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ENSXXI Nº 47
ENERO - FEBRERO 2013

FERNANDO OLAIZOLA
Notario de Valencia

Michael Hick, conferenciante y autor de libros sobre estrategia comercial internacional, sostiene que, ante el vertiginoso proceso de cambio que impone la globalización, "es el destino de América aportar a un mundo necesitado algunos de sus mejores atributos". Hick se refiere, naturalmente, a los Estados Unidos de América; y considera que uno de esos atributos es el sistema de seguros de título de propiedad. Ahora bien, son muchos los aspectos de la sociedad norteamericana que los europeos no querríamos ver implantados entre nosotros, como la posibilidad de adquirir libremente armas de fuego o el limitado alcance de su sanidad pública. Y los europeos continentales podemos añadir a la lista el modelo de notariado anglosajón que, precisamente por sus carencias, genera la necesidad de concertar tales seguros de título.

"El notariado de tipo latino, producto de una evolución de siglos, es en la mayor parte de los países del mundo occidental una institución clave al servicio de la seguridad jurídica"

Notariado Latino y Notariado Anglosajón.- El notariado de tipo latino, producto de una evolución de siglos, es en la mayor parte de los países del mundo occidental una institución clave al servicio de la seguridad jurídica (esto es, la tranquilidad y certidumbre relativa a los negocios, derechos y titularidades), ya que lo ideal es que esa seguridad se logre de manera preventiva, sin tener que acudir a los tribunales para obtener un pronunciamiento judicial (es decir, el famoso "notaría abierta, juzgado cerrado"). En España, el notario es el elemento primordial de nuestro sistema de seguridad jurídica preventiva. A la vez funcionario público y profesional del derecho, el notario por una parte informa, asesora y aconseja imparcialmente a las partes, vela por la adecuación a la ley del negocio que se quiere celebrar y redacta el documento que lo plasma; y por otra, en ejercicio de la potestad delegada por el Estado, autentica su contenido mediante la dación de fe.
El notary public estadounidense, por contra, se limita a aseverar la autenticidad de las firmas de un documento que se le presenta ya redactado y a recoger la manifestación de los firmantes de que el contenido del documento corresponde a su voluntad; pero ni asesora a las partes ni puede entrar a valorar el ajuste a la ley de su contenido. Por ello, el notary no precisa tener ninguna formación jurídica: por poner un ejemplo que luego vendrá al caso, para ser notary en el Estado de Nevada basta con abonar un canon de treinta y cinco dólares y seguir un curso de formación de cuatro horas1. Y precisamente porque la actuación del notary no genera un documento auténtico que tenga un efecto legitimador en el tráfico, se contrata el seguro de título, por el que la entidad aseguradora se compromete a indemnizar al comprador en caso de verse éste privado de la propiedad que adquiere como consecuencia de la reclamación de un tercero. Este seguro no evita pues el riesgo, sino que se limita a compensar pecuniariamente el perjuicio sufrido, ofreciendo por ello no una seguridad jurídica, sino meramente económica.

"La actuación del notary public estadounidense no genera un documento auténtico con un efecto legitimador en el tráfico, y por ello se contrata el seguro de título, que no ofrece una seguridad jurídica, sino meramente económica"

En España, un cliente podrá salir del despacho del notario en que acaba de formalizar la compra de su vivienda mascullando sobre el importe de los honorarios percibidos por éste "sólo por echar una firma", pero sale con la certeza de que la vivienda es suya y la tranquilidad de que nadie va a discutírselo; y ello precisamente porque el notario no se limita a firmar, sino que, actuando en el mismo momento en que se perfeccionan los contratos, realiza la labor de asesoramiento, control de legalidad y dación de fe que hemos visto. Y en cuanto a la retribución del notario, que viene fijada por el Gobierno, no sólo resulta totalmente módica para el efecto jurídico conseguido, sino que es muy inferior al coste que supondría un sistema de documentación privada, que permitiría a las entidades financieras explotar nuevos nichos de mercado, asumiendo (e imponiendo) a través de sus gestorías y aseguradoras vinculadas la preparación y redacción de los documentos y la contratación de los subsiguientes seguros de título.

