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ENSXXI Nº 32
JULIO - AGOSTO 2010

FRANCISCO MOCHÓN MORCILLO
Catedrático de Análisis Económico en la UNED

Las convulsiones que en fechas recientes han experimentado los mercados de deuda europeos, que incluso han puesto en peligro la existencia del euro, son una muestra de lo mal que los mercados encajan la incertidumbre. La incertidumbre se dispara en épocas de crisis. Parece como si los agentes pensaran que hace unos pocos años la euforia y el optimismo desmedido eran la nota predominante y ahora, de pronto todo se ha venido a bajo sin acabar de comprender por qué. Se vive una situación de desconcierto en la que se pierden las referencias, la confianza aparece como una quimera y el miedo y el pesimismo es lo que preside todas las actuaciones. Además, en los momentos actuales la incertidumbre y los problemas se acentúan porque no se sabe muy bien como actuar a fin de superar los retos que están dificultando la salida de la crisis.

La reunión de junio del G-20: ¿Austeridad o crecimiento?
Este ambiente de duda y debate ha presidido la reunión del G-20 celebrada a finales de junio en Toronto. En esta reunión, además de sobre la reforma del sistema financiero, se debatió sobre el ritmo para llevar a cabo los ajustes fiscales. De forma esquemática las dos posturas se pueden sintetizar en la defendida por la Unión Europea, y más concretamente por Alemania, claramente partidaria de la austeridad y de los recortes del gasto público y en la propugnada por Estados Unidos, defensora retrasar los ajustes hasta que la recuperación sea una realidad.

"En la reunión del G-20 celebrada a finales de junio en Toronto se debatió sobre el ritmo para llevar a cabo los ajustes fiscales. Las dos posturas se pueden sintetizar  en la defendida por la Unión Europea, y más concretamente por Alemania, claramente partidaria de la austeridad y de los recortes del gasto público y en la propugnada por Estados Unidos, defensora retrasar los ajustes hasta que la recuperación sea una realidad"

La UE ya en su reunión del 17 de junio dejó clara su posición haciendo una defensa solemne de la ortodoxia fiscal, declarando la guerra al déficit y reforzando del Pacto de Estabilidad con más sanciones. La postura de ajuste duro se aceptó aún sabiendo que si todos los países de la UE reducen el gasto público, a corto plazo se corre el peligro de propiciar la deflación y el estancamiento. El argumento esgrimido fue que mantener los estímulos fiscales podría generalizar una situación como la vivida por Grecia. Algunos países, como por ejemplo Alemania, consideran que la eliminación del déficit presupuestario debe ser una prioridad incluso para aquellos países que presentan un superávit de balanza de pagos y son grandes acreedores del resto del mundo.
Las autoridades alemanas, conceptualmente aceptan que su demanda interna sería bueno que aumentase, pero argumentan que ello difícilmente se podría lograr mediante medidas fiscales que tiendan a incrementar el déficit presupuestario. El hipotético aumento de la demanda interna debería ser el resultado de medidas estructurales que refuercen el crecimiento económico. Según el ministro de economía y hacienda alemán, la contribución de Alemania al crecimiento económico de Europa y del mundo se conseguirá ateniéndose al papel tradicional de ancla de estabilidad y no incrementando la deuda.
Frente a la postura alemana se sitúan aquellos que, como Estados Unidos, defienden que todavía no es el momento de los sacrificios y hay que seguir estimulando artificialmente la demanda. Hay que salvaguardar y fortalecer la recuperación dada su debilidad. La prioridad debería ser restablecer el crecimiento ya que una retirada prematura de los planes de estímulo financiados con dinero público podrían abortar la frágil recuperación y abrir las puertas a la deflación.
Por otro lado, las autoridades estadounidenses creen necesario corregir los desequilibrios internacionales en los flujos de capitales ocasionados por las fuertes discrepancias entre las posiciones de ciertos países como ahorradores netos (China, Alemania,...) y los receptores de fondos (Estados Unidos, Reino Unido, España,...). Ello pasa por un reajuste de la demanda a nivel mundial. Bajo esta perspectiva, los grandes países acreedores deberían estimular su demanda interna, por lo que sería contraproducente que prematuramente iniciasen los ajustes fiscales.

