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ENSXXI Nº 24
MARZO - ABRIL 2009

JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA SÁNCHEZ
Notario

En esta ocasión vienen a esta galería dos personajes perdedores, dos titanes fracasados que orientados a la senda de la gloria recibieron la amarga pócima de la frustración. Entre Küng y Stauffenberg, separados por distancias abismales, hay en efecto ciertas coincidencias. Ambos son dos gigantes de talento, dos titanes que lucharon tenazmente por un ideal. Ambos tuvieron la audacia y el valor de llevar a término la misión para la que se sentían llamados, y ambos besaron el polvo del fracaso: uno perdió la licencia oficial para enseñar y el otro fue fusilado. Pero de su fiasco renacieron en la conciencia social con mayor pujanza. Ambos lograron una proyección de alcance universal que no hubieran adquirido sin ese fracaso.

HANS KÜNG

Controvertida, el 2ª Tomo de las Memorias de uno de los teólogos católicos más prestigiosos y discutidos, Hans Küng, catedrático de Tübinga y Presidente de la Fundación Ética Mundial. No es una autobiografía histórica que recoja los recuerdos y detalles biográficos de la vida del autor. Es una autobiografía ideológica, una "intellectual biography" en la terminología anglosajona,  que trata de justificar la ascesis y lucha espiritual y dogmática de quien se confiesa cristiano y teólogo católico inspirado por el Evangelio, siempre al servicio del ser humano dentro y fuera de la Iglesia Católica. O si se quiere es una justificación documentada y obsesiva de sus posiciones teológico-dogmáticas frente a sus adversarios académicos, especialmente frente al Papa actual Joseph Ratzinger, con el  que ha mantenido una rivalidad que trasciende temosamente a estas memorias ideológicas a las que convierte de hecho en una palestra apologética de sus posturas en el debate teológico que ha sostenido tenazmente.
Su rivalidad intelectual, dentro del más exquisito respeto mutuo, viene de largo. Ratzinger y Küng son coetáneos -Ratzinger es un año mayor- y ambos han nacido en familias católico-conservadoras de la región alpina. Ambos se han forjado en los ideales de la formación humanista, ambos reciben el impacto educativo -aunque de signo diverso- de los movimientos juveniles europeos de los años treinta, y a ambos la Iglesia Católica brindó, en épocas de ideas totalitarias, una patria espiritual, una orientación cosmovisional y un sólido apoyo moral. Ambos participaron de corazón en la liturgia preconciliar, y ambos tuvieron una trayectoria intelectual paralela en sus estudios de filosofía y teología, aunque Ratzinger prefiriera la ruta de San Agustín sobre quien versó su tesis doctoral en Munich, y Küng optara por intimar con el pensamiento de Tomás de Aquino, Jung, Sartre y Kart Rahner entre otros. 

"No es una autobiografía histórica que recoja los recuerdos y detalles de la vida del autor. Es una autobiografía ideológica que trata de justificar la ascesis y lucha espiritual y dogmática de quien se confiesa cristiano y teólogo católico inspirado por el Evangelio"

 A partir de ahí comienzan las diferencias ideológicas. Ratzinger se mantiene en la ortodoxia de la exégesis bíblica gregoriana anclada en la dogmática tradicional de la Iglesia. Küng comienza a merodear las exégesis liberales de los textos y la crítica a una dogmática que él entiende anquilosada, tratando de reinterpretarla, según dice, con la frescura del mensaje cristiano originario atestiguado en el Nuevo Testamento.  A pesar de que continuaron siguiendo vidas paralelas en las Universidades y Facultades teológicas de Roma, Munich y Tübinga,  y a  pesar de que acudieron al Concilio Vaticano II celebrado en Roma en 1962, ambos como profesores de teología, incluso como los dos teólogos conciliares más jóvenes y brillantes, entre ellos germinaba una rivalidad que les iba separando. Ratzinger se decantó firmemente por la teología ortodoxa y segura que Küng llama histórico-orgánica y éste por una teología histórico-crítica que investiga la historia de los dogmas con la misma actitud crítica con que aborda los textos de las escrituras.
Sus caminos irán divergiendo de forma creciente manteniéndose Ratzinger en la ortodoxia tradicional más estricta que le ha conducido a ostentar actualmente el Papado y derivando Küng hacia una posición crítica del sistema jerárquico romano y de la que llama Iglesia clerical-centralista que le ha hecho engrosar la lista de los que, como los cátaros, Jean Huss o Lutero, han terminado por desviarse en la concepción vaticana de la estricta ortodoxia. Ambos buscan la libertad y la verdad, pero en los términos más respetuosos, Küng se resiste en sus Memorias a que en sus confrontaciones con Roma a él se le atribuya la parte de la libertad y a sus adversarios la de la verdad, tópico reparto de papeles contra el que Küng se rebela y al que no es ajeno el título de la obra que comentamos ?Verdad controvertida? frente al que distinguió al volumen primero de las mismas memorias ideológicas que fue ?Libertad conquistada?.
Insiste Küng en sus memorias en un posicionamiento crítico frente a los dogmas no diferente del que se tiene frente a los textos bíblicos. La publicación en 1970 del libro ?Infalible? Una pregunta? que sometía a debate tanto el dogma de la infalibilidad papal como la verdad del brocardo Roma locuta, causa finita desató la que Küng llama gran confrontación que tuvo un final decisivo: el 18 de diciembre de 1979 le fue retirada la licencia eclesiástica de enseñanza.
 A ésta que él llama la gran confrontación dedica Küng una tercera parte de sus memorias narrando detalladamente las intervenciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de las Conferencias Episcopales alemana y suiza y de la Curia Episcopal de Rottenburg. Al final hubo compromiso y aunque se le privó de licencia para enseñar teología en nombre de la Iglesia, en razón al principio de libertad de cátedra e investigación garantizados por la Constitución federal de Alemania se le permitió seguir formando alumnos para el doctorado o la habilitación en su cátedra de Tübinga. 

