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ENSXXI Nº 49
MAYO - JUNIO 2013

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR TREMOYA
Periodista

Las cosas del querer es el título de una película dirigida por Jaime Chávarri con Ángela Molina, Ángel de Andrés, Manuel Bandera y María Barranco que se estrenó en 1989, pero las cosas del querer son también las cartas a los Reyes Magos que escriben los partidos políticos cuando redactan sus programas una vez que se convocan las elecciones. Son Las promesas políticas, a las que ha dedicado su último libro el catedrático y ex ministro de Educación José María Maravall (Editorial Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2013) y que tanto ayudan a captar la afinidad y atraer el voto del electorado, aunque luego se tornen en la misma proporción en inconvenientes para el ejercicio del gobierno cuando se alcanza. Todo ello conforme al principio de que todo lo que ayuda (a ganar las elecciones), daña (una vez lograda la victoria en las urnas). De las ofertas presentadas se sabe de antemano que algunas pueden cumplirse, en función del acierto en las decisiones políticas adoptadas y del concurso de las condiciones ambientales, que se comportan como variables independientes, igual que sucede con los avatares meteorológicos o sísmicos, siempre fuera de control. Otras promesas se formulan sabiendo que forman parte de la pirotecnia movilizadora de las campañas y que carecen de conexión alguna capaz de hacerlas factibles mediante el ejercicio del poder. 

"Todo ello conforme al principio de que todo lo que ayuda (a ganar las elecciones), daña (una vez lograda la victoria en las urnas)"

Los ejemplos de ese principio –“todo lo que ayuda, en esa misma proporción daña”- podrían multiplicarse. Algunos son memorables, como la contribución prestada por el lema “OTAN, de entrada, NO” al triunfo del PSOE en las elecciones de octubre de 1982 y la molestia generada a continuación por el compromiso de someter a referéndum la permanencia de España en la Alianza Atlántica, finalmente celebrado el 16 de marzo de 1986. Una convocatoria que dio lugar a un ejercicio de responsabilidad y también de lo contrario cuya suma presentó el aspecto de un baile de disfraces. Porque los socialistas hubieron de retorcer la interpretación de su promesa y salir a pedir el “SI” para continuar en la OTAN de la que se sobreentendía que pretendían sacarnos. Mientras, la derecha de Manuel Fraga optaba por solicitar la abstención, pese a lo comprometido del envite y las consecuencias críticas que hubiera podido desencadenar el triunfo del “NO”,  al que se había apuntado la izquierda comunista y sus diversas compañías. Por su parte la formación suarista CDS que tanto acuciaba la consulta se resistía a pronunciarse y acabó encareciendo el voto en blanco. Si nos fijamos en las elecciones del 20 de noviembre de 2011, por acercarnos al caso más reciente, el programa del aspirante al título, hablando en términos pugilísticos, ofrecía a cambio del voto, un remedo del paraíso terrenal. Mientras retrataba a su rival el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y su delfín socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, como la más dañina suma imaginable para sus compatriotas españoles. Frente a ellos, el líder del PP, Mariano Rajoy, se ofrecía como la solución instantánea. Eran momentos graves en los que repetía incansable la portavoz popular en la oposición, Soraya Sáenz de Santamaría, aquello de que la prima de riesgo de España se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero, sumando méritos para llegar a ser vicepresidenta para todo. Otro aspirante, Cristóbal Montoro, negaba cualquier apoyo argumentando que nada importaba que España cayera porque ya la levantarían ellos. Partían de la consideración de que cuanto peor mejor porque el relevo en la Moncloa produciría efectos fulminantes, supondría la recuperación de la confianza y de la credibilidad, carencias que nos había convertido en presa fácil de los especuladores envalentonados. Así que con la llegada de Mariano Rajoy, como en las canciones infantiles, se nos aparecería la Virgen de la Cueva y en ese nuevo amanecer “los pajaritos cantarían y las nubes se levantarían”. De forma que, como narran los evangelios a propósito de la piscina probática de Jerusalén, el primero que se sumergiera después de que el ángel removiera sus aguas pasaría a ver si era ciego, a oír si era sordo, a andar si era cojo y quedaría limpio si era leproso. Así, los votantes  verían encadenarse toda suerte de prodigios en el Cielo o saliendo de la chistera de Pedro Arriola. Pero tenemos sabido de tiempo inmemorial que una cosa es predicar y otra dar trigo. En todo caso, las virtudes taumatúrgicas se hacían esperar y, mientras tanto, en prevención de las dificultades que pudiera presentar el intento de iluminar el futuro, se aprestaron con el mayor entusiasmo y decisión a la tarea de oscurecer el pasado. Un trabajo efectuado en condiciones muy ventajosas porque calculaban con perspicacia que nadie osaría defender semejante legado. La primera ofensiva del gobierno recién llegado del PP se centró en invalidar las cifras del déficit estimado, que habían sido adelantadas por el gobierno socialista en retirada, sin haber podido contar con los datos definitivos del cierre del ejercicio y sin disponer tampoco de las cifras de las Comunidades Autónomas, las cuales, casi en su totalidad, estaban gobernadas por los compañeros del Partido Popular. El resultado de esa tamborrada atronadora, que también se escuchaba en Bruselas, fue el cuestionamiento por primera vez de las cifras estadísticas españolas hasta entonces aureoladas del máximo prestigio en Eurostart.

