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ENSXXI Nº 44

JULIO - AGOSTO 2012

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR
Periodista

Sabemos que ningún hecho, ninguna realidad, permanece igual a sí mismo después de haberse difundido como noticia. Toda difusión noticiosa altera la realidad que es difundida aunque lo sea con la más escrupulosa exactitud. Es un principio que se cumple también en la mecánica cuántica, donde el instrumento de observación interactúa con el fenómeno observado y lo modifica. La historia de la Física prueba que los avances de esta ciencia se han producido en consonancia y al compás con el perfeccionamiento de los instrumentos de observación, cuyo afinamiento permitía detectar nuevos fenómenos, que desbordan las leyes conocidas y requerían nuevas teorías capaces de dar razón de los mismos. En todo caso, esa pérdida de control deformante resultado de la difusión noticiosa, está en la base de la precavida actitud de recato tradicional, que aconsejaba a toda costa evitar salir en los papeles.
Aceptemos también que la transparencia absoluta es invivible como quedó claro con el experimento del panóptico de Jeremy Bentham. Una cierta penumbra, una cierta distancia entre lo que se sabe y lo que se publica es saludable pero el crecimiento de esa distancia es sintomático de una grave patología social. Las zonas de opacidad informativa resultan de consensos más o menos explícitos entre los editores de los medios de comunicación, consensos cuyo primer peldaño es el equivalente al de la Mutua Destrucción Asegurada, que garantizó la paz entre las superpotencias durante los años de la Guerra Fría. El análisis de la interacción entre los medios y las realidades permite advertir que la entrada de nuevos actores en el área de la comunicación pública ha generado reacomodos hasta que se logra la inserción adecuada de los recién llegados, los cuales, mientras se llega al nuevo equilibrio, proceden a liberar e iluminar zonas tiznadas por anteriores  oscuridades. La barrera de entrada de los nuevos agentes venía definida por el montante de las inversiones necesarias para la puesta en marcha de los modernos medios de comunicación. Pero el advenimiento de la galaxia Internet ha levantado esas barreras y hecho posible un juego más abierto.

"Toda difusión noticiosa altera la realidad que es difundida aunque lo sea con la más escrupulosa exactitud"

De modo que si en estos momentos hubiera de designarse la novedad más llamativa e interesante en el área mediática habría que mencionar la revista mensual MONGOLIA, una demostración de las posibilidades de negocio que alberga llevar la contraria al proceder más asentado. Porque ahora, cuando todos desertan del soporte papel, proclaman su extinción y se pasan a los soportes digitales, los recién llegados optan por presentarse sólo en edición impresa y reservan para colgar en Internet los números atrasados. Restablecen así el principio de pago por la información porque, como explicaba la presidenta de Microsoft España, María Garaña, nadie paga por aquello que puede obtener gratis, además de que el presidente del Grupo Planeta, José Manuel Lara, ya nos tenía advertidos de que en Internet los medios de comunicación habían hecho de todo menos dinero. En línea con lo que puede representar en Francia Le canard enchaîné, los españoles suman sátira y dossiers políticos cuyo principal aportación es la de reducir la distancia entre lo que se sabe y lo que se publica con las consecuencias desencadenantes que genera.
Abriendo el plano, reconozcamos que en el sector de los medios de comunicación se han producido cambios significativos que han alterado las relaciones entre la realidad política y los sistemas de difusión periodística. Los políticos venían de estar, en buena medida, en manos de los periodistas a través de los cuales se veían obligados a hacer pasar sus mensajes al público. Pero Internet ha dado lugar a nuevas formas de difusión directa, que han alterado el hábitat natural de los periodistas y les ha privado del “poder” que les reportaba su condición de intermediarios inevitables. También la naturaleza expansiva de la Información –bonum est diffusivum sui- se sirve de nuevos instrumentos instantáneos, que hacen posible la propagación de los mensajes a la velocidad de la luz, los cuales tienen además un efecto retroceso, como los disparos de fusil, que activa a los receptores y les hace también agentes periodísticos. La cuestión, a partir de los cambios observados debería atender al análisis de las nuevas relaciones generadas entre la política y el periodismo, en este nuevo panorama, y a las consecuencias que puedan derivarse en relación con la calidad de la democracia.