"Es una justificación documentada y obsesiva de sus posiciones teológico-dogmáticas frente a sus adversarios académicos, especialmente frente al Papa actual Joseph Ratzinger, con el  que ha mantenido una rivalidad que trasciende a estas memorias ideológicas"

El caso tuvo resonancia mundial, pero no solo no eliminó ni marginó a Küng como teólogo católico sino que le sirvió de plataforma de proyección internacional. En septiembre de 2005 fue incluido ?junto con Jünger Habermas y Joseph Ratzinger-- en la lista de los Cien intelectuales más importantes del mundo que confeccionan las revistas Foreign Policy (USA) y Spectator (Gran Bretaña). Y ha sido recurrente comparar su gran debate sobre la infalibilidad papal con el debate levantado en Francia por el J?accuse de Zola en defensa de Dreyfus que, a su manera, también fue una controversia sobre la verdad. ?Lo mío no fue un manifiesto, dice Küng, sino un libro que argumenta histórica, filosófica y teológicamente, y en esa medida, es discutible el símil. Tampoco en el caso Dreyfus ganaron demasiado a primera vista Zola, Clemenceau y Jaurés, pero por la verdad hay que luchar durante años si es necesario?. El apóstol Pablo, recuerda para justificarse, en la Carta a los Galatas (2,11-14)  denostó públicamente a Pedro, el primer Papa, cuando vio que no procedía rectamente según la verdad del Evangelio.
Küng es un teólogo de frontera, un defensor de una sugestiva aunque comprometida teología liberal que sin embargo nunca renuncia a las esencias del cristianismo aunque la audacia de sus hipótesis y teorías obliga a acercarse a él con cautela y circunspección. Su obra, en cualquier caso, tiene gran profundidad y enriquece el pensamiento.
Küng huye de los fundamentalismos. En la época actual el teólogo cristiano debe encontrar el camino entre el relativismo de la verdad, para el que no hay ninguna verdad permanente, y el absolutismo de la verdad que se identifica a sí mismo ?e identifica su posición- con la verdad. Tan mala es la dictadura del relativismo que tanto criticó Ratzinger el día de su elección como Papa, como la dictadura del absolutismo, ninguna de estas dictaduras se corresponde a la verdad cristiana. Küng discurre en el filo de la ortodoxia, qué duda cabe, pero confiesa paladina y tenazmente su arraigo en la fe cristiana y su vida se sigue desarrollando en círculos concéntricos que parten de esa fe: unidad de la Iglesia, paz entre las religiones y entre las naciones. Nunca  ha sido excluido de la Iglesia, sigue siendo sacerdote, y solo se le prohibe enseñar teología católica en nombre de la Iglesia. Desaparecido el 14 de junio de 1966 el  Index (L.P.) nada obsta a  que cedamos al encanto de la lectura de una doctrina de la fe cristiana aunque haya que tener cerca las reglas de la ortodoxia.
En 1980 Küng comenzó una nueva etapa que él llama prospectiva promocionando su gran Proyecto Ética Mundial y luchando en defensa de su gran  mensaje de paz: paz entre las naciones que no será posible sin paz entre las religiones, para lo que es imprescindible el diálogo entre religiones sobre unos parámetros éticos globales. Aunque en dogmática aventura posiciones arriesgadas, sus últimas aportaciones en el Proyecto de una ética planetaria (1990) y en la creación de la Fundación Ética Mundial de la que es presidente desde 1995, han revelado la incuestionable utilidad práctica y social  de su obra.

