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ENSXXI Nº 5
ENERO - FEBRERO 2006

El espectacular incendio del Edificio Windsor, la noche del 12 de febrero, fue el gran suceso de Madrid en el año 2005. Todos los elementos se concitaban para provocar la curiosidad, e incluso el morbo, de los habitantes de la capital. Se trataba de un rascacielos de 30 plantas sobre rasante, situado en el corazón de una de las principales zonas empresariales y de negocios de Madrid -conocida por algunos como "el pequeño Manhatan" por los edificios de grandes alturas allí reunidos-, junto a los grandes almacenes más emblemáticos de El Corte Inglés, y prácticamente al lado del importante nudo ferroviario de Nuevos Ministerios, utilizado por Metro y RENFE.
El edificio tenía apenas un cuarto de siglo de uso y era por sí solo un centro de negocios por la importancia y características de las empresas allí instaladas y por la documentación contenida en sus oficinas y cajas fuertes. Era natural que se disparasen las más variadas especulaciones y no faltaron los elementos de película de misterio, con las famosas siluetas captadas por un fotógrafo aficionado en una de las ventanas del edificio en llamas.
La meticulosa investigación policial y judicial parece haber ido dejando en nada las cábalas y rumores de las primeras semanas, y cada vez se esperan menos descubrimientos y sorpresas. Pero, al mismo tiempo, ha ido cobrando interés lo verdaderamente sustancial del suceso, es decir, la actuación de los servicios de extinción de incendios, Samur, policías municipal y nacional, bomberos, metro, renfe y en particular del Servicio de Control de la Edificación del Ayuntamiento de Madrid.
Con la perspectiva de un año, puede afirmarse con satisfacción que Madrid estuvo a la altura del desafío que representaba el grave suceso. Desde el primer momento se protegió con eficacia la seguridad de las personas, se custodiaron con garantías los elementos necesarios para la investigación de lo sucedido, se aisló el incendio para que no afectara a los edificios e infraestructuras cercanas y se mantuvo una información amplia y trasparente. Por último, la que parecía llamada a ser una demolición lenta, problemática y peligrosa se realizó con singular rapidez, sin accidentes, bajo estrictos controles y cuidadoso respeto al medio ambiente, mediante una espléndida tecnología avanzada.
Con el informe que sigue, EL NOTARIO DEL SIGLO XXI deja constancia de una meritoria actuación municipal que demuestra la capacidad de Madrid, como ciudad moderna, para hacer frente a serios accidentes. Aún no ha trascurrido un año y la terrible herida dejada en la piel de Madrid por el incendio del edificio Windsor está bien suturada y pronto será sólo un recuerdo en las hemerotecas.