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ENSXXI Nº 50
JULIO - AGOSTO 2013

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR
Periodista

El acceso a la información marca la diferencia en la guerra y en la paz, en los negocios y en los ocios, en las ciencias de la naturaleza y en las humanísticas, en la delincuencia organizada y en su desarticulación por la policía. Pero procurarse toda la información sin dotarse al mismo tiempo de los sistemas capaces de discriminar su relevancia equivale a instalarse en la confusión y el aturdimiento generados por el ruido informe y desorientador. Big data igual a cero. Inundaciones informativas carentes de inteligibilidad es decir venenosas. Sucede, como explica Norman F. Dixon en su libro Sobre la psicología de la incompetencia militar, que la rareza o improbabilidad de un hecho multiplica su valor informativo, es decir, le añade peso noticioso o, lo que es lo mismo, reduce la incertidumbre de partida más que la ocurrencia de un hecho de alta probabilidad. Pero, al mismo tiempo, un hecho inesperado presenta mayores dificultades de absorción porque amenaza al observador con devolverle a la situación anterior de incertidumbre insoportable. Sabemos que el líder militar, político, sindical, empresarial o religioso -cualquiera que sea su coloración- recibe más información de la que puede asimilar y que se encuentra inmerso en un sistema de comunicación muy susceptible al ruido producido tanto por fuentes externas como internas. Por eso, al final sus decisiones son producto también de otros factores que rebasan el ámbito informativo como, por ejemplo, la ponderación de las consecuencias que podrían derivarse según fuera una u otra la decisión.
De manera que, si a quien corresponde decidir acabara dando mayor importancia a la posible pérdida de autoestima, o de aprobación social, que a consideraciones más racionales, todo quedaría dispuesto para la calamidad. Porque tenemos observado que a todo líder emplazado a tomar decisiones le acechan otros riesgos, dado que la atención, la percepción, la memoria y el razonamiento pueden ser influidos por la emoción y la motivación. De ahí también la importancia de mantener los procesos informativos de la mente libres de todo prejuicio surgido de las necesidades a las que, en principio, estaban destinados a responder. Porque cuando las necesidades psicológicas son muy fuertes y la realidad exterior confusa, las emociones y motivaciones llegan a imponerse con facilidad sobre las incertidumbres del pensamiento. Ese es el momento en que las convicciones adquieren tal fuerza que terminan por crear evidencias, invirtiendo el orden del proceso. En todo caso, la primera secuencia es la captura de la información, la segunda debiera ser su contraste, depuración y, en la medida de lo posible, verificación  y la tercera su transmisión con la mayor celeridad para hacerla llegar a quienes hayan de emplearla. Porque la anticipación genera ventajas comparativas y multiplica su valor útil. De ahí que el progreso de los sistemas de transmisión haya sido una de las obsesiones permanentes de cualquier sistema de poder y hayamos pasado de las señales de humo a la sincronización planetaria de nuestros días.

"A todo líder emplazado a tomar decisiones le acechan otros riesgos, dado que la atención, la percepción, la memoria y el razonamiento pueden ser influidos por la emoción y la motivación"

Elías Canetti especuló con una ocurrencia dolorosa: la de que a partir de un momento preciso en el tiempo, la historia hubiera dejado de ser real y que, sin percatarse de ello, la totalidad del género humano, de repente, se habría salido de la esfera de la realidad. La expresión de Canetti evoca la velocidad de liberación que necesita un cuerpo para salirse de la fuerza de gravitación de un astro o un planeta. De forma que nuestra liberación sería nuestra salida de un espacio-tiempo determinado en el que lo real es posible porque la gravitación todavía es suficiente para que las cosas puedan reflejarse y por lo tanto tener alguna duración y alguna consecuencia. Lo explica Jean Baudrillard en La ilusión del fin cuando sostiene que cierta lentitud o si se prefiere cierta velocidad pero sin alcanzar el umbral de la velocidad de liberación, cierta distancia pero no demasiada, cierta energía de ruptura y de cambio son necesarias para que se produzca esa especie de condensación, de cristalización significativa de los acontecimientos a la que llamamos historia, esa especie de despliegue coherente de las causas y los efectos que denominamos lo real. Porque como dice Baudrillard no hay lenguaje humano que resista la velocidad de la luz; no hay acontecimiento que resista su difusión planetaria; no hay sentido que resista su aceleración; no hay historia que resista el centrifugado de los hechos o la interferencia con su transmisión en tiempo real.

