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PORTADA N55

ENSXXI Nº 55
MAYO - JUNIO 2014

MARÍA ROSARIO GARCÍA ÁLVAREZ
Magistrada, Sala de lo Social Tribunal Superior de Justicia de Madrid

HACER JUSTICIA NO ES FÁCIL … Y A VECES NI SE RECONOCE

¿Qué significa conocer un particular campo o rama del Derecho para entender y ser capaz de usar sus peculiares reglas, normas,  principios, sus instituciones y otros materiales al alcance, esto es, ser un experto?
La tarea de todo tribunal es la de “crear Derecho” ofreciendo justicia. La buena sentencia es un acto de creación fruto del entendimiento, de la vivencia y experiencia del Derecho. Entender el Derecho en profundidad no es repetir una ley ni ser una enciclopedia legal o superar un examen teórico. Para eso están las bases de datos (algunas incluso con voz) que, a golpe de un click, capturan y te ofrecen artículos doctrinales, textos legales, las normas relacionadas, las derogadas y las vigentes, la jurisprudencia de aplicación, la dictada en sentido contrario, la coincidente y la similar.

El buen jurista, el excelente, el experto, no es un reproductor ni es una memoria o almacén de datos. Es alguien que ha vivido, vive y entiende la ley y su relación con la sociedad y con la historia que nos ha conformado. Alguien que conoce y ha visto injusticias, que ha estado con su pensamiento jurídico en muchos lugares y situaciones, que ha presenciado y cometido errores y se ha preocupado por ello. El experto jurista, el jurista excelente, el jurista especial tiene su propia forma de construir pensamiento, de  traducir el Derecho y de hacer hablar a la ley con su propia voz, como él la ve, la siente, no con clichés, o con simples arcaísmos traídos del pasado o reproduciendo la palabra y la autoridad de otros. El juez experto ha vivido y sentido el Derecho, entendido y transformado la ley y, con su sentencia, se ha comunicado con la sociedad, creando nuevos vínculos entre los seres humanos.  Al hacerlo así, nos invita a los demás, a los menos expertos, a hacer lo mismo: a dar una voz a la ley para, protegiendo derechos, crear una sociedad más justa. El juez excelente nos instruye y nos ayuda a definir los estándares de nuestra sociedad, éticos y políticos, a buscar justicia, a renovar de forma constante el profundo compromiso adquirido con un cierto tipo de vida, de valores y de pensamiento, con un oficio: la profesión de juez.

"La buena sentencia es un acto de creación fruto del entendimiento, de la vivencia y experiencia del Derecho. Entender el Derecho en profundidad no es repetir una ley ni ser una enciclopedia legal o superar un examen teórico"

El juez sabe de verdad Derecho, en cualquiera de sus ramas, cuando a base de experiencia comprende profundamente que la norma le conecta con la sociedad con la cual se comunica a través de la sentencia, y que aplicar Derecho no es la búsqueda de la verdad sino de la justicia.
El juez realmente experto en su jurisdicción por su conocimiento no nace cuando, tras dos años escuetos de experiencia (art. 311 LOPJ 6/1985), ni de cuatro según el anteproyecto de Ley Orgánica del Poder Judicial, pasa una “prueba selectiva de excelencia y especialización” y al que se premia con una carrera profesional especial y privilegios internos desde el mismo momento en que supera una decimonónica y más que cuestionable prueba, muchas veces con poca experiencia judicial y con ninguna en la rama legal en la que posteriormente se le etiqueta como especialista. No es posible ser experto ni gozar de “excelencia en la formación jurídica y en la trayectoria profesional” con dos ni con cuatro años de profesión. De ello somos conscientes todos porque ya lo hemos comprobado.
Se ha generado y, lo que es peor, perpetuado y poco a poco ampliado, el estereotipo de que el conocimiento jurídico se reduce al enunciado de un conjunto  de normas, instituciones y leyes recitadas de cierta forma a modo de conjuro que, formulado en el tiempo, con la cadencia, las palabras y ante las personas adecuadas te otorga un halo especial y la llave del conocimiento, de la sabiduría jurídica y, por ello, del privilegio a pertenecer a una élite minoritaria artificialmente creada pero naturalmente destinada a controlar y dirigir la profesión. El estereotipo lo quieren convertir en creencia y luego en dogma obviando lo que, de verdad, es el conocimiento. Sin embargo, ni el Derecho ni nuestra profesión puede ni deben ser reducidas a eso.
El conocimiento del Derecho y de cualquiera de sus ramas no es solo la habilidad de repetir una ley, un listado de preceptos o lecciones, de repetir un conjuro: es algo más que incluye, al menos, la capacidad de pensar acerca de las normas, interpretarlas separadamente y relacionarlas entre sí, aplicarlas a hechos y personas, de una forma tanto analítica como argumentativa.
El conocimiento del Derecho es una tarea sin fin: nunca se acaba, nunca lo puedes saber todo, nunca se sabe perfectamente, siempre tienes algo que aprender, mejorar, corregir, algo nuevo para pensar, reflexionar, para discutir con un compañero. Sabes Derecho cuando eres capaz de aplicar la norma, más o menos bien, a diferentes situaciones y personas. El Derecho se aprende cuando lo usas, la norma se estudia cuando la aplicas para dar una respuesta, lograr unos objetivos, un resultado, mantener o conservar una relación o para guiar a otros en la dirección que deben tomar, o incluso para descubrir cuál va a ser esa dirección. La norma, la ley, se estudia y se usa para reducir, definir, hacer manejables las incertidumbres que están presentes en cada situación y relación humana.

