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ENSXXI Nº 45
SEPTIEMBRE - OCTUBRE 2012

LOS LIBROS por JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA SÁNCHEZ

Hoy se está abriendo paso la convicción de que hay más autenticidad y certeza en los datos de las intercomunicaciones en  las redes sociales, que en las páginas de periódicos y revistas, y los ciudadanos atribuyen superior credibilidad y sinceridad a lo que circula en twitter o facebook que a lo anunciado en los medios convencionales que suponen al servicio de intereses distintos a la verdad.
En realidad esta crisis de la verdad oficial no es reciente. Hace unas décadas algunos historiadores, para desmontar clichés y tópicos aceptados acríticamente simplemente porque emanaban de la docugrafía oficial, empezaron a utilizar la que se ha llamado historia social o humana, recogiendo de sujetos anónimos pero presenciales su versión de los hechos de los que fueron testigos, o rastreando en la correspondencia privada, diarios y anotaciones personales el punto de vista de quienes actuaron ejecutando planes cuyo origen y fin ignoraban o de quienes presenciaron detalles, circunstancias o hechos que les eran ajenos. Es la historia desde abajo, la microhistoria, la historia  social o humana la que practican los dos autores a que hoy nos vamos a referir, A. Beevor y R. Fraser
Aunque nació en Hamburgo en 1930, Ronald Fraser, que acaba de morir en Valencia donde vivía desde hace 25 años, que era de padre escocés y madre norteamericana, que se formó en Inglaterra, Estados Unidos y Suiza, y fue profesor en la Universidad de California,  es un hispanista anglosajón de pura cepa.

"Fraser cambió de método aunque no de fuentes, intentando lograr el mismo fin de la historia oral pero con fuentes documentales, una historia desde abajo escarbando en diarios, cartas y memorias populares y estadísticas de municipios, parroquias y juzgados"

Según él mismo cuenta en una autobiografía intelectual que incluye en la obra que comentamos ha sido historiador a pesar suyo. La muerte de su madre le empujó hacia el Mediterráneo. La lectura de una historia oral de una familia pobre mexicana (Los hijos de Sánchez, de O. Lewis) le indujo a comprar un magnetófono para grabar las memorias de los sirvientes en un ejercicio  de lo que terminaría constituyendo un género histórico propio, la historia oral. Y la lectura en la portada de The Times que el último alcalde socialista de Mijas, después de haberse ocultado durante 30 años, había reaparecido de repente por primera vez desde la guerra civil cuando Franco decretó en 1971 la amnistía para los sobrevivientes que hubiesen  peleado en el bando republicano, hecho que conmocionó a la BBC y en general a toda la prensa mundial,  le indujo a venir a Mijas. Aquí con la técnica de la historia oral, escribió en inglés su primer libro Escondido: el calvario de Manuel Cortés (1972) que constituyó un éxito notable y se tradujo a varias lenguas incluso el japonés. El contacto con Gerald Brenan, otro hispanista anglosajón refugiado en Coín, y la lectura de su obra El Laberinto español sobre los orígenes de la guerra civil española, le indujeron a aceptar la propuesta de escribir una historia oral de la guerra civil española, lo que hizo grabando los recuerdos de más de trescientas personas durante dos años, sacando a la luz voces y recuerdos ocultos del pasado y elaborando una historia desde abajo, la primera que con ese método se hacía de nuestra guerra civil, que publicó en inglés con el título Blood of Spain  (1979) y  se tradujo al castellano con el título de un verso de Luis Cernuda Recuérdalo tú y recuérdalo a otros (Barcelona, Crítica, 1979),  y que sigue siendo, junto a la de H. Thomas y G. Jackson, un libro de referencia sobre nuestra contienda. En él  se recogen las experiencias vitales de los sobrevivientes como testimonio histórico inalterable.
Las restricciones del sistema oral puro, que limita y constriñe la historia a la vida de los supervivientes, le empezaron a desengañar. Fraser, que acariciaba la idea de escribir la historia popular de la guerra de la Independencia, de la que además no  había supervivientes, cambió de método aunque no de fuentes,  intentando lograr el mismo fin de la historia oral pero con fuentes documentales, una historia desde abajo escarbando en diarios, cartas y memorias populares y estadísticas de municipios, parroquias y juzgados que analizó contratando investigadores leales durante seis años. El resultado fue otra obra señera La maldita guerra de España. Historia social de la guerra de la Independencia 1808-1814 (2006), que marcó un hito en la historia de esta contienda por las aportaciones de viveza y realismo que contiene.

