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ENSXXI Nº 54
MARZO - ABRIL 2014

JOAQUÍN ESTEFANÍA
Economista y periodista. Fue director de EL PAÍS entre 1988 y 1993

En los últimos tiempos diversos organismos multilaterales (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial,…) se han unido a la denuncia de la sociedad civil (básicamente a través de fundaciones privadas y organizaciones no gubernamentales como Oxfam Intermon o Cáritas) para denunciar los efectos devastadores de la creciente desigualdad, no en la cohesión social –que ya se conocía- sino en el propio crecimiento económico. Mucha desigualdad significa menor crecimiento.
Pongamos el ejemplo de la OCDE. ¿Qué dice ahora? En un informe titulado Panorama de la sociedad 2014, recientemente publicado, avisa de que la crisis en España no ha afectado a todos por igual y que las dificultades económicas están concentradas en los hogares más desfavorecidos: uno de cada seis adultos en edad de trabajar –el doble que antes de la crisis- vive en un hogar donde nadie trabaja; globalmente, el 10% más pobre ha visto disminuir sus ingresos en un 14% anual, lo que significa que entre 2007 y 2010 este sector de la población ha perdido un tercio de sus ingresos (y falta de evaluar el periodo entre 2010 y la actualidad). Mientras tanto, los ingresos del 10% más rico en España disminuyeron apenas un 1%. El organismo, con sede en París, concluye que “resulta altamente improbable que una recuperación económica, aun sólida, pueda por sí sola poner fin a la crisis del mercado de trabajo y a la crisis social que el país atraviesa actualmente”, y demanda la prioridad absoluta para dar ayudas a los grupos más desfavorecidos modificando la legislación, los recursos presupuestarios y la capacidad administrativa con el objeto de conseguirlo.

"En los últimos tiempos diversos organismos multilaterales se han unido a la denuncia de la sociedad civil para denunciar los efectos devastadores de la creciente desigualdad"

El problema es que la política económica que ha dado esos resultados de desigualdad, empobrecimiento y precariedad que ahora tanto alarman a la OCDE se ha basado directamente en las ideas proporcionadas por ese organismo y por otros como el FMI. Primero demandan austeridad extrema y ella se aplica favoreciendo una distribución de la renta, la riqueza y el poder muy regresiva, y a continuación se escandalizan de ello. Es como el ministro de Economía, Luis de Guindos, que acude a Bruselas y dice que la política económica europea tiene necesidad de más coherencia y previsibilidad, que está llena de titubeos y bandazos, que primero recomendó las políticas de estímulo y, “de golpe”, la estabilización fiscal y la austeridad. Y lo declara como si los responsables de esa política económica fueran otros, no él mismo y sus colegas de Ecofin y de Eurogrupo.
Son casos de pirómanos que, por las razones que sea, de repente se disfrazan de bomberos. Todavía en diciembre de 2012, la OCDE recomendaba al Gobierno español subir más el IVA, abaratar más el despido, suprimir con carácter retroactivo algunas deducciones por vivienda y endurecer las condiciones para cobrar el desempleo. La OCDE es totalmente predecible: lo que decía en 1990 es lo mismo que en 2010, 2010 o 2014. Y lo mismo que dirá en 2020, haya cambiado el mundo y los países lo que haya variado. Sus recetas llevan una pátina de ideología que no cambia nunca: son de talla única. Se pueden adelantar sin temor a equivocación. Flexibilidad en el mercado de trabajo, reducciones en la protección al desempleo, descentralización de la negociación colectiva, activar planes de pensiones privados dada la irremediable bancarrota del sistema público, motivada por la demografía y la generosidad de las prestaciones, desregulación de los sectores productivos,… .

"La OCDE se constituye en una especie de think tank público, intergubernamental, frente a tantos privados. En casi todas las ocasiones da la sensación de ser una especie de brazo analítico de las posiciones económicas más ortodoxas"

¿Para que sirve, entonces, la OCDE? El más encopetado de los organismos multilaterales nació en 1961 para continuar y ampliar las funciones de la anterior Organización Europea de Cooperación Económica (OECE). Forman parte de ella una treintena de países, los más ricos del mundo. Varios centenares de economistas y técnicos proveen de análisis e ideas a los gobiernos de los países miembros, siempre en la misma dirección. Mientras el FMI se especializa en finanzas, el BM en el desarrollo, la OMC en el comercio, ¿a qué se dedica la OCDE? A fabricar ideas. Su presidente, el mexicano Ángel Gurría (que antes fue ministro de Finanzas de su país) dijo en una ocasión: “Nuestro papel es pensar”. La OCDE se constituye en una especie de think tank público, intergubernamental, frente a tantos privados. En casi todas las ocasiones da la sensación de ser una especie de brazo analítico de las posiciones económicas más ortodoxas.
Que la OCDE se inquiete por la desigualdad significa que se ha convertido en un desequilibrio tan fuerte que lastra los otros objetivos de esas posiciones.