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El Notario - Cerrar Movil

ENSXXI Nº 23
ENERO - FEBRERO 2009

Una entrevista de Carlos Pérez Ramos, notario de Montellano (Sevilla)

¿Rafael, por qué notario?

Elegí ser notario por accidente. Como también estudié derecho por accidente. Yo era bueno en ciencias. Vi las oposiciones de Sevilla del año cincuenta y seis y me aterroricé al ver las caras demudadas de los opositores. Y un tío mío me cogió un día y me dijo: “ Oye Rafael, te veo un poco despistado sobre lo que quieres hacer, ¿por qué no haces notarias?. Las oposiciones duras, son para los buenos estudiantes y tu lo has sido hasta ahora. En la notaría no tienes un jefe directo, tienes toda la responsabilidad, pero  eres tu el que decide”. Me pareció que podía tener razón y me puse a hacerlo.

¿Y la vocación?

En mi caso, como en muchos otros, la vocación vino después. Yo he tenido una gran vocación notarial. Y he disfrutado muchísimo con mi profesión. Para mi es la mejor  del mundo, con dos condiciones: que te guste el Derecho y  te ”guste” la gente. Además me ha permitido desarrollar otra vocación que siempre tuve, quizás heredada de mis padres: la enseñanza. Y la he desarrollado tanto en la facultad de Derecho, como con mis alumnos opositores.
 
¿Y el bienestar económico que se asocia con la profesión?

Claro que gusta no tener preocupaciones económicas. Pero cuando estás metido en tu profesión, cuando disfrutas ejerciendo, aquello no es un valor prioritario. Y más ahora que en el tema económico se está pasando mal. A mi, lo que me ha dado más satisfacciones ha sido el regusto de hablar con la gente de las cosas que te plantean, de cómo te agradecen que les escuches, de cómo se tranquilizan cuando logras una solución adecuada para sus problemas... No he sido un notario de muchos números. Y creo que un notario no puede hacer, por decir algo, ocho o diez mil documentos. Claro que puedes hacerlos con buena organización y muchos empleados, pero perdiendo el contacto personal con la gente.

¿Y entonces las macronotarías?

En mis últimos tiempos me desmoralizó mucho  ver que la gente lo que buscaba de la notaria era un “papel” que le han dicho necesita para alguna cosa. Es el notariado anglosajón. Es la muerte de nuestro notariado que la gente busque un papel y no que busque al notario  para que le aconseje, le explique y, al final, confeccione el documento que deba hacer. En las macronotarías sí puede conseguirse rápidamente ese “papel”. Pero el notario tiene que tener tiempo para dedicarlo al particular, y no lo puede tener si  está desbordado por los números. En la búsqueda del papel de turno, el notario sólo vale por una cosa, por su firma. Pero la firma es lo último, el final de un proceso y con el otorgante el notario debe tener contacto durante todo el proceso. El notario tiene que reservarse los minutos necesarios para hablar con el cliente porque en la operación más fácil puede haber algo que no se percibe a primera vista. El notario es alguien que debe saber preguntar. Como el médico. Pero eso exige tiempo.

"Hay que tener claro  lo que es el Notariado para que lo sea plenamente"

Pero, ¿la gente quiere eso?

Estoy convencido de que cuando un notario tiene tiempo, el cliente lo aprecia tanto como puede apreciar a su abogado. He tenido clientes que no movían un papel sin que yo lo aprobase antes. Una confianza que creo se consigue a base de mucha atención personal. Todo lo que no es personalizar una función no produce, para el que la realiza, ninguna satisfacción.

¿Cómo ves  nuestro futuro?

Veo a la gente muy pesimista. Y sin embargo yo veo un futuro del notariado muy esperanzador, si los notarios saben reaccionar. En los últimos años,  determinadas instituciones han ido asumiendo funciones de fe pública, porque se decía que contaban con organización suficiente y confianza ganada. Por ejemplo, los bancos en los protestos o en la transmisión de acciones por anotaciones en cuenta.  Pero hoy la confianza en estas instituciones está en entredicho. Y hay que sacar una enseñanza para el notariado. La fe pública es muy delicada para dejarla en manos de esas instituciones, por muy buena organización que tengan. Hasta ahora, la fe pública que ha dado resultado ha sido la notarial. El notariado ha funcionado bien, incluso para absorber el boom inmobiliario de los años sesenta, setenta y ochenta; bien es verdad que contando con la inscripción registral. Siempre he defendido el sistema de las dos “patas”. Creo que es el momento del notariado, si el notariado sabe responder a lo que está pasando.