"El debate al que ahora estamos asistiendo ya se vivió durante la Gran Depresión de 1929. Según el planteamiento keynesiano, en etapas recesivas conviene que el presupuesto público arroje déficit. El restablecimiento del equilibrio presupuestario deberá postergarse hasta cuando la economía haya recobrado el pulso. Los clásicos argumentaban que el equilibrio presupuestario debe mantenerse a toda costa y el coste del ajuste es algo que hay que soportar a fin de evitar males mayores"

La postura de las autoridades estadounidenses es defendida por autores como  el premio Nobel Paul Krugman. Este señala que si presionamos a las autoridades alemanas para que expliquen por qué tienen que imponer austeridad a una economía deprimida, nos dan razones que no cuadran. Según Krugman la postura de los halcones alemanes del déficit es más bien una cuestión de pose y actitud moralizadora. Aún va mas allá cuando señala que la austeridad alemana empeorará la crisis en la zona euro, lo que hará que a España y otras economías en apuros les resulte mucho más difícil recuperarse. Los problemas de Europa también están debilitando al euro, lo que perversamente beneficia a la industria alemana.

Antecedentes históricos del debate
La verdad es algo escurridizo y encontrarla es más difícil de lo que en un principio puede parecer. Para tratar de acercarnos a ella vamos a recurrir a la historia y a los condicionantes estructurales de cada economía.
El debate al que ahora estamos asistiendo ya se vivió como consecuencia del la Gran Depresión de 1929 entre los economistas clásicos y Keynes. Según el planteamiento keynesiano, en etapas recesivas conviene que el presupuesto público arroje déficit. El restablecimiento del equilibrio presupuestario deberá postergarse hasta cuando la economía haya recobrado el pulso y retorne a una senda de crecimiento. Desde una perspectiva clásica se argumenta que el equilibrio presupuestario debe mantenerse a toda costa y el coste del ajuste es algo que hay que soportar a fin de evitar males mayores.

"Es muy  difícil  de decantarse deforma incuestionable por una u otra posición ante el debate entre austeridad o crecimiento al que en la actualidad se enfrenta la economía mundial, y particularmente Europa y Estados Unidos"

Al margen del debate teórico ¿qué nos dice la historia? La realidad es que tenemos dos enseñanzas bien distintas. Por un lado está el caso de Alemania y lo que sucedió como consecuencia de una mala gestión de la crisis y un gasto público descontrolado. La República de Weimar llevó a Alemania al colapso social y político como consecuencia de una terrible hiperinflación. Baste decir que los precios llegaron a crecer al 32.400% en 1922. El colapso originado por esta situación acabó derivando en el triunfo del nazismo y en la Segunda Guerra Mundial.
El caso de Estados Unidos es bien distinto. Entre 1933 y 1935 cuando la economía estadounidense parecía que estaba empezando a salir de la Gran Depresión de 1929, impulsada una serie de medidas expansivas (el denominado primer New Deal), el presidente Roosevelt decidió retirar los estímulos fiscales y coyunturalmente las cuentas públicas volvieron al equilibrio presupuestario. También se subieron los tipos de interés. El impacto de estas medidas contractivas sobre la débil economía estadounidense se concretó en que, a partir de 1937 se inició una fortísima recesión de la que sólo pudo salir gracias a un segundo New Deal, que finalmente se vio culminado por el esfuerzo bélico ligado a la Segunda Guerra Mundial.

