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REVISTAN64-PRINCIPAL

ENSXXI Nº 64
NOVIEMBRE - DICIEMBRE 2015

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR
Periodista

Escribe Luuk van Middelaar, en El paso hacia Europa (Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2013), sin duda el relato más esclarecedor y mejor fundamentado del proceso que ha llevado a la UE a partir de la Grecia clásica, que la esencia de la política reside en su relación con el tiempo. Por eso los mejores políticos tienen bien aprendido que su suerte depende de las ondas del tiempo. Así lo expresó con claridad el primer ministro británico Harold Macmillan quien interrogado por un joven periodista sobre lo que más temía para su gobierno, respondió: "Los acontecimientos, muchacho, los acontecimientos". Ahora  también son las ondas del tiempo las que, conforme a la partitura registrada de los acontecimientos, modulan estas semanas de inminencia electoral en las que nos hallamos inmersos. Esas ondas son las que imponen los temas de la conversación pública y las que proyectan a unos aspirantes a la notoriedad mientras arrumban a otros a la playa de la insignificancia.
Establecida la prioridad y la prevalencia de los acontecimientos, que vienen a ser el equivalente al régimen predominante de los vientos para la navegación a vela, hay que atender a cómo pueda condicionarse su percepción por el público de a pie. Porque la relación entre los estímulos y las sensaciones queda inevitablemente alterada por la forma en que los primeros sean transmitidos e impacten sobre la gente. Llegados a este punto recordemos que en el ámbito de las ciencias sociales se cumple lo averiguado en la mecánica cuántica de que el instrumento de observación o de medida altera el fenómeno que está siendo observado y su magnitud.

"Los mejores políticos tienen bien aprendido que su suerte depende de las ondas del tiempo"

En conclusión, repitamos que nada, ningún acontecimiento, ningún dato, permanece inalterado después de haber sido difundido como noticia.
Señalemos también que las innovaciones tecnológicas para nada han derogado las funciones desempeñadas por la prensa de papel ni imposibilitado su viabilidad económica. Que empeñados en el cumplimiento de sus propias profecías, algunos diarios se hayan convertido en la ardiente negación de su futuro, con daño para las empresas editoras y para el sistema democrático, es una cuestión diferente.
Una pequeña excursión a los tiempos oscuros del régimen nacional-católico, que siguió a la sublevación del 18 de julio y a la guerra civil del 36 al 39, permitiría comprobar cómo aquí entre nosotros sin libertad no hubo prensa que mereciera ese nombre. En efecto, una Ley de prensa dictada en 1938, de paternidad atribuida al cuñadísimo Ramón Serrano Suñer, establecía que la prensa formaba parte del aparato de propaganda del Estado y quedaba sometida a la censura y a las consignas de publicación obligatoria. La represión bendecida decía que íbamos "por rutas imperiales caminando hacia Dios" pero los caminos eran de servidumbre más o menos voluntaria.

"Nada, ningún acontecimiento, ningún dato, permanece inalterado después de haber sido difundido como noticia"

Además había que aguantar las gracietas, que narraban los ingenios de esa Corte de pardólogos, dando cuenta del cinismo galaico portugués con el que Franco aconsejaba a quienes se quejaban de problemas en su actividad cívica "haga como yo, no se meta usted en política", confesaba "no haber tenido nunca problemas con la prensa" esclavizada o se irresponsabilizaba diciendo aquello de "a ese lo fusilaron los nacionales". Luego, a la altura de 1958, en un momento de pulsión institucionalizadora, Gonzalo Fernández de la Mora provisto de una máquina de escribir se encerró en el Hotel Felipe II de El Escorial para cumplir el encargo redactar los "Principios del Movimiento Nacional" promulgados enseguida por el Generalísimo en uso de la prerrogativa que se había atribuido de dictar Leyes directamente sin someterlas ni siquiera a esas Cortes orgánicas de cartón piedra emanadas de las células básicas de la sociedad: familia, municipio y sindicato.

"En la práctica además de ante Dios y ante la Historia, Franco  se veía obligado a responder ante la Prensa Extranjera, que fuera del sometimiento impuesto a la prensa nacional pasaba a suplirla en sus funciones críticas"

El texto es en verdad antológico, con afirmaciones de carácter como la de que "los Principios del Movimiento Nacional eran por su propia naturaleza permanentes e inalterables", es decir, quedaban al resguardo de cualquier erosión por siempre jamás. Pero esa pretensión se iniciaba en el Preámbulo la siguientes términos; "Yo, Francisco Franco, Caudillo de España, responsable ante Dios y ante la Historia...". De manera que, por fin, esa broma de Caudillo quedaba incorporada a la terminología legal como antes lo había sido la denominación de Generalísimo fuera de las escalas de los Ejércitos e inalcanzable para los demás compañeros de armas. A Franco no le bastaba ser Jefe del Estado ni Capitán General, necesitaba ser Caudillo y Generalísimo, más allá de las definiciones acuñadas en las normas legales al uso y de los escalafones militares.    
Volvamos a la expresión en la que nuestro Caudillo se declara "responsable ante Dios y ante la Historia", dos instancias supremas que excluyen dar cuentas a los españoles, aceptar cualquier clase de emplazamiento crítico ante los medios de comunicación o reconocer a sus conciudadanos el derecho a pronunciarse como electores para otorgarle o negarle su aprobación. Además, el problema de declaraciones enfáticas como la anterior, sin posible réplica, es su contraste con la realidad. Desde luego, los españoles estaban descontados pero como subrayaba entonces un buen amigo periodista faltaba en la lista franquista una tercera instancia que se introdujo sin pedir permiso: la prensa extranjera. Porque en la práctica además de ante Dios y ante la Historia, Franco  se veía obligado a responder ante la Prensa Extranjera, que fuera del sometimiento impuesto a la prensa nacional pasaba a suplirla en sus funciones críticas.
La Prensa Extranjera era como la Virgen María nuestra protectora. Las  fuerzas de oposición democrática estaban bajo su amparo. Que se diera noticia de sus actividades, protestas, manifiestos o manifestaciones en The New York Times, Le Monde, Frankfurter Allgemaine Zeitung, Il Corriere de la Sera o Radio Paris marcaba la diferencia y convertía a sus protagonistas en "no torturables". En todas partes donde la prensa del país deserta o está impedida de cumplir sus funciones críticas aflora y se multiplica el protagonismo de la Prensa Extranjera, mientras que cuando imperan las libertades públicas queda relegada y pasa a ser irrelevante frente a la prensa nacional. (Continuará)