"De las ofertas presentadas se sabe de antemano que algunas pueden cumplirse. Otras promesas se formulan sabiendo que forman parte de la pirotecnia movilizadora de las campañas y que carecen de conexión alguna capaz de hacerlas factibles mediante el ejercicio del poder"

Dispuesto a contribuir aún más y de manera más acelerada a la recuperación de la confianza y de la credibilidad internacional de nuestro país, el gobierno Rajoy, se sintió imbuido de la mayor urgencia y descartó esperar a que surgiera por generación espontánea, como una mera derivación inevitable del izado de la bandera del PP en Moncloa. A partir de ahí procedió con audacia primero aplazando la presentación de los Presupuestos Generales del Estado reclamados en Bruselas y posponerlos hasta después de las elecciones autonómicas de Andalucía fijadas el 25 de marzo de 2012. Fue un momento de “todo por la Patria” o mejor todo por ayudar al conmilitón Javier Arenas con el asombroso resultado de obtener una votación que le siguió dejando fuera del gobierno de Andalucía. Otro aporte valiosísimo según reconocía un ministro que escucha los latidos de Bruselas fue dejar que el caso Bárcenas siguiera avanzando hasta que por saturación arruinara la imagen del país identificado como el lugar donde la corrupción queda impune.  La inexistencia del bálsamo de fierabrás, el crecimiento implacable de las cifras del paro, el retroceso de las pensiones, la falta de crédito para las Pymes, el dolor de los recortes, la recesión de la economía, la subida de los impuestos que se había prometido bajar, dibujaban un panorama muy distinto del que se prometía en la campaña electoral. Las cosas del querer se probaban fuera del alcance. Entonces el Presidente Mariano Rajoy reconoció que se había interferido la realidad para bloquear sus ofertas electorales y dijo aquello de no he cumplido mis promesas pero estoy cumpliendo mis deberes. Y volvió sus ojos a otras cuestiones que se adivinaban viables, las cosas del poder, para las cuales es innecesario disponer de recursos económicos. Por esa línea se emprendió la reforma de la ley de salud reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo con medidas tan audaces como la eliminación del supuesto de malformaciones del feto en un momento en el que se eliminan las ayudas de la ley de dependencia. Mucho antes se procedió a anular la Ley que encaminaba RTVE a dejar de ser el servicio domestico del gobierno de turno y se recuperó su control político para devolverle el carácter de instrumento propagandístico. Porque si no se puede mejorar la realidad se pensó que sí podría mejorarse la ficción de RTVE. Además se multiplican las innovaciones, como las ruedas de prensa sin preguntas y las comparecencias del presidente en su ausencia, sustituyendo a Rajoy por su vera efigie en plasma. Y por si no bastara se asegura que tendremos una Ley de Trasparencia incomparable. Y todavía dicen que el pescado es caro. Amen.