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ENSXXI Nº 4
NOVIEMBRE - DICIEMBRE 2005

JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA SÁNCHEZ
Decano del Colegio Notarial de Madrid

Quiero ante todo dar mi agradecimiento, en nombre de todos los notarios, a los que han intervenido en las mesas, a los que han asistido a esta jornada de interés común y, muy especialmente, a Antonio Huerta, coordinador de esta reunión, por su esfuerzo, su dedicación y la asunción voluntaria de la defensa de los que podemos considerar intereses generales de nuestra comunidad.
Este Colegio, como repetidamente se proclama en el nº 1 de la revista "El Notario del Siglo XXI", ha hecho siempre y sigue haciendo gala de hospitalidad y tiene vocación de ser la casa de todos los notarios. Ya aclaró ayer Antonio Huerta que si no se ha invitado expresamente a otras agrupaciones que al parecer existen no ha sido por ninguna razón de exclusión sino por desconocer su organigrama. La jornada por otro lado y así consta estaba abierta a todos los notarios.
Me está haciendo pensar que debemos tener razón el  hecho de que haya habido una sorprendente unanimidad en todos los temas tratados y para todos los presentes:  residentes en Cataluña y fuera de ella,  miembros de asociaciones con diferentes idearios, jóvenes y veteranos... Una unanimidad por otro lado digna de admiración, porque nadie ha apelado para justificar sus posiciones a razones estamentales o corporativas. Tras cualquier intervención solo se  ha visto latir una admirable preocupación por mantener la racionalidad de la función notarial. También ha sido admirable el tono comedido y elevado que  ha presidido las exposiciones en busca del que se ha llamado con acierto "criterio racional o razonable" que debe marcar la actitud a tomar por todos los notarios.
Gracias de nuevo. Con ese talante podremos llegar más lejos en este que yo considero el avatar más grave y arriesgado de los que en mis 40 años de ejercicio he visto cernirse sobre el Notariado, superior desde luego a los que originaron las crisis de  la Ley de Tasas, los  Pactos de la Moncloa,   los intentos de liberalización o cualquier otro.
Pero  ahora viene la gran cuestión: ¿Qué hacemos?
Venturosamente se ha marcado un punto de partida que nadie ha contradicho en esta jornada y que excluye radicalmente la inacción, el conformismo atemorizado o esconder nuestra suerte bajo los faldones de los políticos. Hace poco nos recordaba  Gunther Grass que hasta para que la democracia exista es necesario que cientos de ciudadanos la cubran permanentemente con sus cuerpos. No se ha descrito aún ninguna rentabilidad del silencio de los corderos. Es necesario actuar, bien que comedida y racionalmente.
Han trascendido aquí indicios de un pesimismo fundado. Y no faltan razones para ello tras advertir la redacción del art. 147 del Proyecto de Estatut  y las sabidas ventajas y rentabilidades del victimismo anunciado para el caso de que se hagan  mermas en el  texto aprobado. Pero nuestra posición debe ir por donde aquí se ha dicho, por lo posible y por lo  razonable, tratando de convencer de que es mejor para todos, incluso para la propia Cataluña, mantener los instrumentos de la  Justicia Preventiva en condiciones óptimas para que sigan dando eficientemente  seguridad a la contratación en todo el territorio del Estado. Siempre será preferible  que los Derechos Autonómicos sean aplicados en todos los rincones del Estado porque todos los agentes de la Justicia Preventiva  los conocen cualquiera que haya sido el lugar por donde accedieron al cuerpo, a crear unos agentes especialistas en lo autóctono pero recluidos en un lugar alejado del gran mercado.

"No podemos aceptar que se desgajen del tronco común competencias que lesionen la espina dorsal de la fe pública en cuando fundamento de la seguridad de los mercados"

Somos conscientes de que  estamos en el Estado de las Autonomías, un Estado en permanente excitación para mantener la unidad dentro de la diversidad.  El Notariado comprende, en congruencia con esta realidad, que  se deben ceder a las CC.AA. todas las competencias que puedan hacer más próxima a los ciudadanos la dispensa de la fe pública. Habrá que adaptar los Colegios a los territorios de las Comunidades Autónomas, dando una salida honrosa y paritaria a Colegios tan venerables como Burgos o Granada. Habrá que habilitar fórmulas imaginativas -materia en la que el Notariado siempre ha sido fértil- como turnos especiales de acceso que premien el cultivo de la cultura, la lengua y las particularidades  autonómicas,  y otras varias fórmulas como las  que aquí se han sugerido.
Pero no podemos aceptar impasibles que se desgajen del tronco común competencias que lesionen la espina dorsal de la fe pública en cuanto  servicio público a los ciudadanos y fundamento de la seguridad de los mercados. Tenemos que luchar, o al menos advertir seriamente de cualquier ataque a los mecanismos que pueden mermar la racionalidad o la utilidad social del Notariado.
Tenemos que sumarnos en ocasiones a los argumentos de los agentes de la Justicia Contenciosa. Ayer publicaba El País un artículo de Josep M. Vallés, Conseller de Justicia de la Generalitat, en el que -en la pretensión de apaciguar ánimos- afirmaba que el Estatut  no pretende generalizar ni menos "segregar" la Administración de Justicia,  y aseguraba que los Jueces seguirán siendo reclutados (sic) según normas estatales, normas que también regirán la función de juzgar...También decía que  los Consejos Territoriales los designará y habilitará el Consejo General del Poder Judicial,  y que  los Tribunales Superiores serán  Tribunales del Estado...
Veremos en que queda todo esto.
También y con mas énfasis  en mi opinión habrá que argumentar sobre la necesidad de mantener el mercado único, haciendo ver cómo la fragmentación de estos cuerpos y de los registros que le dan seguridad colisiona con  el atributo de universalidad que por esencia y constitucionalmente corresponde al mercado, y que si malogran notarías y registros, se malogra también  nuestro modelo de seguridad actual, que hoy es la envidia de otras naciones. Recordemos a todos que, como escribe un autor nada sospechoso de conservadurismo como Habermas, que si por intervenciones irreflexivas de los políticos llegan a ser inoperantes, unas coordenadas nuevas no suelen ser capaces de encontrar fácilmente fórmulas que sustituyan con ventaja a esos delicados mecanismos que -como el Notariado- han sido elaborados y depurados en el tiempo por una burguesía eficaz con finura y sutileza envidiables.
Está claro que hay que actuar. Esta jornada ha servido para despertar y explicitar una conciencia colectiva de inquietud y participación. No caigamos en fase de lamentos o de pesimismo operativo. Desarmemos a los demás utilizando sus mismos argumentos. Demostremos que es mejor la unidad de acceso y de cuerpo,  incluso para mantener y aplicar sus particularidades autonómicas en todos los mercados. Pensemos para el artículo 147 fórmulas que, manteniendo la unidad,   mejoren sus fines.
Y ya desde el punto de vista práctico, para terminar, sugiero que se nombre una mesa de mantenimiento compuesta  por un integrante de cada agrupación y otro u otros dos en representación de los no agrupados,  para unificar argumentos y consignas, y trazar un plan operativo directo y de impulso a los políticos y al Consejo General,  para que aborde un problema tan grave como el que ahora nos amenaza,  aunque no sea más que, como le dijo el guardián de la Justicia a Joseph K. cuando quiso sobornarlo, para  quedarnos tranquilos y que nunca  tengamos que   arrepentirnos de no haber hecho cuanto estaba en nuestra mano. Desde luego este Colegio, su revista "El Notario del Siglo XXI" y yo mismo quedamos a disposición de esta consigna.