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ENSXXI Nº 22
NOVIEMBRE - DICIEMBRE 2008

ELECCIONES

La carta remitida por once Decanos electos al conjunto de los notarios del país comunicándoles -con el fin de "evitar incertidumbres"- quien va a ocupar los principales cargos en el próximo Consejo General, pone de manifiesto la extrema gravedad de la situación en la que se encuentra el Notariado español y en la que -parece- va a seguir encontrándose en el futuro.
Las esperanzas de unidad y conciliación suscitadas por unas elecciones de concurridísima participación y de resultado equilibrado (hay Colegios de casi 400 notarios que se han decidido por seis votos) han sido acogotadas nada más nacer.  Y lo han sido simplemente por el deseo -ahora ya claramente confesado- de ocupar y disfrutar todos los resortes del poder.
Con esta carta se ha dado un paso muy preocupante. El que media entre la hipocresía y el cinismo. Es cierto que el último Consejo ha venido actuando de la misma manera desde su constitución -que, como ocurre ahora, no tuvo lugar en la sesión oficial, sino en otra más discreta celebrada en el Hotel Santo Mauro hace cuatro años. Pero lo cierto es que tal actitud siempre se ha ocultado de forma vergonzante, excusándola en el supuesto resentimiento de una minoría de perdedores. Hoy esa vergüenza ha desaparecido, quizá porque calificar de minoría resentida a la mitad del Notariado español ya no es creíble, y tal ausencia es precisamente lo que la Academia denomina cinismo.

"Las esperanzas de unidad y conciliación suscitadas por unas elecciones de concurridísima participación y de resultado equilibrado han sido acogotadas nada más nacer. Y lo han sido simplemente por el deseo -ahora ya claramente confesado- de ocupar y disfrutar todos los resortes del poder"

La alegación de que el consenso entre los once electos se ha forjado gracias a su compartida adhesión a las conclusiones del último Congreso Notarial causa perplejidad. Como si esas archisabidas conclusiones pudieran ser motivo de discrepancia entre notarios, al margen, por supuesto, de poder discutir la necesidad de tal esfuerzo para llegar a ellas. Más precisa es la invocación al "proyecto". Cual sea éste concretamente, es un completo misterio -siempre que identifiquemos "proyecto" con programa- pues nadie se ha molestado en aclararlo. Pero quizá no sea necesario ser tan ingenuos. "Proyecto" puede ser simplemente un ventajoso acuerdo de reparto y sucesión de puestos, aunque sea al precio de continuar -sin cambio alguno de personas- una gestión nefasta y, en consecuencia, de fracturar el Notariado aún más. Ahora ya no se queda fuera un Decano crítico y poco complaciente, sino casi media España.
Pero tan preocupante como la forma es el fondo. Aquellos que han dirigido la política notarial en los últimos cuatro años, quizá la más contestada de su larga historia, han acordado seguir haciéndolo, previsiblemente de la misma manera unilateral y con el mismo discutible resultado. Se postula como Presidente un candidato al que esta revista, con todo el respeto que merece su persona y su cargo, no puede apoyar.
No es un problema de edad. El que el Presidente se jubile durante su mandato no ha constituido nunca en nuestra opinión un obstáculo significativo si las demás cualidades del candidato lo compensaban sobradamente. Aunque hay que reconocer que resulta un tanto chocante que en una ocasión parecida el actual candidato y los que ahora le apoyan mantuviesen una opinión radicalmente distinta. Tampoco constituye un problema el que sólo desde hace muy poco tiempo se haya preocupado por los intereses de la corporación, pues eso no quita que pueda volcarse ahora en su defensa.

"El candidato ha codirigido una grave política de enfrentamiento interno y externo cuyos resultados están a la vista, que él precisamente  es el menos indicado para restañar. El Reglamento Notarial, el candidato no tendrá más remedio, por coherencia personal, que volcarse en su defensa. Ya lo ha hecho con ocasión del lamentable artículo 143 y con la espinosa cuestión de las compensaciones institucionales"

Lo que resulta más grave es precisamente  el contenido de su breve historial de trabajo corporativo. El candidato ha codirigido una estrategia de enfrentamiento interno y externo cuyos resultados están a la vista. Desde el punto de vista interno, la actual fragmentación del cuerpo, que él precisamente es el menos indicado para restañar. Desde el punto de vista externo, unas deterioradísimas relaciones con algunos de nuestros principales interlocutores, entre ellos nada menos que con el Tribunal Supremo de la nación, al que prácticamente se ha llegado a injuriar.
El Reglamento Notarial, proyecto estrella del anterior Consejo, ha resultado un completo fiasco, por el que ya nadie asumirá ninguna responsabilidad. Al contrario, el candidato no tendrá más remedio, por coherencia personal, que volcarse en su defensa. Ya lo ha hecho con ocasión del lamentable artículo 143 y con la espinosa cuestión de las compensaciones institucionales.
Con este acuerdo de reparto las esperanzas de autocrítica y reforma definitivamente se van al traste. El sistema electivo que padecemos lo va a hacer posible. Quizá no haya otro reto más importante para el Notariado español que su urgente e inaplazable reforma.