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ENSXXI Nº 26
JULIO - AGOSTO 2009

BOLONIA Y LOS ESTUDIOS JURÍDICOS

El Plan Bolonia, aun antes de  conocerse exactamente su contenido,  ha desatado entre  políticos, profesores y estudiantes un debate tremendamente controvertido  sobre la oportunidad y conveniencia de sus propuestas. Muchos argumentan que los estudios jurídicos son diferentes en cada país como lo son las leyes que los rigen y que los países mas significados de la Unión como Alemania, Francia, Italia y Reino Unido se han separado de este proyecto, concluyendo que este Plan supone un paso atrás y una reformatio in pejus tal vez irreversible. Otros por el contrario consideran que el deterioro de la Universidad española necesita urgentemente de algún revulsivo que muy bien puede venir por el camino de este Plan, que tiene la ventaja añadida de integrar a la Universidad española en el Espacio Europeo de Educación Superior y desatar la competencia entre las distintas Universidades españolas que serán responsables en el futuro de sus respectivos Planes de Estudio.  
El Notariado siempre ha estado vinculado a la universidad. Incluso puede afirmarse que el notariado moderno se reestructuró en el siglo XII en el seno de la Universidad, precisamente en la de Bolonia. Y siempre ha existido una relación simbiótica entre ambas instituciones.
En aras de esta inquietud,  El Colegio Notarial de Madrid, que siempre ha encabezado las iniciativas de la institución, convocó para el día 29 de abril pasado un Seminario sobre el tema Bolonia y los estudios jurídicos que coordinó el notario Fernando Rodríguez Prieto en el que intervinieron el decano de la facultad de derecho de la Universidad de  Heidelberg, Christian Baldus, el Decano de la facultad de Derecho de le UAM Javier Díaz-Hotschleiner,  el catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de León, Francisco Sosa Wagner y  el rector de la Universidad de Alcalá de Henares Virgilio Zapatero, el resumen de cuyas ponencias trascribimos a continuación.
Pero el debate ha continuado. Para completar la información de los lectores de EL NOTARIO DEL SIGLO XXI, acompañamos también la opinión de Don Manuel Atienza, un manifiesto anti-Bolonia suscrito por  insignes catedráticos y la réplica  Decana de la Facultad de Derecho de la universidad de Comillas María Concepción Molina Blázquez.

FERNANDO RODRÍGUEZ PRIETO

Es opinión general que, desde hace ya demasiado tiempo, la Universidad española se encuentra sumida en una profunda crisis. No la han sacado de ella las reformas de los últimos decenios.
Algunos datos parecen avalar esta convicción: frente a sistemas como el alemán, donde la categoría superior de Catedrático no se puede obtener sino en una Universidad distinta de aquella donde el aspirante haya obtenido su doctorado. En España el grado de movilidad entre universidades es de los más bajos del mundo. Y en esa endogamia, que cualquier observador externo contempla como patología, se dice que son muchas las ocasiones en que en la promoción pesan también, quizá demasiado, factores ajenos al mérito y a las cualidades de los aspirantes.
Muchos analistas, incluso, consideran que la Universidad española se encuentra en tal grado de postración y ensimismamiento, que no posible su autoregeneración desde dentro y ello es un argumento que se ha aducido para defender la reforma boloñesa.
Surgen algunas preguntas preliminares en relacion con el objeto de este seminario:

"Desde hace ya demasiado tiempo, la Universidad española se encuentra sumida en una profunda crisis. No la han sacado de ella las reformas de los últimos decenios"

¿Es coherente con ese objetivo de convergencia el que nuestros dirigentes políticos hayan renunciado a una regulación uniforme de los planes y contenidos en cada facultad?
¿Resulta adecuado introducir los nuevos procedimientos pedagógicos que a juicio de muchos han fracasado en la Enseñanza Secundaria y que se señalan como culpables de la caída del nivel educativo y cultural de los alumnos que llegan a la Universidad?
¿Resulta adecuada la configuración del Grado como sustituto de la Licenciatura como basado en conocimientos más generalistas y durante un tiempo menor?
¿Son adecuados los nuevos procedimientos de garantía de calidad que se establecen culminados con los informes positivos de acreditación de las agencias de evaluación? ¿o se resolverán, de nuevo, en meros controles rutinarios y burocráticos?
Para hablar de ello y de todo lo que, en relación con ello, quieran plantearnos tenemos aquí a unos protagonistas que creemos, de verdad, que no pueden ser más adecuados y más ilustres y a los que tenemos que agradecer su presencia

Fernando Rodríguez Prieto es notario de Coslada (Madrid) y Censor 2º de la Junta Directiva del Colegio Notarial de Madrid

