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ENSXXI Nº 34
NOVIEMBRE - DICIEMBRE 2010

VII - Las capitulaciones matrimoniales

El anuncio del compromiso matrimonial de la Infanta Dª Elena atrajo inmediatamente la atención de todos los elementos informativos de España y fue tema reiterado de comentarios y conversaciones en todos los estratos sociales, lo que creó un permeable y prometedor campo de actuación a nuestra inocentada. Había que aprovechar tan fausta ocasión... y la aprovechamos.
No recordamos como ni cuando llegaron a nuestras manos unos folios en blanco, finamente orlados, de tacto y color apergaminados, que acababan con la firma "Yo, el Rey" en la parte inferior, en caligrafía cuando menos del siglo dieciocho. Con este material redactamos mecanográficamente algo así como "Tengo la satisfacción de comunicar a VS., que, según me informa el Ilmo. Sr. D (...) Decano del Ilustre Colegio Notarial de Madrid, con esta misma fecha, en turno reglamentario, ha sido V.S designado para la autorización de las capitulaciones matrimoniales de mi primogénita, S.A.R. la Infanta Dª Elena de Borbón y Grecia con el Sr. D. Jaime Marichalar Saenz de Tejada, documento que se firmará en este Palacio de la Zarzuela, a las 19 horas del día (...) de este mes, en mi presencia y de S.M. la Reina y con asistencia de los Excmos. Srs D. ( .... ) Presidente del Gobierno, D. (...) , Presidente del Congreso de los Diputados, D. (...) Presidente del Senado. D. (...} Capitán General Jefe del Estado Mayor del Ejército, D. (...) Cardenal Primado de España y D. (...} Presidente del Tribunal Supremo. A tal fin, recibirá VS. los datos personales correspondientes, así como el texto de las cláusulas y la credencial para acceder a Palacio. — Me es grato, con tal motivo, saludarle muy atentamente". En el ángulo inferior izquierdo y letra mas pequeña: "Chaqué sin condecoraciones, salvo, en su caso, pin en el ojal de la solapa”. Los anteriores paréntesis encerraban los nombres y las fechas sin que, naturalmente, recordemos ahora tales datos. Se adjuntaba el oportuno oficio del Decano confirmando la reglamentaria designación.
Bueno, pues incomprensiblemente nuestros receptivos y candoros colegas se lo tragaron pese a que, como sabéis, los documentos relativos a la familia real se autorizan por el Ministro de Justicia como Notario Mayor del Reino, según los arts 9 de la Ley del Notariado y 308 del Reglamento notarial, ofuscadamente ignorados por nuestros ilustres e ilusionados compañeros, que tampoco recordaron que hace tiempo que nuestros monarcas ya no firman con "Yo, el Rey", sino con su nombre y el ordinal correspondiente en números romanos.
Los efectos fueron muy parecidos a los de nuestra inocentada sobre el oro de Moscú (El Notario.., n° 28, Nov.-Dic. 2009, pg. 216) aunque esta vez nadie preguntó “y esto, ¿como se cobra? pero hubo un farde con los empleados y amistades. Un concienzudo y puntilloso colega excelente amigo, solicitó de otro, que tenía una breve experiencia palatina y fue quien nos lo chivó, que “como había que tratar al Rey: ¿Majestad?, ¿Señor?, ¿de usted? ¿en segunda persona del plural? " y si procedería felicitar a los prometidos. La esposa de otro prestigioso incauto, se apresuró a comprarle a su marido unos zapatos y una camisa blanca “porque así, con lo que tienes, que ya parece usado, no puedes ir"; nos consta, por relato del otro inocente, una vez desengañado, que en su casa ensayaron el cabezazo protocolario y que su esposa le repetía "tu, con naturalidad sobre todo naturalidad y lee sin aturullarte, que tu te aturullas mucho... " Otra consorte insinuó a su marido si ella también podría asistir y ante la negativa del cándido insistió en que "tu pregunta y entérate bien”. No faltaron, claro, pruebas y ajustes de chaqués, aunque hubo quien nos aseguró que bastó solamente con sacarle un poco el pantalón, si bien la hija de otro se apresuró a airear la protocolaria prenda para se fuera yendo el olor a naftalina...Y, claro, las recomendaciones para adquirir la prensa, incluso la del corazón, que recogería las imágenes del evento.
Y nosotros nos quedamos satisfechos al incrementar nuestra vanidad por incorporar por primera vez la británica "pin" a los comunicados reales y por iluminar con un fugaz destello de felicidad a nuestros candorosos amigos, ya que la ilusión vale aun cuando la realidad no la tome de la mano.