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revista12

ENSXXI Nº 12
MARZO - ABRIL 2007

En nombre de la Junta Directiva y de todos los notarios de este Colegio, doy la bienvenida a nuestros colegas de la Cámara de Notarios de París, que han decidido asistir a este encuentro con nosotros para debatir temas de interés común.
El Colegio Notarial de Madrid siempre ha estado marcado por el espíritu de la universalidad. Y paradójicamente, a medida que en España se ha ido potenciando el movimiento centrífugo de las autonomías regionales, se ha acentuado con mayor vigor la función cosmopolita, ecuménica y universal de este Colegio Notarial. El Colegio Notarial de Madrid ha sido siempre y sigue siendo el paradigma que marca las directrices y la orientación del Notariado español, tanto en su actuación interna como en su proyección internacional en sus dos vertientes: hacia América, con la que nos unen conocidos vínculos de sangre, como hacia Europa, con la que nos une una historia común y con la que compartimos para el futuro un proyecto político-social de convivencia también en común.
El mes que viene se celebrará el cincuentenario del Tratado de Roma, con todo lo que significa de unión de todos los países europeos. Como hace dos días escribía en el diario El País, la actual Presidenta Ángela Merkel, la Unión Europea ha crecido en socios y en importancia, pero su reglamentación y su unificación jurídica no ha crecido al mismo ritmo. Y debemos ser los juristas los que vayamos promoviendo un progresivo acercamiento o aproximación de leyes, códigos e instituciones. Porque la unificación efectiva de todos los agentes no se conseguirá a golpe imperativo de leyes o decretos, sino -como decía Rifkin- por un proceso continuo de interacción y debate entre los diversos actores protagonistas de las relaciones ciudadanas.
Uno de estos actores o ejecutores del Derecho, muy importante por cierto, es el Notariado, la espina dorsal de la Ley, porque es el notario, como dijo, el primer ejecutor de la norma jurídica. Y gracias a estos encuentros marcados por el espíritu de la concordia y la interacción, los ciudadanos franceses y españoles podrán ir consiguiendo indistintamente de ambos Notariados el asesoramiento necesario para obtener en cualquiera de los dos países los fines lícitos que pretendan en este proceso de globalización a que nos ha conducido de forma irreversible la sociedad de la información. Vamos entre todos a ir confeccionando un código notarial común para, como dijo J. François Revel, encauzar este proceso continuo de interacción frente a los elementos centrífugos de la diversidad