CLAUS VON STAUFFENBERG

Aún no ha dejado de asombrarse la humanidad de los horrendos crímenes cometidos,  en nombre de unas dictaduras repugnantes vestidas de idealismos nacionalistas, por grupos desaprensivos de nazis y soviets que hicieron del siglo XX, con mas de setenta millones de muertes violentas, el más sangriento de la historia de Occidente. Y si para tratar de atemperar los horrores de los últimos se suele apelar a la  situación cuasi-esclavista y acultural de los pueblos que ocupaban las estepas orientales, no se ha encontrado aún explicación racional ni siquiera paliativo que mitigue la acusación de pasividad culpable ante tanta atrocidad durante los doce años que duró la dictadura nazi que aparentemente adoptó el  entonces pueblo más culto de la tierra.

"Stauffenberg es un personaje singular, casi fascinante que, en las antípodas del consabido anarquista o revolucionario exaltado que suele protagonizar los magnicidios terroristas, atentó contra Hitler imbuido del alto ideal de salvar el honor de la patria alemana y con ella el de la Europa de sus ancestros"

No quiere ello decir que hubiese asentimiento o conformidad general con los métodos y crímenes de aquella banda de criminales que llegaron al poder a través de las urnas, sí, prometiendo lavar la humillación en que postró a la nación alemana el tratado de Versalles y remediar la situación angustiosa de paro generalizado que asolaba a toda Europa como consecuencia de la depresión de 1929, pero que cuando alcanzaron el poder pervirtieron todas las ideas básicas del programa prometido hasta convertirlas en su contrario.
Venturosamente, superada la psicosis de expiación colectiva que ha sufrido Alemania durante el siglo pasado, la historiografía moderna, en la que destaca P. Hoffman, ha venido demostrando la existencia de un sentimiento latente de resistencia frente a tanta iniquidad, primero en una parte importante de la sociedad alemana y luego en las  propias entrañas de la  Wehrmacht, que solo los métodos sanguinarios de las SS impedían que aflorara al exterior.
No solo hubo críticas o planes de rebelión más o menos audaces, sino tentativas de auténtico magnicidio. Ya el 8 de noviembre de 1939 sufrió un atentado Hitler, un atentado  cometido por una sola persona, Georg Elser, un aleman corriente, un carpintero comunista y solitario, que colocó una bomba de relojería en una cervecería de Munich y que no logró su objetivo porque Hitler se marcho diez minutos antes de lo previsto.  Pero el más conocido fue el que tuvo lugar el 20 de julio de 1944 del que fue inductor, impulsor y al final también ejecutor el coronel Stauffenberg, oficial del estado mayor del  ejército alemán de brillante porvenir cuya biografía, minuciosa y documentada casi en exceso acaba de editar en castellano la Editorial Destino.

"Staufenberg formaba parte  del círculo íntimo del poeta Stefan George, líder espiritual de la Alemania secreta, la santa Alemania que Claus  vitoreó ante el pelotón de fusilamiento, enraizada con la Alemania imperial del gran Federico II, cuyo sarcófago en la catedral del Palermo veneró Stauffenberg en su viaje a Italia"

