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ENSXXI Nº 36
MARZO - ABRIL 2011

LOS LIBROS por JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA SÁNCHEZ

LA IDEA DE JUSTICIA

Imaginemos que hay que decidir, con criterios de justicia, cuál de tres niños debe tener la flauta que se disputan. Ana afirma que la flauta le pertenece porque ella es la única que la sabe tocar. Bob porque él es pobre y no tiene ningún otro juguete. Carla porque ha estado trabajando afanosamente varios meses para fabricarla con sus propias manos. La decisión es difícil. Los partidarios de las teorías en vigor, utilitaristas, igualitaristas económicos, y libertarios pragmáticos opinarán cada uno por separado que existe una sola solución justa e inequívoca, pero casi con seguridad cada uno argumentará a favor de una respuesta distinta como la obviamente correcta.

"Sobre el trascendentalismo pesa la losa de la razón práctica de que puede no haber un consenso razonado, incluso bajo condiciones de imparcialidad, sobre cuál es o debe ser la sociedad justa que se busca. Y además se necesitaría un Estado soberano que aplicara los principios de justicia a través de un conjunto perfecto de instituciones idóneas"

Este ejemplo sirve al autor para descalificar las teorías trascendentalistas o institucionalistas sobre la justicia, especialmente la de su maestro John Rawls, cuya estela admira, sigue y critica al tiempo, argumentando que su concepto de la justicia como equidad se traduce en un conjunto de principios que exclusivamente tienden a lograr unas instituciones justas para dispensarla. El mismo camino tomó Thomas Hobbes y luego Rousseau, John Locke y Emmanuel Kant, hijos de una Ilustración que, en el ámbito de la razón pura, sólo trata de hacer justas las instituciones teóricas sin ocuparse de las sociedades reales. Pero este, según él, es un rumbo equivocado. Sobre el trascendentalismo pesa la losa de la razón práctica de que puede no haber un consenso razonado, incluso bajo estrictas condiciones de imparcialidad, sobre cuál es o debe ser la sociedad justa que se busca. Y además carga con el argumento hobbesiano y rawlsiano de que se necesitaría un Estado soberano que aplicara los principios de justicia a través de un conjunto perfecto de instituciones idóneas para ello. Y estas exigencias institucionales son impensables hoy en el ámbito global, pues sería necesario que existiera un Estado soberano global y un Estado democrático global, y esto en la realidad actual es imposible.

"Hay una clara conexión entre la objetividad de un juicio y su capacidad de soportar el escrutinio público, potenciando el razonamiento público como barómetro de valoración en forma cercana a la función que nuestro filósofo Javier Gomá otorga a la ejemplaridad pública"

Por estos argumentos Sen, en sus disquisiciones sobre la justicia, se refugia en el relativismo y propone adoptar enfoques comparativos de las instituciones y sociedades reales y de los comportamientos humanos, afiliándose a las orientaciones pragmáticas o practicistas que él encuentra en Adam Smith, en el marqués de Condorcet, en Jeremy Bentham, Kart Marx y Stuart Mill, todos ellos implicados en comparaciones entre sociedades que ya existían o que podían existir para erradicar la injusticia manifiesta y real que en ellas se detecte.
Es lógico. Amartya Sen, el autor, es un filósofo y economista bengalí que estudió en el Trinity College de Cambridge, donde se doctoró en 1959. Ha sido profesor de economía en Calcuta, Delhi, Oxford y Harvard, entre otros, y en 1998 ganó el Premio Nobel de Economía. Y sus preocupaciones se han centrado en las hambrunas, la teoría del desarrollo humano, la economía del bienestar y los mecanismos subyacentes de la pobreza, lo que justifica su crítica a las teorías convencionales o institucionales sobre la justicia, bienintencionadas pero retóricas, y su obsesión por encontrar razones y criterios para erradicar las injusticias fragantes que se observan en las sociedades reales del planeta.
A esta labor dedica su última obra The Idea of Justice (Penguin Books, Londres 2009), editada exitosamente por Flammarion en 2010 en París y que acaba de aparecer en España (La idea de la justicia, Taurus, 2010). No hace Sen una historia del concepto justicia, ni siquiera menciona la doctrina griega, la ética cristiana, las concepciones romanas de lo justo, ni las doctrinas axiológicas. Parte de la Ilustración, sobre todo de los autores ingleses que la precursaron, y trata de obtener, desde el ángulo pragmático, y con incorporaciones más o menos afortunadas de elementos de la cultura india sobre la justicia, que distingue la idoneidad del comportamiento, el niti, algo así como el deber ser, y el nyaya o la realidad de las conductas, una idea práctica de la justicia que erradique de forma realista las injusticias que asolan el planeta en el momento actual.
No admite principios supremos, no conoce parámetros superiores al hombre y a su razón. Apela a la comparación entre las sociedades reales, a la necesidad imperiosa de que se haga justicia y que se vea que se ha hecho justicia, una justicia que nace fundamentalmente de la razón, de la comparación valorativa de lo que se observa en las sociedades reales, porque hay una clara conexión entre la objetividad de un juicio y su capacidad de soportar el escrutinio público, potenciando el razonamiento público como barómetro de valoración en forma cercana a la función que nuestro filósofo Javier Gomá otorga a la ejemplaridad pública.
La consideración pragmática de la justicia y la evaluación de una pluralidad de razones no plantea problemas para tomar una decisión definitiva, cercana al ideal de justicia, que sin embargo puede ser diferente en cada caso. El caso de los tres niños que se disputan una flauta, que desde el ángulo teórico sugería la posibilidad de un callejón sin salida al tratar de decidir que sería lo más justo, puede quedar resuelto con el relativismo de esa diversidad de consideraciones. Puede ocurrir que la niña que hizo la flauta sea la más pobre o la única que la sabe tocar. O puede ocurrir que la indigencia del más pobre sea tan extrema y necesaria para un vida digna que los argumentos basados en la pobreza lleguen a dominar la idea de la justicia. Puede haber una congruencia de diferentes razones en muchos casos particulares. La idea de la justicia, para Sen, incluye casos de fácil resolución pero también problemas decisionales muy arduos.