Condicionantes estructurales de Europa y de Estados Unidos
La idoneidad de unas medidas de política económica difícilmente se pueden establecer sin tener en cuenta la realidad estructural de la economía a la que se pretenden aplicar. En este sentido la situación de la economía europea y la estadounidense presenta notables diferencias. Estados Unidos (además de tener una moneda que es aceptada como reserva internacional lo que facilita enormemente su financiación) tiene una economía notablemente más flexible que la europea, con muchos menos problemas estructurales y con un estado de bienestar significativamente inferior al europeo. Al margen de las connotaciones sociales, esto quiere decir que la economía estadounidense es mucho más competitiva que la europea y que se ve menos lastrada por un sector público pesado e ineficiente.
Europa por el contrario, tiene un estado de bienestar muy oneroso, unos sectores públicos ineficientes y relativamente grandes. A ello se le unen unos importantes problemas estructurales que limitan la competitividad de sus sistemas productivos. A todo ello se le une que la UE es una amalgama de países, con intereses muy distintos y con el agravante de que las cuentas públicas y los déficits exteriores de algunos de ellos, los denominados periféricos son preocupantes. Por ello  no resulta carente de lógica a aprovechar la crisis para llevar a cabo ciertas reformas estructurales, que socialmente en otro momento serían muy difíciles de aceptar.

"Los recortes fiscales han acabado de desvanecer las expectativas de una rápida recuperación. De  recesión en V se ha pasado a otra W, con fases alternas de recuperación y caída"

Las consideraciones históricas y estructurales evidencia la dificultad de decantarse deforma incuestionable por una u otra posición ante el debate entre austeridad o crecimiento al que en la actualidad se enfrenta la economía mundial, y particularmente Europa y Estados Unidos. Los condicionantes son muy distintos y las estrategias a seguir difícilmente pueden ser las mismas.

Miedo a la inflación o a la deflación
El soporte doctrinal de las posiciones defendidas por Alemania se encuentra en la Escuela Austriaca de Economía. Según esta escuela de pensamiento el ajuste es imprescindible: el aumento de la deuda soberana en circulación y su imposible repago conducirán a un fenómeno hiperinflacionista de dramáticas consecuencias.
Además, no solo los estados han combatido la crisis, los bancos centrales se han visto forzados a rescatar a la economía financiera y el resultado ha sido una burbuja de liquidez sin precedentes (una crisis de endeudamiento se ha querido resolver con más endeudamiento) y se corre el peligro de generar fuertes tensiones inflacionistas. La imposibilidad de que muchos gobiernos puedan hacer frente a sus compromisos de pago,  puede propiciar que el fenómeno de subida de precios se extienda con fuerza a naciones como Estados Unidos o Reino unido, como única vía para aminorar el importe de lo que se adeuda. Por ello, aún a riesgo a corto plazo de alentar una  deflación es necesario un proceso de racionalización de la acción pública.
Respecto al sector público se señala la conveniencia de procurar un  adelgazamiento de sus estructuras para ajustarlas, después de una larga fase de  bonanza (que ha incentivado a que algunos hayan vivido por encima de sus posibilidades), a  la nueva realidad. Asimismo, habría que adecuar las prestaciones sociales a las necesidades ciertas de los ciudadanos, evitando los fraudes y abusos. Por último respecto a la implementación de las políticas, se recomienda el predominio del componente productivo frente al social, de modo que no se expulse al sector privado de la economía.
Bajo esta perspectiva las medidas propiciadas por Alemania, y por ella misma implementadas, aparecen como algo razonable. Se aprovecha la crisis para acometer ajustes que de otro modo sería inviable socialmente hablando. Además se ajusta la competitividad de la administración a la del sector privado y se sientan las bases para que no vuelva a suceder lo que aconteció en la República de Weimar. Ha optado por oponer deflación interna a la inflación que pueda venir de fuera, y además contribuye a reducir el volumen de deuda europea que deberá salir a los mercados.
Mientras Estados Unidos se está centrando en sacar a delante medidas de ajuste a corto plazo, Alemania piensa a más largo plazo y está más preocupada por las consecuencias de un déficit excesivo y una alta inflación.

