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ENSXXI Nº 15
SEPTIEMBRE - OCTUBRE 2007

CARLOS MARCELO D'ALESSIO
Consejero Efectivo de la Unión Internacional del Notariado y Presidente de la Comisión de Asuntos Americanos


Quienes dedicamos algún tiempo y esfuerzo a las labores propias de la Unión Internacional del Notariado no debemos perder de vista cuál es el objetivo final de nuestra tarea, para que ésta no se reduzca al cumplimiento de meras formalidades propias de la organización. Cada vez que reflexiono sobre esto llego a la conclusión de que nuestra misión es lograr que el servicio que prestamos los notarios mantenga en todos los países miembros un nivel de calidad que constituya una garantía de seguridad para aquellos a quienes servimos. De lo contrario, nos convertimos en predicadores de valores meramente teóricos, absolutamente alejados de la realidad que perciben quienes acuden a nuestras notarías.
Para esta tarea de reflexión que debería realizarse en forma permanente tanto en lo individual como en lo institucional, son de gran utilidad los principios del notariado latino y los de deontología notarial aprobados recientemente luego de una profunda revisión. En efecto, basta preguntarnos en qué medida esos principios se cumplen en cada uno de los notariados miembros y que nuestra respuesta a ese interrogante sea sincera.
Este análisis reviste especial importancia en el ámbito del notariado americano que presenta un panorama con profundas asimetrías, producto de diversos factores: algunos históricos, otros actuales de orden externo y también de la propia resistencia de los colegas a introducir cambios que tal vez signifiquen abdicar situaciones que pueden resultar cómodas y hasta redituables. 
Por un lado, encontramos algunos países con un alto grado de desarrollo profesional e instituciones notariales afianzadas que ejercen una permanente labor de perfeccionamiento de sus miembros. Estos son ejemplos cabales de notariados de tipo latino.
Otros, en cambio, presentan falencias que los alejan de aquellos principios por cuyo cumplimiento debemos velar.
Así, en algunos países actúa un número ilimitado de colegas que comparten el ejercicio del notariado con el simultáneo de la abogacía y que, generalmente, han sido investidos mediante un mero trámite administrativo de matriculación. Cuesta poco imaginar que esta realidad afecta el principio de imparcialidad y que la falta de una adecuada selección atenta contra el cumplimiento de los deberes propios de la función.

"Encontramos países con un alto grado de desarrollo profesional e instituciones notariales afianzadas que ejercen una permanente labor de perfeccionamiento de sus miembros. Estos son ejemplos cabales de notariados de tipo latino"

Esta realidad en la que el número de notarios es excesivo contrasta con otra que, aunque asegure a quienes la viven un mejor bienestar económico, perjudica igualmente el buen ejercicio: la de aquellas demarcaciones donde el número de actuantes es sumamente restringido. En estos casos, un puñado de notarios ejercen su función en forma masiva e impersonal haciendo que el asesoramiento previo a los requirentes y aun la inmediación en la prestación de la función sean sólo una fantasía.
El equilibro se logrará en la medida en que el número de notarios no responda a intereses sectoriales ni políticos, sino a las reales necesidades de la población de modo de asegurar que la función se ejerza en plenitud.
Otra situación a corregir es la de algunos Estados en los cuales los notarios son designados por plazos breves cuya renovación depende de la voluntad política. Esta falta de estabilidad significa un grave atentado contra la independencia en el ejercicio de nuestro ministerio y no estimula el perfeccionamiento del notario que sabe que su designación es efímera.
En una época en la que los notarios son profesionales del derecho con amplia especialización en los temas específicos, cuesta comprender que en algunos países americanos se les cercene la función redactora de los documentos que autorizan exigiendo la previa intervención de abogados que redactan "minutas" que el notario debe limitarse a transcribir en su protocolo certificando las firmas y, en el mejor de los casos, controlando la legitimación de los otorgantes. Esta carencia elimina el ejercicio de la función asesora previa a la conformación del documento, que constituye hoy un pilar del ejercicio del notariado moderno. Para superar esta situación los notarios deben vencer la oposición de otros cuerpos profesionales para quienes la confección de tales "minutas"" constituye una importante fuente de trabajo.  
Debe tenerse en cuenta, además, que la falta de estabilidad política en algunos de los países de la región atenta contra la solución de estos problemas ya que hace muy difícil lograr cambios legislativos y soluciones duraderas.

"Otra situación a corregir es la de algunos Estados en los cuales los notarios son designados por plazos breves cuya renovación depende de la voluntad política"

Frente a un panorama de esta complejidad cabe adoptar dos actitudes: aceptarlo como una realidad ínsita de nuestros sistemas y, como tal, inmodificable o bien generar un proceso que, aunque lento, permita que los principios que nuestra organización sostiene se hagan  realidad. Creo que la segunda de las actitudes es indispensable no sólo desde un punto de vista meramente principista o académico sino como una actitud de supervivencia. En efecto, estoy convencido de que en un mundo competitivo como el actual nuestra función sólo subsistirá en la medida en que responda a un requerimiento de la propia sociedad que valore la seguridad que ella le brinda. Nos equivocamos si pensamos, que, por el contrario, nos mantendremos sólo por imperio de normas positivas que imponen nuestra intervención como consecuencia de la raigambre histórica de nuestra función.
El notariado americano ha comprendido esta necesidad del cambio y ha dado un paso  indispensable: la toma de conciencia de qué es lo que debe cambiar. Para ello durante los últimos seis años ha realizado diversas actividades de reflexión que han permitido obtener una radiografía de sus fortalezas y debilidades. Hemos elaborado sobre ello documentos que seguramente habrán de servir para impulsar el proceso de mejora.
Como dijimos al principio, esto depende de causas externas contra las que debemos luchar, tales como la actitud de sectores económicos que en defensa de una excesiva libertad de mercado pretenden arrasar contra todas las instituciones que puedan imponer algún límite a sus propios intereses, pero exige también una actitud valiente de los dirigentes de los notariados nacionales que alienten las necesarias reformas aunque ello implique sacrificar algún bienestar actual en función de un futuro mejor.
La activa participación de los notariados de América en las actividades de nuestra Unión y el especial apoyo que ésta le brinde habrán de constituirse en factores esenciales de un proceso que permita alcanzar el objetivo propuesto.