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ENSXXI Nº 29
ENERO - FEBRERO 2010

JOSÉ MARÍA DELGADO BELLO
Notario

De ascendencia granadina, nació en Murcia el 24 de  noviembre de 1933, en el cuartel “Jaime el Conquistador”, donde su padre estaba entonces destinado como Médico Militar del Regimiento de Artillería. Desde su infancia recibió la impronta de los Valores castrenses: cumplimiento del deber, disciplina, amor a la Patria y rectitud moral.
Esta casado con Maria José Pinillos Costa, familiar del ilustre notario D. Joaquín Costa. Tiene dos hijos, María y Javier. Juan Roldán, persona leal y entrañable, suele confesar paladinamente que su familia, y sus amigos, son su gran orgullo.
Tras brillante carrera universitaria, a los 25 años de edad ingreso en el Cuerpo de Abogados del Estado, por oposición libre, con el número 2 de su promoción. Ejerció las funciones propias de este Cuerpo en diversas capitales, si bien sus recuerdos se complacen en privilegiar, por rango jurídico y plenitud personal, el período de su destino en la Abogacía del Estado del Tribunal Supremo. Diez años después, y también por oposición libre, ingreso en el Colegio de Agentes de Cambio y Bolsa de Madrid con el número 1 de la promoción. Huelga decir que estos años y destinos se vieron adornados por frecuentes y notables publicaciones en materia jurídica cuyos  detalles confiaremos más adelante a otras voces.
Para una fiel semblanza de Juan Roldán bastaría reproducir dos textos: por una parte, la reseña que de él hace quien fue compañero suyo en el Colegio de Agentes de Cambio y Bolsa de Madrid, José Antonio Torrente Fortuño, autor de la monumental Historia de la Bolsa de Madrid, por otra parte, la presentación que Roberto Blanquer hizo en la Academia Matritense del Notariado con ocasión de la conferencia que Juan Roldán dictó sobre <<La actuación notarial en la contratación de  valores».
El historiador de la Bolsa, cuando ya se había publicado la Ley del Mercado de Valores que dispuso la disolución de los Colegios de Agentes de Cambio y Bolsa, escribió:
<<El Cuerpo de Abogados del Estado enriqueció nuestro Colegio con este regalo de Jesús Roldán. Siempre recordamos aquella frase de José Larraz, por los años 1931, cuando hablando por teléfono con el Síndico de la Bolsa de Madrid, D. Agustín Peláez Urquina, le decía: "Desengáñese D. Agustín: si cuando yo hice oposiciones a Abogados del Estado hubieran existido las de Agente de Cambio y Bolsa, yo sería hoy Agente de Bolsa". Juan Roldán era el tercer Abogado del Estado en nuestra Bolsa: Luis Usera, Enrique de Benito y él.
De un discurrir armónico, de una dicción fuerte e impecable. Es un placer oír su palabra porque de ella siempre se aprende. Autoridad en el orden jurídico, es, simultáneamente, dechado de simpatía y de elegancia. Es terrible en la controversia.
Lástima que no hayamos, que la Bolsa no haya tenido tiempo para aprovechar sus dotes. Es parco en demostrarlas» (Torrente Fortuño, José Antonio: Historia  de la Bolsa de Madrid Vol. IV, 1988, pág. 346)
Y el inolvidable Roberto Blanquer declaraba:

"Tras brillante carrera universitaria, a los 25 años de edad ingreso en el Cuerpo de Abogados del Estado, por oposición libre, con el número 2 de su promoción"

