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ENSXXI Nº 42
MARZO - ABRIL 2012

Una reseña de JOSÉ LUIS NÚÑEZ-LAGOS ROGLÁ, notario de Villanueda de la Cañada, Madrid

No sé si acertaré en hacer una semblanza de mi propio padre. Si perdiera la objetividad o se exagerara la magnitud del personaje, espero ser disculpado. Por eso escribiré por separado de su persona y de su obra, ya que de esta última podrá juzgar el lector imparcial.

La persona y la familia
Nace Rafael Núñez Lagos (los apellidos los unió en 1.951, aunque nunca los usó unidos) el 7 de Mayo de 1902 en Madrid. Asistió a la escuela en Alegría de Oria, de donde su padre, Francisco Núñez Moreno, era Notario. Apenas le escuché comentario de su infancia, salvo el placer que obtenía de la lectura de la enciclopedia escolar que aprendió de memoria. Cursó la carrera de Derecho en Valencia, a donde le llevó la plaza de su padre, siendo alumno predilecto de Don José Castán. Contaba mi padre que al acabar el primer curso, Don José lo examinó oral y fue profundizando en las preguntas, llegando a abarcar todas las materias del Derecho Civil (se había estudiado todos los tomos de su obra). Gratamente sorprendido, Don José le encargó del Seminario de Derecho Civil del que se ocupó hasta el final de su carrera y aprovechó para documentarse en la Revista General de Derecho, base de su formación jurídica. Su brillantísima carrera hizo a Don José Castán calificarlo como “honor de las Aulas de la Universidad de Valencia”. Obtuvo el premio extraordinario en 1.925.
Su memoria era portentosa. Conocía su enorme biblioteca al dedillo: sabía en que estante y el lugar de éste que ocupaba el libro de turno que me encargaba traerle, incluso cuando y a quién lo había comprado en España o en el extranjero.
Siendo Notario de Cartagena contrajo matrimonio con Consuelo Roglá Altet. Tuvo cinco hijos; tres varones dos mujeres. De los primeros, dos (Francisco y el que escribe) seguimos los pasos del padre y el tercero, disidente, se dedicó a la física nuclear  (Rafael). De las hijas la mayor (Consuelo) se ocupó exclusivamente de su familia y la menor (Mercedes) a la enseñanza de la química.
Tenía un gran sentido del humor, a veces socarrón. Son muchas las anécdotas que de él se cuentan sobre sus comentarios y réplicas de ese tenor. Era un gran conversador de una ingente cultura. Lo leía todo (era, además, un gran aficionado a las novelas policíacas). Su claridad de ideas no solamente se plasmaba en el papel, sino en la palabra. Era un placer oírle. Recuerdo, siendo un adolescente, como nos tenía embelesados a mí y a mis amigos la tarde de los domingos en los veranos de la casa de San Rafael.
Gran amigo de las tertulias; asistía a varias peñas y raro era el día en que, estando en España, no acudiera a su tertulia del Casino. Siempre me ha sorprendido ver como pudo tener tiempo para todo.
Su faceta de escritor se reveló pronto: ganó el premio nacional juvenil de literatura (guardaba una estatuilla como trofeo) pero nunca supimos qué escribió ni nos lo contó.
Su talante familiar era totalmente liberal. Nunca nos regañó ni censuró y, a pesar de ello le dimos pocos disgustos. Su labor científica y su dedicación a la Unión Internacional le impidió entregarse a su familia tanto como hubiera querido, pero nunca nos falto su presencia.

Su carrera profesional
Notarial
Su vocación era la cátedra, pero el destino cambió sus propósitos. En 1929 tuvo que ser enviado a Panticosa para sanar de una dolencia tuberculosa y, según sus propias palabras, como se aburría del lento pasar de los días, se preparó el programa de notarías, presentándose al año siguiente y obteniendo el número dos (cosa que no le gustó).

"Su memoria era portentosa. Conocía su enorme biblioteca al dedillo: sabía en que estante y el lugar de éste que ocupaba el libro de turno que me encargaba traerle, incluso cuando y a quién lo había comprado en España o en el extranjero"

Sacó plaza en La Cañiza, donde estuvo unos meses dedicado a la preparación de oposiciones restringidas en las que, esta vez si, obtuvo el número uno y marchó a Cartagena. De Cartagena, tras oposición restringida (cuyo tribunal presidía Don Manuel Azaña) obtuvo nuevamente el número uno y la plaza de Madrid a los 33 años de edad, siendo entonces el Notario mas joven en llegar a este destino (1.934).

Como académico
Fue nombrado académico de número en mayo de 1.950 con su discurso de ingreso “La estipulación en Las Partidas y el Ordenamiento de Alcalá", que contestó Don Manuel de Bofarull, asignándosele la medalla número 13. Estuvo en las Comisiones de filosofía del Derecho y de Derecho romano, canónico e historia del Derecho.
Dentro de su actividad académica, contestó los discursos de ingreso de Alfonso García Gayo, Ramón María Roca Sastre y Juan Vallet de Goytisolo.

En el plano internacional
En 1947, fue invitado por el Colegio de Escribanos de Buenos aires y de otros nueve países americanos, incluido Estados Unidos (Nueva Orleans). Efectuó por
ellos un viaje de tres meses y medio pronunciando varias conferencias de gran impacto, y fue sembrando el germen de la Unión Internacional que se fundó en 1948, siendo nombrado Vicepresidente en el I Congreso, para asumir la presidencia en 1956 en el IV Congreso de Río de Janeiro. En 1965 (VIII Congreso en Méjico) fue designado Presidente de Honor y ratificado en el congreso siguiente con carácter vitalicio y único.