LAS DOS GUERRAS DE ESPAÑA

Ahora acaba de aparecer una obra póstuma, Las dos guerras de España (Ed. Crítica, 2012) que recoge una serie de trabajos serios y fundamentados sobre las dos guerras que han marcado la historia contemporánea de España y que contienen las reflexiones maduras de quien ha demostrado en las dos obras monumentales antes referidas,  haber investigado las razones y las consecuencias de ambas contiendas. Incluye como preludio su autobiografía intelectual como ya se ha dicho y una introducción luminosa, escrita un mes antes de su muerte, en la que medita sobre la idiosincrasia española y trata de inducir coincidencias, diferencias y paralelismos entre ambas contiendas. Es un ensayo crítico de la formación socioeconómica e ideológica de la sociedad española en 1808,  anclada en los ideales religión, rey y patria,   que con bastante similitud se repitió en 1930, que desembocó  en ambos casos en unas circunstancias que no dejaron resquicio alguno para cualquier intento de evitar sendas contiendas catastróficas que costaron miles de muertos, efectos demográficos muy negativos y retraso económico-político de una década como mínimo. Siguen a continuación catorce capítulos en los que se desgrana una historia social o democrática de ambas contiendas, una historia desde abajo, en la que más que las decisiones de Generales, Comités o Juntas, interesan las perspectivas de los soldados, los guerrilleros o la sociedad civil. Fraser analiza,  más que las conquistas, la composición, el armamento, el funcionamiento y las razones de las guerrillas, de los batallones o de los levantamientos populares. El libro está lleno de anécdotas, detalles y sentimientos, articulados en una sorprendente crónica en tres dimensiones de unos seres humanos en conflicto. No es una narración completa de ambas guerras, pero es una aportación masiva de datos tan intensos y  vivos que obligan al lector a revivir la atmósfera y la tensión de su crónica. La posible generalización precipitada de casos aislados de que puede adolecer la historia desde abajo la compensa Fraser con una concienzuda y sistemática racionalización de los cientos de archivos escrutados. Puede así concluir por ejemplo que la guerrilla no es ni un vocablo ni un sistema originario de España, sino la traducción de la ?petite guerre? que se ha practicado desde siempre contra el poderoso, o que los levantamientos populares contra los franceses no fueron espontáneos sino inducidos por las Juntas de fernandinos que conspiraban contra Godoy. De Fraser se ha dicho, y es verdad, que narra la historia con el ingenio de un novelista, el método de un antropólogo y la visión crítica de un periodista político.

"Es un ensayo crítico de la formación socioeconómica e ideológica de la sociedad española en 1808, anclada en los ideales religión, rey y patria, que con bastante similitud se repitió en 1930"

También Anthony Beevor, antiguo oficial de los húsares del Ejercito Británico y bien conocido por nuestros lectores,  siguiendo las huellas de John Keegan, se convirtió en historiador desde abajo, intentando una forma de narrar la historia a través de la microhistoria, una historia por inducción. También como Fraser, antes de escribir su último y de mayor éxito El día D: La batalla de Normandia (Crítica, 2009), comentado en su día en esta revista, escarbó en los fondos del Memorial de Caen buscando las cartas privadas, entrevistas, declaraciones y diarios de los soldados británicos, alemanes, canadienses, americanos o franceses que intervinieron en la invasión para poder contar la historia desde la humilde perspectiva del soldado que por primera vez se enfrenta a un combate y tiene que subsistir entre explosiones. Resulta así no una historia oral como la del primer Fraser, pero sí otra historia social popular y humana de un relato que antepone a la gran estrategia de generales y mariscales de campo, la puesta en escena,  los detalles, las minucias y las anécdotas de los soldados de a pie que ejecutan unos planes bélicos a cuya confección son ajenos.