    
CHRISTIAN BALDUS

Bolonia, en teoría, sirve a la creación del Espacio Europeo de Educación Superior, es decir, a más intercambio en Europa. Tal objetivo en sí no sería malo, todo lo contrario, pero hay varios interrogantes de orden jurídico, político y práctico.
Es sabido que no existe ninguna obligación jurídica de conformar el sistema nacional o regional de educación y enseñanza al “plan Bolonia”. Se dice, sin embargo, a veces lo contrario, se habla mucho en el ámbito político de una forma que puede crear la confusión. Se habla por ejemplo del “cumplimiento”, por parte de España, con el plan Bolonia. Todos los Estados miembros son libres de seguir este esquema, pero siempre por su propia decisión y bajo su propia responsabilidad. Por supuesto, se puede cumplir o no cumplir con reglas no jurídicas.
Todo lo que sirve a formar personas de horizonte más internacional y europeo puede ser útil, por supuesto. No menciono el término “profesionales” porque hay cierta tendencia a reducir la cultura universitaria a finalidades meramente económicas. Y a juicio del ponente aquí reside el mayor defecto de Bolonia: su autoreducción al aspecto económico y burocrático que es la “producción” de más y mejores profesionales en menos tiempo.
En primer lugar es dudoso que verdaderamente necesitemos más graduados universitarios, hay muchos en paro mientras que faltan trabajadores en otras áreas. En cualquier caso, la educación universitaria es cara. Lleva consigo unos riesgos: pérdida de tiempo en exámenes suspendidos, en clases fuera de la formación profesional, en experiencias culturales.
Lo anterior, está estrechamente conectado con la vocación de la Universidad a la formación de graduados calificados por el medio, también, de la investigación. La universidad tiene que formar buenos profesionales y a la vez hombres cultos: también para saber dirigir.
Si la universidad forma personas para cargos de dirección, ejecutivos, su tarea no es principalmente la de trasmitir conocimientos.  Saber, para un jurista, es saber bases y métodos para aplicar. Las cosas, los conocimientos, las competencias cambian a gran velocidad. Lo que queda son los criterios que nos orientan, las técnicas y reflexiones de siempre. Para cargos de responsabilidad, hay que saber (y que saber hacer) más de lo estudiado en la Universidad. Hay que ser abiertos, autocríticos, concientes de lo desconocido que puede llegar hoy, mañana y pasado mañana. La educación burocratizada del tipo “Bolonia” tiene como defecto principal que todo está predefinido y organizado. Se producen clones.
Los altos mandos no se forman de forma barata. No es posible realizar ahorros “racionalizando” sus estudios. No es planificable la preparación de una persona que tendrá que mandar un día. Por todo eso, lo profundamente equivocado en la reforma es lo esquemático, la reducción del alumno al futuro profesional.
Sin embargo, en la universidad europea de hoy en día, hay muchas quejas: clases demasiado grandes sin posibilidad de dialogar con el profesor; profesores que leen en sus clases manuales malos o viejos apuntes; profesores que saben poco de la vida real del derecho y que piden conocimientos muy teóricos; profesores llamados en función de relaciones políticas, familiares o de escuela, no de calidad; exámenes demasiado blandos; etcétera: hay fenómenos nada excusables, en todos los países de Europa.

"Es sabido que no existe ninguna obligación jurídica de conformar el sistema nacional o regional de educación y enseñanza al “plan Bolonia"

