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ENSXXI Nº 20
JULIO - AGOSTO 2008

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR
Periodista

Jaime García Añoveros, aquel gran ministro de Hacienda del Gobierno ucedeo de Leopoldo Calvo Sotelo, publicó en el diario "El País" una columna con el mismo título entre interrogantes que ampara esta columna de "¿Quién nos defiende de los periodistas?". Hablamos del 21 de octubre de 1985 y de Añoveros, quien en absoluto era un excéntrico. Es decir, que hace ya casi 25 años se consideraba preocupante la cuestión de la asimetría entre las capacidades instantáneas de agredir en poder de los periodistas y la posición de las víctimas en desventaja para proceder a defenderse de la injusticia padecida e intentar la recuperación de su buen nombre mancillado en los papeles.
Sucede que los periodistas y los medios de comunicación están especializados en comparecer como víctimas del poder en cualquiera de sus diversas encarnaciones -política, económica, sindical, religiosa- pero en esos enfrentamientos con los poderes, la prensa y los periodistas pueden desplegar todo un arsenal de eficacia probada. Son mucho más frecuentes los casos inversos cuando la prensa es la agresora y las víctimas inermes los ciudadanos de a pie. En el manual de instrucciones para esos casos de agresión mediática se recomienda sobre todo el recurso a la resignación. Lo más conveniente es sufrir con paciencia los excesos de la prensa. Esperar a que pase la ola.

"Cuando un régimen niega las libertades los periodistas quedan obligados a profesarle su radical enemistad porque el periodismo resulta imposible desde esa negación. Pero cuando se basa en las libertades, el periodismo debe centrarse en preservar la plena vigencia de esas proclamaciones"

Queda el problema de que entre nosotros se sobreentiende que  "quien calla otorga". Pero quien se acoja al derecho de réplica debe saber que se expone a lo peor. Primero, por la desproporción de trato que la pretendida reparación recibe. Porque la réplica a una agresión que haya sido infligida con titulares en primera página mientras puede aparecer en el interior en página par, titulada de forma incomprensible y desplazada hasta la irrelevancia. Segundo, porque la réplica actúa como incentivo de nuevas agresiones a las que el periódico se siente obligado para no perder la cara, bajo el lema tan querido de este insolente "se va a enterar".
Se nos dirá que la víctima tiene a su disposición el recurso a los Tribunales en la vía civil o penal para obtener reparaciones. Es una senda en principio desaconsejable porque requiere un valor temerario, implica hacer frente a los costes de un equipo jurídico de primera y precisa aguantar el paso de los años antes de que llegue a pronunciarse la Justicia en sus sucesivas instancias. Entre tanto, desde el mismo momento en que el asunto entra en sede judicial se produce la multiplicación de la ofensa convertida en noticia para los restantes medios informativos,  los cuales además con ocasión de cada una de las innumerables vicisitudes procesales avivan y reiteran el agravio inicial.
En su columna Añoveros escribía que el empresario periodístico que paga tiene sus ideas o sus intereses y precisamente paga para verlos satisfechos y de ahí que se produjera, funcionalmente, la tendencia a transformar al trabajador a sueldo en un trabajador al dictado. Señalaba que quien escribe en los medios tiene que manejarse en el triángulo que forman su libertad de expresión, sus necesidades económicas y las pretensiones del pagador. Por eso concluía que la profesión periodística es dura, porque el periodista tratará de mantener su independencia y su nivel de vida en el seno de una empresa con finalidades o condicionamientos ideológicos y económicos. Decía que someter a disciplina ajena la expresión pública de las propias ideas es tarea ardua. Esta es una aproximación llena de lucidez. Es en ese ámbito, el de las relaciones con la empresa editora y con la dirección del medio, donde el profesional del periodismo prueba su verdadera independencia. Otros circuitos son falsos porque por ejemplo la hostilidad al Gobierno, según donde cada uno esté empleado, deja de ser un acto valor para computarse como mera sumisión al mando y una forma mercenaria de ganar ascensos. 

"Quien escribe en los medios tiene que manejarse en el triángulo que forman su libertad de expresión, sus necesidades económicas y las pretensiones del pagador. Tratará de mantener su independencia y su nivel de vida en el seno de una empresa con condicionamientos ideológicos y económicos"

Asegura el refrán que no se puede tomar el rábano por las hojas y nuestro Georg Christoph Lichtenberg ironiza también a propósito de quien "Toma por escocés a cualquiera que no tenga pantalón". El ridículo se propaga del mismo modo a la actitud de quienes ya hace 25 años denunciaban la manipulación de ciertos medios como la televisión pública y al mismo tiempo excluían de responsabilidad alguna a todos sus trabajadores, como si se pudiera manipular sin la ayuda febril de manipuladores. En esa línea, Añoveros quiere responder al interrogante que sirve de título a su comentada columna. En definitiva, encomienda a los propios periodistas la defensa por la que pregunta. Aboga porque los periodistas consigan una más cuidadosa aplicación de la ética profesional en aquellos espacios no amparados por la protección de las leyes y tribunales y aun dentro de dichos espacios protegidos recomienda que los profesionales de los medios ejerzan su libertad de crítica también sobre sí mismos.
Los periodistas deben saber que trabajan con materiales muy sensibles. Que existe una interacción entre el fenómeno y el observador. Que al medir una magnitud alteramos su valor. Y en su caso particular que nada -ningún hecho, ningún dato, ningún individuo- permanece igual después de haber sido difundido como noticia. Que es preciso aprender el uso pacífico de las energías que en esos procesos se liberan. Que les atañe una gran responsabilidad cada vez que seleccionan del cosmos infinito e informe aquello que abandonará la oscuridad para ser dotado de la luminosidad estelar de la noticia.
Al llegar aquí recordemos que la nobleza de rectificar los errores advertidos es siempre signo distintivo del mejor periodismo. Sabemos que todas las guerras al menos desde la de 1898 han tenido una preparación mediática sin la cual, como sucede con la preparación artillera, ningún avance se ha llevado a cabo. La libertad implica el riesgo inevitable de los excesos pero nadie puede reclamar como periodista impunidad si infligiera daños a terceros. Mientras se recomienda la lectura urgente del volumen We're All Journalists Now de Scout Gant editado por Free Press.

"Quien se acoja al derecho de réplica debe saber que se expone a lo peor. La réplica a una agresión que haya sido infligida con titulares en primera página puede aparecer en el interior en página par, titulada de forma incomprensible y desplazada hasta la irrelevancia"

Por último, establezcamos con claridad que cuando un régimen niega las libertades los periodistas quedan obligados a profesarle su radical enemistad porque el periodismo resulta imposible desde esa negación y queda extramuros. Pero cuando el sistema se basa en la proclamación de las libertades cívicas, el combate del periodismo debe centrarse en preservar la plena vigencia de esas proclamaciones, evitar que se oxiden. Porque las libertades nunca se alcanzan de una vez para siempre, están de modo permanente amenazadas por los agentes de la erosión. Pero contemplar impávidos cómo algunos emprenden la demolición de la convivencia que tanto nos ha costado construir es del género idiota.