"El conocimiento del Derecho es una tarea sin fin: nunca se acaba, nunca lo puedes saber todo, nunca se sabe perfectamente, siempre tienes algo que aprender, mejorar, corregir, algo nuevo para pensar, reflexionar, para discutir con un compañero"

Es normal entender por conocimiento algo objetivo, verificable fácilmente, una especie de información o dato que está ahí fuera, en el mundo, y que se puede ver, tocar, comprobar, medir, a modo de un producto de un sistema. De esta forma el conocimiento se convierte erróneamente en un objeto, algo a nuestro alcance que podemos coger con facilidad, como el agua. Sin embargo, este concepto de conocimiento no es válido para la mayoría de las ciencias ni, desde luego, para la ciencia y el conocimiento jurídico.
El verdadero conocimiento jurídico no es un objeto ni un hecho susceptible de ser testado en un día y en un examen. El conocimiento jurídico no es ni siquiera lógica, es ante todo experiencia. Y la experiencia, como el Derecho, no se hace en un día. El Derecho se vive.
El conocimiento jurídico y la excelencia en la profesión de juez (como en la profesión de abogado) se crean y se recrean cada día de forma constante y diferente por personas con distintas sensibilidades en situaciones no siempre similares para sujetos dispares y en lugares alejados entre sí. El mismo caso con iguales preceptos jurídicos aplicables será argumentado de forma diferente por distintos abogados y, especialmente, por aquellos muy buenos. De idéntica forma la respuesta judicial será también construida, creada y ofrecida de manera distinta. Es precisamente en estas diferencias dónde se pueden discernir las más importantes cualidades de la excelencia profesional e intelectual. Una de ellas es la creatividad.

"El verdadero conocimiento jurídico no es un objeto ni un hecho susceptible de ser testado en un día y en un examen. El conocimiento jurídico no es ni siquiera lógica, es ante todo experiencia. Y la experiencia, como el Derecho, no se hace en un día. El Derecho se vive"

El verdadero juez experto con gran conocimiento jurídico requiere además, como el buen abogado, poseer un importante espíritu crítico porque tiene que someter la ley a constante enjuiciamiento, desde dentro y desde fuera, para proponer respuestas, ejecutar soluciones y crear transformaciones sociales amparadas legalmente y que sean a la vez justas. Admitir que un resultado es injusto pero amparado por la ley o que el resultado es justo pero no está sostenido por la aplicación de la ley  es la peor de las situaciones a las que se enfrenta un juez. La búsqueda de la solución justa, del equilibrio, obliga a someter la ley a un test crítico permanente porque cualquier ley es capaz de hacer gran daño. Una mala ley es la peor de las tiranías, decía Edmund Burke. El juez debe estar preparado para esta tarea: para redefinir si es necesario la norma y su aplicación al mundo eliminando la tiranía buscando la justicia.  No siempre se logra, y solo algunos llegan, tras mucha experiencia. Ellos son los expertos, en ellos está la excelencia.
El especialista y la excelencia se construyen con los años y con mucha experiencia, no se hace en un día. El que surge en un día tras recitar el conjuro de unos temas y superar una prueba, sin la debida experiencia, y se proclama a sí mismo como experto no ofrece nada especial en retorno a la sociedad que le paga sus servicios y le sustenta en sus privilegios. Va desnudo y no lo sabe, porque cree estar vestido de oropel, como el rey en el cuento.
El juez experto dotado de un especial conocimiento jurídico, el juez excelente, es aquel que, con etiqueta o sin ella, ha acumulado y sigue acumulando vida y experiencia adquiriendo con los años de oficio una particular capacidad y una especial forma de pensar, de razonar y de hacer hablar a la ley que no es mecánica y que lamentablemente no se puede enseñar, porque casi es un arte: el arte de interpretar la ley, entenderla, usarla, criticarla, forzarla a veces hasta el límite para transformarla con el único objeto de remediar la injusticia. El juez excelente es intrínsecamente idealista, se reinventa a sí mismo cada día porque está motivado más por el placer de hacer bien su trabajo y servir que por las recompensas económicas o de estatus externo. El juez excelente sabe obtener recompensa de su propio trabajo bien hecho y de la excitación que acompaña todo proceso de creación en búsqueda de la justicia, una satisfacción que ninguna cantidad de dinero puede comprar.

