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ENSXXI Nº 57
SEPTIEMBRE - OCTUBRE 2014

JOAQUÍN ESTEFANÍA
Periodista y escritor

El objetivo de la Marca España es mejorar la imagen de nuestro país tanto en el interior como más allá de nuestras fronteras, en beneficio del bien común. Según su página web oficial, “en un mundo global, una buena imagen-país es un activo que sirve para respaldar la posición internacional de un Estado política, económica, cultural, social, científica y tecnológicamente”. En la presente coyuntura, en el planteamiento de la Marca España priman los términos económicos, aunque no sólo.
Por ejemplo, se pueden analizar las cuestiones que vinculan la imagen de cada país con un fenómeno creciente en intensidad como es la corrupción política. ¿Cuánto afectan a la Marca España los casos de corrupción que, en estos momentos, afectan a la más alta institución del Estado, al partido del Gobierno, al principal partido de la oposición, la patronal, los sindicatos, y a cargos de casi todos los colores políticos en casi cualquier territorio? ¿Es diferente España en este asunto a los principales países de nuestro entorno?
El glacis natural de España es América Latina, más allá de nuestra pertenencia a la Unión Europea (UE). Tiene por ello mucho interés conocer qué opinan de nuestro país los ciudadanos del otro lado del océano. El Latinobarómetro (algo similar al Eurobarómetro) acaba de publicar un estudio titulado precisamente Imagen de los países y las democracias, que concluye una espectacular caída de la opinión de los latinoamericanos sobre España. En dos años, de 2011 a 2013, España pierde 20 puntos (sobre 100) de opinión favorable, pasando de ser el país con más aprobación a quedar detrás de EEUU, Brasil, Japón o China. También baja mucho el conjunto de la UE.

"¿Cuánto afectan a la Marca España los casos de corrupción que, en estos momentos, afectan a la más alta institución del Estado, al partido del Gobierno, al principal partido de la oposición, la patronal, los sindicatos, y a cargos de casi todos los colores políticos en casi cualquier territorio?"

Algo se está haciendo muy mal cuando sólo el 12% de la población de la región cree que España es totalmente democrática. Los autores de este estudio consideran que la visión del mundo está más anclada en los resultados tangibles de lo que una democracia o un país puede entregar a sus ciudadanos que en sus instituciones y normas, por lo que la imagen de la democracia de su país y de otros países que tienen los latinoamericanos no concuerda con la de los expertos. La percepción que aparece en el Latinobarómetro está más allá de las relaciones institucionales: la globalización e Internet traen un mundo de información sin necesidad de desplazarse y de interactuar. Con estas características, cae la imagen de España a lo largo de la crisis y aunque el factor económico es importante pero no determinante, aspectos como la extensa cobertura informativa dada a las protestas contra los recortes (y quizá los permanentes casos de corrupción) han minado estrepitosamente la imagen de este país. Como conclusión, se afirma que los lazos de América Latina con España caen y son claramente más débiles que con EEUU.

"Algo se está haciendo muy mal cuando sólo el 12% de la población de la región cree que España es totalmente democrática"

La cuestión de si España tiene modos de corrupción semejantes a los demás países europeos tiene respuestas convincentes en un libro de reciente aparición: Corrupción y política. Los costes de la democracia (Galaxia Gutenberg), un texto que dejó inédito Javier Pradera y que ahora ha visto la luz. En su estudio introductorio, el catedrático de Historia de las Ideas Políticas Fernando Vallespín, desarrolla el argumento de cómo el mal ha fluido por la corriente sanguínea del sistema como un todo. Únicamente la crisis económica tuvo la capacidad de sacar la corrupción a la luz con toda su desnudez. Así, la crisis económica  derivó en una profunda crisis institucional y ésta se vio en gran medida alimentada por una sensación de descontento generalizado con la “clase política”, producto a su vez de un insoportable malestar colectivo derivado de la nueva visibilidad pública de la corrupción.
El libro de Pradera no es sobre la corrupción en sí misma, como tantos otros que han sido publicados, sino sobre su vinculación a las nuevas condiciones del sistema democrático, en conexión con la “profesionalización de la política” y con el “cambio de posición de los partidos dentro del sistema de democracia representativa desde su constitucionalización”. Lo que en principio se vivió como una patología puntual, como las andanzas de una serie de pillos, ha resultado ser un rasgo casi sistémico de nuestra democracia realmente existente. En Corrupción y política se plantean tres destrozos que la percepción de la corrupción ocasiona sobre el enjuiciamiento de la política (y, por extensión, en la Marca España): los menores niveles de satisfacción con la democracia; la mayor desconfianza institucional e interpersonal; y una mayor aceptación de los comportamientos de transgresión de normas, lo que puede ser considerado natural: cuando se ve que los partidos políticos, clientelas y protegidos se sustraen a esas normas impunemente, ¿por qué habrían de respetarlos los demás?.Todo ello conduce a la desafección que impera ahora entre la ciudadanía.
La principal diferencia entre España y muchos de los países occidentales en relación a este asunto es nítida: la propagación de casos de corrupción se ha visto complementada con la pasividad para atajarlos.