"Para ser notary en el Estado de Nevada basta con abonar un canon de treinta y cinco dólares y seguir un curso de formación de cuatro horas"

Pero todas estas cuestiones han sido ya reiteradamente tratadas. Por ello, lo que quiero resaltar aquí es cómo esa seguridad que el comprador de la vivienda da por sentada no se limita ni mucho menos al ámbito de las transacciones inmobiliarias, sino que también se presupone en otras muchas facetas de nuestra vida cotidiana. Y para ello voy a centrarme en tres episodios que tuvieron como protagonista al multimillonario norteamericano Howard Hughes, cuya figura ha vuelto a poner de actualidad en los últimos años la película de Martin Scorsese El Aviador.

Ciudadano Hughes.- Hijo único y huérfano de madre, Howard Hughes se convirtió al fallecer su padre en 1924 en propietario de la muy lucrativa empresa familiar, la Hughes Tool Company, de la que en los años sucesivos manaron incesantemente los fondos para todos sus proyectos. Porque Hughes, delegando la gestión de la empresa en quien se convertiría en su brazo derecho, Noah Dietrich, se dedicó a dirigir y producir películas, adquirir líneas aéreas y diseñar y pilotar aviones, batiendo diversos records de velocidad; y, ya durante la Guerra Fría, sus empresas fueron pioneras en la industria electrónica, fabricando para el Gobierno satélites y misiles. Cuando falleció, en 1976, su fortuna era la primera de Estados Unidos2.
En el año 1957 Hughes decidió prescindir de Noah Dietrich y comenzó un proceso de aislamiento del mundo exterior, debido al trastorno obsesivo compulsivo que padecía, su escopofobia y su germofobia (esto es, su rechazo a ser observado y su fijación con los gérmenes, pese a la cual descuidaba totalmente su higiene personal). Al finalizar la década llevaba ya una vida de absoluta reclusión en la última planta de diversos hoteles, adicto a la codeína, el valium y otros varios fármacos, haciéndose proyectar viejas películas una y otra vez en una penumbra permanente3. Garantizaba ese aislamiento un reducido grupo de ayudantes pertenecientes a la Iglesia mormona (por la que Hughes nunca tuvo el menor interés, pero consideraba que sus seguidores eran especialmente limpios, diligentes y serviciales) liderados por William Gay, que desde su empleo inicial como chófer había sabido ir ascendiendo gracias a sus reconocidas dotes para la intriga.

"En España, un cliente podrá salir del despacho del notario mascullando sobre el importe de los honorarios percibidos por éste "sólo por echar una firma", pero sale con la certeza de que la vivienda que acaba de comprar es suya y la tranquilidad de que nadie va a discutírselo"

Gay estaba llamado a ser el nuevo hombre de confianza de Hughes, pero entonces apareció en escena Robert Maheu, un antiguo agente del FBI a quien el millonario empezó a encomendar variopintas tareas (como eludir citaciones judiciales o mantener contactos confidenciales con el entorno de Nixon) y que poco a poco fue granjeándose su confianza. Cuando en 1966 Hughes decidió trasladar su centro de operaciones a Las Vegas encomendó a Maheu la realización y gestión allí de diversas inversiones millonarias (casinos y hoteles, y también terrenos, concesiones y aeropuertos). Se estableció así una suerte de bicefalia, con una constante tensión entre Maheu y Gay, quien tenía como aliado en esta pugna al abogado neoyorquino Chester Davis, principal asesor legal de Hughes. Y llegamos con ello al primero de los episodios que quiero relatar.

El "golpe palaciego" de Acción de Gracias.- Como consecuencia de la labor de intoxicación llevada a cabo por el entorno mormón, Hughes acabó por creer que Maheu le robaba. Gay y sus correligionarios cortaron entonces los lazos de comunicación entre Hughes y Maheu (éste nunca había llegado a ver a su jefe en persona, ya que siempre se comunicaron telefónicamente o por escrito). Davis redactó a continuación un poder general por el que Hughes les facultaba a él y a Gay para disponer con total amplitud de sus propiedades e intereses en Nevada. Dos de los ayudantes mormones de Hughes, Howard Eckersley y Levar Myler, le presentaron el documento4. Era insólito que dos de sus asistentes entraran a la vez en el pequeño reducto que el magnate ocupaba, por lo que Hughes preguntó a qué obedecía ello. "Soy el notario" le explicó Eckersley, "y Levar se encuentra aquí para firmar como testigo. Tiene que haber un testigo". Eckersley, que efectivamente ostentaba la condición de notary del Estado de Nevada, legalizó el poder una vez firmado por Hughes. Y finalmente, en noviembre de 1970, Hughes fue sacado de su hotel y trasladado en avión a las Bahamas, comenzando un peregrinaje que a lo largo de los siguientes años lo llevaría a Managua, Vancouver, Londres y Acapulco, falleciendo en el avión que desde este último lugar lo devolvía agonizante a los Estados Unidos.

