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revista7

ENSXXI Nº 7
MAYO - JUNIO 2006

FERNANDO RODRÍGUEZ PRIETO
Notario de Coslada (Madrid)

En números anteriores de esta revista, varios compañeros han denunciado la situación de decadencia y postración en que estas Oposiciones se encontraban. Desgraciadamente, sus sugerencias sobre la orientación que debía seguir la reforma para salvar esta institución, y que la misma pudiese seguir prestando los importantes servicios que ya prestó en el pasado no han sido atendidas por el proyecto de reforma del Reglamento. El mismo establece unos premios tan exiguos que de consolidarse esa línea, la institución quedaría sin duda herida de muerte.
Algunos, con mirada de corto alcance, podrían pensar que estas oposiciones tan sólo han beneficiado a quienes las han cursado con éxito. Nada más lejos de la verdad. Como nos recordaba Fernando Sánchez-Arjona, las mismas han servido desde luego para mejorar el nivel y la profundidad de los conocimientos jurídicos de muchos notarios, y el servicio que con ello pueden prestar a la sociedad. Pero además también han servido para despertar, en muchos notarios tan ilustres y conocidos que no hace falta nombrarlos, la vocación por el estudio, y por la aportación a la ciencia jurídica. Casi podríamos decir que estas oposiciones transforman necesariamente, y para mejor, a todo el que las ha estudiado con seriedad y esfuerzo. En gran parte gracias a ellas el Notariado tiene tantas plumas de primera línea que nos aportan a todos su prestigio y su creatividad. Por eso ha sido una institución modelo de valoración del mérito, y no sólo de la antigüedad, en una carrera funcionarial, y envidiada por otros cuerpos con una preparación semejante en las oposiciones libres.
Desde la integración, sin embargo, los premios habían quedado muy devaluados, y por tanto, también los incentivos para estudiarlas. Sólo hace falta mirar a los últimos concursos para comprobar que ganar clase está hoy casi al alcance de cualquier Notario, sin necesidad de tanto esfuerzo. Los nuevos premios previstos por la reforma pasan a ser de antigüedad en carrera. Pero ésta es la casi única virtud del proyecto en la materia. El que ese premio de años, no muchos, se quede en nada una vez utilizado, y deba ello hacerse en un plazo o número fijo de concursos, sólo merece una consideración negativa.
En primer lugar, la cuantía de los años abonados. Los que han preparado estas oposiciones en serio, saben lo que las mismas suponen de esfuerzo y sacrificio: al menos dos años, preferiblemente más, de estudio diario y sistemático durante bastantes horas. Y ello sin descuidar el trabajo en la notaría, y sin desatender, en su caso, los deberes familiares. Y luego, ese tremendo esfuerzo final, durante muchos meses en los que se ha de abandonar todo, también la notaría, para preparar y estudiar los temas en una lucha titánica contra el reloj. Quien piense que vale la pena semejante esfuerzo personal y económico para un pequeño premio de cuatro o seis años de antigüedad en carrera, que además se ha de utilizar en unos concursos determinados, donde tal vez no saldrá la plaza apetecida, y que además se esfumará absolutamente por utilizarlo tan sólo una vez es que no ha reflexionado lo suficiente.
En el antiguo sistema, hasta hoy vigente, una vez utilizado el premio, te quedaba parte del mismo: la clase ganada, que en otros tiempos tenía un gran valor. Ahora, en el nuevo sistema previsto, no quedará absolutamente nada.
Si de verdad se quieren salvar estas oposiciones, el premio ha de ser de una antigüedad definitiva, utilizable durante toda la vida profesional del Notario. Si los conocimientos adquiridos se van a quedar, no se entiende que el premio se esfume por utilizarlo tan sólo una vez, tal vez sin acierto, en unas circunstancias tan cambiantes como las actuales, en las que la sociedad en general y el Notariado en particular se ha de desenvolver. Sólo con un premio permanente, y que por tanto compense el esfuerzo, se podrá mantener el nivel de exigencia, y podrán seguir rindiendo estas oposiciones tan nuestras los importantísimos frutos que dieron en el pasado.