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ENSXXI Nº 22
NOVIEMBRE - DICIEMBRE 2008

Hasta mediados del siglo XIX los madrileños se abastecían de los llamados viajes de agua: "galerías subterráneas que captaban los manantiales y conducían las aguas hasta las fuentes establecidas en el interior de la ciudad". Fueron precisamente estos viajes o mayrat, en el árabe del que procede, los que dieron nombre a Madrid.
Aunque antes se había intentado, el proyecto de abastecer de agua corriente a Madrid, mediante la construcción de un canal, sólo se plantea en términos modernos y racionales, con objeto de abastecer a la población y a la industria, en el silo XVIII. Fue durante el reinado de Carlos III cuando se dan los primeros pasos para traer agua a Madrid, al margen de la que podían suministrar los viajes de agua.
Desde los años veinte del siglo pasado, Madrid no crecía por falta de agua, los viajes de agua no bastaban para poder cubrir sus necesidades. En el Madrid de los años treinta y cuarenta la escasez de agua es crítica, y no hay escrito sobre la ciudad que no mencione el bloqueo que tiene su crecimiento y las dudas sobre su futuro.
Si Madrid quería convertirse en la capital de un estado moderno, necesitaba contar con abundancia de agua para satisfacer las crecientes necesidades que la higiene e industria moderna demandaban. Había que traer agua a Madrid.
En 1848, el Gobierno, siendo Ministro de Obras Públicas Don Juan Bravo Murillo, dicta un Real Decreto para que los ingenieros Rafo y Rivera examinaran los proyectos habidos de traída de agua a Madrid y presentaran un informe sobre cual sería la mejor solución. En la Memoria razonada que emiten, se realizó un detenido reconocimiento de todos los ríos que tenían caudal de alguna consideración y de los cuales se podía tomar agua. Se eligió el río Lozoya, cerca del sitio denominado "Pontón de la Oliva".
Ante los considerables capitales que hacían falta para iniciar las obras, fue el Gobierno de la nación, con cargo al Presupuesto del Estado, el que tuvo que asumir la responsabilidad de la empresa.
De este modo el Gobierno acometerá la construcción de las obras de un canal que toma el nombre de la reina. Se llamará Canal de Isabel II.
A fin de cubrir los 80 millones de reales de vellón en que se calculan las obras para la traída de 10.000 reales fontaneros de agua, el Gobierno concederá al Ministro de Hacienda un crédito extraordinario de 2 millones de reales, el resto de las sumas que anualmente hicieran falta se incluirían en los presupuestos generales del Estado. Se abriría también una suscripción popular a reintegrar el importe, concluidas las obras, en reales de agua o en efectivo, con interés en este caso, del 6% anual a voluntad de los suscriptores.
La reina será la primera suscriptora. Así consta en el certificado que expide el Presidente del Consejo de Administración del Canal, Conde Sástago, y cuya reproducción facsímil se acompaña.
Otros miembros de la Familia Real y el propio Bravo Murillo figuran entre los primeros suscriptores.
En 1858, siete años después de colocada la primera piedra en el lugar donde se levantaría la presa del Pontón, concluyeron las obras de la traída de agua del río Lozoya hasta las puertas de Madrid. Para ello se había construido un canal de 77 Kms., de longitud, que atravesaba terrenos de distinta naturaleza y complicada topografía. La llegada de las aguas el día 24 de Junio de 1858 transformó la ciudad. Madrid, hasta entonces villa manchega, con sus aguadores callejeros se convirtió en una ciudad moderna. Se instaló el agua corriente a domicilio y Madrid, alcanzó el rango de capital europea. Sus calles y plazas se poblaron de árboles.

Ángel Varona Grande es director Secretario del Consejo