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ENSXXI Nº 29
ENERO - FEBRERO 2010

JOAQUÍN ESTEFANÍA
Periodista y economista. Fue director de EL PAÍS entre 1988 y 1993

Sobre la ampliación de la edad de jubilacion

El debate que se ha abierto en la sociedad española sobre la ampliación de la edad de jubilación como uno de los métodos de mantener la sostenibilidad del sistema público de pensiones, ha tenido un efecto beneficioso colateral: la reflexión que se ha abierto sobre el envejecimiento de nuestras sociedades. No sólo envejecen los individuos sino también los pueblos. Los habitantes de Europa, y entre ellos los españoles, se enfrentan a un problema con dos frentes: viven más tiempo y tienen menos hijos. Ello da lugar a una nueva realidad demográfica y a una tensión que no se ha producido en otros momentos de la historia. Se está dando ya la existencia de un grupo incapaz de seguir reproduciéndose, que ha alcanzado su objetivo biológico hace mucho tiempo, que ya no puede ser reparado y al que la naturaleza ha declarado como prescindible; este grupo pronto será mayoritario dentro de la sociedad. Los políticos, que lamentan el retroceso de la natalidad, habrán de escoger -aunque no lo dicen- entre gastos de educación para muchos niños o pago de pensiones a muchos ancianos, ya que los recursos son finitos y escasos.

"Los habitantes de Europa, y entre ellos los españoles, se enfrentan a un problema con dos frentes: viven más tiempo y tienen menos hijos"

Esta lucha de generaciones ha sido abordada, por ejemplo, por un muy interesante libro (El complot de Matusalén, editorial Taurus), del periodista alemán Frank Schirrmacher. En él se plantean, entre otros, dos asuntos que devienen centrales; el primero, que la esperanza de vida se está convirtiendo en un concepto clave de nuestra época. Esa esperanza de vida ha aumentado como media en tres meses cada año en los últimos 160 años; en 1840, las suecas tenían la esperanza de vida más alta entre todas las mujeres, con 45 años. En la actualidad, las japonesas suelen alcanzar los 85 años de edad y no hay límite a la vista. Una de cada dos niñas que vemos hoy por la calle, escribe Schirrmacher, tiene una esperanza de vida de 100 años, y uno de cada dos niños alcanzará los 95. La esperanza de vida durante el 99,9% del tiempo que este planeta ha estado habitado, no alcanzaba los 30 años.
Quizá esta tendencia esté exagerada, pero muy poco. Hace escasas semanas, el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicaba la Proyección de la población de España a largo plazo 2009-2049. Se trata de una simulación estadística del tamaño y la estructura demográfica de la población que residirá en nuestro país en los próximos 40 años, en caso de mantenerse las tendencias y los comportamientos demográficos actuales. Subrayemos algunas de las tendencias más impactantes:
-a) reducción del crecimiento poblacional en las últimas décadas; sólo habrá un aumento neto de 2,1millones de personas (de 45,8 millones en la actualidad a 47,9 millones en 2049).
-b) El crecimiento natural de la población se hará negativo desde 2020.
-c) La población mayor de 64 años se duplicará en 40 años y será el 31,9% del total.
-d) Por cada 10 personas en edad de trabajar, en 2049 residirán en España casi nueve ciudadanos potencialmente inactivos (menores de 16 años o mayores de 64). La tasa de dependencia pasará del 47,8% actual al 89,6%.
-e) La esperanza de vida en 2049 será de 84,3 años para los varones (seis años y medio más que ahora) y 89,9% para los mujeres.
Así llegamos al segundo asunto abordado en El complot de Matusalén: la necesidad de la inmigración para combatir estas tendencias. Ante el envejecimiento de las sociedades europeas urgirá la entrada de personas más jóvenes que sólo pueden provenir del Tercer Mundo. La población inmigrante necesaria parece ser muy superior a la que hasta ahora hemos estado dispuestos a admitir; incluso en el cado más favorable, ello aliviará sólo en parte las consecuencias del envejecimiento social. Habrá tal aumento de la inmigración que nuestra capacidad de integración se verá desafiada hasta extremos insospechados.

"La reforma de las pensiones no es pues una cuestión ideológica sino que está determinada por la demografía. Ésta alerta sobre la necesidad de emprender reformas importantes y urgentes"

La reforma de las pensiones no es pues una cuestión ideológica sino que está determinada por la demografía. Ésta alerta sobre la necesidad de emprender reformas importantes y urgentes, so pena de poner en peligro el sistema de Seguridad Social. El problema principal es el envejecimiento de la población. Pocos bebés y vidas largas. Una baja fecundidad implica el aumento de la proporción de personas mayores en la población, susceptibles de ser protegidas por los ciudadanos activos (en base al pacto intergeneracional que forma parte de la esencia de nuestras sociedades); además, la longevidad implica que los mayores puedan llegar a ser muy viejos.
El envejecimiento de la población no es un elemento nuevo; lo es su rapidez. La realidad demográfica de hoy (incluidos los millones de inmigrantes que han entrado en nuestro país) es muy diferente de la de hace 15 años. Las tres características de nuestra época son las siguientes: el proceso de envejecimiento se acelera mucho y en los países desarrollados la población anciana se habrá duplicado de media dentro de 50 años; segundo, gozamos de muy buena salud, lo que se traduce en una fuerte alza de la esperanza de vida. Y tercero y más importante, en la primera década del siglo XXI, vejez se identifica con jubilación; el derecho a que todos tengamos nuestra jubilación, firmemente arraigado en el sentido común de la época, es en realidad muy reciente. Antes, la mayoría de los trabajadores no podían decidir jubilarse, especialmente porque las pensiones (cuando existían) eran muy escasas; si dejaban de trabajar era, en general, porque ya no podían seguir haciéndolo o porque los habían licenciado.
Todos estos cambios los analizan los expertos Gosta Esping-Andersen y Bruno Palier, en un libro imprescindible para los que reflexionan sobre los cambios sociológicos de nuestras sociedades (Los tres grandes retos del Estado del Bienestar, editorial Ariel). Los tres retos están residenciados en el campo de las mujeres, los niños y las pensiones. El cambio social más importante ha sido la entrada masiva de la mujer en el mercado laboral, por lo que es esencial favorecer el empleo de las mujeres y la igualdad con los hombres, como elemento crucial para el desarrollo de los servicios sociales de cuidado de los niños y otras personas dependientes. Garantizar la igualdad de oportunidades de los niños es el segundo reto: mientras que los sistemas actuales de protección social gastan cada vez más en personas ancianas, parece necesario invertir en los niños, preparar una mano de obra mejor formada. Más que luchar contra la exclusión social una vez que ésta se ha hecho realidad, más que tener que formar de nuevo a la mano de obra atrasada, es preferible concentrar los esfuerzos en una acción preventiva centrada en la infancia. El tercer reto es la reforma de las pensiones públicas, haciendo prevalecer el principio de igualdad, manteniendo tanto la equidad entre generaciones como en el seno de las mismas.
Esping-Andersen y Palier pretenden resolver estos retos para que las políticas económicas y sociales se refuercen mutuamente, de modo que los dispositivos de protección social permitan sostener y relanzar el crecimiento, y sostener la capacidad de consumir de quienes ya no pueden trabajar. Y no, como ha sucedido en muchas ocasiones, que en vez de apoyar el pleno empleo esos dispositivos se utilicen para retirar individuos del mercado de trabajo.
Hay quien sugiere que las Naciones Unidas debían convocar una Cumbre sobre el Envejecimiento, para estudiar esta tendencia irresistible en las sociedades industrializadas, no sólo en Europa.