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ENSXXI Nº 15
SEPTIEMBRE - OCTUBRE 2007

ÁNGEL MARTÍNEZ SARRIÓN
Notario

El presente artículo constituye un resumen del remitido por el autor en el que recoge alguna de sus múltiples vivencias en el curso de una vida dedicada a la Unión y cuya publicación íntegra se reserva por razones de espacio para otro número de esta revista

La Unión Internacional del Notariado Latino nació de la feliz coincidencia de criterios  del escribano bonaerense- solo se llaman notarios los del Colegio de Córdoba de Tucumán- José Adrián Negri en sus viajes a Europa y del notario del Colegio de Madrid, Rafael Núñez Lagos en lo suyos, prolijos, a Buenos Aires. En el Congreso de Madrid de 1950 se retomó el precedente, iniciado muchos años antes pero no  continuado,  del Colegio de escríbanos de Rosario de Santa Fe, y José Negri, Rafael Núñez Lagos, Alessandro Guasti, Jean Chaine, Ademar Carambula, Henri Maigret, Cipriano Ruiz dejaron constituida la Unión Internacional del Notariado Latino con sede en la capital argentina. Cierto que  sus patrocinadores fueron los esfuerzos, consolidación y entrega ilusionada de los colegios de Escribanos de Buenos Aires y Notarial de Madrid que generosamente han hecho su obra patrimonio del notariado mundial. 
Jorge Bollini, cuya muerte nos ha arrebatado  el testimonio  de quien conocía como nadie la Unión, en cuya fundación colaboró con su característica solicitud y entrega,  gustaba referir que la aplicación del esfuerzo individual hacía realidad viva y operante, lo que solo eran unas ideas en nebulosa de José Adrián, que para que las dificultades no lo descorazonaran contaba con el aliento de los Presidentes de su Colegio José León Torterola y Raúl F. Gaucheron, y con el impulso de  Rafael Núñez Lagos, a fin de  darles proyección de futuro e institucionalizarlas.

"Faltaría a la verdad si silenciara que no me gustan los derroteros que se pretenden introducir en la Unión Internacional del Notariado, suprimiendo la locución Latino"

Y con esta orientación, a modo de prueba preparatoria,  se verificaba en 1948 el I Congreso Internacional de Buenos Aires, presidido por José Adrián Negri, actuando de Vicepresidente Rafael Núñez Lagos, compartida la vicepresidencia por Jean Chaine y Cipriano Ruiz. Se tributó entonces un agradecido recuerdo a la reunión de Rosario, el 9 de julio de 1912, de los tres únicos Colegios de Escribanos existente en aquellas fechas en Argentina, La Plata, Buenos Aires y Rosario.
El pensamiento esencial de Negri se centraba en fomentar y facilitar familiarizándola la unión entre los notarios a través de sus instituciones colegiales. Escribió Bollini: "era un hombre que buscaba unir esfuerzos para volcarlos en realizaciones concretas, de manera que ese afán de unidad, llegó a tener para alguno que otro. Un matiz absorbente y dominador. Buscaba unidad y no pactos de renunciamiento. Y la buscaba  con plenitud de horizontes, con grandeza, con programación de futuro. La obra del Notariado es y debe ser exclusivamente de los propios notarios."
La Unión nació como una reunión de amigos y durante muchos años se ha mantenido como tal. Éramos pocos pero bien avenidos. Nadie concebía los codazos y zancadillas para ocupar un cargo.
Fallecido José Adrián Negri la figura puntera se circunscribía a Rafael Núñez Lagos, que contaba con el cariño y admiración de la República Argentina y especialmente con las Escribanas que en número abundante desempeñaban las notarías, y que cuando Rafael llegaba al aeropuerto bonaerense de Eceiza se desplazaba una nutrida comisión a recibirlo. Eran los viajes más inmediatos a la creación de la U.I.N.L. que Rafael se costeaba, ya que según me refería, un preboste del notariado español había dicho que "el vicio americano se lo costea el que lo tenga". Y como algo se barruntaban los escribanos, al preguntarle al "Maestro", que así le llamaban, porque no había ido con Consuelo, su mujer, para no tener que dar una excusa o incurrir en una situación comprometida, la zanjó saliendo por la tangente: "Pues muy sencillo. Porque me cuesta la mitad y me divierto el doble".
Ello hizo que aumentara la popularidad de su ingenio en América, al extremo de exclamar todos, sin duda, contagiados por las escribanas: "Con lo sabio que es y lo que sabe el Maestro, hay que ver lo campechano y lo sencillo de su trato". Como para los escribanos argentinos "no era vicio" y Argentina con la guerra europea de 1940 a 1945 había acrisolado fondos de su comercio, a Rafael le consideraban huésped de honor y corrían con los gastos de viaje en primera clase, que Núñez Lagos, nunca quiso aceptar viajando en clase turista para ahorrarles gasto y la estancia en el hotel porque puso de moda no percibir nada por sus clases y conferencias. Y como el "Maestro Núñez Lagos" lo era para los compatriotas asimismo ninguno de los que integrábamos hasta fechas muy recientes la Unión percibimos nada del Notariado español para viajes y estancia que corrían a nuestro cargo.
Como manchego que soy, faltaría a la verdad si silenciara que no me gustan los derroteros que se pretenden introducir en la Unión Internacional del Notariado Latino, suprimiendo la locución Latino. Como ya ponía de manifiesto Bartolo, no existía un notariado germánico, sino uno griego o bizantino, como tampoco estaba difundido el romano, por lo que en la época de la latinidad como expone Dante en De vulgari eloquentia, del lenguaje vulgar, se usurpó la expresión notarius a los estenógrafos que por expresar por escrito con abreviaturas se pasaron a las notas tironianas.
Y es que como reconocía Goethe en G'ótz von Berlichingen mit der eigenen Hand, en una escena del acto primero que transcurre en la sala comedor del Palacio episcopal de Bamberg, en presencia del Abad de Fulda pregunta el obispo a Olearius si "estudian ahora muchos alemanes de la nobleza en Bolonia", y contesta que "de la nobleza y de los ciudadanos, cual expresa un refrán de la Academia que dice "So fleissig wie ein Deutscher van Adel" (tan aplicado como un alemán de la nobleza). Uno de los interlocutores Liebetrant le inquiere si es de Frankfurt, en donde conoce mucha gente pero ningún Olearius con este nombre. A lo que añade Olearius que su padre se llamaba Ohlmann, algo así como "el hombre del aceite" a tenor del ejemplo y sugerencia de algunos de los más ilustres y renombrados Doctores; y él, era uno de los que integraban la "nación alemana", término "nación" que por primera vez aparecía en la designación de los estudiantes de Bolonia.
Pues como reconocía don Joaquín Garrigues, en el Derecho se impone evolucionar, no revolucionar.