Menú móvil

El Notario - Cerrar Movil

ENSXXI Nº 22
NOVIEMBRE - DICIEMBRE 2008

JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA SÁNCHEZ
Notario y Secretario de la Academia Matritense del Notariado

La Academia Matritense cumple ciento cincuenta años

Un poco de historia
Ya en la primera mitad del siglo XIX, antes de que se promulgara la Ley del Notariado, los notarios madrileños, a impulsos del iusnaturalismo racionalista y de la Ilustración, realizaban reuniones periódicas para debatir cuestiones jurídicas, políticas y sociales,  y participar en los ambiciosos proyectos legislativos que se anunciaban, como la codificación civil --de la que en 1851 se adelantó el primer proyecto--, o la normalización del tráfico inmobiliario, activado desde la reciente desamortización,  para lo que se preveía la creación de unos oficios de hipotecas similares a los de Francia.
La progresía de la profesión notarial de la época, que se había informado de los beneficiosos efectos que para el notariado francés había supuesto la Ley 25 Ventoso año XI, reivindicaba la reversión al Estado de oficios y protocolos, la unificación de reglas y oficios, y la fijación para la fe pública de bases firmes que les permitieran atender con eficacia a la seguridad negocial.
Como trasunto de estas inquietudes, la Junta de Gobierno del Colegio Notarial de Madrid creyó oportuno oficializar estos debates, y para ello, a finales de 1858, un año después de que naciera la Academia de Ciencias Mortales y Políticas, que había   adoptado el lema verum, pulchurm, justum, y que les sirvió de acicate y paradigma,  acordó fundar una academia, la Academia Matritense del Notariado. 
De ese modo el Colegio Notarial de Madrid se incorporaba al movimiento ilustrado de creación de Academias públicas y privadas que habían impulsado los  partidos liberales y progresistas desde el siglo XVIII, y secundaba el ejemplo de otros círculos culturales que se organizaban en asociaciones científicas para el progreso de la profesión o arte que practicaban.
Este fue el origen, en Diciembre de 1858, de la Academia técnico-científico-práctica del Notariado. El 18 de Octubre de 1860, la Junta de Gobierno del Colegio aprobó el proyecto de reglamento constitutivo, que fue refrendado por la Junta General del Colegio los días 12 y 20 de Diciembre del mismo año, y sometido a aprobación real el 21 de Enero del año siguiente. 
Pero había demasiada ilusión y prisa, se anunciaba una nueva ley para el Notariado, y por ello, antes de que se obtuviera la licencia, la Junta de Gobierno la puso de hecho en marcha de inmediato, con el acuerdo --adoptado en la sesión de 22 de diciembre de 1861-- de que todos los jueves a partir de enero de 1862 los notarios del Colegio de Madrid se reunirían en Academia. 

"Desde las páginas de EL NOTARIO DEL SIGLO XXI, enviamos nuestra más asombrada felicitación a la gloriosa Academia matritense en este  su 150 aniversario, instándola a que mantenga la disposición de servicio y el talante ecuménico que siempre  desde su fundación ha tenido,  para que continúe siendo tribuna de difusión de cuantas ideas e iniciativas puedan contribuir al progreso moral y científico del Notariado y de la humanidad en general"

Y así se hizo. Hubo una sesión solemne de apertura el 2 de enero de 1862 y ese mismo mes tuvo lugar la primera sesión de trabajo. Era el 28 de enero de 1862, cuatro meses antes de que se publicara la Ley del Notariado, y a partir de ese día la Academia celebró regularmente sus sesiones. Las fechas de cada reunión y los temas a debatir se publicaban en el Boletín Oficial del Colegio Notarial de Madrid que empezó a publicarse en 1863.  

