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REVISTAN61-PRINCIPAL

ENSXXI Nº 61
MAYO - JUNIO 2015

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR
Periodista

La donna è mobile, según se canta en una de las arias más famosas de la lírica universal que todos recordamos de la ópera Rigoletto de Giuseppe Verdi (1851). Pero la volubilidad atribuida a la donna reza también con el electorado susceptible de pasar de una actitud a la inversa, de enamorarse del consenso como procedimiento idóneo para objetivos ambiciosos, como pudo ser la Constitución de 1978, de considerar preferible la suma de fuerzas políticas a la imposición de la mayoría por cuenta de un partido hegemónico. Pero también de caer presa del desencanto, de pensar que los gobiernos sin mayoría han de buscarse la vida y salir, en cada ocasión, a la búsqueda de los votos ajenos necesarios para impulsar cada proyecto legislativo y de observar con desasosiego cómo los que se añaden exigen cobrarse un precio que se va encareciendo según aumenta la precariedad del inquilino de la Moncloa. El recurso habitual, el yacimiento más adecuado para completar la mayoría, han sido los partidos bisagra, una función a la que se prestaban los nacionalistas catalanes y vascos con altos rendimientos.
En esa línea, bien acomodados a la función bisagra y deseosos de prorrogarla, los de Convergencia i Unió hicieron su campaña para las generales de 1993 acogiéndose al lema de ara decidirem. En muchos medios de comunicación ese slogan suscitó críticas porque parecía reflejar la abierta reticencia de los nacionalistas catalanes a integrarse en un Gobierno de coalición. El ara decidirem expresaba la voluntad de ser decisivos en la gobernación del  país e incluso si se diera un empate técnico entre los dos primeros aspirantes llevar a la Moncloa al más afín o mejor dispuesto a sintonizar con sus aspiraciones. Pero conviene distinguir entre ara decidirem y ara governarem, una bandera excesiva que nunca osaron izar como señuelo ante sus posibles electores. El único compromiso con el que se presentaban y del que aceptaban responder era el de que si recadaban suficientes votos estarían en condiciones de decidir. Habían detectado cierta pulsión de cambio pero su propuesta en absoluto desafiaba el gusto por la estabilidad y, aunque descartara una coalición de Gobierno, se brindaba a garantizar desde fuera un ejecutivo fuerte.

"El recurso habitual, el yacimiento más adecuado para completar la mayoría, han sido los partidos bisagra, una función a la que se prestaban los nacionalistas catalanes y vascos con altos rendimientos"

Los socialistas en aquellos años padecían un desgaste visible porque habían perdido el sentido estimulante de la provisionalidad y parecían estancados en el poder de larga duración donde, al hilo del acomodo indefinido, segregaron un sentimiento de impunidad que animó a muchos previsores del porvenir a aventurarse por la senda próspera de la corrupción. El primer descubrimiento del que se tuvo noticia sucedió el lunes 21 de septiembre en el despacho del primer edil madrileño, Enrique Tierno Galván en la planta segunda de la Casa de Cisneros de la plaza de la Villa, donde se reunían los tres tenientes de alcalde, Eduardo Mangada (PCE), Alonso Puerta y José Barrionuevo (ambos del PSOE), y Joaquín Leguina, concejal de Hacienda y secretario general de la Federación Socialista Madrileña que formaban el plenillo, del que salían las directrices políticas municipales. Fue entonces cuando una intervención inesperada del segundo teniente de alcalde lanzó la denuncia de irregularidades que podrían llegar hasta el soborno en el caso de la concesión de las contratas para la limpieza de tres distritos de Madrid, Apuntaba a la cabeza de Baltasar Aymerich y Jesús Espelosín, delegados de Hacienda y Saneamiento, respectivamente.
Vale la pena rebobinar porque la acusación, que parece sacada de la última hora de estos días de mayo de 2015 transcurridos casi 25 años, señalaba cómo una de las seis empresas concurrentes a las subastas, Semat (Sociedad de Equipos, Manutención y Transportes), había ofrecido un porcentaje de un 5% sobre el valor total de la contrata (cifrada en unos mil millones de pesetas en cinco años) destinada a la financiación de la FSM. La oferta se habría cursado, según Puerta, a través de un viejo militante del PSOE de la agrupación de Tetuán, Pedro Galindo, ingeniero industrial de profesión, bien introducido entre las empresas que aspiran regularmente a contratas municipales.
Pero cenemos Inés, si te parece primero, atendidos esta vez en la casa jienense de don Lope de Sosa por su criado lusitano, conforme al poema de Baltasar del Alcázar, sin olvidar el detalle suministrado por Alonso Puerta según el cual se había recibido un donativo, en concepto de anticipo a cuenta del porcentaje, por importe de medio millón de pesetas ingresado en las arcas de la federación socialista, en la calle de Andrés Bretón. El denunciante solicitaba en vano del alcalde la destitución en caliente de Espelosín y de Aymerich, como gestores de la operación mientras aducía cómo el informe técnico y la propuesta de Espelosín habrían hecho posible la concesión de una de las tres contratas (la de San Blas, concretamente) a la empresa Semat.