"Cierta lentitud o si se prefiere cierta velocidad pero sin alcanzar el umbral de la velocidad de liberación, cierta distancia pero no demasiada, cierta energía de ruptura y de cambio son necesarias para que se produzca esa especie de condensación, de cristalización significativa de los acontecimientos a la que llamamos historia"

La atención es el bien más escaso. La acción de atender, de cada uno de nosotros está muy solicitada con estímulos y llamadas muy diversas, que pugnan al unísono por encontrar respuesta. Pero nuestra capacidad de atender es finita aunque la pugna por atraerla sea cada vez mayor. Llamar la atención encierra una dificultad creciente porque conforme a la Ley de Weber y Fêchner los estímulos deben crecer en proporción geométrica para que las sensaciones, los impactos en nuestra atención, lo hagan en proporción aritmética. De ahí el fenómeno del fraccionamiento de la atención que se ha convertido en un hábito cada vez más difundido. En los tiempos que corren es del todo infrecuente que un interlocutor preste a otro toda su atención. Por lo general mientras parece oírle se ocupa simultáneamente de enviar mensajes o twits por el móvil el ipad, la tableta o el portátil. A ninguno de ellos se le puede dar una noticia porque cualquiera que sea ya la habrá recibido por el móvil. Pero a veces convendría que estuvieran menos informados para que se enteraran de algo más.
En el momento presente, cada acontecimiento, a través de la impulsión que lleva a su difusión y circulación total, queda liberado respecto a sí mismo, se fragmenta hasta devenir una partícula atómica y prosigue su trayectoria en el vacío. De modo que en el proceso para ser difundido hasta el infinito alcanza una velocidad de escape, de no retorno, que lo aleja definitivamente de la historia. De manera que como consecuencia de la sofisticación en los acontecimientos y en la información, la historia deja de existir como tal. Y Baudrillard concluye que difusión inmediata a altas dosis, efectos especiales, segundos efectos, desvanecimientos y el famoso efecto Larsen que se produce en acústica debido a una proximidad excesiva entre una fuente sonora y un receptor, y en historia debido a la debido a la proximidad excesiva y por ende a la interferencia desastrosa entre un acontecimiento y su difusión. Es el cortocircuito entre la causa y el efecto, como sucede en la interacción entre el objeto y el sujeto experimentador en microfísica y en sociología.
Somos testigos de que sin libertad es imposible la existencia de Prensa que merezca ese nombre, porque la censura hace que degenere de modo inevitable en propaganda. La cuestión simétrica a debatir como ya se intentó en estas mismas páginas es averiguar si existirían las libertades tal como las conocemos en el caso de que despareciera la prensa que es el espacio público donde las cuestiones cívicas se sustancian como nos tiene enseñado Habermas. Cuestión diferente que está fuera de dudas es su transformación por el impacto de las nuevas tecnologías y de los nuevos medios de transmisión.
Luis Condori, periodista del diario limeño La República, cita un informe publicado en el semanario TIME, según el cual los diarios han puesto su mirada en Internet con mucha más fuerza. The New York Times, por ejemplo, que tiene “una difusión de lunes a sábado de cerca de un millón de ejemplares, mientras acumula 22 millones de usuarios únicos por mes en internet dentro de los Estados Unidos. The Guardian vende unas 300.000 copias al día en Reino Unido, pero su web tiene visitas mensuales de 36 millones de personas de todo el mundo. Ambos diarios forman parte de la constelación mediática decisiva en la que España llegó a tener un vértice propio reconocido. Y como ahora mismo acaba de comprobarse con el caso del espionaje de la NSA americana denunciado por el intrépido Edward Snowden y advertimos antes cuando el Wikileaks de Julian Assange, sólo el aval de quienes atesoran la credibilidad periodística produce la transubstanciación de las noticias que oficia la función periodística.

"Sólo el aval de quienes atesoran la credibilidad periodística produce la transubstanciación de las noticias que oficia la función periodística"

Nadie sabe con exactitud cómo será el futuro de los periódicos a los que corresponde investigar en primera línea cómo utilizar las técnicas digitales, precisamente para servir a sus lectores y seguir siendo piezas fundamentales en el ámbito de la opinión pública. Porque hasta ahora, como señalaba José Manuel Lara, presidente del Grupo Planeta, los diarios han hecho de todo en Internet excepto dinero. Los dirigentes empresariales de los medios de comunicación se dejaron seducir por la progresía del todo gratis y a partir de ahí, sin el aporte de suscriptores y lectores y tras el desenganche de la publicidad, mantener las redacciones resulta imposible mientras que su desguace deja a los periódicos reducidos a la irrelevancia.
Se ha dicho que los periodistas son lo fundamental de un diario porque por mucho que tenga la mejor empresa del mundo, la mejor gerencia, la mejor distribución, la mejor rotativa, la mejor impresión, si tiene una mala redacción, el periódico tendrá esa misma condición. Los periodistas son el corazón, el cerebro y las tripas de cualquier periódico y van a seguir cumpliendo un papel central en la formación de la opinión pública. Sin periodistas no habrá periodismo porque la función periodística no puede cumplirse sin más con eso que se ha dado en llamar periodismo ciudadano. Habrá que recuperar la memoria de la Revolución francesa, que puso precio a las obras de los creadores e intelectuales y les liberó así de su incardinación en el mecenazgo. Ahora aflora que el supuesto progresismo del gratis total supondría volver a la casilla de salida. Continuará.