"Aún cuando en España exista la posibilidad de otorgar testamento ológrafo ¿es concebible que, no ya alguien con la fortuna de un Amancio Ortega, sino cualquier empresario medianamente exitoso fallezca sin haber otorgado un testamento abierto notarial?"

Gay y Davis, blandiendo el poder, ocuparon los casinos con auditores y agentes de seguridad. Maheu acudió a los tribunales y alegó que el millonario había sido secuestrado y su firma en el poder falsificada. Un juez de Las Vegas libró un mandamiento ordenando que se restableciera el control de los casinos por Maheu. Davis y Gay hicieron que Hughes confirmara por teléfono al Gobernador del Estado que contaban con su respaldo. Finalmente, el juez falló a favor del círculo mormón, consumándose así la derrota de Maheu. En sus memorias, Maheu se hace eco de las informaciones aparecidas en años posteriores según las cuales, al tiempo de otorgar el poder, Hughes padecía una grave anemia que, al complicarse con una neumonía, lo puso al borde de la muerte, alcanzando su consumo de drogas sus niveles más altos (en ocasiones ulteriores se habría conseguido su firma en determinados documentos amenazando con privarle de su dosis de codeína); y "si a ello se añade su aislamiento y su dependencia de los ayudantes leales a Gay, puede fácilmente inferirse que el poder fue conseguido mediante el empleo de una influencia indebida".
Pues bien, no creo que se discuta que, en España, la autorización por un notario del poder otorgado por Hughes habría conllevado un nivel de rigor y unas garantías considerablemente superiores, y el forcejeo final entre Maheu y los mormones, de centrarse sobre este extremo, habría tenido desde luego un muy otro planteamiento.

El fraude de Irving.- El segundo episodio es el conocido fraude urdido por Clifford Irving, un novelista que, tras seguir por la prensa el cese de Maheu, supuso que el hermetismo que rodeaba a Hughes debía obedecer a que el millonario no estaba en posesión de sus facultades mentales. Convencido de que por ello no podría comparecer en público para desautorizarle, Irving decidió escribir y vender una biografía de Hughes que éste le habría encomendado redactar, según corroboraban diversas cartas falsificadas por el propio Irving. Al principio el plan funcionó, y los desmentidos de los portavoces de las empresas de Hughes no fueron atendidos (Irving sostenía que Hughes simplemente les había puenteado). Hughes concedió entonces una entrevista telefónica desde su nuevo lugar de reclusión en el Caribe a siete periodistas que le escuchaban en Los Angeles, desde donde era retransmitida en directo por televisión, y en la que desautorizó a Irving. La mayor parte de las tres horas de conferencia se dedicaron a las preguntas que los periodistas, todos los cuales había tratado a Hughes años atrás, le dirigían para cerciorarse de su identidad, de la que quedaron unánimemente convencidos. Irving sostuvo con aplomo que habían sido engañados por la voz de un imitador. El fraude fue finalmente descubierto al comprobarse que los cheques entregados por la editorial a nombre de "H. R. Hughes" habían sido ingresados en un banco suizo por la esposa de Irving bajo el nombre ficticio de Helga R. Hughes.
En España, un millonario con escopofobia en semejante tesitura desde luego lo habría tenido bastante más fácil para desvelar el engaño: habría bastado con remitir discretamente a la editorial que se proponía publicar la falsa biografía un acta notarial de referencia de las reguladas en el artículo 208 del Reglamento Notarial, en la que se recogen las declaraciones y manifestaciones que el otorgante, debidamente identificado, realiza ante el notario.

