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ENSXXI Nº 26
JULIO - AGOSTO 2009

JOSÉ MARÍA DE PRADA GONZÁLEZ
Notario honorario

Me produce una gran satisfacción que la Revista haya esta vez elegido a uno de los grandes notarios que han honrado a nuestra profesión y que tantos servicios han prestado a la misma.
En efecto Domingo Irurzun no solo ha sido un notario ejemplo para todos nosotros sino que desde su humildad y en una callada y silenciosa labor, no siempre conocida, ha prestado a  nuestro cuerpo relevantes servicios.
Nacido en Pamplona, tras realizar los estudios de Derecho, en su mayor parte en la Universidad Complutense de Madrid, ingresó en el notariado en las oposiciones celebradas en Granada en 1951 ocupando la notaria de Gérgal en la provincia de Almería. Incorporado pronto a uno de los grupos de notarios que se formaban entonces para preparar las oposiciones entre notarios ganó en 1958 la plaza de Reus y en 1961 la de Valencia, donde ejerció la profesión hasta que en 1971 se trasladó a Madrid donde desempeño su cargo hasta su jubilación en 1992.
Pronto fue llamado a desempeñar tareas corporativas siendo primero secretario del Colegio de Valencia y luego de 1972 a 1978 del de Madrid. De allí paso a ser vicesecretario de la Junta de Decanos hasta el año 1981.
Cumplidos estos cometidos oficiales Domingo ha seguido siempre ligado al notariado y desempeñando importantes tareas. Durante mucho tiempo ha colaborado con su amigo y espléndido jurista Jerónimo López en la asesoría jurídica de la junta de decanos donde muchos dictámenes suyos han servido a los distintos decanos, que  han pasado por la junta, y entre los que me incluyo, para tomar decisiones, a veces importantísimas, con el apoyo jurídico que implicaba la labor de Jerónimo y Domingo.
Yo conocí a Domingo al incorporarme al grupo de preparación de oposiciones del que, por cierto, no puedo dejar de recordar que formaba parte también otro compañero cuyos servicios al notariado han sido imprescindibles y que, desafortunadamente, falleció prematuramente, Augusto Gómez Martinho. Allí pude pronto conocer la profunda preparación jurídica de Domingo que tanto nos ayudó en las tareas que realizábamos. Recuerdo, por solo citar un trabajo suyo, un estudio concienzudo que hizo de la difícil obra de Falzea sobre la condición que nos permitió conocer la opinión del autor mucho mejor que leyendo directamente su abstruso trabajo.

"Domingo ya jubilado resistió la tentación que lleva a muchos compañeros a cerrar los libros de derecho olvidarse de lo que han hecho durante tantos años, y ha seguido atento  la evolución de la doctrina jurídica lo que le ha llevado a publicar diversos trabajos todos en la Revista Jurídica del Notariado"

Como ocurría con muchos de los que hicimos las oposiciones entre notarios Domingo se dejo enganchar por su afición al Derecho y siguió trabajando concluidas ya las oposiciones siendo resultado de su esfuerzo numerosos trabajos, de los cuales, por cierto, su humildad no le ha permitido publicar más que algunos. Así recientes las oposiciones publicó en los estudios dirigidos por Antonio de la Esperanza y José Luis Pardo, que recogían temas hechos para la oposición de 1961, un profundo estudio sobre la cláusula resolutoria y el pacto comisorio. En Valencia dictó una conferencia sobre la donación con reserva de la facultad de disponer y en la Academia Matritense del Notariado otra brillante conferencia sobre el fideicomiso de residuo y la voluntad del testador.
Es curioso que Domingo ya jubilado resistió la tentación que lleva a muchos compañeros a cerrar los libros de derecho olvidarse de lo que han hecho durante tantos años y dedicarse, por ejemplo a perseguir con saña una pelotita por el césped, y ha seguido atento la evolución de la doctrina jurídica lo que le ha llevado a publicar diversos trabajos todos en la Revista Jurídica del Notariado. Así destacamos las lúcidas reflexiones que le produce la lectura de la sentencia del Tribunal Supremo de 27 de junio del año 2000, que es el germen de un trabajo sobre el tema mucho más amplio recientemente publicado sobre los testamentos en peligro de muerte, su provocador trabajo titulado “lo que el Registro publica ¿para que lo publica? O sus interesante reflexiones del año 2006 sobre Vocación y delación (un apunte terminológico respecto al tránsito sucesorio, sus Nociones sobre cauces sucesorios y sus diferencias del año 2008 y su reciente estudio sobre testamentos y pretestamentos (“…sin necesidad de notario”, artículo 700 C.c).” publicado en el último número de la citada  revista.
Pero no acaba ahí la contribución de Domingo a las tareas del notariado. Durante mucho tiempo existía una costumbre, por desgracia desaparecida, en virtud de la cual los decanos de turno, conscientes de las responsabilidades que implicaba el ejercicio del cargo y de la necesidad de contar con el consejo y apoyo de quienes han desempeñado cargos o eran personas importantes dentro del notariado, se reunía con ellos para pedir su consejo cuando tenía que tomar decisiones que afectaban al futuro del cuerpo. Eran los llamados con un cierto dejo de envidia los ”conspicuos”. Allí estaban normalmente los anteriores decanos y vicedecanos, pues bien en estas reuniones no faltaba nunca Domingo Irurzun cuyo prudente consejo y aguda percepción de la realidad notarial era de notable utilidad para el decano de turno.
No quiero por último terminar sin recordar algunas características humanas de Domingo. Domingo ha sido un notario ejemplar en el desempeño de su función, manteniendo conscientemente una notaría modesta llevada personalmente y siempre al servicio de los clientes. Ha sido un compañero ejemplar al que se podía siempre acudir en demanda de consejo o ayuda seguro de obtenerla, ha sido sobre todo un hombre humilde siempre en segundo plano pero siempre imprescindible y por último y, resumiendo todo lo que es, ha sido una persona buena.
Creo que se hace un acto de justicia al incluirlo en esta galería que pomposamente se llama de grandes del notariado y aunque me consta que él no se considera grande sin duda lo es y desde luego ha sido un extraordinario notario.
Quiero terminar agradeciendo al director de la Revista el que me haya permitido escribir estas líneas que son expresión de admiración, agradecimiento y amistad para con Domingo.