"Reconozcamos que en el sector de los medios de comunicación se han producido cambios significativos que han alterado las relaciones entre la realidad política y los sistemas de difusión periodística"

Las nuevas tecnologías han cambiado la relación entre los agentes periodísticos y los agentes políticos, entre el periodismo y la política. Han dado lugar a la difusión instantánea y directa, sin necesidad de recurrir a intermediario alguno de mensajes que van en todas direcciones y otorgan a los receptores pasivos la nueva posibilidad de actuar como emisores, interaccionando con los estímulos que antes les impactaban como objetivos inertes. En muchas ocasiones queda así eliminada la figura del periodista como depurador o manipulador de la información. Los partidos minoritarios piensan que es su oportunidad de redimirse del ostracismo al que se consideraban condenados. Pero el conjunto de la clase política se siente liberada bajo estos nuevos parámetros por la facilidad y autonomía con la que puede lanzar sus mensajes a una audiencia que ha dejado de ser cautiva de los medios convencionales de comunicación. El periodista deja de ser el mediador de todos los mensajes. Además, los políticos han comprobado que es mucho más comprometido someterse al examen de una rueda de prensa con dos docenas de periodistas malintencionados, como es su deber, que chatear o responder cuestiones miles, planteadas por internautas sin identificar.
Los políticos mejoran sus capacidades de acceso efectivo y directo al público, que es su destinatario final. Consideran que ahora disponen de nuevas capacidades para evitar que los periodistas se interpongan, distorsionen y cuestionen los mensajes que quieren hacer llegar. Celebran haberse salvado de la dependencia que tenían de los periodistas y de los medios y quedar solo sometidos a la propia capacidad de suscitar interés en los receptores finales, a los que pretenden con su apostolado incesante poner de su lado. La profesión periodística debería promover una reflexión sobre sus funciones, igual que hicieron los aduaneros cuando la Unión Europea levantó las fronteras interiores, los corredores de comercio cuando fueron integrados con los notarios, los faroleros cuando en la iluminación de las calles se sustituyó el gas por la electricidad, o los escoltas después de la declaración de ETA de renuncia a la violencia.
En los medios de comunicación a la crisis económica, que hubiera podido ser una fortuna, como sucede habitualmente con las desgracias públicas, se ha superpuesto otra crisis específica derivada del impacto de las nuevas tecnologías, que cuestionan procedimientos y soportes y plantean dudas existenciales. La nueva situación en lugar de impulsar hacia una mayor exigencia profesional para ofrecer un servicio mejor y más depurado, en medio de tantas inundaciones informativas desconcertantes y aturdidoras, está llevando a los medios al desguace de sus redacciones en busca del low cost. Es una actitud de renuncia que significa desertar del elemento diferencial, del valor añadido. Los periodistas con formación y algunos años de experiencia son despedidos. Su relevo se hace con jóvenes precarios de los que, sobre todo, se espera docilidad y sumisión. Se espera de ellos que se comporten como preceptuaba la leyenda de aquella viñeta de El Roto ”por su seguridad, permanezcan asustados”.  

"En los medios de comunicación a la crisis económica se ha superpuesto otra crisis específica derivada del impacto de las nuevas tecnologías, que cuestionan procedimientos y soportes y plantean dudas existenciales"

Los periodistas multiuso y multitarea se ven obligados a desertar de los acontecimientos, limitados a aceptar los materiales precocinados y enlatados al gusto de las fuentes, dado el ahorro que eso supone en las tareas de edición y en los gastos de desplazamiento. Así se generaliza el periodismo de declaraciones, la mecanización y la evaporación del análisis y del debate, en favor del canutazo y tente tieso. De ahí la preocupación creciente que suscita la confluencia entre los intereses de los agentes políticos y la dejación de funciones de los agentes periodísticos y la deriva que pueda favorecer un deterioro de la democracia. Declaraba David Remnick, director de The New Yorker, “que saldrá caro no tener periodismo” pero nos quedaremos sin él a menos que se establezca el pago por los contenidos. Los ángeles que labraban el campo a San Isidro ya no azuzan a la yunta que tiraba del arado. Las redacciones serán insostenibles si el todo gratis hace imposible retribuirlas. Veremos.