Edad de oro
Nunca desde su fundación en 1858 ha cesado la Academia en su actividad durante sus 150 años de existencia.
Solo en 1917, con motivo de la mudanza de la sede del Colegio desde la c/ de la Bolsa nº 12 hasta el actual en que nos encontramos, y por causa también del complicado marco político por el que España atravesaba, la actividad de la Academia decayó y, aunque nunca dejó de actuar, sus trabajos quedaron reducidos a sesiones esporádicas y coloquios privados de análisis de las nuevas leyes.
Pero esta época de atonía quedó compensada sobradamente a partir de 1943,  cuando se produjo un vuelco histórico que dio a esta Academia un lustre memorable.  
En esa fecha comenzó el que se ha llamado nuevo  "siglo de oro del notariado": López Palop, Albi, González Enríquez, Porpeta Clérigo, Diez Pastor, González Palomino, Ángel Sanz, Vallet de Goytisolo, Cámara, Núñez Lagos, Rodríguez Adrados y tantos otros, marcaron un hito para esta Institución, a la que revitalizaron y situaron en un nivel académico envidiable.
Ese año, como una consecuencia natural del ansia científica que se respiraba en los ambientes notariales, la Comisión de Cursos de la Academia Matritense  empezó a inyectar una energía inusitada en la institución, y entre otras cosas organizó un espléndido ciclo de conferencias para aquel curso que inauguró Don Jerónimo González con una disertación, ya histórica, sobre La tradición de fincas en los instrumentos públicos, a la que siguieron otras nueve dictadas, por los más egregios juristas del momento como Navarro Azpeitia, Nicolás Pérez Serrano, Alfonso de Cossío, Ramón Mª Roca Sastre, González Palomino o Rafael Núñez Lagos, toda una pléyade cuya solera científica envidiarían los más exigentes.
Esa Comisión de Cursos de 1943, que marcó una cota de solvencia que pocos colectivos pudieron igualar, también decidió algo muy importante, reabrir al exterior las sesiones de la Academia. Y lo hizo de una doble manera, invitando a participar en sus cursos a los juristas más afamados del momento, y publicando los trabajos de la Academia para ponerlos a disposición de todos los estudiosos. Para ello acordó la publicación de una revista, que luego fue los actuales Anales, cuyo Tomo I recogió el ciclo de conferencias de 1943 al que acabamos de referirnos.

"Juristas extranjeros han contribuido a su esplendor, valga por todos Francesco Carnelutti cuya lección magistral sobre el notario como elemento de prevención de los litigios constituye aun el paradigma de la función para muchos notariados nacionales y extranjeros que consideran por ello la sala de plenos del Colegio de Madrid  el santa-santorum del notariado"

Y así, por esa brillante andadura, siguió la Academia Matritense del Notariado durante más de seis décadas con reuniones privadas, teóricas y prácticas, con debates selectivos en la biblioteca del Colegio que rozaban cotas sorprendentes de agudeza. Unas cotas que rememoraban las más sutiles controversias académicas, ya legendarias, de la historia y de la ciencia, como las quodlibetales. Y con ininterrumpidos ciclos de conferencias de una altura científica reconocida en España y en el extranjero. Los más brillantes catedráticos como Federico de Castro, Alfonso de Cossío, Castan Tobeñas, García Gallo, Jaime Guasp, José Larraz, Yanguas Mesia, Gómez-Orbaneja, Beltrán de Heredia, Hernández Gil, Gª Valdecasas, Lacruz Berdejo, mercantilistas como Garrigues, Uría, Rubio García-Mina, Broseta Pons y tantos otros que harían interminable esta relación; hipotecaristas como Jerónimo González, Roca Sastre o Ramón de la Rica, romanistas como Ursicino Álvarez, Juan Iglesias o Max Kaser, penalistas como Antón Oneca o Juan del Rosal etc.,  --y aclaro que solo cito a los que no están vivos para no tener que transcribir el elenco completo de conferenciantes, porque todos merecen ser citados, tal es el nivel de selección aplicado--. Notarios, magistrados, catedráticos, abogados, juristas y estudiosos del derecho y de las Humanidades en general han rivalizado en aportar a la Academia Matritense ciencia y lustre. También juristas extranjeros han contribuido a su esplendor, valga por todos Francesco Carnelutti cuya lección magistral sobre el notario como elemento de prevención de los litigios constituye aun el paradigma de la función para muchos notariados nacionales y extranjeros que consideran por ello la sala de plenos del Colegio de Madrid  el santa-santorum del notariado.
Desde 1943 han pasado más de cincuenta años. Han sido más de seis décadas de sesiones académicas intensas y fructíferas, pues pocos colectivos pueden ostentar una aportación comparable a la realizada por esta  Academia a la elaboración del Derecho Privado, civil y mercantil. Son 150 años de Academia.

Panorama halagüeño
Y al día de la fecha las cosas no han cambiado, el ciclo álgido se mantiene. Hoy podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la savia del árbol notarial no se ha secado, y que a las relevantes generaciones pasadas está siguiendo con similar fuerza una nueva generación que ha empezado a dar frutos ciertos como son los dados por el elenco de notarios que conforman el Comité de Redacción o se cuentan entre los colaboradores de esta revista. 
La prueba material está en los Anales de la Academia. Son ya cuarenta y ocho Tomos. Cuarenta y ocho Tomos que recogen el esfuerzo y dedicación de los más brillantes juristas que han optado por difundir su saber a través de la acreditada tribuna de esta Academia. Una Academia que celebra su glorioso 150 aniversario, 1858-2008, y que quiere, desde esta revista, hacer un acto más de reconocimiento y gratitud a todos los notarios "muchos anónimos, tal vez la mayoría", y a todos los juristas que han realizado aportaciones científicas, teóricas y prácticas, o han inyectado, en la terminología de Habermas, energía utópica a una institución que desde su fundación ha tenido como única meta contribuir al progreso de la ciencia jurídica y con ella de la Humanidad.