El problema político de “Bolonia” es que corresponde a una lógica puramente económica, y ni siquiera a una lógica económicamente coherente. Esta lógica debería conducir a una educación totalmente reducida a conocimientos catalogados, es decir a la abolición de la universidad como idea y como representación. A otro nivel se debería entender que es muy costoso formar personas para retos aún para conocer. A los dos niveles, no tiene mucho sentido hacer de la universidad algo a medio camino entre la escuela profesional y lo verdaderamente científico.
La reforma, en Derecho, en Alemania y en varios países a día de hoy no existe. En Italia: la reforma se realizó pero muy pronto fue sustituida por un sistema muy cercano al sistema anterior
La reforma, en la mayoría de países que introdujeron la reforma, es un fracaso total. Lo peor es el efecto devastador que la introducción de “Bolonia” para otras carreras ha tenido en Alemania en los intercambios internacionales. Los estudiantes, por ejemplo, de filología o de historia están tan enjaulados en programas de Bachelor trienales, llenos de clases con obligación de presencia que no encuentran el tiempo de pasar un semestre o dos en el extranjero.  Tienen miedo de que su Bachelor en el mercado no vale nada; por eso lo quieren pasar con notas altas para ser admitidos al Master; por eso no quieren incurrir riesgos. Pero ¿qué sirve a la sociedad el profesor de francés o inglés que nunca estuvo en Francia o Inglaterra?
Para terminar, otro problema es la homologación de los estudios realizados en el extranjero. El derecho aún no es una materia internacional. Es fundamental, sin embargo, conocer bien el derecho comunitario e idiomas varios. Pero la materia en sí sigue siendo en gran parte nacional. El trabajo futuro de los alumnos serán casos de derecho alemán, con ciertos aspectos europeos o extranjeros. Conocer la perspectiva extranjera ayuda mucho para aplicar mejor el propio derecho nacional, para saber trabajar con influjos europeos, pero antes de todo hay que saber lo que está vigente en el propio país.
En Derecho el intercambio tiene otro tipo de ventajes: ofrece la posibilidad de cursar algo muy útil en un bufete internacional, en administraciones comunitarias, y para la cultura general: derechos extranjeros, métodos nuevos, idiomas, competencia intercultural.
La diferencia fundamental entre el sistema español y el aleman reside en el Staatsexamen, compuesto de dos pruebas. Los profesores universitarios colaboran en el primer “Examen de Estado” como examinadores (tanto de la parte escrita como del examen oral final, al que son admitidos aquellos alumnos que han superado las pruebas). Del mismo modo, están implicados jueces, notarios y abogados; en el segundo “Examen de Estado”, los profesores examinan sólo excepcionalmente, al ser dominante la parte práctico-procesal. En cambio, los exámenes universitarios (aunque sean selectivos) tienen un carácter meramente preparatorio en cuanto regulan el acceso al primer “Examen de Estado”.
Hablamos por eso del Volljurist, “jurista pleno”, “jurista integral”, y del Einheitsjurist (jurista unitario o universal): del jurista que sabe bastante de todo el derecho, de su metodología aplicada y de sus fundamentos culturales para poder familiarizarse con todo posible trabajo. Los amigos de la reforma quieren su abolición; en cambio, en las profesiones de calidad se subraya mucho que una especialización demasiado temprana es inútil: no se sabe qué van a ser los trabajos de los futuros juristas, y por supuesto habrá cambiado mucho de lo especial hasta que los estudiantes del momento lleguen a la profesión.
El ataque contra el sistema existente tiene su fuerza motriz en ciertas  asociaciones de abogados. Los grandes despachos, las “boutiques” especializadas y muchos otros abogados seleccionan entre los mejores alumnos, con independencia del sistema de formación; después, proporcionan al nuevo colega lo que le falte para la especialización, y dan por supuesto su capacidad de cambiar de área jurídica en casos y tiempos futuros. En cambio, otros sectores de la abogacía se sintieron amenazados por la competencia creciente y el mercado que se reduce. Para ellos, la solución parecía ser una reforma de la formación jurídica, a realizar (y a pagar) por las Facultades, pero que dejara en manos de los profesionales el acceso a la profesión.
De ahí una serie de proyectos y propuestas que tienen en común la introducción de un Bachelor (de tres o de cuatro años). Se quiere, sin embargo, que tales Bachelor aún no sean admitidos para el ejercicio.
La coalición de gobierno federal (democristiana-socialdemocrática) decidió en el año 2005 no aplicar el esquema de Bolonia a los estudios de Derecho. Sin embargo, al ser los Länder competentes en materia de educación, esta decisión tiene importancia sólo en la medida en que el acceso a las profesiones es materia federal. Se necesita, entonces, una estrecha colaboración en materia de formación jurídica entre los Länder y la Federación. La situación se complica ulteriormente porque en cada Land suele existir un ministro de educación universitaria distinto del ministro de justicia.  
Los ministros regionales han iniciado, en 2008, un proceso de valoración y discusión que terminará después de las próximas elecciones generales (que se tendrán el el otoño de 2009). Por parte de las Facultades, se confía en que el creciente impacto de las malas experiencias interdisciplinares e internacionales con la reforma conduzca a los ministros a mantener también en el futuro el sistema existente.

"Si la universidad forma personas para cargos de dirección, ejecutivos, su tarea no es principalmente la de trasmitir conocimientos.  Saber, para un jurista, es saber bases y métodos para aplicar

