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ENSXXI Nº 47
ENERO - FEBRERO 2013

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR
Periodista

Las circunstancias actuales son muy adversas pero de ellas no se deriva un resultado predeterminado inesquivable. Ortega ya en posiciones raciovitalistas formula en 1914 su tesis según la cual "Yo soy: yo y mi circunstancia". A partir de ahí cabe dejarse vencer por la circunstancia o enfrentarse a ella y desafiarla. Podemos optar por contradecir la influencia de la circunstancia o bien invocarla para declinar nuestras responsabilidades y cobijarnos bajo lo que la circunstancia personal impone. Ni siquiera cuando la circunstancia es limite se nos impone con necesidad absoluta, siempre  existe la capacidad de resistirla y contradecirla.

"En nuestro país sucede como si muchas realidades que eran orgullos hubieran pasado a convertirse en pesares. Estábamos orgullosos de nuestro estado de bienestar, de la cohesión social, de la solidaridad inter generacional, de posibilitar un creciente nivel de igualdad de oportunidades a todos"

Regresado de las conmemoraciones de la Pepa el recuerdo vuelve a Cádiz. Este Cádiz de la Constitución de 1812 era una ciudad sitiada, que vivía al borde de la desaparición como reducto final de resistencia frente al invasor napoleónico. En esa circunstancia limite lo que suele preponderar es un espíritu  patriótico entendido en la  peor acepción del término, esa que lo degenera en totalitario. Un espíritu que sanciona la disidencia, que nos devuelve a aquellos tiempos más recientes del franquismo. Era cuando decía José Miguel Ortiz Bordás que "disidencia es sinónimo de decadencia". La disidencia frente al enemigo inminente en Cádiz hubiera podido verse como deserción, vocablo cargado de deshonor.
El patriotismo más limitador es el de frontera porque impone unas exigencias muy estrictas y reducen el espacio cívico de la libre expresión. En Madrid insultar al presidente del gobierno puede ser un acto de patriotismo indudable. Pero en la frontera de Ceuta cobraría un sentido distinto. El patriotismo de frontera reduce el  ámbito de libertad de manifestación. Propende a exigir comportamientos unánimes, entusiásticos. Admiremos, por tanto, que en esa situación de patriotismo de frontera  prosperara en Cádiz, una discusión abierta sobre una Constitución que instalaba por primera vez a los españoles en su condición de ciudadanos y los liberaba de la de súbditos, propia del  antiguo régimen que así se declaraba a extinguir.

"Los españoles deberíamos haber aprendido dos lecciones. La primera, la lección del dialogo. La segunda lección es la del método, que tiene que ser el respeto a las instituciones y a las leyes aunque sea para cambiarlas o, más aún, si de lo que se trata es de cambiarlas"

Tampoco ahora en la situación de crisis empinada, donde la circunstancia es adversa los resultados están predeterminados. Se puede convocar a la esperanza, a un horizonte de recuperación y evitar que cunda el abandono de valores y sacrificios que merecen la pena. En nuestro país sucede como si muchas realidades que eran orgullos hubieran pasado a convertirse en pesares. Estábamos orgullosos de nuestro estado de bienestar, de la cohesión social, de la solidaridad inter generacional, de posibilitar un creciente nivel de igualdad de oportunidades a todos.
Aceptábamos que eso tuviera un coste para el erario público y que el Estado funcionara como un sistema redistributivo que no solo premiara al que ya está instalado y penalizara al que no lo consigue. Lo que sería degenerador es que renunciáramos a esos valores y a todo ese sistema equilibrado de aclimatación, de cohesión, de tener en cuenta a los desfavorecidos, como si fueran entorpecimientos a la competitividad, desventajas, lastres, inconvenientes, de los que debiéramos liberarnos. Porque la centrifugación social abisma las diferencias y lleva a la desintegración que trunca la convivencia.
Las incertidumbres y oscuridades de la situación actual hacen aún más necesaria la recuperación de algunos valores, de algunas aptitudes, que está ya probado que son fundamentales para salir de las dificultades. Algunas pruebas las tuvimos en la lucha contra la dictadura y en la salida que sólo fue posible por el compromiso y el sacrificio. Entonces quedó de manifiesto la entrega generosa sin búsqueda de compensaciones de mucha gente, de cuyos  esfuerzos valerosos resultó la transición.
Los españoles deberíamos haber aprendido dos lecciones. La primera, la lección del dialogo: tenemos que hablar. Hay que intentar que las posiciones antagónicas y que los antagonistas se acerquen. Hay que sentarse a conversar con los que están en posiciones contrarias y hay que ponerse en sus zapatos. Frente al discurso que divide se requiere escuchar e intentar hacer el esfuerzo dialéctico de averiguar el por qué de las posiciones de los demás, buscar puntos de encuentro y saber que la política se hace con renuncias.
La segunda lección es la del método, que tiene que ser el respeto a las instituciones y a las leyes aunque sea para cambiarlas o, más aún, si de lo que se trata es de cambiarlas. Hay que respetar los procedimientos, porque una característica básica de la democracia es el respeto a los procedimientos. No hay que desentenderse nunca de las consecuencias que acarrean las posiciones que se mantienen. Distinguía Max Weber en El político y el científico entre la política de la convicción y la política de la responsabilidad. Los políticos deberían actuar conforme a una combinación de convicciones y de responsabilidades. El político debe integrar las consecuencias previsibles en su toma de decisiones. No puede desentenderse de las consecuencias a las que sus convicciones nos llevarían.