La herencia de Hughes.- En tercer y último lugar, veamos las peripecias a que dio lugar la sucesión de Hughes. Divorciado de sus dos esposas y sin descendencia, su pariente vivo más cercano era una octogenaria tía materna que a su vez tenía un único hijo, primo de Hughes, llamado William Lummis, quien logró poner de acuerdo sobre el reparto de la herencia a los otros dieciocho parientes consanguíneos de ambas ramas que podrían tener la condición de herederos abintestato según una u otra de las posibles leyes reguladoras de la sucesión (las de California, Texas y Nevada) que entraban en conflicto. Al acuerdo se sumaron posteriormente dos hijastros de un tío paterno de Hughes que se acogían a la doctrina mantenida en algunos Estados por la que, si ha habido una relación análoga a la paternofilial, se reconocen a los hijos del cónyuge iguales derechos sucesorios que si hubieran sido formalmente adoptados. Finalmente, hubo que satisfacer una cuantiosa suma a una presunta esposa, la actriz Terry Moore, que aseguraba haberse casado con Hughes en 1949 a bordo de un yate en aguas internacionales frente a la costa de México, para que ésta renunciase a cualquier derecho que pudiera corresponderle (en la estela de notoriedad que siguió a este episodio, Terry Moore tuvo la peculiar distinción de ser la primera mujer mayor de cincuenta años en posar desnuda para la revista Playboy).
Por otro lado, el círculo de ayudantes mormones capitaneado por Gay y Davis sostenía que Hughes había hecho un testamento por el que, según habría manifestado reiteradamente que era su voluntad, dejaba todos sus bienes a la fundación Howard Hughes Medical Insitute, cuyo patronato dominaban aquellos, con lo que, de existir tal testamento, seguirían controlando indirectamente todo el imperio de Hughes. Se inició una exhaustiva búsqueda de tal testamento, llegándose incluso a recurrir (infructuosamente) a los servicios de un famoso vidente de Hollywood. Finalmente, Gay y Davis iniciaron en 1977 un procedimiento judicial en Nevada, invocando la corriente jurisprudencial según la cual cuando un testamento no puede hallarse, pero hay una posibilidad razonable de fijar su contenido, debe prevalecer la voluntad del testador. En dicho procedimiento se personó un tal John Pettit, que sostenía que uno de los abogados neoyorquinos de Hughes le había mostrado en 1962 el tan buscado testamento por el que se nombraba heredera a la fundación médica. La ley de Nevada exigía dos testigos fiables para acreditar el contenido de un testamento desaparecido, por lo que, al no presentarse otro testigo (el abogado en cuestión había fallecido en un accidente de coche tres años antes), la Corte Suprema de Nevada falló en 1980 contra la pretensión de Gay y Davis. Pero en Texas bastaba al efecto con un solo testigo, así que éstos replantearon ante los tribunales tejanos la cuestión, donde en 1983 también fue rechazada. Ese mismo año los tribunales de Delaware estimaron la demanda con la que el grupo de familiares había contraatacado reclamando que, fallecido Hughes, único trustee de la fundación, sin haber designado un trustee sucesor, y ante la pendencia de los litigios sobre su herencia, se cesara a Gay y Davis como patronos y se nombrara un nuevo patronato, lo que puso fin al control de éstos sobre la fundación. Concluyó así la lucha en este frente de la batalla legal.

"En un sistema como el español, todos los episodios aquí relatados se habrían desarrollado, gracias a la intervención notarial, de una manera mucho más segura, directa y económica"