<<La presentación de Don Juan Jesús Roldán, de Juan Roldán, si me permite la confianza, resulta una labor gratificante y fácil. >>
La sólida formación jurídica y cultural de Juan Roldán y la firmeza de sus convicciones se manifiestan envueltas por el señorío y la prudencia que preside su conducta al expresarlas. Les aseguro que mi opinión se ha ido fundando, creo que con solidez, en la experiencia de numerosas ocasiones y de diversas oportunidades. Valga una confesión para destacar las cualidades de Juan -permíteme esta familiaridad ya que estamos en nuestra casa-; le conocí en unas circunstancias que eran propicias a recibirle con reservas; esta clara cual es mi opinión actual. Durante más de veinte años hemos compartido, y seguimos compartiendo, labores y debates en la Sección de Mercantil de la Comisión de Codificación; las argumentaciones de Juan Roldán, discretas en la forma, claras en la expresión y bien fundadas me han ido permitiendo conocer primero y luego valorar su rica personalidad y su valor como jurista.
La Licenciatura de Derecho de Juan Roldán concluyó con Premio Extraordinario; fue seguida de cursos de Doctorado en Derecho y de la Licenciatura de Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales.
Ha sido un brillante opositor; ganó con los primeros números de cada promoción la de Abogado del Estado y la de Agente de Cambio y Bolsa de Madrid. Como Abogado del Estado desempeñó diversos cargos; citaré que fue jefe de la Abogacía del Estado de Ávila y Abogado del Estado en el Tribunal Supremo. Ejerció como Agente de Cambio y Bolsa en Madrid, y fue Secretario de la Junta Sindical de la Bolsa de Madrid.
Por disposición legal recibió el título de Notario de Madrid. Al poco tiempo de comenzar el ejercicio de la función notarial quedó incompatible al recibir el nombramiento de Vicepresidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, nombramiento acompañado del de Presidente del Comité Consultivo de la Comisión y del de Consejero Nato del Banco de España.
No voy a alargarme, robando al conferenciante su tiempo, detallando los trabajos que ha publicado acerca de temas jurídicos. En los Anales de la Dirección General de lo Contencioso pueden encontrarse varios sobre materia fiscal y en las publicaciones de los Cursos de Verano de El Escorial referencia a conferencias acerca del Mercado de Valores; también desarrolló el tema de la Comisión y el del Mercado en diversos Foros Financieros. Pero la producción literaria de Juan Roldán no ha quedado constreñida a materias jurídicas próximas a su ejercicio profesional; se ocupó de la materia concursal en su aportación al Libro Homenaje al Profesor Olivencia y trabajo el tema titulado "Nuestro ordenamiento jurídico, ayer y hoy" para pronunciar, por elección de sus compañeros de Promoción de la Universidad de Granada, la Lección Magistral en la Conmemoración de las Bodas de Oro del Fin de Carrera» (Presentación realizada por el Notario Roberto Blanquer Uberos en el Colegio Notarial de Madrid, el día 6 de Noviembre de 2008)
Por mi parte, he de decir que conocí a Juan Roldán hace cuarenta años, en la Residencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, cuando yo preparaba las oposiciones entre Notarios. No sólo le oí hablar siempre de la importancia de la función notarial, sino que frecuentemente expresaba su respeto y estima hacia todos los notarios que había conocido, ensalzando la alta preparación jurídica que poseían, así como su seriedad en la forma de ejercer la profesión.
Sus conocimientos jurídicos me enriquecieron cada vez que tratamos temas de esa naturaleza. E incluso debo reconocer que me han iluminado sobremanera para afrontar problemas delicados en mi ulterior quehacer notarial. Junto a una gran preparación jurídica y económica, era de admirar –y lo sigue siendo- su capacidad argumentativa, de finura y precisión excepcionales. No puedo olvidar, además, su notable agudeza mental y una insólita celeridad de réplica que le convertían en un dialéctico imbatible para las polémicas, muy frecuentes en aquel entorno, hasta el punto de que solíamos compararle con el velocísimo Meserati -¡tiempos aquellos!- por su rapidez de reacción y sus dotes de triunfador. Ciertamente nunca rehuía la polémica, más no por ello era un simple y  frívolo discutidor: lo hacía observando una estricta fidelidad a sus principios y convicciones, sin la menor veleidad oportunista.
No sería justo el retrato si lo redujera solo a eso. Para completar la figura que los preceptistas clásicos denominaban etopeya, o retrato moral, diré que las cualidades morales también le adornan, muy particularmente la rectitud, la generosidad y una afabilidad exquisita, incluso con quienes le son ajenos. Si unimos a todo eso la elegancia de su porte y ademanes, verdaderamente señoriales, así como el adecuado complemento de una preclara y broncínea voz, se comprenderá que no me quepa hallar mejor denominación para su figura que la de Grand Seigneur. De tal manera le verá quien haya tenido con él algún trato, por somero que haya sido.
No dudaré en proclamar que Juan Roldán constituye un verdadero lujo para todos los colectivos a los que ha pertenecido. También, pues, para el nuestro. Y utilizando el argot de la actividad a la que ha consagrado la mayor parte de su tiempo y de su vida, se podría decir de él que es un valor seguro.