Las facultades alemanas tienen un objetivo muy sencillo: mantener el sistema que hay ya que es, desde siempre, un sistema centrado en las capacitaciones metodológicas del alumno y en el conocimiento sistemático del derecho. La estrategia también es bastante sencilla: intentar  convencer al mundo político de nuestros argumentos. Los estudiantes comparten, en gran medida, tal linea. En Medicina y otras carreras más que resisten la situación es muy similar.
Con el tiempo se nota que la presión, por parte de los estudiantes víctimas de la reforma en otras carreras, aumenta. Incluso en la prensa se admite que algo va mal. Si el mercado no cree en la reforma, tarde o temprano también la política lo tendrá que aceptar que problemas reales no se combaten con teorías.
No puede sorprender que la profesión que tiene más prestigio en la práctica por su compromiso con la calidad, los notarios, estén claramente en contra de la reforma. La Bundesnotarkammer, el Colegio Federal de Notarios, defiende el ya mencionado jurista universal. Por supuesto, el notariado alemán no quiere prescribir nada a la totalidad de juristas. Pero no quiere ni una caída libre de la calidad general ni la necesidad de introducir exámenes especiales para seleccionar, en un tal escenario, los mejores alumnos para el notariado.
El ponente pasó a concluir su exposición exponiendo los 7 aspectos más importantes:
I.) La calidad cuesta. El jurista necesita una formación larga (y por eso cara) que le permita encontrar y reflexionar sobre su representación personal del derecho. El riesgo del fracaso es inherente a tal tipo de formación; forma parte de la autoeducación del jurista.
II.) Problema y texto. Los modelos exitosos de formación jurídica tienen un punto en común: la doble orientación hacia el problema y hacia el texto. La ciencia del derecho es ciencia que consiste en y prepara para tomar decisiones; en cuanto tal, es ciencia social práctica; las decisiones se toman con base en textos y, por eso, la ciencia del derecho es una ciencia del espíritu. Cuestiones viejas y nuevas se discuten con textos antiguos, textos reformados y textos para reformar en la mano. En consecuencia, no hay ninguna contradicción entre ciencia y praxis; y eso, por cierto, hay que decirlo ya a los estudiantes del primer año en la primera explicación del método para la solución de los casos.  
III.) Cultura general. Una ciencia del Derecho entendida en este sentido depende mucho de la cultura general. Necesitamos jóvenes con conocimientos y sensibilidad en política y asuntos sociales, en idiomas, lenguaje, filosofía e historia: jóvenes que sean capaces de interpretar todos nuestros textos, sean leyes recientes, sentencias del siglo pasado o informes romanos.
IV.) ¿Reforma o revolución? Hay que tomar en serio las críticas dirigidas al modelo de formación jurídica que actualmente se practica en Alemania. Lo que cuenta, sin embargo, es identificar el mejor camino para su mejora. Probablemente, las correcciones necesarias mejor debieran ubicarse dentro del marco del sistema existente, y no como revolución. Si se quitan radicalmente las desventajas del Examen de Estado, se corre el riesgo de quitar también sus ventajas. Es decir, se corre el riesgo de destruir el sistema jurídico y de jugar inútilmente con el tiempo de la vida de los estudiantes.
V.) Los ciudadanos primeros. Europa es un proyecto para los ciudadanos. Son ellos quienes pagan gran parte de la formación, con impuestos y tasas universitarias, pues, efectivamente, es tarea del Estado formar a los jóvenes. Ellos tienen derecho entonces a la formación de juristas técnica y culturalmente buenos.
VI.) Comunicar la utilidad de un examen duro. Eso hay que decirlo también a los estudiantes: Curiosamente, en Alemania los estudiantes de Derecho en su mayoría no tienen miedo a “Bolonia” porque vaya a ser más exigente después el examen, sino todo lo contrario: el valor del examen podría bajar mucho.
VII.) ¿Cui bono? Por supuesto, es lícito optar políticamente por el sistema “Bolonia”. Pero quien lo hace, debe hacerlo abiertamente: tiene que decir qué intereses representa, especialmente qué intereses de cierta categoría.
Con todo, la posición de casi todas las Facultades de Derecho, del Juristen-Fakultätentag como representación de las Facultades y la posición de casi todos los notarios, tradicionalmente unidos en su combate para un derecho de alto nivel, es bastante clara: la prueba de que una reforma tipo “Bolonia” sea útil no existe. Es menester trabajar en mejoras puntuales del sistema existente, nada más.

Christian Baldus es Catedrático de Derecho Civil y Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Heidelberg

JAVIER DÍEZ-HOCHTLEINER

El ponente comenzó su intervención agradeciendo al Colegio Notarial de Madrid la invitación para participar en este Seminario. Continuó manifestando que aunque en la presentación del Seminario se le presentó como partidario del Plan Bolonia, no sin razón, también suscribe gran parte de lo manifestado por Christian Baldus.
Asimismo, expuso que, como ya se había mencionado anteriormente, el Plan Bolonia se está utilizando como excusa, dentro del mundo de los juristas, para mejorar una situación muy mala.
Hay profesores de primer nivel, pero tenemos 70 Facultades de Derecho en España y se reciben los peores estudiantes de bachillerato, ya que al tener una baja nota de corte, entran personas desmotivadas, que al no tener nota para otros estudios entran en Derecho.
Las universidades en España tienen 150 alumnos por clase, de los cuales asisten 30-40, 50-60, eventualmente. Muchos de los alumnos toman apuntes, o a revisan los apuntes del año pasado, pues por supuesto el profesor muchas veces se limita a repetir lo del año pasado, eventualmente citando alguna sentencia nueva.

