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REVISTA N59-PRINCIPAL

ENSXXI Nº 59
ENERO - FEBRERO 2015

JOAQUÍN ESTEFANÍA
Periodista y economista. Fue director de “El País” entre 1988 y 1993

Ningún modelo político o económico, de izquierdas o de derechas, ha venido nunca listo para armar. Todos ellos, desde la planificación soviética al Estado de Bienestar keynesiano, pasando por el neoliberalismo de Thatcher y Reagan, surgieron como improvisaciones ideológicamente dirigidas, en circunstancias históricas concretas. Se han construido sobre la marcha y sólo se teorizaron ex post. Ni siquiera Marx ofreció un plan de acción muy determinado.
Cuando el mundo deja atrás la Gran Recesión y entra en una fase que se concentra en las devastadoras huellas que ha dejado en cada sociedad, emerge el combate dialéctico entre las distintas maneras en que los países lucharon contra la crisis económica. En la reunión del Foro Económico Global de ese año, el pasado mes de enero, en Davos, España fue uno de los países de moda. ¿Cómo lo podía ser si el único dato bueno (en relación con los de otros países de su entorno) a presentar era el del crecimiento (una proyección del 2% para el año en curso) e iba rodeado de una horrible cifra de paro en la que nuestro país disputaba la peor cifra a la problemática Grecia? No es de extrañar que unos meses atrás, cuando le preguntaron a Matteo Renzi, primer ministro italiano, si su modelo de política económica era el de España, respondiera sonriendo que cómo lo podía ser si la tasa de desempleo española era el doble que la italiana. “Mi modelo es Alemania”, dijo Renzi.

"Cuando el mundo deja atrás la Gran Recesión y entra en una fase que se concentra en las devastadoras huellas que ha dejado en cada sociedad, emerge el combate dialéctico entre las distintas maneras en que los países lucharon contra la crisis económica"

La respuesta a las felicitaciones de España está en el interés que tenían los que durante un septenio han impuesto las políticas de austeridad en Europa, sobre todo en Europa del sur, de presentar un éxito en las mismas –aunque sea tan relativo y discutible como el de España- con el que defenderse de las generalizadas críticas que llegan del mundo académico y desde las sociedades reales. En crónica de uno de los presentes en Davos “hay muchas ganas  de tener un ejemplo de que tenemos razón y España sirve, aunque sus reformas son más bien medianas, pero comparadas con las de Francia o Italia son magníficas y han sido increíblemente suficientes para salir de la recesión”, resume un banquero central. La que más necesita a Rajoy como ejemplo es Ángela Merkel. La canciller agrega además que a los que más presiona ella para tomar medidas impopulares, son los que antes se recuperan. “Los que están introduciendo más reformas, según la OCDE, son los que han entrado en programas de asistencia financiera”, afirmó en la localidad suiza el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble.
El otro modelo, mucho más probado, es el de EEUU. Su confirmación llegó por boca del presidente Obama en el tradicional discurso sobre el estado de la Unión, en el que el concepto más conjugado fue el de desigualdad. “¿Aceptaremos una economía en la que sólo a unos pocos les va espectacularmente bien?”, dijo. Obama llamó a “pasar página”. Se ha iniciado en EEUU una etapa en la que son más visibles que en tiempos de dificultad las diferencias existentes entre las familias que han capeado la crisis (sin perder ningún puesto de trabajo y sin haber visto disminuir de modo sustancial el poder adquisitivo), y las que después de haberla sufrido (precarizándose), no son capaces de subirse al tren de la recuperación: aquellos que “no pueden pasar página”.

"La lucha contra la desigualdad condicionará tanto la campaña para las presidenciales americanas de noviembre de 2016 como el debate ideológico europeo sobre la mejor política económica para salir de la crisis"

Los datos con los que se presentó en ese discurso memorable son bastante envidiables. Crecimiento previsto para el año en curso del 3,6% y del 5% en el último trimestre de 2014 (“América ha vencido a la crisis y ha creado más riqueza que ninguna otra economía desarrollada del mundo”); paro del 5,6% (“desde 2010 hemos generado más puestos de trabajo que Europa, Japón y todas las economías avanzadas combinadas”), muy cercano a lo que se entiende por pleno empleo; y a punto de llegar a un déficit público del 3%. Por ello presumió: “A cada paso nos han dicho que (…) aplastaríamos la creación de empleo o haríamos explotar el déficit; sin embargo hemos tenido el crecimiento económico más rápido de una década y hemos recortado el déficit en dos terceras partes, mientras el valor de la Bolsa se ha duplicado”.
La lucha contra la desigualdad condicionará tanto la campaña para las presidenciales americanas de noviembre de 2016 como el debate ideológico europeo sobre la mejor política económica para salir de la crisis. Como el francés Thomas Piketty en el ámbito académico, Obama fuerza -en el territorio de lo político- a los republicanos de EEUU y a la derecha europea a incluir en el frontispicio de sus políticas la discusión sobre la desigualdad y su influencia en el deterioro de las sociedades. Atascado el ascensor social, la economía de la clase media “significa ayudar a las familias trabajadoras a sentirse más seguras en un mundo de cambios constantes. Ello significa ayudar a la gente a pagar el cuidado infantil (la educación preescolar), la universidad, la atención médica, una casa y la jubilación”.
Escojamos.