Menú móvil

El Notario - Cerrar Movil

ENSXXI Nº 19
MAYO - JUNIO 2008

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR
Periodista

En un reportaje aparecido en The New York Times el biólogo K. Ullas Karanth, director del programa de la Sociedad para la Conservación de la Fauna y la Flora, calculaba que en el exuberante Parque Nacional de Nagarhole al Sur de la India hay alrededor de 80 tigres y aseguraba que se trata de “un gran lugar para nacer tigre”. En su opinión convertir estos parajes en un entorno sano para ese felino legendario ha sido un éxito que deriva de más de 20 años de trabajo. Un periodo de tiempo en el que los guardias forestales han expulsado a cazadores y leñadores y se ha llevado a cabo la reubicación de familias originarias que llevaban muchas generaciones cohabitando en esos bosques.
El programa de los conservacionistas en Nagarhole podría ser considerado un caso de limpieza étnica, es decir, un intento de acotar un espacio y reservarlo en exclusiva para una determinada fauna, en detrimento de otros que tenían también títulos inmemoriales para ocuparlo. La tarea de la comunidad internacional en los Balcanes, aunque no haya suscitado reportajes análogos al del tigre en las páginas del New York Times o en las más coloristas del National Geographic Magazine, presenta muchas similitudes a la emprendida en el Parque Nacional al Sur de la India del que nos venimos ocupando. En particular, el caso de Kosovo viene como de molde a estos efectos.
Siguiendo a nuestro biólogo, Ullas Karanth, cabría resumir que Kosovo es “un gran lugar para nacer albanés”, tanto más cuanto que prosigue el empeño incesante de acondicionarlo como hábitat idóneo de los albanokosovares, sin reparar el coste de la expulsión o postergación de los serbios, con quienes venían compartiendo ese área geográfica desde muchos siglos atrás. De la misma manera que Cáceres es un gran lugar para nacer cigüeña, Doñana, para nacer lince, el País Vasco para nacer euskaldún, el valle de Arán para nacer aranés, las dehesas de encinares salmantinos o extremeños para nacer cochino ibérico y España para nacer Registrador de la Propiedad. Claro que ahora, bajo las inciertas condiciones del cambio climático y los abusos de los pesticidas, esas idoneidades han dejado de ser inamovibles y acaban de advertirnos que la Antártida se ha convertido en un hábitat tóxico para los pingüinos, según se desprende del estudio publicado por la bióloga Heidi Geisz, del Instituto de Ciencia Marítima de Gloucester.

"Enseguida habría que preguntarse además ¿qué broma es esa de que los albanokosovares hayan querido sumar a su declaración unilateral de independencia para Kosovo, la pretensión de indivisibilidad para su pretendido Estado?"