"El Plan Bolonia se está utilizando como excusa, dentro del mundo de los juristas, para mejorar una situación muy mala"

La mayoría de alumnos estudian por sus apuntes. Estudian programas exhaustivos en los que se da el mismo peso a los aspectos formativos esenciales del jurista, que a otros temas de menor relevancia (en el caso del Derecho Público por ejemplo el régimen jurídico de la Antártida, el Derecho del mar). Los alumnos lo estudian todo y no aprenden absolutamente nada. La culpa es del profesor, con excepciones muy honrosas, claro. Y a juicio del ponente, esto tiene su origen en la súper especialización de nuestro área de conocimiento.
Otro problema es que a los profesores no se les ha estimulado para ser docentes. Pero  a pesar de ello en la Universidad Autónoma de Madrid hay algunos compañeros que, sin necesidad de Bolonia, ya dedican sus clases a enseñar a los chicos, dedicando tiempo y esfuerzo a las clases y seminarios, orientándoles, dándoles lecturas concretas, y los chicos, entonces, se sienten motivadísimos y trabajan de verdad.
Pero es verdad que hoy no es ésta la regla general. Y entonces ¿Cómo solucionar este panorama? En cuanto al volumen de alumnos, a juicio del ponente parece no haber solución, vamos a seguir siendo la Facultad y la carrera residual, donde va todo el que no quiere ser admitido por otras carreras que sí tienen reconocimiento institucional y de las autoridades públicas, y del mercado, por cierto, también. Entonces ¿qué hacemos?
En nuestro caso, una solución ha sido importar el modelo de las dobles licenciaturas, lo que en el nuevo modelo va a ser un doble grado, con más créditos, que por lo tanto requieren más esfuerzo, más ambición y en las que, dado que las limitadas plazas tienen más demanda, se exige una mayor nota de corte y selectividad para el acceso. Creamos así una doble licenciatura de Derecho con Administración de Empresas, y otra con Ciencia Política. Y la verdad es que los alumnos que encontramos en estos cursos son magníficos,  mucho más críticos, reflexivo, y más lectores.
En cuanto a los docentes, se ha intentado incorporara a los equipos a profesores más jóvenes, que están haciendo una labor callada, absolutamente voluntaria, no retribuida, que consiste en cambiar los métodos docentes.
Ante esta situación, la siguiente pregunta es qué es Bolonia. El ponente manifiesta no tenerlo muy claro, aunque sí sabe que es espacio europeo de educación superior, que hay que decir que, desgraciadamente, en el ámbito del Derecho es un intento es absolutamente baldío, llamado a fracasar.
En cuanto a los contenidos de la enseñanza, a juicio del ponente un mínimo de armonización, homogeneización, de convergencia, puede ser bueno.
El Decano de la Facultad de Derecho de la UAM manifestó ser pro Bolonia en Derecho, por cuanto consiste simplemente en intentar mejorar lo que no funciona bien. Necesitamos profesionales juristas muy bien formados que nunca descuiden la investigación. El esquema es muy sencillo. Para las asignaturas diversas que tenemos en el programa, planteamos que la mitad de las clases sean magistrales, con un programa muy reducido, dirigidas a a150 alumnos. El resto del tiempo, estará dedicado a seminarios, en torno a 35-40 alumnos, 14-15 seminarios al semestre de hora y media, con unas guías muy planificadas y precisas, de estudio de casos prácticos. En estos seminarios se aprenderá a razonar, a hablar, a escribir.
Se van a cuidar otras materias como es la Economía, la Filosofía del Derecho y la Teoría General del Derecho. Y es también importante la mención de la realización de otro tipo de ejercicios destinados al desarrollo de otras habilidades, a aprender a razonar, a escribir y a redactar, como los cursos de redacción de escritos jurídicos.

"A los profesores no se les ha estimulado para ser docentes. Pero  a pesar de ello en la Universidad Autónoma de Madrid hay algunos compañeros que, sin necesidad de Bolonia, ya dedican sus clases a enseñar a los chicos"

Creemos en la movilidad como es un arma de formación y enriquecimiento del alumno desde el punto de vista no sólo cultural sino también personal. En la Facultad de Derecho de la UAM hemos llegado a unos niveles muy altos de intercambio: uno de cada dos alumnos está cursando al menos un semestre en el extranjero.
En relación con el postgrado, la realidad hoy en día, consiste en que el alumno bueno que acaba la carrera tiene dos vías: la función pública, el acceso a las oposiciones que le proporciona lo que sería equivalente a un postgrado. Y la otra vía es la abogacía. Los grandes despachos se llevan a muy buenos alumnos, ya que la oferta inicial que se le hace al alumno es de 30.000 euros o 35.000 euros el primer año. Y además invierten grandes cantidades en formación interna. Esta sería la otra equivalencia al postgrado.
Por otra parte los estudios y las pruebas que se van a exigir por la proyectada Ley Acceso a la Abogacía, van a reducir la demanda de otros postgrados. Siendo ésta la realidad, quizá el postgrado debería dirigirse a los pocos que, después de haber acabado los estudios, incluso los de acceso a la abogacía, lleguen a tener un cierto interés en una especialización académica.