"En estos momentos de crisis hay que favorecer el dialogo entre los agentes sociales, dialogar entre las fuerzas políticas, entre los territorios, articulando mejor territorialmente nuestro país"

En este país son de primera necesidad espacios exentos de pugna partidista sin merma de los reservados a la pugna esclarecedora porque el consenso cómplice puede acabar en lo peor como se ha visto mil veces. En Cataluña, por ejemplo ha habido un consenso durante años que ha servido para tapar la corrupción. Es la famosa historia de "ustedes tienen  un problema que se llama 3 por ciento", del 25 de febrero de 2005. Una historia que debería haber sido iluminadora y que el consenso apagó impidiendo que viéramos nada de lo que nos  están  haciendo. De modo que el conflicto es saludable porque es iluminador pero tiene que haber un terreno para el consenso y otro para el conflicto.
Algunos ciudadanos de a pie traen lecciones básicas aprendidas porque tienen la edad para haberlas vivido. Son los que confluyeron en la transición. Pero hay otros más jóvenes que carecen de esas vivencias y de la conciencia que de ellas se deriva. Son los que tienden a pensar que las libertades y el sistema democrático alcanzado son dones del cielo que no requieren ningún esfuerzo vigilante, ningún sacrificio de mantenimiento. Son los que se consideran solo sujetos de derechos, carentes de  responsabilidad alguna, sin deberes hacia la sociedad en la que viven.
Así que cada generación necesita reafirmarse, presentarse en sociedad con un determinado perfil diferenciado, impulsar algún tipo de actitudes públicas propias pero nadie debería equivocarse pensando que deslizarse hacia la irresponsabilidad es gratuito. El derecho a manifestarse debe ser respetado y ejercido porque es incentivador de otros comportamientos y está recogido en la Constitución. Pero el recurso a la violencia sería la perversión del sistema, solo generaría más violencia. Manifestación sí, pero con contención. Expresión publica sí, pero con inteligencia expositiva.
Si nos remontamos a las vísperas de las últimas elecciones generales, en el último semestre de 2011 se escucharon cosas sorprendentes. El presidente de Cantabria, Ignacio de Diego, se decía dispuesto a favorecer que anidaran allí los ricos mediante el fomento de un microclima legal y fiscal lleno de consideraciones hacia ellos. Porque  los ricos si se vieran desatendidos levantarían el vuelo, se irían. dejarían de crear empleo y de pagar tributos. Por eso entendía que el deber del gobernante, es hacerles la vida más fácil para que aniden entre nosotros. ¿Y con los pobres que hacemos? Pues, ninguna preocupación: tenemos garantía evangélica de que siempre los tendremos con nosotros. En resumen, la aplicación del efecto Matews: al que tiene  se le dará y al que no tiene, incluso aquello que no tiene le será quitado.
En las últimas elecciones catalanas Artur Mas pedía una mayoría excepcional,  indestructible. Hablar de mayoría indestructible tiene resonancias totalitarias. En democracia las mayorías deben permanecer expuestas a los cambios como los vientos porque la alternancia es consustancial al sistema. Los ciclos económicos cambian pero falta un análisis esclarecedor sobre el misterio de los países emergentes. La economía tiene pendiente explicar porque unos países son un éxito y otros un fracaso. En nuestro país ya tenemos algunos atisbos de por dónde hay que ir -innovación, internacionalización de las empresas, creación de tecnologías propias-. Busquemos dónde somos fuertes y trabajemos por sostener esas fortalezas, identifiquemos dónde hay despilfarro, corrupción y terminemos con los abusos y pongamos a buen recaudo a sus responsables
En estos momentos de crisis hay que  favorecer el dialogo entre los agentes sociales, dialogar entre las fuerzas políticas, entre los territorios, articulando mejor territorialmente nuestro país. Debemos favorecer un dialogo para ir hacia la necesaria reforma de la Constitución y después favorecer las fuerzas positivas, las que inciten a la cohesión ofrecer oportunidades que permitan atenuar las diferencias de origen social. Esto lo entendieron bien las fuerzas armadas y eso tiene que ser posible en todas las áreas públicas. La vida no puede estar determinada solo por el nacimiento. Tiene que ser posible el concurso de otros talentos que nacieron en un ambiente  desfavorecido. Solo así  todos podrán sentirse participes de un país que incurriría en el mayor despilfarro si se desentendiera de esas desigualdades inscritas en el certificado de nacimiento.