Conviene terminar ya esta disgresión sobre la fauna y las condiciones de su habitat para volver sobre la cuestión de Kosovo analizada en el último Seminario Internacional de Defensa, que convocó en Toledo la Asociación de Periodistas Europeos bajo el título de “Las intervenciones internacionales y la nueva proliferación nuclear”. Sus debates proporcionaron una excelente ocasión para examinar qué estímulos desencadenan las intervenciones internacionales y qué consecuencias posteriores acarrean. La discusión abierta bajo el título de “Kosovo, ¿una victoria pírrica?” vaticinó con precisión, a un año vista, el desconcierto que hemos vivido después con el absurdo de la declaración unilateral de independencia de Kosovo.
Un disparate patrocinado por Washington y endosado por 18 de los 27 miembros de la UE, incapaces una vez más de de fijar una posición común. Porque estamos ante un caso flagrante de quebrantamiento de la legalidad internacional y en particular de la resolución 1244, adoptada en 1999 por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que era por completo respetuosa de la integridad territorial de Serbia de la que Kosovo forma parte. Sobre esa declaración unilateral que se veía venir se pronunciaron de manera esclarecedora en Toledo Josep Piqué, ex ministro de Asuntos Exteriores en el gobierno Aznar, Jiri Dienstbier, ex canciller de la República Checa y relator de la ONU sobre la situación de los Derechos Humanos en la antigua Yugoslavia, Javier Conde de Saro, ex embajador de España ante la OTAN, y el general Juan Martínez Esparza, ex secretario general adjunto de la Alianza.
Que Bruselas haya querido insistir la negación de la evidencia aduciendo que se trata de un caso único e irrepetible, que no sienta precedente, parece un vano intento de abolir la ley de la gravitación universal. Por eso, debe reconocerse el pleno acierto del profesor Francisco Veiga al publicar bajo el título “Kosovo y la rebalcanización de Europa” su columna aparecida el 1 de mayo de 2008 en el diario El País, donde describe un panorama que recuerda la creación en 1903 de Panamá, como un Estado artificial en territorio del hasta entonces Estado colombiano, con el objetivo de servir los intereses norteamericanos deseosos de controlar el Canal.
Se diría que estamos en un buen momento para releer el libro de Ovidio Díaz Espino publicado en castellano por la editorial Destino con el  título de El país creado por Wall Street donde se confirma que Panamá fue concebido en la habitación 1.162 del hotel Waldorf Astoria y además se recuperan las pruebas desaparecidas de la conspiración de Wall Street así como las copias de los cheques girados por J. P. Morgan a los patriotas panameños. Porque como escribió The New York Times el 29 de diciembre de 1903, cuando aún no se habían cumplido dos meses de la independencia de Panamá de Colombia que se  estableció el 3 de noviembre anterior, “el canal  fue propiedad robada y los socios del robo formaban un grupo de promotores, especuladores y cabilderos que obtuvieron su dinero como producto de la rebelión [patriótica independentista] fomentada, protegida y realizada por el gobierno de Estados Unidos”.
Enseguida habría que preguntarse además ¿qué broma es esa de que los albanokosovares hayan querido sumar a su declaración unilateral de independencia para Kosovo, la pretensión de indivisibilidad para su pretendido Estado?. ¿Por qué se le ha negado esa condición a Serbia? Y si Kosovo se ha adjudicado la posibilidad de escindirse ¿por qué razón habría de impedirse a las áreas de mayoría serbia dentro de Kosovo, como Mitrovica, tomaran la misma opción para escindirse de Pristina mediante el mismo proceder unilateral de quienes han declarado su separación de Belgrado, en un proceso indefinido de partenogénesis hasta la completa pulverización de los Estados que han ido surgiendo en los Balcanes?   

"El programa de los conservacionistas en Nagarhole podría ser considerado un caso de limpieza étnica, es decir, un intento de acotar un espacio y reservarlo en exclusiva para una determinada fauna, en detrimento de otros que tenían también títulos inmemoriales para ocuparlo"

Si nos remontáramos a las causas encontraríamos al actual presidente norteamericano George W. Bush hablando de Kosovo en Tirana y diciendo “que una cierta independencia debía ser la meta de cualquier plan y que el momento para la independencia había llegado”. Sus palabras tuvieron el mismo efecto fulminante que narra el Génesis cuando dijo Yavé aquello de “hágase la luz” y sucedió que “la luz se hizo”. Falta un estudio de detalle sobre cuáles han sido las capitales europeas que han recibido la visita de Bush en sus ocho años de presidencia, qué aplausos y qué recibimientos multitudinarios ha buscado y qué objetivos perseguía en cada una de sus escalas.
Consta que el presidente norteamericano Eisenhower quedó muy impresionado por el recibimiento que le tributó el Madrid de la dictadura franquista el 21 de diciembre de 1959. Cincuenta años después su sucesor Bush ha tenido que visitar a los albaneses para lograr algo comparable. Cuestión muy diferente es averiguar por qué podría hacerle falta a Washington una base militar de tamaño natural como la que ese promovido estado satélite de Kosovo le ha garantizado en unos momentos en que todo el Pentágono anda planificando, a la inversa, repliegues en la vieja Europa. Claro que hay otras excepciones como las de Polonia y Chequia elegidas para sede de algunos anclajes del escudo antimisiles, de los que nadie ha podido probar otra utilidad que la de incrementar el peso político americano en esos países y teledirigir sus actitudes dentro de la Unión Europea.