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ENSXXI Nº 45
SEPTIEMBRE - OCTUBRE 2012

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR
Periodista

Entramos en semanas decisivas. En su transcurso se despejarán incógnitas relevantes respecto al rescate que hemos de pedir o descartar ante la Unión Europea; se conocerá y empezará a debatirse el proyecto de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para el ejercicio del 2013. Además conocernos el escrutinio de las urnas en el País Vasco y Galicia la noche del domingo 21 de octubre, lo que nos permitirá evaluar los efectos de los primeros diez meses de gobierno del PP con sus recortes y su canesú sobre las inclinaciones políticas del electorado de esas dos Comunidades Autónomas. Todo indica que también sonarán las campanas de la convocatoria de elecciones en Cataluña para el domingo 25 de noviembre. Una ocasión que podría confirmar, como ya nos previno Víctor Hugo, que los procesos de incandescencia nacionalista, al modo que los volcanes, tienen sus días (o diadas) de llamas (entusiastas) y sus años de humos (tóxicos).

"Entramos en semanas decisivas. En su transcurso se despejarán incógnitas relevantes respecto al rescate que hemos de pedir o descartar ante la Unión Europea; se conocerá y empezará a debatirse el proyecto de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para el ejercicio del 2013"

Ahorremos especulaciones y examinemos el deber del Gobierno de presentar ante el Congreso de los Diputados el Proyecto de Ley de los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los Presupuestos del año anterior. Eso es lo que prescribe el punto 3 del artículo 134 de la Constitución.  El recurso a las nuevas tecnologías ha aligerado el rito. Hace años la foto era la de una furgoneta procedente del Ministerio de Hacienda de la que los ujieres diligentes descargaban los tomos impresos con los PGE, que recibía formalmente el Presidente del Parlamento. El protocolo actual ha perdido peso al reducirse a la entrega de un lápiz de memoria (pendrive), que hace el ministro del citado departamento al Presidente de la Cámara mientras los fotógrafos y los operadores de las cámaras de televisión dejan constancia imperecedera del momento. Reparemos ahora en que los presupuestos vigentes sólo lo están desde el 29 de junio porque, al celebrarse las elecciones generales el pasado 20 de noviembre, hubo que prorrogar los PGE de 2011. Luego sucedió que el gobierno de Mariano Rajoy prefirió retrasar la presentación del proyecto de PGE exigido de modo acuciante por Bruselas, en aras de evitar el striptease que hubiera supuesto enseñar unos recortes dañinos para las opciones electorales del candidato pepero andaluz Javier Arenas.
De modo que aquí, mientras unos continúan discutiendo si son galgos o son podencos,  otros se esfuerzan por arrimar el ascua populista a su particular quimera y se da la salida a las procesiones de las cofradías del santo reproche y de la virgen de los agravios comparativos, los PGE entran en el horno parlamentario confirmando la vuelta del tío Paco con la rebaja. Todo en aras de cumplir con nuestros propósitos de reducción del déficit para seguir ofreciendo ese buen porte y buenos modales que permitan abrir las puertas principales de la UE y la financiación de nuestra deuda a un coste inferior al que andamos pagando a nuestros prestamistas de cabecera como incentivo para compensar su interesada desconfianza. La rigurosa dieta que nos han prescrito en Berlín y en Frankfurt, a base de disminuir las inversiones públicas, reducir el empleo público, bajar la paga de los funcionarios y subir los impuestos como el IRPF y el IVA, se traducen de modo inmediato en incremento del paro y de los costes que lleva asociados y en bajada de los activos líquidos en manos del público. Por ahí viene una reducción del consumo y de la actividad económica, que arrastra beneficios empresariales decrecientes y menor recaudación fiscal. Así comprobamos que el recorte del gasto (sustraendo) no garantiza que vaya a reducirse el déficit (resto negativo) si sucede que los ingresos fiscales (minuendo) disminuyen más simultáneamente.

"La estrategia de estrangular al sur hace cundir el pánico y desencadena la fuga del dinero sureño en busca de "refugio" en Alemania. Así de España en los seis primeros meses de este año han salido 220.000 millones de euros"