"Tenía un gran sentido del humor, a veces socarrón. Son muchas las anécdotas que de él se cuentan sobre sus comentarios y réplicas de ese tenor. Era un gran conversador de una ingente cultura"

Enseñanza oral y universitaria
Fue elegido Doctor Honoris Causa de la Universidad notarial de Argentina. Pronunció numerosas conferencias en diversas universidades americanas.
Durante muchos años fue subdirector del Instituto de Estudios Jurídicos, siendo director Federico de Castro.
En el curso académico 1961-62 se inauguró en la Universidad Complutense de Madrid la Cátedra de “Teoría y sistema del instrumento público”, como asignatura del doctorado, de la que él fue titular durante muchos años sucediéndole Antonio Rodríguez Adrados. El programa de esta asignatura constituía el índice o esquema de su proyectado tratado de Derecho documental, que nunca vio la luz, por su posterior dedicación durante seis años a la presidencia de la Junta de Decanos y al Decanato de Madrid.

Su labor científica
En el campo de la Historia del Derecho y del Derecho Notarial
Sus trabajos sobre éstas materias están recogidos en los tres volúmenes que se publicaron en 1.986 por el Instituto de España.
Su labor sobre la historia y evolución del documento es importantísima. Comenzó con sus “Estudios sobre el valor jurídico del documento notarial” en 1952, sobre el documento romano y germánico, continuó con “La Aurora" de Rolandino (con la inestimable celebración del Padre Vicente Vela), con el estudio de las secciones de la escritura pública en los siglos VIII al XII. Abordó “La estipulación en Las Paridas y el Ordenamiento de Alcalá”, que fue su discurso de ingreso en la Real Academia, analizando la stitpulatio en la doctrina de les glosadores de Bolonia, del ius comune y de los antiguos comentaristas castellanos.
En el campo documental son muchos los estudios, artículos y conferencias entrando en el campo procesal y el valor probatorio del documento público: “Falsedad civil en documento público", “Fe pública en la Jurisdicción Ordinaria”, “El documento auténtico en la casación civil", “Acción y excepción en la reivindicación de inmuebles” y un largo etcétera. Baste remitirse a la recopilación antes referida, publicada por el Instituto de España.
Especial mención requiere su obra “Hechos y Derechos en Documento Público" (1.945), completada después con varios estudios. De ella escribió González Palomino: “No hay ninguna obra que la supere ni siquiera se le asemeje en el valor sistemático, técnico y lógico ni por la riqueza de materiales que contiene".

En materia civil
“El enriquecimiento sin causa" publicado en l.934, fue el inicio de sus trabajos sobre la materia cuasi-contractual, que culminaron en el tema XXX del Código Civil de Mucius Sacaevola, compuesto de dos volúmenes: los cuasicontratos en general y la gestión de negocios ajenos, el primero; y el segundo el enriquecimiento sin causa.

"Su talante familiar era totalmente liberal. Nunca nos regañó ni censuró y, a pesar de ello le dimos pocos disgustos. Su labor científica y su dedicación a la Unión Internacional le impidió entregarse a su familia tanto como hubiera querido, pero nunca nos falto su presencia"

“El mandato sin poder”, “La ratificación”, “La cesión de contrato”, “La conditio ob turpem vel iniustam causa" y un largo etcétera se encuadran en esta materia, revolucionando algunos conceptos y teorías, alguna de las cuales fue recogida por la jurisprudencia.
En el campo sucesorio publicó otros trabajos: “El derecho sucesorio ante la tradición jurídica española y el Código civil; “La colación. Historia y crítica de los problemas de valoración", cuyas teorías fueron también acogidas por la Jurisprudencias y por la reforma del artículo 1045 del Código civil, “El fideicomiso si sine liberos cesserit”, en contestación al discurso de ingreso en la Academia de Roca Sastre, o “Perspectiva histórica de las cautelas de opción compensatoria de las legitimas”, en contestación al de Juan Vallet.

En materia de Derecho Inmobiliario
Es de destacar en primer lugar su memoria “El Registro de la Propiedad Español", presentada al primer congreso Internacional de Buenos aires (1.948) de gran claridad en la exposición de los distintos sistemas registrales y sus principios hipotecarios.
Buena parte de sus obras de Derecho Documental se adentran, igualmente en el campo registral.
Colaboró asiduamente con la Revista Crítica de Derecho Inmobiliario. Fue un acérrimo defensor de la concordancia del Registro y la realidad: “Realidad y Registro”.

Publicación y dirección de revistas jurídicas
En 1.951 promovió la fundación de la Revista del Notariado, que dirigió hasta que le sucedió otro gran jurista, Antonio Rodríguez Adrados.
Participó en la creación de la Revista Internacional del Notariado (1.941). Colaboro en la Revista General de Legislación y Jurisprudencia y estuvo en el consejo de redacción del Anuario de Derecho Civil desde que se creé en 1948.
Son muchas sus publicaciones en estas y otras revistas nacionales y extranjeras. Como colofón me remito a las palabras de Juan Vallet: “A su sólida formación, desde su base civilista, se uniría una riqueza de ideación al captar las imágenes de la realidad viva, y gran brillantez de pluma como escritor... El estilo de Núñez Lagos era de orfebrería, trabajando con imágenes vaporosas en su trasparencia”.