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ENSXXI Nº 21
SEPTIEMBRE - OCTUBRE 2008

JOAN CARLES OLLÉ
Notario de Barcelona

BALANCE DE UN CUATRIENIO

Nadie mínimamente informado duda que el sistema de seguridad jurídica preventiva español es uno de los mejores del mundo. Contrariamente a lo que se dice no es caro, es celosamente garante de los derechos del ciudadano, viene funcionando con notable éxito desde hace más de un siglo y ha servido de inspiración para otros ordenamientos. Teorías economicistas en boga y pasados e innecesarios desencuentros de los colectivos de notarios y registradores están en la base de la hoja de ruta que demanda el gobierno para la reforma de nuestro sistema. En el fragor de la disputa se han utilizado argumentos y se han dado ideas inexactas e inciertas que ahora se vuelven en nuestra propia contra.
Desde las respectivas instancias corporativas debe explicarse muy claramente a la sociedad y a los actores políticos que las funciones notarial y registral no se solapan sino que se complementan. La actuación sucesiva de notarios y registradores no constituye duplicidad o yuxtaposición y, por tanto, encarecimiento, sino que se trata de un recorrido único compartido por dos operadores jurídicos diferentes, con ámbitos competenciales distintos, sucesivos y complementarios, cuyas disfunciones, si se produjesen, deben ventilarse mediante un sistema de recursos ágil y, en la medida de lo posible, con criterios uniformes.

"Teorías economicistas en boga y pasados e innecesarios desencuentros de los colectivos de notarios y registradores están en la base de la hoja de ruta que demanda el gobierno para la reforma de nuestro sistema"

Notarios y registradores han sido pioneros en la modernización e informatización de sus oficinas y en la interconexión recíproca y con organismos públicos. Concretamente, la interconexión notarías-registros ha beneficiado el tráfico jurídico, evitando el fraude. Este proceso, que es hoy el más avanzado de los países de nuestro entorno, debe continuar en el futuro con el fin de mejorar el servicio a los usuarios y de profundizar en la seguridad y agilidad en la prestación de tales servicios. Un objetivo ambicioso e ineludible es lograr que la interconexión telemática cubra todo el proceso transmisivo.
Ha llegado el momento de dejar atrás las diferencias que el pasado nos han distanciado, y ser capaces de presentar conjunta y consensuadamente notarios y registradores las bases de una futura Ley de Seguridad Jurídica Preventiva que delimite de una manera clara y permanente el ámbito de las respectivas funciones en el seno de una sistema de seguridad jurídica preventiva que es sustancialmente beneficioso para los ciudadanos y el interés general, con decisiva influencia en la paz social y el desarrollo de los mercados.
Sin perjuicio de ello, debe profundizarse en la modernización, agilización y optimización de las prestaciones del sistema de acuerdo con interés general de los ciudadanos. Desde luego, los representantes corporativos notariales deben trabajar en todos los foros sobre la base de la posición central de la escritura pública en todo el iter transmisivo, el reconocimiento claro y explícito del control de legalidad que realiza el notario, y manteniendo con total firmeza las posiciones actuales de la función notarial.
No existe una alternativa razonable al diálogo y la búsqueda del acuerdo (que es perfectamente posible) con los registradores para consensuar una ley de Seguridad Jurídica Preventiva. Los enfrentamientos de los últimos años son autodestructivos para los dos colectivos. Los notarios llevamos derrotas tan dolorosas como el artículo 143 del Reglamento Notarial, la Ley de Reforma del Mercado Hipotecario o la anulación por el TS de buena parte del Reglamento Notarial. Los registradores tienen también, desde luego, sus propias heridas.
Continuar por esa vía sería un grave error, que cabría calificar de histórico. La reforma del sistema debe salir del propio sistema. Un acuerdo notarios-registradores razonable y no corporativista, tiene grandes posibilidades de ser asumido por gobierno y partidos políticos. Si no hay acuerdo, el gobierno impondrá su modelo, que puede ser bien distinto del que hemos conocido hasta ahora. No necesariamente mejor. La política unilateral y, en cierta medida, de confrontación de los últimos años ha fracasado y carece de toda credibilidad para abordar el futuro. Ha llegado la hora del diálogo.