Paralelamente a todo ello, en 1976 había aparecido el conocido como "Testamento Mormón" depositado sobre una mesa en las oficinas centrales de la Iglesia mormona en Utah. Este testamento contenía diversas disposiciones a favor de parientes, entidades públicas y benéficas, los boy-scouts, la Iglesia mormona y, sorprendentemente, a favor de alguien llamado Melvin Dummar. Este, que fue localizado atendiendo una gasolinera y que, además de mormón, resultó ser cantante de música country, aseguró haber recogido durante un viaje nocturno a un anciano andrajoso en una carretera secundaria y haberle llevado de vuelta a Las Vegas. El desconocido dijo ser Hughes, y Dummar lo consideró un mendigo con delirios de grandeza, no dándole mayor importancia al encuentro hasta que apareció el testamento. Cuando el FBI descubrió una huella dactilar de Dummar en el sobre que contenía el testamento, éste añadió a su historia a un desconocido que le habría entregado el sobre en su estación de servicio para que lo remitiese a la sede de la Iglesia mormona. Incluso no faltó quien pretendiera ser ese desconocido y haber recibido el testamento de manos del propio Hughes. En 1978 sendos jurados en Texas y Nevada declararon que el testamento era una falsificación (Dummar sigue aún hoy defendiendo su honestidad y su versión de los hechos, y en 2006 llegó a replantear la cuestión ante los tribunales de Utah, que desestimaron su demanda).
En 1981 aún apareció otro supuesto testamento, éste con la firma de dos testigos, que Martha Jo Graves, la antigua secretaria de un abogado de Los Angeles (de nuevo, oportunamente fallecido en accidente, esta vez de avión) decía haber encontrado entre los papeles de éste. En el testamento se nombraba heredera a la fundación médica, pero un veinte por ciento de la herencia se dejaba a una sociedad inactiva y sin patrimonio, de la que el socio mayoritario era, casualmente, la propia señora Graves. Los testigos se retractaron de una primera declaración, reconocieron que todo era un montaje y la señora Graves acabó en la cárcel.
Siete años después de la muerte de Hughes fueron finalmente reconocidos como sus herederos los parientes coordinados por William Lummis, si bien hubieron de compartir la herencia con la Hacienda Pública y con los diversos bufetes de abogados que intervinieron en las distintas causas, y que percibieron minutas millonarias.
Aún cuando en España exista por supuesto la posibilidad de otorgar testamento ológrafo ¿es concebible que, no ya alguien con la fortuna de un Amancio Ortega, sino cualquier empresario medianamente exitoso, por muy estrambótico que pueda ser su comportamiento, fallezca sin haber otorgado un testamento abierto notarial, debidamente custodiado en el protocolo del notario autorizante y localizable mediante una simple consulta al Registro General de Actos de Ultima Voluntad?
En definitiva, en un sistema como el español, todos los episodios aquí relatados se habrían desarrollado, gracias a la intervención notarial, de una manera mucho más segura, directa y económica. Supongo que a esto podría contestárseme: "no hay problema, que nuestros notarios se sigan dedicando a autorizar poderes, actas y testamentos, y sustraigamos a su intervención la documentación relativa al tráfico inmobiliario y crediticio". Pero entonces ya no tendríamos en España el tipo de notario a que estamos acostumbrados: tendríamos notarys como los de Nevada. Y, pese a la conocida frase pronunciada por Henry Gatewood, personaje de la película de John Ford La Diligencia ("recuerde esto: lo que es bueno para el banco es bueno para el país"), téngase la certeza de que, en materia de seguridad jurídica, lo que es bueno para los bancos no es bueno para los ciudadanos.

1 Véase la State of Nevada notary division page (http://nvsos.gov/index.aspx?page=165).
2 Incluyendo en el cómputo el patrimonio aportado por Hughes en 1953 por motivos fiscales a la fundación Howard Hughes Medical Insitute, de la que luego hablaremos.
3 El trastorno obsesivo compulsivo era una enfermedad poco conocida en aquellos años, que hoy habría podido ser diagnosticada y debidamente tratada, pero que en todo caso, y pese a sus extravagancias, no privaba a Hughes de su capacidad de obrar.
4 Sigo el relato que hace James Phelan en Howard Hughes: The Hidden Years.

Resumen

El notariado de tipo latino es en la mayor parte de los países del mundo occidental una institución clave al servicio de la seguridad jurídica. El notario latino, actuando dentro del tráfico negocial, asesora a las partes, vela por la legalidad, confecciona el documento contractual y autentica su contenido mediante la dación de fe. El notary public estadounidense se limita a aseverar la autenticidad de las firmas de un documento que se le presenta ya redactado, sin que su actuación genere un documento auténtico con un efecto legitimador en el tráfico, y por ello se contrata el seguro de título, que ofrece una seguridad meramente económica, y no jurídica. La seguridad jurídica preventiva que procura el notario latino no se limita al ámbito de las transacciones inmobiliarias, sino que también se da en otras muchas facetas de nuestra vida cotidiana, lo que se ejemplifica en este artículo mediante tres episodios que tuvieron como protagonista al multimillonario norteamericano Howard Hughes.

Abstract

In most Western countries, continental notarial practice is a key institution to legal certainty. The continental notary public is a part of legal transactions, who gives advice to the parties, checks regularity, drafts  contracts and validates its contents, thus notarizing facts. The American notary public just verifies the authenticity of the signatures, as an already drafted document is shown to him. His practice does not end up in an authentic document, validated for legal transactions. Therefore a title-insurance is required, although it only gives economic, not legal, certainty. Continental notaries public provide a preventive legal certainty, not just in the case of real-estate transactions, but in a many other cases affecting our daily life. This article exemplifies such distinction with the help of three episodes in which the American billionaire Howard Hughes played the leading role.