por ejemplo,  murió en el intento de rematar los últimos capítulos de  la obra que había ideado como más ambiciosa,  sobre la que trabajó  incluso después de haber terminado sus irrepetibles memorias que editó bajo el título  El mundo de ayer.
Resulta gratificante observar frente a  frente y paralelos a estos dos colosos.  A Balzac el creador exorbitante,  el despilfarrador, el de la voluntad arrolladora y la fantasía exuberante, el ambicioso y desenfrenado, el petulante, el narrador poderoso que se propuso acabar con la pluma lo que Napoleón empezó con la espada, más o menos la conquista del mundo,  capaz de recrear junto al cosmos terrestre  otro completo y gigantesco con más de tres mil personajes  envueltos en todas  las ambiciones y pasiones a las que haya podido y pueda ser sensible el hombre en toda su historia como es La comedia humana, y a Zweig, no menos coloso, que con su léxico pujante,  su hilo narrativo poderoso y dominador y su pujanza creativa y transformadora,  es también capaz de mejorar la naturaleza y recrear,  junto a la vida ya de por si borrascosa y atormentada del narrador francés, otra vida heroica, ajustada a los hechos y de su entera creación al mismo tiempo,  capaz de, sin alterarla,  encajar con técnica insuperable y vigor irresistible la realidad en los esquemas clásicos y rigurosos del drama, drama que, en la concepción heroica de Zweig,  encuentra su punto de partida en la carta que Balzac recibe de una admiradora que firma L'etrangere  con la que terminará casándose en Ucrania y en cuyos brazos -ya indiferentes- muere.  La técnica biográfica  de Zweig, aun ciñéndose a los hechos y sin apartarse de la realidad, no admite parangón. Lástima que los últimos capítulos -algo impensable en la impetuosa línea narrativa de Zweig- estén llenos de repeticiones y vueltas atrás  por no haber recibido  la última revisión del maestro.
Y no podemos cerrar este capitulo sin hacer referencia a otro notario,  esta vez de Sevilla, Pablo Gutiérrez Alviz que acaba de publicar, con presentación de lujo, el segundo de sus libros-recopilación de los artículos que ha ido publicando regularmente en prensa. El primero se llamaba UN PATINETE DE LUJO,  el segundo ha sido presentado con el título CARIÑO,  QUITATE LA CORBATA, serie de brillantes y agudos artículos, políticamente incorrectos según dijo, desde luego  ágiles e ingeniosos,  en los que comenta la actualidad política y social  con la guasa que caracteriza a la ciudad,  según dijo A. Burgos en su presentación. Gutiérrez Alviz, que observa el mundo desde la magnífica plataforma que es una notaria,  hace la difícil  literatura de periódico, la que tras aparentes chascarrillos mejor desnuda la realidad y que en cierto modo mejor enlaza con ese género especifico tan nuestro que es la novela   picaresca.  ¡Efusiva y merecida enhorabuena para Pablo!