Pero llegados aquí, es preciso recordar con el profesor Manuel Ballbé que la crisis financiera en que andamos sumidos va más allá de nuestra particular burbuja inmobiliaria y de nuestras alegrías e indisciplinas fiscales. Porque se trata de una crisis provocada por la especulación sobre las famosas hipotecas subprime y por la creación del mercado de derivados (del crédito) y futuros situado principalmente en EE.UU. y Londres. Nuestro autor ha explicado que se trata de un nuevo mercado privatizado, desregulado, descontrolado y despenalizado, que ha transformado el capitalismo para convertirlo en un "mercado casino" que funciona con apuestas sin que los apostantes estén obligados a identificarse y donde queda eliminado el delito de información privilegiada. Esta peculiar bolsa privada, al margen de las normas de Wall Street, está controlada por un cartel compuesto por los seis grandes bancos norteamericanos y los seis europeos, todos quebrados y rescatados por sus gobiernos, o mejor dicho, por los contribuyentes.
El gobierno alemán ha sabido manipular esta realidad  para camuflar sus propios excesos. Tuvo que rescatar a Hypo Real Estate con 50.000 millones de euros líquidos más otros 52.000 millones en forma de garantías del estado alemán y en 2009 fue nacionalizado en un 90%. El Deutsche Industriebank (IKB), el banco público más grande de Alemania necesitó rescate. Los Landesbank como el Baden-Württemberg, el West o el Sachsen recibieron un total de unos 150.000 millones de euros. El Commerzbank, el segundo banco más grande de Alemania, recibió un rescate milmillonario tras absorber al quebrado Dresden Bank y todavía hoy está nacionalizado al 25%. Como concluye el profesor Ballbé, rescates y nacionalizaciones han transformado a los gobiernos alemán, británico, suizo y norteamericano en banqueros que están preocupados por generar beneficios en estos bancos para que puedan devolver el dinero inyectado y es evidente que ganar apuestas es más sencillo contando con información política anticipada sobre las decisiones que se tomarán respecto a Grecia o España.
Alemania, sostiene Ballbé,  ha conseguido desviar la atención y ha propugnado infligir el más severo castigo al  sur. Otra cuestión es que ese sur víctima, a partir de ese momento se esfuerce en buscar de modo incansable su culpa, como sucede tantas veces según nos tiene aleccionados Milan Kundera. En todo caso, la estrategia de estrangular al sur hace cundir el pánico y desencadena la fuga del dinero sureño en busca de ?refugio? en Alemania. Así de España en los seis primeros meses de este año han salido 220.000 millones de euros. Esto ayuda a entender el interés del presidente del Bundesbank, Weidman, por desestabilizar al sur con declaraciones que contradicen todos los informes económicos, incluso los del FMI.  Recuerda nuestro autor que Ackermann, hasta ahora presidente del Deutsche Bank, dijo que se avergonzaría de aceptar dinero público para su banco. Pero oculta que el Deutsche fue rescatado indirectamente por EEUU -al igual que Goldman Sachs- mediante la inyección de dinero a la aseguradora AIG, decidida por el secretario del tesoro de Bush y ex presidente de Goldman Sachs, quien quiso salvar su banco garantizando el pago de las pólizas que tenía contratadas. Así, de rebote, AIG pagó también a Deutsche Bank que había apostado a los mismos productos tóxicos y que de otro modo habría ido directamente a la bancarrota.
Berlín, que tanto se ha opuesto a que el BCE ayudara con la compra de deuda española, oculta también que el Deutsche Bank recibió 20.000 millones de la Reserva Federal norteamericana junto con 60.000 millones para Credit Suisse y UBS (Unión de Bancos Suizos) a un tipo de interés del 0,01%, mientras que el sur de Europa y sus bancos están sometidos a la tiranía del 7% de interés. Ayudas como las aquí mencionadas constituyen subvenciones encubiertas, contrarias al derecho a la competencia que perjudican a bancos competitivos ayunos de esos apoyos como el Banco Santander, la Caixa o el BBVA. El caso es que la Comisión Europea sigue haciendo la vista gorda mientras un ex ministro de Thatcher, diseñador del mercado casino de Londres y vicepresidente de la comisión europea, Leo Brittan, ha pasado a ser vicepresidente de UBS.

"El ataque especulativo a base de generar incertidumbre en torno a la solvencia del país, multiplica el interés al que se financia. Luego, se exige al país en cuestión que privatice empresas de funcionamiento impecable para adquirirlas a precio de ganga"

La última prueba de los pactos colusorios  es el escándalo del Libor en el que han incurrido los bancos que controlan el casino al pactar el precio al que se presta el dinero. Entre los acusados están el Deutsche Bank, Credit Suisse y UBS, que se han limitado a echar a un par de empleados sin relieve en calidad de chivos expiatorios sobre los que cargar toda la responsabilidad. Otros bancos implicados son Lloyds y Royal Bank of Scotland nacionalizados al 40 y 80% respectivamente. Es lógico pensar en la responsabilidad política de gobiernos como el de Cameron o Merkel cuando sus bancos nacionalizados juegan a modificar los índices que marcan los intereses del crédito con repercusiones para todos los ciudadanos solo para asegurarse con ventajismo el resultado de sus apuestas.
Primero, el ataque especulativo a base de generar incertidumbre en torno a la solvencia del país, multiplica el interés al que se financia. Luego, se exige al país en cuestión que privatice empresas de funcionamiento impecable para adquirirlas a precio de ganga. En el caso español a lo anterior se añade el intento de devaluar multinacionales como Telefónica, Iberdrola, o Gas natural, para facilitar su compra posterior por esos grupos económicos que vinieron con ojos golositos acompañando a la Canciller Merkel en su visita a Moncloa el pasado 6 de septiembre. Sam Leith en un ensayo sobre la retórica de Aristóteles a Obama (Editorial Taurus. Madrid, 2012) precisa que el rigor del método científico no depende de la posibilidad de la prueba, sino de lo opuesto: la manera en que la ciencia avanza es mediante el establecimiento de hipótesis que permanecen válidas hasta que son refutadas por observaciones de las que son incapaces de dar razón. Quede pues el reconocimiento de la naturaleza provisional e imperfecta de los razonamientos aquí empleados.