"El péndulo, la oscilación que describen las preferencias del electorado que pasan del entusiasmo a la desafección. De la aversión a conceder la mayoría a una fuerza política, al castigo implacable a la que había sido en su día encumbrada para corregir la insoportable debilidad del gobierno en minoría"

Esta excursión retrospectiva concluiría como la aventura de Micifú y Zapirón quienes, después de haberse zampado el capón, se abstuvieron de comerse el asador porque era un caso de conciencia. También aquí se descartaron las destituciones, se prefirió defender el malentendido honor del partido y se expulsó al que pedía manos limpias y por esa vía de agua vinieron después otras corrupciones sobre las que interrogado Felipe González dijo aquello de que no estaban preparados para ver que semejante proceder surgiera en sus propias filas. Pero pensar que los socialistas estaban hechos de otra pasta, inatacable por los ácidos de la corrupción, era un desenfoque ingenuo cuando es de observación general que ningún área queda exenta, ni siquiera la del colegio cardenalicio.
Volvamos al péndulo, a la oscilación que describen las preferencias del electorado que pasan del entusiasmo a la desafección. De la aversión a conceder la mayoría a una fuerza política, al castigo implacable a la que había sido en su día encumbrada para corregir la insoportable debilidad del gobierno en minoría. De la entrega del poder con indiscutida mayoría parlamentaria a Felipe González a su satanización. De las bisagras de pago con las que se inauguró aquel José María Aznar que hablaba catalán en la intimidad a la segunda legislatura de insufrible arrogancia. Y luego, vuelta a empezar con José Luis Rodríguez Zapatero necesitado de apoyos ganados por Alfredo Pérez Rubalcaba en los pasillos del Congreso que fue abatido por una crisis económica irresistible, habida cuenta de la herencia burbujeante de los Álvarez Cascos, Rodrigo Rato y compañeros del metal que tanto juego dan en las escaleras de la Audiencia.  
En todo caso, los lectores que frecuentan este espacio tienen bien aprendido que las victorias electorales llegan siempre precedidas de renuncias y después de haber cumplido por anticipado con los correspondientes ejercicios de idoneidad. Podría hacerse el listado a dos columnas por ejemplo con la izquierda europea para comprobar cómo el SPD alemán sólo adquirió la condición de apto para gobernar después del Congreso de Bad Godesberg en noviembre de 1959 donde renunció a las posiciones maximalistas de su programa que incluían la disolución de la Wehrmacht y de las Fuerzas Navales y Aéreas de la República Federal de Alemania. También el Partido Socialista francés se reconcilió con la existencia de la force de frappe nuclear ideada por De Gaulle antes de que François Mitterrand ganara las presidenciales en 1981. Y los laboristas británicos, arrumbados a la playa de la insignificancia merced al radicalismo de Neil Kinnock partidario del desarme unilateral del Reino Unido, de donde sólo salieron de la mano moderada de Tony Blair.
Después de que hablen las urnas la noche del 24 de mayo empezaremos a distinguir entre los cambios que se prometen en los programas electorales y aquellos otros que se operan en los propios líderes cuando acceden al poder envueltos en un halo de gloria. Nadie llega ni se mantiene ileso en el poder. Esas afirmaciones de los recién llegados de que el poder no va a cambiarles hacen reír a las cigüeñas. Los cambios se atribuyen en unas ocasiones al efecto de la acomodación, ocular; en otras, a las consecuencias inevitables del cambio de perspectiva. La cuestión a dilucidar es si el el caso de alcanzar el poder las fuerzas emergentes como “Podemos” llevarán adelante el cambio que pregonan, o si, por el contrario, será el poder, el de siempre, el que contagiará de sus propensiones invencibles a los neófitos. ¿Llegará a ejercer “Podemos” el poder o será el poder el que se valga instrumentalmente de “Podemos” durante la próxima temporada? Desde luego, según se ha probado a ninguno de los nuevos actores le será posible sostenerse en esas actitudes tan inertes y tan pagadas de sí mismas, que no interfieren en reacción química alguna, ni se combinan con ningún otro elemento, como sucede con los gases nobles. Recuerda Primo Levi en El sistema periódico a propósito del polietileno que "El Padre Eterno, a pesar de ser maestro en la polimerización, se abstuvo de patentarlo porque a Él las cosas incorruptibles no le gustan". Ahí nada tendrían que objetar los de Greenpeace porque saben muy bien que fuera de la materia biodegradable no hay salvación ecológica.

"Después de que hablen las urnas la noche del 24 de mayo empezaremos a distinguir entre los cambios que se prometen en los programas electorales y aquellos otros que se operan en los propios líderes cuando acceden al poder envueltos en un halo de gloria"

Isaak Babel hablaba a propósito del recio conocimiento de errores pasados de Vladímir llich, de la dificultad del empeño de explicar "la curva misteriosa que describe la línea recta de Lenin". Por eso, si se quisiera comprender cómo la rectitud de los políticos es curvilínea, nada mejor que consultar la ecuación de la curva del perro en el tomo Notes de bibliographie des courbes géométriques, de H. Brocard, fechado en Bar-le-Duc en 1897, que conservaba José María Aguilar. Para situarla en su contexto, aclárese que la curva del perro viene precedida de la curva de la involución, de la curva cáustica y de la curva de sombra, y seguida de la curva del diablo. La descripción de Brocard es contundente: "La curva del perro es la que describiría un perro buscando reunirse con su amo, suponiendo que éste sigue un camino dado con un movimiento uniforme".
Enseguida aclara nuestro autor que la curva del perro es un caso particular de las curvas o líneas de persecución, así designadas por Bouguer con ocasión del problema de la trayectoria seguida por el barco que pretende interceptar a otro, problema del que se ocupó en la Mémoire de l'Académie des Sciences pour 1732. Estas curvas están caracterizadas por la propiedad de su tangente de estar constantemente dirigida hacia la posición ocupada por el móvil perseguido. Así, la suma de las sucesivas trayectorias infinitesimales recorridas por los políticos que, en cada instante, se encaminan con absoluta rectitud hacia un poder que se desplaza con el centro de gravedad de las mayorías sociales, describe una curva, que es precisamente la que se ha llamado curva del perro, Pero más allá de ese comportamiento perruno, meramente instrumental, la inteligencia del político, sostiene José Antonio Marina, debe crear la información e inventar los fines. Continuará.