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ENSXXI Nº 35
ENERO - FEBRERO 2011

FRANCISCO JAVIER GARCÍA VIEIRA
Ingeniero de Telecomunicación

Post publicado en: www.hayderecho.com

La sociedad civil, como manifestación de la responsabilidad de los ciudadanos hacia la sociedad en la que viven y expresión de la libertad individual aplicada a la mejora de la convivencia y al progreso social, constituye el principal valladar frente a lo que Tocqueville diagnosticó como uno de los grandes riesgos de las democracias: el despotismo democrático; es decir, la deriva despótica de los Estados, que tienden a extender su influencia sobre la sociedad en su conjunto, a través de un exceso de normas que, más allá de garantizar la prestación de los servicios públicos, instilan ideas y valores en las personas, aletargan las voluntades, coartan la iniciativa y restringen la capacidad de emprender y de crear.
En el mundo occidental, la sociedad civil destaca por su fortaleza en los países anglosajones: Estados Unidos y Gran Bretaña. También las naciones del norte de Europa presentan una sociedad civil vertebrada e influyente. Lamentablemente, conforme nos aproximamos al Mediterráneo, la sociedad civil se desdibuja y pierde predicamento. En España, la sociedad civil ha sido especialmente débil. La casi omnipresencia de los poderes públicos en todos los ámbitos de la vida de los ciudadanos durante buena parte del siglo XX ha mantenido la actividad de los movimientos cívicos, profesionales o asociacionistas de cualquier naturaleza en niveles muy restringidos. La transición a la democracia no puso adecuado remedio a esta situación, al mantenerse la hipertrofia de los poderes públicos, y añadirse a la misma el concurso de unos partidos políticos organizados en estructuras sujetas por mecanismos de férrea disciplina interna que dificultan la ascensión de ideas e iniciativas propuestas desde sus bases. Sin embargo, en esta ocasión un cambio tecnológico puede ofrecernos una nueva oportunidad para que la sociedad civil española alcance su madurez en un breve lapso de tiempo.

"En el mundo occidental, la sociedad civil destaca por su fortaleza en los países anglosajones: Estados Unidos y Gran Bretaña"

Los instrumentos que la Sociedad de la Información pone a nuestra disposición permiten nuevas formas de organización y expresión de la sociedad civil. La disponibilidad casi universal de Internet, con la posibilidad de acceder a información y a opinión de muy variadas fuentes; pero también de aportar nueva información o de expresar la propia opinión, supone un cambio disruptivo en la forma de comunicarse, de compartir información, de participar y de crear opinión. Se diluye así el papel de intermediarios de la información y de formadores de opinión de los medios de comunicación tradicionales, que pierden este valioso monopolio en beneficio de una miríada de blogs, páginas web y redes sociales a través de las que organizaciones o individuos de la más variada condición reclaman un espacio de expresión directa.
Existe, sin duda, el riesgo de que sea prácticamente imposible discernir la información veraz de la que no lo es, o de la mera desinformación. No es menor el peligro de que surjan supuestos líderes de opinión, con amplio seguimiento por parte de los internautas menos avisados, que se arroguen una representatividad que no ostentan y, en realidad, se muevan por intereses espurios. Sin embargo, el balance es netamente positivo, y blogs como este constituyen un buen ejemplo de ello. La atrofiada sociedad civil española dispone ahora, gracias a Internet, de un potente medio para recuperar el terreno perdido con sus homólogas anglosajonas, y esta es una oportunidad que no se debe dejar pasar, máxime en la situación de profunda crisis económica que atravesamos.

"Los instrumentos que la Sociedad de la Información pone a nuestra disposición permiten nuevas formas de organización y expresión de la sociedad civil"

Efectivamente, la crisis económica que se inició allá por el verano de 2007, y cuyos efectos sobre la economía española han sido y continúan siendo devastadores, ha devenido en una crisis estructural que está poniendo en cuestión pilares de nuestra sociedad que hasta ahora se habían considerado inmutables. Desde el mantenimiento del estado del bienestar hasta la estructura administrativa, todo ha pasado a ser cuestionado y cuestionable. Surgen voces que califican de insostenible el esquema vigente de protección social, que plantean la quiebra del modelo de atención sanitaria universal y gratuita al que apuntaba la Ley General de Sanidad de 1986, que tildan de hipertrófica, endogámica e ineficiente la estructura administrativa surgida del desarrollo del estado autonómico, que consideran inviable un sistema de más de cien mil normas jurídicas en no pocas ocasiones contradictorias entre si y cuya aplicación es imposible garantizar, y así con tantos y tantos otros aspectos sobre los que se ha abierto la temporada de caza tras años de veda absoluta. La crisis tiene como efecto colateral positivo, ¿quizás el único?, la apertura al debate incluso de aspectos que algunos consideraban "atados y bien atados" en su propio beneficio. Y en esta ocasión la sociedad civil dispone de los medios necesarios para participar activamente en dicho debate, para organizarse y expresarse de forma ágil y eficaz, en detrimento del anterior monopolio de partidos políticos, grupos de presión y medios de comunicación, con sus lastres de servidumbres, clientelismo, intereses y corrección política.
La crisis económica llegará a su fin, como sucedió con todas las anteriores, y de ella saldremos quizás con otra estructura económica más competitiva, quizás con un ordenamiento jurídico más racional, quizás con una estructura administrativa más eficiente y más centrada en el servicio público. O quizás no. Pero la oportunidad de salir de ella con una sociedad civil más influyente, fuerte y estructurada, desarrollada a lomos de la Sociedad de la Información, no podemos desaprovecharla.