"El juez experto dotado de un especial conocimiento jurídico, el juez excelente, es aquel que, con etiqueta o sin ella, ha acumulado y sigue acumulando vida y experiencia adquiriendo con los años de oficio una particular capacidad y una especial forma de pensar, de razonar y de hacer hablar a la ley que no es mecánica y que lamentablemente no se puede enseñar, porque casi es un arte: el arte de interpretar la ley, entenderla, usarla, criticarla, forzarla a veces hasta el límite para transformarla con el único objeto de remediar la injusticia"

El juez excelente es esa buena compañera de profesión que te despertó un día la vocación, aquel con oficio y algo veterano que te acoge en tu primer juzgado, aquel otro hoy jubilado que te enseñó la importancia de cierto sentido común, el que desde arriba ha corregido y corrige con rigor y respeto tus errores, el que cada día al discrepar coopera contigo y te ayuda a entender mejor la ley y sabiamente te dice que al menos siempre nos quedará la sentencia,  o ese otro compañero que, pese a estar siempre ocupado y volcado en su labor, se para y te escucha cuando lo necesitas.
La excelencia en el ejercicio de esta profesión requiere mucho más que el aprendizaje de unos textos o la adquisición de un simple conocimiento técnico demostrable a través de un examen. Exige, por el contrario, la permanente adquisición de una profunda, sólida y larga experiencia pues solo ella permite, y exclusivamente a algunos, obtener la capacidad de escuchar a los demás y de hacer hablar de forma coherente y con un verdadero significado dando sentido a las incertidumbres de la ley para, de este modo, guiarnos a los demás y a todos aquellos que vendrán después de nosotros, jueces de hoy y del futuro, cada uno tratando a nuestra peculiar manera de dar un sentido a nuestra labor y diario esfuerzo por hacer de la justicia una realidad.

(1) El presente artículo está escrito con motivo del texto de los artículos 329 y ss. del Anteproyecto de la Ley Orgánica del Poder Judicial hecho público en abril y de los actuales artículos 311 y concordantes de la vigente LO 6/1985, de 1 de julio, relativos a las pruebas que otorgan al juez la consideración de especialista y, en el texto del anteproyecto, la excelencia y la especialización profesional. “Juez” está usado en su acepción neutra, comprensiva tanto del género femenino como el masculino.

Resumen

En los últimos años se ha producido una tendencia hacia la convocatoria de pruebas internas que permiten obtener casi sin experiencia la categoría de juez especialista en una determinada área del Derecho. Como expertos se espera de ellos que traigan a la resolución de las controversias unos conocimientos jurídicos y una pericia sobresaliente, lo que justifica su necesaria presencia y designación preferente para ciertos puestos. ¿Son los especialistas, solo por esta denominación, los más experimentados y mejor considerados jueces? En este trabajo se argumenta que el juez excelente, el auténtico especialista, se genera a través del desarrollo de la labor de enjuiciar durante muchos años, acumulando experiencia, y que esas pruebas internas solo sirven para oscurecer lo que un juez realmente tiene que saber hacer: aplicar los principios jurídicos, la razón y los estándares éticos a la resolución de los casos.

Abstract

In recent years internal tests have been summoned to obtain the status of specialized judge in a certain field of Law; no experience is required. As experts they are expected to use their legal knowledge and outstanding skills to resolve disputes. This knowledge and skills are what justify their presence and preferential appointment in the case of certain positions. Are these specialists the most experienced and best-considered judges? This paper argues that the making of an excellent judge, of the real specialist, requires years of judicial practice and experience, and that these exams are just masking what a judge really needs to know: how to apply legal principles, reason and ethic standards to the resolve cases.