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ENSXXI Nº 45
SEPTIEMBRE - OCTUBRE 2012

JOAQUÍN ESTEFANÍA
Periodista y economista. Fue director de EL PAÍS entre 1988 y 1993. Su último libro es La economía del miedo (Galaxia Gutengerg)

En todo lo relacionado con la crisis económica ha habido una ausencia de capacidad de diagnóstico de los científicos sociales, especialmente de los economistas, que no supieron prever ni su llegada, ni su profundidad y duración, ni las secuelas a largo plazo que está dejando. Ha habido una burbuja previa, más antigua y mucho mayor que las burbujas bursátil, tecnológica, inmobiliaria, financiera o de los alimentos, que es la burbuja epistemológica, la del conocimiento, que consideraba a la economía como un sistema puramente cuantificable, abstracto y autosuficiente, independiente de las inquietudes humanas, de las pasiones y los sufrimientos, de las comparaciones con el vecino.
La burbuja del conocimiento comenzó a pincharse con el inicio de la Gran Recesión: el mundo real existe y llama con fuerza a nuestras percepciones en forma de paro, empobrecimiento, endeudamiento, cambio climático, escasez, carestía, mortandad de decenas de miles de empresas… Se podría concluir con esta sentencia: los dioses que adorábamos hasta ahora resultaron ser falsos. Entre esos dioses que se han puesto en cuestión están los economistas como profesión.

"La burbuja del conocimiento comenzó a pincharse con el inicio de la Gran Recesión: el mundo real existe y llama con fuerza a nuestras percepciones en forma de paro, empobrecimiento, endeudamiento, cambio climático, escasez, carestía, mortandad de decenas de miles de empresas"

Dos de ellos, los catedráticos Xosé Carlos Arias y Antón Costas, han hablado de “la torre de la arrogancia” en la que han caído tantos científicos sociales (La torre de la arrogancia, Ariel Editorial). Tienen la convicción de que para comprender la complejidad del proceso que ha traído a esta gran crisis es necesario cruzar la frontera de la economía, para adentrarse en otras ciencias sociales como la política, la ética, la historia o la sociología. Que es preciso escuchar la voz de los economistas que enfatizar los fallos de mercado y los fallos de regulación, pero también a otros pensadores que ponen el acento en las causas éticas y culturales y en las consecuencias sociales y políticas que para la democracia puede tener una salida equivocada de la crisis.
Arias y Costas afirman que con la arrogancia se ha ido construyendo un edificio que acabó por ser una imponente torre, en la que sobresalen tres almenas, por orden de significación: La primera, la arrogancia del mundo de las finanzas, cuyo poder se ha ido extendiendo por el mundo globalizado con escasos límites;  la segunda almena, la arrogancia intelectual de pretender contar con modelos cuya transposición al plano de la política creía garantizar la estabilidad a largo plazo del sistema económico. Por último, la arrogancia de unos sujetos políticos (abundantes en los bancos centrales y en los ministerios de Economía y Finanzas, pero también en algunas presidencias de Gobierno) que fueron adoptando estilos cada vez más tecnocráticos para aplicar políticas óptimas” con apenas resquicios para la duda.
¿Qué se dice en la calle de los que se dedican a la economía como ciencia? Primero, esa ausencia de capacidad de diagnóstico, aunque hay algunos profesionales que defienden que ello no les corresponde, que su misión es corregir, curar, no diagnosticar. Segundo, que la economía pese a ser la ciencia social matemáticamente más avanzada, es la ciencia social humanamente más atrasada porque se ha abstraído de las condiciones sociales, históricas, sicológicas,… que son inseparables de las actividades mercantiles. Como consecuencia, ha habido economistas que consideran que su actividad sólo está gobernada por actores racionales que, como una mano invisible (los oponentes la llaman una ideología invisible), desean emprender actividades destinadas a obtener un beneficio mutuo, sin entender que también existen movimientos protagonizados por espíritus animales (los célebres animal spirits de Keynes), ya que los estímulos que muchas veces mueven a los ciudadanos no son únicamente económicos ni su comportamiento es siempre racional. Estos animal spirits serían la causa principal de las fluctuaciones económicas.

"¿Qué se dice en la calle de los que se dedican a la economía como ciencia? Primero, esa ausencia de capacidad de diagnóstico, aunque hay algunos profesionales que defienden que ello no les corresponde, que su misión es corregir, curar, no diagnosticar"

También se acusa a los economistas que, como corolario de lo anterior, han generado la sospecha de que la ciencia económica ha contribuido a la debacle con el desarrollo de teorías que o bien ignoraban los factores clave de lo que estaba sucediendo o, lo que es peor, los han excluido intencionadamente por motivos ideológicos para favorecer una determinaba agenda política favorable a la desregulación permanente. Así, los ciudadanos no se dieron cuenta de la tormenta que se les venía encima porque se sentían respaldados por una teoría económica que les convencía de que estaban seguros y a salvo. En unas declaraciones, el biógrafo canónico de Keynes, Robert Skidelsky, calificaba a los economistas hegemónicos de “mayordomos intelectuales de los poderosos” porque han respaldado las opiniones de éstos siempre que ha sido necesario, con el objeto de que se adecuaran a los estados de ánimo dominantes.
¿Cuál ha sido el papel de la ideología de los economistas en la descripción de la crisis y en la capacidad para generar soluciones? ¿Por qué los profetas no la vieron venir? ¿Por qué nada sucede como estaba previsto que lo hiciese? ¿Fue por conflicto de intereses, por miedo a ir contracorriente y porque fuera del consenso hegemónico hace mucho frío en las universidades, los think tanks, los servicios de estudio? Normalmente los acontecimientos económicos no son monocausales.
¿Harán autocrítica los economistas que se equivocaron porque estaban ciegos o porque obedecían a otros intereses diferentes a los de la ciencia económica? ¿Saldrá de la Gran Recesión una nueva teoría económica, como ocurrió en la Gran Depresión tras la publicación de la Teoría general de Keynes, en 1936? Hay que desempolvar una de las frases más famosas de este último: “Las ideas justas o falsas de los filósofos de la economía y de la política tienen más importancia de lo que en general se piensa. A decir verdad, ellas dirigen casi exclusivamente el mundo. Los hombres de acción que se creen plenamente eximidos de las influencias doctrinales son normalmente esclavos de algún economista del pasado”.