"Cuando un notario tiene tiempo, el cliente lo aprecia tanto como puede apreciar a su abogado"

¿Y qué tienen que decir de ese futuro las nuevas generaciones?

Entre las generaciones novísimas del notariado y los de mi generación, noto cierto posibilidad de comunicación e identidad de criterios. Yo me entiendo con ellos muy bien. Algo así como lo que ocurre entre abuelos y nietos. Eso me hace crecer en mi confianza en el notariado, siempre que las generaciones novísimas se den cuenta de su importancia, no tengan ningún complejo y asuman lo que la profesión pide de ellos. Soy optimista porque confluyen tres elementos en este momento: Generaciones jóvenes que vienen al notariado con una actitud que a mi me gusta; la crisis por la que los nuevos notarios van a empezar en notarias que no son las de hace poco, sino las de mi tiempo; y un movimiento de las instituciones que hasta ahora han querido acaparar el tráfico jurídico que ha provocado un cierto descrédito de las mismas. Se ha puesto de manifiesto que se necesitan controles. Y entre los controles más acreditados con que cuenta la sociedad está el notariado.

¿Qué recuerdos tienes como decano?

Fui decano seis años. El cargo de decano es un cargo que exige tomarse en serio que lo que importa, por encima de los notarios, es el notariado, y eso, a veces, al notario individual que se ve afectado le cuesta entenderlo. Es duro el cargo, pero también tiene sus satisfacciones como el de participar en decisiones que tienen importancia para el cuerpo y para la sociedad.

Y tus vivencias como presidente de tribunal de oposiciones.

Fue agotador. Además yo me propuse hablar tanto con los aprobados como con los suspendidos. Y fue duro. Hubo gente que se me echó a llorar, sobre todo porque para los suspendidos hay poco consuelo  Recuerdo con horror, y mi mujer lo mismo, el primer mes de la oposición. Yo llegaba a casa hecho puré, destrozado por la tensión de  que no se me escapara nada. Pasado el primer mes empezó a ser un poco más cómodo porque teníamos ya referencias. Con los tribunales de notarias tienes la tranquilidad de su honestidad. Yo en el tribunal me podía equivocar ¿pero cometer una injusticia con un opositor a sabiendas? !antes me tenían que matar!

¿Hay alguna reforma importante que necesite la oposición?

Creo que la de que los tribunales cuenten con una persona que marque la continuidad de un criterio. Es importantísimo. Lo podemos constatar todos los que tuvimos la experiencia de Don Pablo Jordan de Urríes  y, posteriormente, Ipiens que estuvieron en sucesivos Tribunales. Yo guardo un gran recuerdo de Don Pablo. Muchas veces me he preguntado si no hubiera estado Don Pablo sería notario. En Granada me suspendieron y me sentó fatal. Yo estaba absolutamente convencido de que había aprobado. Cuando salieron las notas, el bedel dijo: “Leña, ¿quien es Leña? Que el tribunal quiere hablar con usted”. Don Pablo, que era la autoridad suprema me recibió y me dijo “usted es joven, quizás el final de su ejercicio ha revelado que no está suficientemente maduro quizás necesita un año más” Eso se recibe como se recibe, pero no se me olvidará en la vida que me dijo “usted será notario y un buen opositor entre notarios”. Bueno, pues, a las siguientes, cuando aprobé en Zaragoza, un miembro del tribunal me contó que cuando me senté para empezar el ejercicio Don Pablo les pasó a todos un papelito contándoles mi actuación en la oposición anterior.

¿Y cuando fuiste presidente de tribunal...?

 Pues, cuando fui presidente de tribunal, pedí las libretas con los resultados de las cuatro oposiciones anteriores. Mi criterio era que no quería ver allí un número sino una persona. Le iba a juzgar, por supuesto, por el ejercicio que hiciera, pero quería saber su historial. Cuando se sentaba, les pasaba a los miembros del tribunal una nota con ese historial.

"Es la muerte de nuestro notariado que la gente busque un papel y no que busque al notario  para que le aconseje, le explique y, al final, confeccione el documento que deba hacer"

Pero hoy ¿no sería difícil encontrar un notario con esa dedicación?

Se ha dicho en ocasiones que, como es una carga muy grande, podía ser ese miembro continuado de tribunal un notario jubilado, que tiene tiempo, o un letrado de la dirección al que se le dedicase a oposiciones. Y ello, combinado con un secretario joven que tiene el programa más fresco.

¿Qué consejos das al opositor?