Javier Díez-Hochtleiner es Catedrático de Derecho Internacional Privado y Decano de la Facultad de Derecho de la UAM

FRANCISCO SOSA WAGNER

El ponente comenzó agradeciendo la invitación para participar en este seminario al Colegio Notarial de Madrid. Es de agradecer al Colegio Notarial de Madrid el interés mostrado en esta cuestión, ya que en la generalidad de la sociedad no ha mostrado ningún interés en conocer la evolución de este nuevo planteamiento. A juicio del ponente, se trata de una demostración paladina de que estamos en una sociedad con una patología muy ostensible de desinterés; una sociedad en la que todos, o casi todos, nos recluimos en nuestros propios asuntos, en nuestros propios problemas y que no atendemos a problemas colectivos que son importantísimos.
Entrando en el fondo del asunto, el motivo de este seminario es la universidad, su autonomía y la reforma de Bolonia. Es muy difícil no estar de acuerdo con los documentos  relacionados con Bolonia, son afirmaciones vagas o generales, aceptables por todos.
El ponente, denuncia el problema actual y lo denomina “Bolonia pasado por Chamberí”. Y quiere decir el problema de españolizar el Plan Bolonia. ¿Por qué viene el desastre? Por una razón de fondo, el Gobierno de la Nación se ha desinteresado del asunto,  fundamentalmente de las Facultades de Derecho.    Esta renuncia a dar unas mínimas directrices de lo que un jurista tiene que saber es ya extraordinariamente grave y supone una claudicación importante de las obligaciones constitucionales.
El segundo problema, viene dado porque tenemos un sistema en virtud del cual las 17 Comunidades Autónomas ostentan una serie de competencias en materia de educación universitaria y cada una de ellas opera de una forma distinta.
Por último está el tema de la “sacrosanta” autonomía universitaria, que en su peculiar desarrollo genera, a su vez, otras graves disfunciones. El ponente es autor de El mito de la autonomía universitaria, editado por Civitas. En esa obra, el ponente afirma que aunque la autonomía suena muy bien: libertad, amnistía, estatuto de autonomía, no ha tenido tradición ninguna en la universidad española, porque nadie la había reclamado nunca.

"La 'sacrosanta' autonomía universitaria, que en su peculiar desarrollo genera, a su vez, otras graves disfunciones"

Lo importante de la autonomía en el seno de las universidades debería estar centrado en el respeto a las libertades públicas. Ésa es la clave del asunto: el respeto a las libertades y derechos fundamentales, y no una peculiar forma organizativa autónoma.
Este asunto de la libertad de expresión, que como tal no existe en determinados ámbitos científicos y ni incluso en determinados territorios españoles, hay que decir que tiene unas características mucho más generales cuando hablamos de la libertad de investigación. La libertad de investigación quiere decir lo siguiente: el investigador puede en primer lugar, seleccionar los temas que quiera estudiar. Segundo: que se haga las preguntas sobre ese tema que quiera hacerse. Y tercero: que elija libremente el método a utilizar. El ponente afirma que esa libertad de investigación está condicionada por un contexto que la limita. Los científicos están, en buena medida, condicionados por la industria. En el caso de los juristas  también hay un condicionamiento por las Administraciones Públicas, y por las editoriales jurídicas, que obviamente quieren vender. De manera que esta situación debilita mucho la posición del investigador.
A partir del principio de la autonomía universitaria se han organizado los poderes en la universidad y una serie de cuestiones que son básicas para el funcionamiento de la institución. Y así, por ejemplo, en la selección del profesorado. La selección del profesora esta organizada sobre la base de unas pruebas públicas.    La reforma de 1985 degradó más el sistema de selección, al incluir en el tribunal a dos personas de la propia universidad a la que intentaba acceder el candidato. En la actualidad el control del acceso al profesorado está configurado en un sistema de acreditación nacional, que nadie sabe cómo funciona.
Todo lo anteriormente descrito garantiza la endogamia. Hay  muy poca movilidad funcional del profesorado. A juicio del ponente, a esta situación se ha llegado por la perversión de la autonomía universitaria.
La burocracia en las universidades se manifiesta de muchas maneras y una de ellas es la “legislación universitaria”. Los estatutos de las universidades son casi idénticos entre las distintas instituciones, y realmente tienen muy poca aplicación práctica.    Lo mismo ocurre con los múltiples reglamentos que regulan las universidades y en su gran mayoría son incumplidos.
Otro detalle a destacar, según el ponente y salvando las distancias con el Rector presente en el Seminario Virgilio Zapatero, la elección democrática de los rectores es una gran mentira. En la elección de un rector universitario se conoce perfectamente con quién está el voto de cada miembro del claustro universitario. De manera que el secreto del voto, que es básico en el funcionamiento de un sistema democrático, no existe en la universidad.  El sistema, llamado democrático, de elección de los rectores conduce a un sistema absolutamente caciquil.
Por lo tanto, en este contexto, el haber propiciado la reforma universitaria de Bolonia, resulta extraordinariamente complejo y delicado.

