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ENSXXI Nº 1

MAYO - JUNIO 2005

Joaquín Estefanía
Fue director de EL PAÍS en el periodo 1988-1993. Actualmente dirige la Escuela de Periodismo de la Universidad Autónoma de Madrid/EL PAÍS. 

El Partido Socialista ganó las elecciones de de 2004 anunciando un nuevo modelo de crecimiento. Un mes antes de esos comicios, Rodríguez Zapatero puso de largo su programa económico electoral, en el Colegio de Economistas de Madrid. El que poco después sería el quinto presidente de Gobierno de la democracia dijo que su norte económico era "un nuevo modelo de crecimiento equilibrado y duradero, basado en la productividad: un modelo que dote a la economía española de la competitividad precisa en un entorno globalizado".
Y remachó ZP: "En contra de lo que ha ocurrido con el patrón de crecimiento del PP, nuestro modelo de crecimiento, basado en la productividad, debe permitir el aumento simultáneo de los salarios y el empleo. La productividad también incrementa las posibilidades de consumo y de ocio. Fortalece el sistema de pensiones y el Estado del Bienestar. Permite el desarrollo de políticas asistenciales a los más desfavorecidos. Favorece la competitividad de nuestras empresas y el abaratamiento de los bienes de consumo para nuestros ciudadanos, reduciendo la inflación. Finalmente permite que los individuos puedan llevar a cabo sus trabajos con horarios más razonables, que permitan conciliar la vida laboral y la personal".
¡La productividad como panacea de casi todos los males! Y sin embargo, hay que tener cuidado con los movimientos de la productividad de una nación, pues no todos sus incrementos han de ser buenos per se para el aumento del bienestar de la misma. Al fin y al cabo, la productividad es sólo el cociente de dividir el valor de lo que se produce por el número de personas empleadas o por el número de horas trabajadas. Si ese cociente aumenta porque disminuye el denominador, malo. O cuando aumenta el empleo y las personas que se incorporan al mercado de trabajo trabajan más horas que sus homólogos de otros países, es posible que la productividad crezca poco, pero la riqueza del país aumentará de modo notable. Y también puede ocurrir que el numerador disminuya, pero si el denominador se reduce aun más, se reflejará estadísticamente una mayor productividad.

"Si la economía española hubiese mantenido el ritmo de crecimiento de la productividad, la sociedad española disfrutaría hoy unos niveles de renta per cápita superiores al 95% de la media de los 15 países de la UE anteriores a la ampliación"

En el momento que los socialistas aterrizan en la Moncloa, la productividad española está creciendo sólo al 0,5%, frente al 1,7% de promedio en los 15 años anteriores a la llegada del PP al Gobierno. Los economistas del PSOE explican que si la economía española hubiese mantenido el ritmo de crecimiento de la productividad de las dos décadas anteriores, la sociedad española disfrutaría hoy de unos niveles de renta per cápita superiores al 95% de la media comunitaria (de la Unión Europea de quince miembros, anterior a la última ampliación), 10 puntos por encima de la media actual; en términos absolutos, la pérdida de renta nacional acumulada por el débil crecimiento de la productividad durante los años del PP habría sido equivalente al 8% del PIB español o, si se quiere, al PIB, por ejemplo, de la Comunidad Valenciana.
Los datos macroeconómicos de 2004 (el último ejercicio cerrado) confirmaron el pronóstico: el PIB español creció un 2,7%, por encima del 2% de la zona euro, y lo hizo apoyándose en el incremento de la demanda interna (crecimiento del 4,4%, centrado en el consumo y en el auge de la construcción), pero con un profundo deterioro del comercio exterior: el déficit exterior ascendió a un 7,6% del PIB (uno de los mayores del mundo), un 30% superior al de 2003. Ello supuso detraer 1,7 puntos del crecimiento del PIB. Y de ello se deduce una falta de competitividad de la economía de nuestro país, que en parte tiene que ver con el diferencial de inflación con nuestro entorno más inmediato. Pero no sólo: también tiene que ver con las fuertes ganancias de empleo que no han ido acompañadas de aumentos similares o mayores de productividad, con el escaso valor añadido de muchos de los productos que fabricamos (cada vez importamos más) o su poca especialización, escasa formación de capital humano, limitados nichos de mercado, apreciación del euro, etcétera.

"Entre los 30 países más ricos, España es, después de México, la economía con menor tasa de crecimiento de la productividad del trabajo en el período 1994-200"

Para intentar corregir esta evidencia, la vicepresidencia económica ha aplicado una estrategia minimalista denominada Plan de Dinamización de la economía española. No se trata de medidas de choque, porque la economía española no está en situación de emergencia, sino que sus efectos habrán de apreciarse en el medio y largo plazo. Y son medidas de carácter transversal, que atraviesan al conjunto de la economía y no afectan sólo a la administración económica del Ejecutivo. Lo más urgente tiene como protagonista al transporte, la energía, telecomunicaciones, mercado de viviendas de alquiler y mercados financieros, todo en el sentido de liberalizar esos sectores, reformar su musculatura impulsando la productividad, y permitiendo aumentar la capacidad de elección de los ciudadanos. El Plan deDinamización, aprobado a finales del pasado mes de febrero, todavía no ha conseguido el perfil suficiente (no ha habido memoria económica que acompañe a las medidas, ni tampoco se ha cuantificado su impacto en términos de crecimiento económico o empleo) para conocer su efectividad. En la oposición ha generado críticas de oquedad y de vacío.
Aunque los problemas de competitividad y productividad no sean inmediatos, cualquier informe multilateral detecta ese problema de fondo en la economía española. Según el último documento sobre el tema, elaborado por la OCDE, España es, después de México, la economía de los 30 países más ricos del mundo con una menor tasa de crecimiento de la productividad del trabajo en el periodo 1994-2004.