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ENSXXI Nº 58
NOVIEMBRE - DICIEMBRE 2014

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR
Periodista

Se suceden las encuestas que pronostican el triunfo electoral de Podemos. La de Metroscopia para El País, la del Centro de Investigaciones Sicológicas y la de Sigma 2 para El Mundo coinciden dentro de un margen que les otorga en los tres casos un protagonismo de primerísimo nivel. Varía el orden de llegada a la meta pero siempre la nueva formación queda dentro de las tres primeras. Mientras tanto el movimiento, heredero del 15-M, que ha sustituido las acampadas en la Puerta del Sol bajo el lema de “no nos representan” y las operaciones de “rodea el Congreso”, prefiere proponerse el objetivo de ocupar sus escaños siguiendo el conducto reglamentario, es decir concurriendo a las elecciones generales para que las urnas les otorguen la victoria. Querrán cambiar el sistema pero se proponen hacerlo conforme al procedimiento establecido.
Las expectativas que han levantado traen causa del horror vacui, del horror al vacío, que tiene la naturaleza y el electorado. Si los partidos establecidos dejan de responder a las querencias de los votantes, queda un terreno disponible que los nuevos en esta plaza han sabido detectar y que están dispuestos a ocupar con ambiciones oceánicas y una actitud diferenciada basada en la decencia. Explica el general Beaufre en su Introducción a la estrategia (Ediciones Ejército. Madrid, 1980) que en materia política es posible apropiarse de posiciones abstractas, lo mismo que en la guerra militar cabe apoderarse de una posición geográfica que se prohíbe al enemigo. Así es como, por ejemplo, los soviéticos lograron adueñarse de la plataforma de la paz; de la repulsa de las armas atómicas que, sin embargo habían desarrollado; de la del anticolonialismo, aunque tuvieran el único imperio colonial que subsistía. Quede para otro momento el análisis de este fenómeno indiscutible que corresponde a la táctica psicológica, pero ha de señalarse que estas conquistas se apoyan, en general, en principios admitidos por los adversarios.

"Querrán cambiar el sistema pero se proponen hacerlo conforme al procedimiento establecido"

Son los partidos turnantes los que parecen haber puesto en marcha, como decía el inolvidado Carlos Luis Álvarez Cándido una maquinaria infernal para perder las elecciones. Y volviendo a Beaufre hemos de coincidir en que “el vencido merece su suerte por ser siempre su derrota el resultado de los errores de pensamiento que ha debido de cometer, sea antes, sea durante el conflicto”. Además, los líderes de Posible saben bien que como explica nuestro autor el juego estratégico puede darse –como la música- según dos modos. El modo mayor es la estrategia directa, en el que la fuerza representa un factor esencial. El modo menor es la estrategia indirecta, en la que la función de la fuerza parece esfumarse ante el de la psicología y de las combinaciones. Su elección a favor de la aproximación indirecta descrita por Liddell Hart es contundente. Por eso, rehuyen los pronunciamientos claros y prefieren la penumbra de la ambigüedad. Una opción en la que les será cada vez más difícil mantenerse, una vez que el crecimiento de las expectativas les concede la condición de presidenciables y, a partir de ahí, en sus comparecencias periodísticas los de Podemos y en particular su Secretario General han pasado a ser interrogados a la manera que se hace a los candidatos verosímiles a la Moncloa.

"Si los partidos establecidos dejan de responder a las querencias de los votantes, queda un terreno disponible que los nuevos en esta plaza han sabido detectar y que están dispuestos a ocupar con ambiciones oceánicas y una actitud diferenciada basada en la decencia"

Así se vio en el programa televisivo El Objetivo de La Sexta y se escuchó en el informativo radiofónico Hoy por Hoy de la cadena SER. Tanto Ana Pastor como Pepa Bueno han querido saber cómo sería la renta universal y con cargo a qué fondos se pagaría, en qué consistiría esa auditoria ciudadana a la que se encomendaría el reconocimiento de la deuda, cómo se reduciría el paro, cuál sería el futuro de la enseñanza concertada, si continuarían las bases de utilización conjunta hispanoamericanas, si permaneceríamos en la Alianza Atlántica o bajo qué formula se resolvería el encaje territorial de Catalunya, por poner algunos ejemplos. Pero ha sido imposible obtener respuestas ciertas porque Pablo Iglesias ha preferido remitirse a decisiones que tomaría después de oír a los mejores, sin decirnos tampoco quiénes serían o en virtud de qué criterios se procedería a seleccionarlos.

"Los partidos establecidos piensa que las manifestaciones de descontento son estados febriles pasajeros. No entienden que el umbral de la tolerancia ha bajado y va a seguir bajando y que es inútil esperar a que escampe"

El objetivo de los nuevos es sumar sin atemorizar, situarse en el centro porque sin morder en ese espacio cualquier victoria sería insuficiente para llegar a la Moncloa. Invalidar a los demás, arrojándolos al infierno de la casta, y denominar régimen del 78 a los años vividos desde la Constitución en adelante como si hubiera sido tiempo de silencio e indignidad. Buscan ganarse la oportunidad de arrancar de cero, aplaudidos por todos los que han sido castigados severamente por la crisis o se han hartado de los escándalos de corrupción y vuelven sus ojos a quienes están exentos de responsabilidades y vienen con la vara implacable de la decencia. Con razón escribe el historiador Santos Juliá que mucha frase y ningún discurso y que el secretario general de Podemos consigue entusiasmar a su público con fuegos de artificio. Explica que el día de su elección en vez de un discurso pronunció una yuxtaposición de frases, leídas de carrerilla con una métrica y una entonación capaz de suscitar los aplausos que le interrumpieron en 30 ocasiones a lo largo de 20 minutos. La cuestión adicional es la de comprobar si consigue que ese público siga siendo suyo, continúe acompañándole porque merece el beneficio de la duda mientras todo lo conocido se presenta como deplorable.
Como ha escrito también en El País un periodista amigo, piensan en los partidos establecidos que las manifestaciones de descontento son estados febriles pasajeros. No entienden que el umbral de la tolerancia ha bajado y va a seguir bajando y que es inútil esperar a que escampe. La dialéctica defensiva de los líderes basada en el “y tú más” ya no proporciona indulgencia para los abusos propios. Por eso, la rendición de cuentas debe empezar por aplicar mayor severidad y exigencia hacia los que se enfundan la misma camiseta. De modo que sólo ese proceder es honorable. Mientras, resulta asombroso cómo en algunos casos recientes -véase la operación Púnica-  quienes han tenido a su lado a corruptos conocidos de todos, se excusan aduciendo que nunca les infundieron sospechas. Sabemos bien que para los líderes no hay salvación personal, han de responder también de la integridad de su entorno. Hace unos meses los estrategas del PP aferrados a la descalificación del gobierno anterior del socialista  Zapatero se sentían habilitados para declinar cualquier pregunta formulada desde el grupo parlamentario del PP y veían con ilusión cómo irrumpía Podemos en el que tenían puestas todas sus complacencias por sus efectos perturbadores en la izquierda. Ahora están en el grito de que viene Podemos para que el miedo guarde la viña. Pero la invocación al miedo tiene un radio de acción limitado y en las elecciones autonómicas y municipales de mayo tendremos la primera prueba con fuego real, entre tanto, el proceso en que está embarcada la Generalitat sigue envenenado. Si había en Moncloa un plan B, enseguida lo sabemos.