"El libro está lleno de anécdotas, detalles y sentimientos, articulados en una sorprendente crónica en tres dimensiones de unos seres humanos en conflicto"

Antes con un método similar aunque no confesado había publicado,  además de una obra sobre la Guerra Civil española (Círculo de Lectores, 2005) que recibió sonoras críticas de los historiadores españoles por algunas inexactitudes,  otros relatos, los más importantes de su obra, sobre la Segunda Guerra Mundial, especialmente sobre las grandes batallas, Stalingrado (Crítica 2004), Creta. La batalla y la resistencia (Crítica 2006),  y Berlín. La caída 1945 (Crítica 2006) que también ha sufrido alguna censura de los historiadores soviéticos por la descripción minuciosa de los brutales excesos del ejército rojo al que trató de hordas asiáticas degeneradas y sanguinarias.

"De Fraser se ha dicho, y es verdad, que narra la historia con el ingenio de un novelista, el método de un antropólogo y la visión crítica de un periodista político"

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Armado de tanta erudición y de su genial talento narrativo que le permite  mantener un tono vibrante y dramático en la crónica de cualquier decisión o acción bélica, Beevor ha abordado ahora la tarea ingente de relatar íntegramente una contienda que en sus partes más críticas ya había analizado, y lo ha hecho en la obra recién aparecida (Pasado & Presente. Septiembre 2012), La segunda guerra mundial que nos proporciona una perspectiva general de la que ha sido la batalla más atroz que ha protagonizado la humanidad.

"Beevor encuentra ángulos novedosos con su técnica de buscar el lado más humano, la minucia, el detalle o la anécdota del soldadito infeliz que ignora la razón de su riesgo fatal"

Aunque son incontables las obras ya publicadas sobre este conflicto, Beevor encuentra ángulos novedosos con su técnica de buscar el lado más humano, la minucia, el detalle o la anécdota del soldadito infeliz que ignora la razón de su riesgo fatal. Su condición de oficial de los húsares le ha facilitado la comprensión de partes y órdenes de guerra, pero sobre todo le ha franqueado el acceso a los archivos soviéticos, australianos y estadounidenses, permitiéndole sacar a la luz detalles escabrosos y repugnantes, como el canibalismo  organizado que los japoneses practicaban con los prisioneros,  a los que sacrificaban sistemáticamente que, como hizo constar en una tercera de ABC del 26 de septiembre, es lo que más le había sobrecogido en sus investigaciones. Y a pesar del talento narrativo de que hace gala y del ritmo trepidante y anovelado que imprime a sus relatos no hay ninguna renuncia a la precisión histórica. Sus ansias de precisión le llevan a aclarar que la Guerra no empezó como se dice con la invasión de Polonia en Septiembre de 1939, porque el primer enfrentamiento armado tuvo lugar  en Extremo Oriente, un mes antes, en Agosto de 1º939, y tuvo lugar  entre rusos y japoneses disputándose el territorio  de Manchuria, y que la contienda tampoco acabó como se cree con la rendición japonesa y el cese de los combates en el Pacífico, porque los enfrentamientos continuaron,  precisamente en Manchuria,  hasta el día antes de la ceremonia en la bahía de Tokio.

"A pesar del talento narrativo de que hace gala y del ritmo trepidante y anovelado que imprime a sus relatos no hay ninguna renuncia a la precisión histórica"

Sesenta millones de muertos y otros tantos lisiados física o psicológicamente fue el resultado de una contienda, según Beevor inevitable, que en el fondo vino a cambiar la vida de todo el mundo de una forma imposible de predecir, y que explica que ?por más que los historiadores se empeñen en desentrañarla- la humanidad no termina de pasar página porque tanta barbarie le resulta incomprensible.