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ENSXXI Nº 25
MAYO - JUNIO 2009

JOSÉ MARÍA GÓMEZ-OLIVEROS
Notario de Burgos

Hablemos un poco del CGN. En su carta de presentación Antonio Ojeda, el nuevo Presidente, nos indica el valor del plenario del Consejo para desarrollar el debate y formulación de la estrategia corporativa. No obstante, aun cuando nadie discute la legitimidad del CGN en esas funciones, tampoco se podrá negar el derecho de cualquier notario a opinar sobre asuntos comunes. Pues bien, desde esta perspectiva, y utilizando el derecho de libre expresión que me encanta tener, hay dos aspectos que me han llamado poderosamente la atención. La salutación que en la nota del nuevo Presidente se hace a los Decanos de La Rioja, Murcia y Cantabria, cosa de buena educación; y, de otro lado, la composición de la nueva Comisión, con la ausencias de Madrid y Cataluña. Ambos aspectos están relacionados con el viejo asunto de la representación democrática dentro del Notariado, que ya tiene el carácter de recurrente y que parece que nadie encuentra su solución o no quiere.
La resistencia interna del notariado a las novedades ha resultado históricamente relevante. Solo así se explica que mantengamos una representación corporativa en la que los pocos compañeros de cada uno de los nuevos Colegios tengan una voz en el Consejo diez veces mayor (no he hecho la cuenta al céntimo) que los compañeros de los Colegios mayoritarios. No merece la pena ser catalán o madrileño. No vayamos a Madrid y Cataluña, tengamos en cuenta que en esas zonas lo que pensemos se va a quedar perdido por los pasillos colegiales. Lo de los valencianos es más leve, porque forman parte de la Comisión, así que, a lo mejor, están contentos .Los colegiados de Madrid o Cataluña deben preguntarse si merece la pena opinar, total van a tener sólo el voto de una sola persona en el Consejo: su Decano. Pero ¡ay amigo, como no esté de acuerdo el Decano de Murcia¡ Empate. Es incomprensible. Cuando la imperfección asoma por todos lados, la cuestión se convierte en indefendible. Es una pena que con ocasión de la Hoja de Ruta no se resuelva esta asunto que ya empieza a ser un lastre histórico.
Visto lo anterior puede ocurrir que las estrategias decididas en el CGN lo sean por un porcentaje de Decanos que no representen ni a la mitad del conjunto de notarios. Ya sé que son cosas de los sistemas piramidales. Pero también sé que lo piramidal era un sistema muy bien estructurado que acallaba muchas opiniones y permitía el control de los muchos por unos cuantos. Creo recordar cuando una Junta de Decanos tras otra era criticada porque su Presidencia correspondía siempre al Decano de Madrid, lo que suponía, al decir de algunos, un control del cuerpo. Ahora nos hemos debido cansar, no de controlar, sino de Madrid, y por si acaso de Barcelona. Así que nos hemos de preparar para una nueva experiencia periférica minoritaria de control. Viva la revolución. No veo solución a corto plazo, pero me atrevo a aconsejar a los compañeros de Madrid y Cataluña que soliciten a alguno de los nuevos Colegios que les permitan votar en sus Juntas, o hacerlo en algún Colegio cuyo Decano forme parte de la Comisión del Consejo. Habrá que inventar algo, todo el que quiera sentirse representado no puede quedarse parado. Esto está que arde¡ Se me ocurre: ¿Por qué no hacemos quince Colegios Notariales en Madrid o diecisiete en Cataluña y así, sucesivamente, hasta que encontremos la proporción adecuada? O mejor ¿por qué no nos olvidamos de Colegios Notariales en la composición del CGN?

"En la carta de presentación de Antonio Ojeda hay dos aspectos que me han llamado poderosamente la atención. La salutación que en la nota del nuevo Presidente se hace a los Decanos de La Rioja, Murcia y Cantabria, cosa de buena educación; y, de otro lado, la composición de la nueva Comisión, con la ausencias de Madrid y Cataluña"

Claro está que el Consejo no puede convertirse en un Parlamento multitudinario, pero habrá que buscar fórmulas. Veamos como, por ejemplo, el CGPJ que  NO está compuesto por los Presidentes de los TSJ. Algo hay. Es decir, si se quisiera se habrían podido ir aportando ideas para mejorar. Lo que no  parece gustar en esta nuestra casa.    
Aunque, como he dicho antes, la cuestión de la representación corporativa dentro del Notariado es un asunto con solera, cobra de nuevo vigencia o protagonismo a la vista de los últimos acontecimientos. Antes de la constitución de este nuevo Consejo, recibimos una carta del Presidente saliente donde nos relataba cuales habían sido sus preocupaciones; constituido el nuevo Consejo, recibimos una nota contándonos las líneas futuras de actuación. Unos van otros vienen, pero en ninguna de las dos ocasiones se nos ha dicho que sus esfuerzos han ido dirigidos al acercamiento definitivo con el cuerpo de registradores en francas conversaciones y con un espíritu tan abierto como el empleado en fusiones no tan lejanas. Términos genéricos, conceptos abstractos…, no sé lo que se ha hablado, no tengo buenas vibraciones de cómo se ha tratado de limar asperezas. Sólo sé que hubo un acuerdo en Barcelona, que tenía buena música y mejor letra y se despreció. Lo que ocurre es que dentro de nuestra corporación existen diversas sensibilidades respecto de cómo tratar el asunto. Lo que ocurre es que están quiénes afectados por el síndrome del solapamiento, tratan de diluir una de las dos patas del sistema, intentando contentar con ello a los teóricos de la desregulación, que nunca han entendido lo que representamos (Por otra parte esto no es extraño, somos algo diametralmente opuesto a lo que se enseña en Chicago, en la clase de costes de transacción y organización del derecho de propiedad. Pero líbrenos el cielo de haber encajado en ese sistema, ahora seríamos los notarios “subprime”). Que hay registradores que no son buenos chicos, ya lo sabemos y conocemos sus teorías basadas en Hayek, que el hombre está ahora de capa caída (su amigo Milton, también). También notarios “hailos”. Formo parte de los que queremos unidad de actuación con el Cuerpo hermano y pleno respeto a su función; y es más, que consideramos que  la falta de un Registro de Derechos y su control de legalidad (formal y de fondo) sería un grave error “sistémico” (término muy actual, que produce respeto y por eso lo empleo), que dejaría cojo al sistema notarial. Y estas ideas no sabemos si están debidamente defendidas en el CGN, como consecuencia del sistema piramidal de representación que nos organiza. Y aunque lo estuvieran, los mecanismos representativos actuales no lo garantizan, sólo nos lo podemos imaginar, y eso es preconstitucional.
Por lo tanto, un ámbito debería ser el de cada Comunidad Autónoma, con su respectivo Colegio Notarial, y su política autonómica, donde el Colegio sería la institución más adecuada de expresión y relación política y corporativa., Otro ámbito es el nacional. En éste, el distrito electoral debiera ser configurado de otro modo más representativo. No es hacer de menos a los Colegios Territoriales, como no se hace de menos a los TSJ, pero a quién, desde luego, no se puede ni se debe hacer de menos es a los miembros de la corporación, a los notarios. Deseo a los recién constituidos que su labor sea fructífera y que, con sus desvelos, se vislumbren soluciones para nuestras incógnitas. No obstante, si se me permite una pequeña sugerencia, tales soluciones están, con seguridad, más en el futuro que en el pasado.