Nueva andadura
Pero con este tercer cincuentenario nada se cierra. La Academia Matritense continúa y continuará su andadura en el próximo futuro estrenando su cuarta cincuentena con el paso firme y decidido de las anteriores.
Mucho han cambiado desde luego en estos ciento cincuenta años los parámetros en los que la Humanidad puede desarrollar sus avances en bienestar y progreso científico, material y moral. De un lado la revolución digital y la globalización, que han facilitado la irradiación instantánea de ideas y la unificación de mercados, aunque estos fenómenos con sus ventajas arrastran una peligrosa y vulgar estandarización. Y de otro los movimientos migratorios, la aparición de integrismos activos y las naturales fricciones entre las distintas civilizaciones que ahora se intercomunican, han producido distorsiones y desajustes estructurales en las reglas de la convivencia planetaria, para cuyo remedio no sirven las recetas filosóficas y morales conocidas.
Y la situación del notariado no es menos inquietante. Además de esta variación en los parámetros, está sufriendo varios conatos de mutación en su estructura originaria, con un desplazamiento perceptible hacia una estatalización peligrosa de funcionario-inquisidor que empaña los contornos de su figura alejándola de su concepción originaria y, lo que es más grave, de las expectativas de los que a él acuden. También sufre embates obstinados procedentes de troneras más interesadas,  que a veces encuentran cobijo inesperado en posiciones doctrinales o en obiter dicta jurisprudenciales que parecen querer privar al notario de la propia razón de su existencia, del atributo esencial de su función, de su única razón de ser, la aplicación de la legalidad en el ámbito extrajudicial. Algo inexplicable porque el notario esencialmente es un funcionario público, un funcionario constitucional, controlador y aplicador de las leyes que las Cortes y el Ejecutivo dicten.

"Y así, por esa brillante andadura, siguió la Academia Matritense con reuniones privadas, teóricas y prácticas, con debates selectivos en la biblioteca del Colegio que rozaban cotas sorprendentes de agudeza. Unas cotas que rememoraban las más sutiles controversias académicas, ya legendarias, de la historia y de la ciencia,  como las quodlibetales"

Arduos y numerosos son en efecto los escollos que van surgiendo en el caminar del notariado, pero en el fondo, por la naturaleza de las cosas y la fuerza insita en la coherencia y la simetría cósmicas, todo quedará inevitablemente ajustado a la racionalidad. Ni los fenómenos novedosos, ni los logros tecnológicos por milagrosos que parezcan, han aportado remedios capaces de neutralizar la ansiedad del hombre, que se siente rodeado de esa consustancial e inmanente incertidumbreque le reafirma en la necesidad de fijar su ideal de vida en los valores eternos de verdad y seguridad. Verdad y seguridad fueron las razones que justificaron el nacimiento del Notariado y las que  justifican su subsistencia. Tan es así que si la institución notarial fuera expulsada o desviada de su función natural de procurar verdad y seguridad, los ciudadanos buscarían otro órgano que les procurara la función excluida, pues la ley podrá imponer en aras de principios superiores la limitación temporal de derechos fundamentales, pero lo que no está al alcance de la ley es  prohibir o suprimir el ansia  de seguridad y el derecho a la dignidad de los ciudadanos.
No se ha agotado pues la misión del Notariado ni por tanto la de la Academia Matritense, nacida para profundizar y hacer viables los objetivos de la institución y el perfeccionamiento de sus miembros. Tiene ante si, pues, esta docta y ya venerable institución, en la cuarta cincuentena que ahora estrena, una compleja tarea para seguir cumpliendo en las nuevas coordenadas el objetivo que la hizo nacer hace 150 años: fomentar la ciencia del derecho y las demás morales y políticas en sus relaciones con el Notariado.

Ferviente felicitación
Desde las páginas de EL NOTARIO DEL SIGLO XXI, enviamos nuestra más asombrada felicitación a la gloriosa Academia matritense en este su 150 aniversario, instándola a que mantenga la disposición de servicio y el talante ecuménico que siempre  desde su fundación ha tenido, para que continúe siendo tribuna de difusión de cuantas ideas e iniciativas puedan contribuir al progreso moral y científico del Notariado y de la humanidad en general. Hacemos extensiva nuestra felicitación a cuantos hasta la fecha han contribuido a engrandecer su memorable historiografía, enriqueciendo el patrimonio cultural de esta institución.
Por último, especial recuerdo estamos obligados a dedicar al último Secretario de esta institución, Francisco de Lucas Fernández, recientemente fallecido, que  durante más de tres décadas contribuyó con su dedicación y talento, a que esta Academia mantuviera el nivel científico y humano a que por el esfuerzo y dedicación de generaciones enteras de notarios madrileños se hizo acreedora en el pasado.  ¡Enhorabuena!