TREGUA DE ALIVIO

"Obra llena de vida en forma de episodios históricos de la Grecia del siglo pasado, apuntes biográficos de Onassis y lances jurídicos"

Tan arduos como el libro en sí, sólido y realista ciertamente, pero denso y compacto. Ello aconseja relajar la mente con alguna obra ligera de ficción, como pudiera ser "El abogado2 (Sial Ediciones, 2010) una narración novelada de las lecciones financieras y empresariales que en el marco de los cambios políticos que sufrió Grecia en la segunda mitad del siglo XX, da el propio Onassis a un letrado al que acude y sigue como cliente, obra escrita por una abogado y periodista griego Dr. Tryfon Koutalidis que la publicó en 2003 bajo el seudónimo de Papiniano y que ha traducido el diplomático español Javier Jiménez-Ugarte, una obra llena de vida en forma de episodios históricos de la Grecia del siglo pasado, apuntes biográficos de Onassis y lances jurídicos. O la última obra de Paul Auster, Sunset Park (Anagrama 2010), que aún sin el proyecto de una estructura pensada, nos brinda el chisporroteo vitalista de unos personajes singulares y poco previsibles, relacionados en torno a una ruinosa mansión okupada que resulta testigo de las reacciones y contingencias más extravagantes, solo imaginables en la contracultura descreída e iconoclasta de tabúes burgueses, especialmente sexuales, familiares o sociales, de la generación beatnik; aun sin argumento ni trama, la maestría narrativa y la capacidad descriptiva de personajes meta-actuales de un Auster, maestro del azar y del vitalismo, Príncipe de Asturias de las letras en 2006, son capaces de absorber la mente más disipada.

"Sin argumento ni trama, la maestría narrativa y la capacidad descriptiva de personajes meta-actuales de un Auster, maestro del azar y del vitalismo son capaces de absorber la mente más disipada"

FINAL EXCUSABLE

"Mediante una labor seria y objetiva de investigación, fijó los contornos precisos de ese notario, titán visionario que buscó la renovación de España a través de una política realista y avanzada"

Pero en un año en que se cumple el centenario de su muerte no podemos dejar de dar noticia de la biografía más representativa del regeneracionismo español y notario insigne, que acaba de ser reeditada, Joaquín Costa, el gran desconocido ( Ed. Ariel, 2011) escrita por el gran hispanista inglés, el mejor de todos los estudiosos de la vida y obra del gran polígrafo martillo de caciques, George J.G. Cheine, profesor de la Universidad de Newcastle upon Tyne, quien,  mediante una labor seria y objetiva de investigación, fijó los contornos precisos de ese notario, titán visionario que buscó la renovación de España a través de una política realista y avanzada. EL NOTARIO DEL SIGLO XXI no puede pasar por alto esta efemérides y esta biografía de uno de los notarios de más lustre y que mejor ha representado el espíritu renovador y regeneracionista de que el notariado ha hecho siempre gala. Cheine tuvo el acierto de por primera vez depurar los contornos de su figura que una utilización partidista por tirios y troyanos de su autoridad, había desdibujado, y de ordenar y catalogar sus escritos conforme a sus fechas y destinos que una utilización banderiza había tergiversado. Bien merece la pena revisar su catálogo de reformas, tan actual ahora como cuando se dictó.