Consecuencias de los ajustes
Ya hemos analizado el soporte argumental a las medidas. La valoración que han hecho los mercados de las mismas es que a corto plazo contribuirán a propiciar una recesión en la zona euro. La verdad es que resulta difícil pensar en que las escasas medidas de oferta propuestas puedan tener los efectos estimulantes que señalan las autoridades alemanas. Por ello, los mismos mercados que se habían asustado por el aumento de la deuda, cuando se toman medidas restrictivas lo único que ven es que  éstas desalentarán el crecimiento, y aparece el miedo a que (en un contexto recesivo)  algunos países europeos no puedan hacer frente a sus deudas. Se toma conciencia de que los recortes fiscales desalentarán la demanda interna y también acabarán afectando negativamente a las exportaciones. 

"La necesidad de apelar a los mercados en un contexto de desconfianza reduce enormemente el margen de maniobra de España"

Además con los recortes se han acabado de desvanecer las expectativas de una rápida recuperación. De  recesión en V se ha pasado a otra W, con fases alternas de recuperación y caída.
Los recortes fiscales han acabado de desvanecer las expectativas de una rápida recuperación. De  recesión en V se ha pasado a otra W, con fases alternas de recuperación y caída.
En estas circunstancias, aun siendo conscientes de que los ajustes son una medicina amarga de tomar se considera como un mal inevitable, en aras de las restricciones impuestas por los mercados y pensando en planteamientos a largo plazo.

La situación de España ante los ajustes
La situación de España lo primero que viene a evidenciar es no tiene mucho sentido hablar de la sostenibilidad de la deuda pública de un país, y hacer abstracción de sus necesidades de financiación exterior y de su endeudamiento externo. Es un hecho, como los mercados han evidenciado en fechas recientes de forma fehaciente, que el nivel de deuda externa, pública o privada, constituyen una restricción tan relevante o más que la del déficit o el nivel de deuda públicos. Baste comparar la situación de España y Alemania; esta última tiene un mayor nivel de deuda pública que España, pero cuenta con unas cuentas externas desahogadas y de hecho actúa como financiadora neta del resto. La necesidad de apelar a los mercados en un contexto de desconfianza reduce enormemente el margen de maniobra de un país. España como país deudor integrado en un área monetaria no se puede permitir buscar el ritmo que mejor se ajuste a sus circunstancias para reducir el déficit presupuestario. Necesita recobrar la confianza de los inversores extranjeros que financian nuestra economía. No tenemos más remedio que continuar en la senda recientemente iniciada y profundizar en un drástico recorte del gasto público.
La necesidad de apelar a los mercados en un contexto de desconfianza reduce enormemente el margen de maniobra de España.
De hecho la prioridad como país debiera ser ganar competitividad y aprovechar una posible recuperación del sector exterior para mejorar la sostenibilidad externa.  El reto radica en encontrar factores de crecimiento que no conlleven un posible retraso en el ajuste fiscal. Lo ideal sería tratar de aprovechar el sector exterior como fuente de crecimiento, para lo cual la flexibilidad a la baja de los precios y los salarios  nominales y la flexibilización del mercado de trabajo es un requisito.

Abstract

During the last G20 meeting held at the end of the past month of June in Toronto, the EU and the UE had opposite stances in the debate about the rhythm necessary to carry out tax adjustments. The EU, and especially Germany, was clearly in favour of austerity and reduction of public expenditure while the UE supported the delay of the adjustments until recuperation becomes a reality.
The present debate reproduces the one that took place during the Great Depression in 1929. According to Keynesian statements, public budget must yield deficit in recessive phases and budget balance reestablishment must be postponed until economy recovers its pulse. Classics believed that budget balance must be maintained whatsoever and that the cost of adjustment is something we must bear with to avoid worst wrongdoings.
Taking in account the present economic global debate "especially in Europe and in the UE" between austerity and growth, it is very difficult to be absolutely in favour of any stance.
Tax reductions have finally caused the fading of a rapid recuperation expectance. From a V recession we have moved to a W one with alternative phases of recuperation and fall.