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revista12

ENSXXI Nº 12
MARZO - ABRIL 2007

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR
Periodista

Ni al trote, ni al galope. Acaba de inaugurarse la exposición “Madrid, al paso” donde se han reunido ciento setenta fotografías seleccionadas del archivo recuperado de “MADRID, Diario de la Noche”. Se presenta en la calle de Larra número 14, sede actual del periódico, cuando acaban de cumplirse 35 años de su cierre ordenado por el Gobierno de Franco el 25 de noviembre de 1971. Pero en este aniversario en medio de un ambiente impregnado de memoria histórica se ha preferido la propuesta al lamento. La propuesta viene de un trabajo previo. El de la recuperación del archivo gráfico del periódico que cuenta con más de 80.000 fotografías, que acaban de ser catalogadas y digitalizadas. Se hubiera podido elegir otro ángulo de incidencia, otro hilo conductor del recorrido por este archivo, pero se ha optado por ofrecer un homenaje a la ciudad de Madrid. De la selección se ha ocupado el comisario Miguel Gómez, un profesional de la fotografía de extraordinaria valía que se ha batido ya en estas lides expositivas con talento y éxito reconocidos.
Las fotos reunidas tienen fechas comprendidas entre 1926 y 1971. Las datadas hasta el 30 de marzo de 1939 proceden del archivo del Heraldo de Madrid sobre cuya redacción y talleres de la calle Marqués de Cubas, incautados por Falange, pasó a editarse tras la entrada de las tropas de Franco el periódico que con el nombre de la ciudad se autorizó al periodista Juan Pujol. Aquel expolio a cuya reclamación por la familia Busquets quiso contribuir el abajo firmante durante los años que estuvo en la dirección de Diario 16, pero que sigue pendiente por falta de un aparato de percusión suficiente. De forma que el primer reconocimiento y la primera deuda que debe anotarse es con el Heraldo de Madrid, cuya línea liberal sigue siendo ejemplo del  mejor periodismo. Inolvidables las narraciones que Guillermo Busquets hacía de sus visitas acompañado de notario a los locales de Marqués de Cubas para levantar acta de la confiscación, sin lograr otra cosa que su expulsión a punta de pistola.
Esta primera salida al público del archivo gráfico viene impulsada por el hecho de que el nombre de la ciudad de Madrid figure en la cabecera del periódico. Es un proceder que está en la mejor tradición de la prensa como prueban ejemplos ilustres entre los que cabría citar The New York Times, The Washington Post, Frankfurter Allgemaine Zeitung, Paris Soir, Manchester Guardian, Phiiladelfia Inquirer, Boston Globe, Diario de Cádiz, Diario de Burgos, Diario de Mallorca, El Adelantado de Segovia, El Faro de Ceuta, El Telegrama de Melilla, Faro de Vigo, The Miami Herald, Neue Zürcher Zeitung, Sydney Morning, Chicago Tribune  o Los Ángeles Times. El factor ciudad es clave para los diarios impresos y con los aires de globalización todavía más. Salvo excepciones como The Internacional Herald Tribune los periódicos tienen un anclaje decisivo en la ciudad donde se editan.

"Milan Kundera apela a la experiencia que todos tenemos como viandantes, según la cual cuando al peatón le sobreviene un recuerdo doloroso acelera el paso para ahuyentarlo mientras que si es placentero tiene la tendencia a detenerse para saborearlo mejor"

Ese era el caso de Heraldo de Madrid y después de Madrid, Diario de la Noche, cuya trayectoria en defensa de las libertades se circunscribe a la que sería su postrer andadura entre septiembre de 1966 y noviembre de 1971 bajo la dirección de Antonio Fontán, que aunaba a unos extraterrestres empeñados en el intento de abrirse a Europa. En su poema Enmienda a Heráclito escribe Ángel González que “Nadie salvo los muy pobres, se baña dos veces en el mismo río” y esa era entonces la pobreza del ambiente político enclaustrado. Sin salir de ese río estancado lleno de bacterias autoritarias estuvimos chapoteando. Pero vayamos a la cuestión porque ahora los del Madrid comparecen aportando un conocimiento salvado de la ruina de aquella voladura controlada de su sede en Pardiñas esquina a Maldonado. Para mejor comprensión las fotos seleccionadas se han agrupado por capítulos que hemos titulado: La ciudad crece, Del comercio, Calles y gentes del común y Personajes. Al frente de cada uno de ellos figuran textos pedidos ex profeso a Bernardo Yncenga, Almudena Grandes, Clemente Auger y Nativel Preciado. Para la introducción han escrito Ricardo Aroca y Miguel Herrero de Miñón y como epílogo hemos rescatado un precioso texto de Luis Carandell tomado de su libro Vivir en Madrid.
Está claro que, como aprendimos de Fernando Fernán Gómez, las bicicletas son para el verano y que las ciudades son para pasearlas. El uso del vehículo a motor ha trastornado la relación del ciudadano con la ciudad. La velocidad de desplazamiento altera la forma de mirar y la visión resultante más aún el caso de quien lleva el volante y debe concentrarse en salvar los obstáculos del tráfico y preparar sus movimientos con la anticipación de las jugadas de ajedrez. En su novela La lentitud Milan Kundera se refiere a una cierta “mecánica existencial” y apela a la experiencia que todos tenemos como viandantes, según la cual cuando al peatón le sobreviene un recuerdo doloroso acelera el paso para ahuyentarlo mientras que si es placentero tiene la tendencia inversa a detenerse para saborearlo mejor. Nuestro autor concluye que la velocidad es un específico que las gentes se administran en dosis masiva en busca de la amnesia precisa  para sobrevivir a las adversidades.
La exposición Madrid, al paso es una propuesta para volver a la condición de paseantes. Se trata de un ejercicio recomendado al visitante de la exposición para que vuelva a la condición de paseante en Corte y recorra por toda su geografía urbana, pero también, para que suba a esa máquina del tiempo que es la cámara fotográfica e intente de viajar al pasado para averiguar de qué huertas y solares proceden nuestras actuales avenidas y observar la realidad cuando no estaban siquiera los cimientos. Como si la historia urbana fuera reversible y sus antiguos pliegues quedaran de nuevo a su alcance visual. Muchos de los visitantes podrán remontarse a momentos vividos a partir de las imágenes ahora recuperadas pero otros, como ha escrito Yasmina Reza en su libro Ninguna parte, tal vez echen de menos tiempos y lugares ignorados y sientan agudas nostalgias por espacios donde nunca han estado.