 "El Gobierno se ha inhibido del conocer y controlar la calidad del contenido de los planes de estudio"

A juicio del ponente Bolonia sí, pero no Bolonia pasado por Chamberí, como expuso al comienzo de su intervención. Gracias a la autonomía universitaria, cada universidad elabora su propio plan de estudios, y nos encontramos con situaciones divertidas como que facultades de Derecho que separadas por 100-150 kms de distancia tienen planes de estudio absolutamente diferentes. Y esta situación en lugar de propiciar la movilidad de alumnos y profesores, lo que hace es dificultarla enormemente.
Por otro lado, a juicio del ponente, el Gobierno se ha inhibido del conocer y controlar la calidad del contenido de los planes de estudio, y lo delegado en unos mecanismos puramente formales de las ANECA.
Las ANECA funcionan mediante un sistema de acreditación pintoresco, a juicio del ponente, ya que por ejemplo el control de calidad del profesora se realiza únicamente con un curriculum del candidato que no refleja los libros, ni sus artículos.
A juicio del ponente, lo que se pretende con Bolonia es que la universidad se financie sobre el terreno, que el mundo empresarial que rodea a la universidad se encargue de ello.
A juicio del ponente, la universidad es una función pública y se debe encargar de su financiación. Encima de todo esto, hay que añadir la crisis económica que estamos viviendo que reducirá los fondos dedicados por las empresas a estas cuestiones.     
En la universidad hay muchas actividades rentables en la química, en la física, incluso en el ámbito del Derecho hay algunas asignaturas que son rentables. Sin embargo y a juicio del ponente, lo que hay que patrocinar en la universidad todo aquello que sea irrentable, que es lo que la universidad tiene que acoger
Concluyó el ponente planteando algunas cuestiones: “Ustedes se imaginan ¿cómo sería valorado por una ANECA actual el libro de La paz perpetua de Kant?¿o El contrato social de Rousseau? Probablemente no interesaría por ser poco rentable.”

Francisco Sosa Wagner es Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de León

VIRGILIO ZAPATERO GÓMEZ

Comenzó el ponente agradeciendo al Colegio Notarial de Madrid la invitación a este Seminario, en el que tuvo ocasión de reencontrarse con antiguos compañeros y amigos de la profesión.
A juicio del ponente, y de Giner de los Ríos, la universidad es siempre el reflejo de la sociedad en la que se inserta, tiene los mismos defectos y las mismas virtudes; por tanto, la universidad tiene defectos, pero como los tiene cualquier colectivo y nuestra propia sociedad. Pero se ha logrado en nuestro país en los últimos treinta años algo muy importante y es que hemos pasado de una universidad muy minoritaria, en la que en 1970 había 400.000 estudiantes nada más, a un sistema universitario que ahora mismo cuenta con 1.500.000 estudiantes.
Y esto explica, en parte, una buena parte del desarrollo de nuestro país; El ponente manifestó que a su juicio la universidad ha dado a nuestro país lo que pedía: una enseñanza universitaria generalizada, que elevara el nivel cultural, que la hiciera más tolerante, y que permitiera un desarrollo más profundo y más intenso.
Eso no quiere decir que tengamos que ocultar los defectos que tiene la universidad y ni afirmar que no necesite profundas reformas. Hoy en día, la universidad pide una mejor docencia y una más fuerte e intensa investigación. Nos encontramos ante una ocasión preciosa para que la universidad adquiera una nueva fisonomía, un nuevo perfil y un nuevo proyecto para nuestro país.