Que persevere. Comprendo que es muy difícil. Pero cuando tienes el programa preparado será cuestión de tiempo. El “enemigo” no es el otro opositor, es el programa. También el opositor tiene que profundizar. La oposición no puede ser solo: yo me aprendo y  yo “canto”. Creo que hay que ir metiendo al opositor el gusto por el Derecho. Y el gusto no está en lo que se memoriza y recita sino en lo que se entiende y maneja. Hay dos maneras de decir el tema: recitarlo o hablar de derecho. Si sabes derecho sabrás “defender” una pregunta que no recuerdas.

¿Y recomiendas las oposiciones entre notarios?

A todos mis alumnos les digo que conmigo asumen la obligación de hacer restringidas. Por la formación que te da y porque profundizas sobre temas de actualidad. Hoy en día, para llegar pronto a buenas plazas,  no son necesarias, pero son importantes para tener una formación jurídica y adquirir un gusto por la formación. Son una de las grandes cosas que tiene el notariado. Si es necesario dar más premio al opositor, que se le de.

¿Que consejos das a los nuevos notarios?

Que sean, ante todo y sobre todo, notarios. Que no se dejen llevar por otra cosa o por otro tipo de vida. Que sean notarios desde el principio. Si no se es notario desde el comienzo es muy difícil serlo después. Que disfruten de serlo, de la satisfacción de atender a la gente. Que disfruten del Derecho, que lean Derecho y que se ocupen del Derecho. Que sean juristas. Como ves  mis dos aficiones: el Derecho y la gente. Bueno, y en mi caso, la música también

Hemos hablado de dos momentos, la oposición y el ejercicio, nos queda  el tercero: la jubilación

La jubilación me parece una cosa maravillosa. Sigo con el gusto por el Derecho y por la gente. Estoy disfrutando de esta etapa con mis alumnos, con mi estudiar y escribir derecho, con la música, con mis amigos...!Y me falta tiempo!  

¿No echas de menos la notaria?

En absoluto. Es la única sorpresa que me he llevado en la jubilación, que no me acuerdo de la notaría. Porque no he parado. Tengo una jubilación muy plena. Como ha sido mi vida.

¿El notariado en qué tiene que mejorar?

Creo que tiene y puede mejorar en algunas cosas. Yo soy muy cartesiano en mi pensamiento. Hay que tener claro  lo que es el Notariado para que lo sea plenamente. Muchas veces nos complicamos demasiado con el deber ser. ¿Nos pondremos todos de acuerdo en lo que debe ser? Pues no; en ninguna profesión se han puesto todos de acuerdo. Entiendo que bastaría con que se pusiesen de acuerdo los que deben de ponerse de acuerdo! aquellos en quienes el notariado tenga confianza que confíe en ellos por su trayectoria, que se hayan ganado una autoriítas, tengan o no potestas. Lo que te quiero decir es que, una vez bien definido lo que quieres, hay que hacerlo, estableciendo los caminos necesarios para que sea.

¿Y eso de los nuevos tiempos?

Pues hay que adaptarse a ellos. Naturalmente. Pero “salva rerum substantia”. "Los mecanismos de las nuevas tecnologías" En la medida que no desvirtúen la esencia. Es un camino nuevo al que hay que dar entrada, la sociedad lo demanda, pero no me gustaría pensar que el notario se vaya a convertir en un simple técnico jurídico de las nuevas tecnologías. A fin y al cabo todo es muy simple y viene repitiéndose: el notario es funcionario público y profesional del derecho. Pues eso.  

¿Y qué me dice de la tan cacareada crisis?

Desde luego, que es grave y existe. Ahora bien, la crisis puede servir para reajustar defectos en el ejercicio notarial de los últimos años. Si la crisis se supera y volvemos a las mismas andadas no habrá servido para nada. En la economía dicen que nada volverá a ser igual, yo querría pensar que en el notariado no todo va a ser igual, que se van a recuperar valores y modos de hacer.

¿Alguna reflexión final?

Pues que el notario, dentro y fuera de la notaría, tiene que ser un caballero, un hombre de honor. Y que la gente tiene que saber que puede hablar contigo. Que tienes tiempo y ganas.  Para mí es un timbre de gloria haberme jubilado sin haber dicho que no a un acta. Si te gusta la gente, si no ves en la gente algo que te desagrada, que te perjudica, que te quita tiempo, sino personas que tienen problemas y a las que tú  puedes ayudar, te gustará la profesión, disfrutarás con su ejercicio. Al final, la gente y el Derecho.