Claus von Stauffenberg es un personaje singular, casi fascinante, mártir de un idealismo profundo y consecuente que, en las antípodas del consabido anarquista o revolucionario exaltado que suele protagonizar los magnicidios terroristas, atentó contra Hitler imbuido del alto ideal de salvar el honor de la patria alemana y con ella el de la Europa de sus ancestros.
Claus von Stauffenberg nació en el seno de una familia de la más acendrada alcurnia de la aristocracia germánica  --estaban emparentados-  con la dinastía imperial  de los Hohenstaufen-- recibió una educación exquisita que le indujo a adoptar como parámetros vitales las enseñanzas del mundo clásico grecorromano, cuyas obras, singularmente las poéticas, leía e incluso declamaba con habitualidad. Staufenberg, como sus hermanos, formaba parte del círculo íntimo del poeta Stefan George, líder espiritual de la Alemania secreta, la santa Alemania que Claus vitoreó ante el pelotón de fusilamiento, enraizada con la Alemania imperial del gran Federico II Hohenstaufen, icono germánico del Sacro Imperio, cuyo sarcófago en la catedral del Palermo veneró Stauffenberg en su viaje a Italia. Una Alemania secreta o mística a la que el círculo de George se sentía vinculado espiritualmente, una Alemania enlazada con la época imperial cuyo espíritu anidaba de forma latente en el alma del pueblo germano, y que renació de nuevo con el Discurso de Fichte a la nación alemana y los cantos del Holderlin y Schiller, la Alemania sagrada que insufla vida y ritmo a sus actos y en cuyo servicio permanente los alemanes encuentran la felicidad y la consagración de su vida. Esa Alemania secreta que George representaba y evocaba en sus poemas fue el ideal con el que los hermanos Stauffenberg se identificaban hasta el punto de que el propio George los declaró depositarios a su muerte de su legado.
También idealizaba Staufenberg la tradición militar de su familia de lo que se sentía particularmente orgulloso, una milicia bajo los códigos de la gloria, el amor a la patria y el honor como la diseñó el káiser Federico Guillermo, una milicia concebida con el objetivo romántico de restaurar la concepción heroica del mundo y el principio del liderazgo, mediante el que de nuevo Alemania cambiaría el curso de la historia como había ocurrido con las invasiones germánicas, con el sacro imperio, con la Reforma y con el clasicismo alemán, de la que ahora  sería eje la Alemania secreta con su  trinidad de ideales belleza, nobleza y grandeza.
Este era el perfil de Staufenberg quien, aun con las graves mutilaciones que sufrió por acciones de guerra, dice Hoffman, mantenía una figura serena, como sí fuese uno de los generales de Alejandro Magno, siempre haciendo gala de la simbiosis que representaba entre el poeta y el hombre de acción, entre lo poético y lo heroico, una síntesis que personificaba a la perfección el personaje de Álvaro en la obra de Jean Paul Titán con el que se le comparaba.
Con estos antecedentes difícil hubiera sido que los hermanos Stauffenberg comulgaran con las ideas de los nazis, especialmente desde que, alcanzado el poder, pervirtieron los ideales nacionales que en principio predicaban. A lo largo de esta biografía, Peter Hoffman, historiador exhaustivo de la oposición al nazismo en Alemania, va desgranando los motivos que impulsaron a Staufenberg a distanciarse primero y enfrentarse después a las posiciones oficiales, lo que ocurrió  ya cuando los nazis instauraron un régimen de terror y autoritarismo y descubrieron su verdadero rostro de criminales sin escrúpulos, cuando nada mas tomar el poder nombraron policías por orden de  Göring a 50.000 miembros de las SA y SS, instauraron la pena de muerte, quemaron el Parlamento y dictaron la Ley de poderes especiales que consagró una dictadura mesiánica incontrolada en el funesto oráculo de las ?camisas pardas?, Adolfo Hitler. Ahí comenzó la inflexión de la Alemania secreta cuya disconformidad con el régimen va creciendo de forma progresiva, hasta que en 1942,  con las matanzas indiscriminadas de judíos y prisioneros de guerra y la derrota de Stalingrado, imputada sin ambages en las camarillas en la Wehrmacht a un error del Führer que no cometería un alumno de primer curso de la Academia de la Guerra, despertaron en Claus la necesidad de pasar a la acción.

"También idealizaba Staufenberg la tradición militar de su familia de lo que se sentía orgulloso, una milicia bajo los códigos de la gloria, el amor a la patria  y el honor como la diseñó el káiser Federico Guillermo con el objetivo romántico de restaurar la concepción heroica del mundo y el principio del liderazgo"

Stauffenberg, que siempre había ostentado cargos directivos de responsabilidad coherentes con su demostrada capacidad organizativa, se integró en el África Korps de Rommell, donde de resultas de una acción de guerra le amputaron la mano derecha por encima de la muñeca, los dedos anular y meñique de la mano izquierda, y el ojo izquierdo. Aun así Stauffenberg asumió la carga de conducir la operación Valkiria en la que estaban implicados en forma más o menos tibia y más o menos aparente decenas de generales y oficiales, pero que al final, a pesar de ser el menos indicado, por sus deficiencias físicas y por ser imprescindible para el posterior golpe de timón proyectado en la política alemana, tuvo que ejecutarla personalmente, con el resultado de todos conocido (Justamente su deficiencia físicas, solo tenía tres dedos y de la mano izquierda, que solo le permitió conectar un detonador de los tres previstos, fue una de las causas del fracaso). El atentado, bien planeado, no tuvo éxito, ya se sabe, Staufenberg fue fusilado y los demás conjurados recibieron idéntica o peor suerte, como de todos es conocido.

"Peter Hoffman, historiador exhaustivo de la oposición al nazismo en Alemania, va desgranando los motivos que impulsaron a Staufenberg a distanciarse primero y enfrentarse después a las posiciones oficiales"

La obra es muy minuciosa, excesivamente meticulosa y documentada, con repetidas vueltas atrás y entradas excesivas de personajes que terminan por hacer premiosa la narración y exigente la concentración para su lectura. Pero no parece que esta exhaustiva obra de Hoffman pueda recibir precisiones en el futuro.