"La universidad es siempre el reflejo de la sociedad en la que se inserta, tiene los mismos defectos y las mismas virtudes; por tanto, la universidad tiene defectos, pero como los tiene cualquier colectivo y nuestra propia sociedad"

Lo anteriormente expuesto, es el significado de Bolonia para el ponente. Es la ocasión para que la universidad, en el ejercicio de esa autonomía, sin duda alguna defectuosa, pueda proceder a hacer las reformas que estime necesarias. Y el resultado final será que habrá buenas y malas universidades, universidades que ejercitarán bien las posibilidades que le ofrece el proceso de Bolonia, mientras que otras no sabrán o no podrán aprovechar las posibilidades que se les ofrece.
Nos encontramos en pleno proceso que de Bolonia. La Unión Europea se ha propuesto como objetivo la economía basada en el conocimiento más competitiva del mundo, capaz de un crecimiento sostenible, con más y mejores empleos de una mayor cohesión social. Y para ello necesitamos no sólo una política de transportes, de comunicaciones, una moneda, y que Europa vuelva a ser la Europa del Conocimiento y vuelva a recuperar ese papel de motor de la investigación y de la ciencia.
Los retos del movimiento de europeización están claros: armonizar en la medida de lo posible los distintos sistemas nacionales dotándoles de transparencia y comparabilidad a todos de forma que se garantizara la movilidad de estudiantes, profesores y todas las personas que tengan un título universitario. Y para eso se nos invitaba a todos los Estados y a todos los países a introducir el crédito europeo, a homogeneizar la estructura de nuestros estudios, a diseñar nuevos planes de estudio y a hacer del alumno, en la docencia y en la investigación, el centro del sistema.
Pese a la aparente sencillez de los objetivos no es fácil el camino, hay problemas de identidad nacional, de cultura; que están dificultando y retrasando significativamente su implantación.    Otro problema son los pocos medios con los que se cuenta para hacer una reforma tan profunda como la que se nos propone.
¿Cuáles son los cambios que se están implantando? Primero en materia de docencia. El título académico está conectado con la habilitación, en muchas ocasiones legal, para el ejercicio de ciertas profesiones y esto es lo que ha hecho reducir en una parte importante lo que es la docencia universitaria: preparar a los estudiantes para el ejercicio de una determinada profesión. Hasta ahora, los planes de docencia, en buena parte, se han hecho como una la lucha entre los profesores por el crédito. Esto ha hecho que escasamente se haya pensado hasta ahora que lo importante de los diseños de los planes de estudio. En este sentido se han hacer unos planes de estudio pensando en el estudiante.

"Bolonia es la ocasión para que la universidad, en el ejercicio de esa autonomía, sin duda alguna defectuosa, pueda proceder a hacer las reformas que estime necesarias"

El ponente manifestó no aceptar la idea de que nos encontramos ante una venta de las universidades a las empresas. No se trata de que las empresas sean las que dicten los planes de estudio, pero no la universidad no debe estar desconectada de las necesidades sociales.
El tipo de enseñanza que necesitamos es una enseñanza mucho más tutorial. Virgilio Zapatero compartió lo que el Plan Bolonia como profesor ha supuesto para él, ya que aunque ha tenido menos alumnos, ha tenido que organizar seminarios, trabajos, talleres, preparar clases más participativas.
El índice de fracaso escolar con el plan antiguo era altísimo, y, según manifestó el ponente, este año pues el índice de fracaso escolar ha bajado radicalmente, la asistencia a clase ha sido prácticamente generalizada
Y, al mismo tiempo, la universidad tiene que dar una educación general mucho más profunda. En actualidad podemos encontrar excelentes profesionales en una determinada materia y analfabetos en lo que es la cultura cívica. Y esto exige una formación mucho más completa.
Y por último, el ponente se refirió a la investigación. Hay dos modelos de universidad, el modelo norteamericano y el modelo europeo. En el modelo norteamericano se distinguen entre universidades que investigan y universidades que son docentes. Nosotros hemos optado, desde hace muchísimo tiempo por un modelo mixto de universidad donde el profesor es profesor, e investigador. En la actualidad más del 60% de la investigación que se hace en nuestro país se hace en las universidades. De ahí que este sea otro elemento capital en la construcción de la Europa del conocimiento y de utilizar también las universidades en nuestro país para hacer avanzar el conocimiento, para hacer avanzar la ciencia. Para ello es necesaria mucha más financiación, Estados Unidos dedica el 3% del Producto Interior Bruto a investigación, la media europea está en el 2%, en España hasta hace poco tiempo era el 0,9% y parece que hemos llegado en los últimos años al 1,1%, ¡lo que nos queda todavía!
Concluyó el ponente su intervención, manifestando que nos encontramos ante una ocasión ideal para lograr un cambio. El cómo cada universidad lo realice será su responsabilidad y dentro de unos años veremos universidades buenas, regulares y malas.

Virgilio Zapatero Gómez es Rector de la Universidad de Alcalá de Henares