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ENSXXI Nº 8
JULIO - AGOSTO 2006

JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA

La Feria del Libro de Madrid ha superado este año todos los records, a lo que ha contribuido la favorable meteorología que últimamente le acompaña,  y que ha venido a romper, esperemos que transitoriamente, esa inveterada tradición que hacia coincidir las ultimas lluvias del curso con las corridas de San Isidro y la feria del libro. 
Muchas han sido las novedades editoriales presentadas en la Feria y muchos los autores, consagrados y noveles, que han continuado el hermoso rito tradicional de la Feria de firmar ejemplares de sus obras a sus devotos lectores. Entre ellos pudimos ver a  nuestro compañero Rodrigo Tena que, a petición de sus editores, desde la caseta editorial dedicaba y firmaba ejemplares de su exitoso ensayo sobre los arquetipos morales “Ocho minutos de arco” del que en su día nos hicimos eco en estas páginas.


La novela de Gengi. En plena feria ha aparecido también la segunda parte intitulada "II: Catástrofe" de la cima insuperada de la literatura japonesa de todos los tiempos "La novela de Genji", escrita entre los siglos X y XI por la refinada Murasaki Shikibu, cuya primera parte, "Esplendor", fue comentada en su día en esta revista. Son ya dos las ediciones vendidas en dos meses de esta segunda parte de la obra de lectura tan gratificante y placentera como la primera, y que, también como la primera, ha sido realizada íntegramente por nuestro compañero Xavier Roca Ferrer.
Roca, además de notario, es doctor en filología clásica, y desde que, hace más de 30 años, leyera la versión pionera y clásica hecha por Arthur Waley entre los años 1924 y 1933 de esta “Novela de Genji”, se  marco como meta hacer su propia versión de una obra que le había impresionado intensamente. Para ello analizó y estudió las versiones  traducidas directamente del original de Berl, Seidensticher, Sieffert y cuantas traducciones o reproducciones de la obra  iban cayendo en sus manos. Sólo cuando estimó que tenía garantías sobradas de poder ser fiel al original, acometió este empeño, arduo y espinoso desde luego, porque trasciende la labor de simple traducción para convertirse en una  tarea de recreación  o interpretación de la obra, pues no debemos olvidar que el original fue escrito en lenguaje ideográfico.
La versión que comentamos, de hermoso lenguaje y sintaxis elegante, ha sido calificada de fiel, impecable y deleitosa. Roca Ferrer ha conseguido penetrar  en la sinuosa y refinada sensibilidad de Murasaki y ha sabido redactar unas notas y comentarios que, participando de tanta sutileza como la autora propone,  permiten al lector adentrarse con fácil naturalidad en los primores de esa elegante civilización caballeresca que constituyó la corte japonesa del Viejo Emperador de Kiritsubo  durante el siglo  x.  La obra  en su conjunto sigue el esquema clásico con sus fases de  presentación, ascenso, esplendor,  decadencia y ocaso o catástrofe, que es lo que narra esta segunda y última parte de la novela a través de una serie de  aventuras galantes, palaciegas y guerreras del príncipe Genji, hijo del emperador que, alejado del poder desde su nacimiento, intenta recuperar el trono que por sangre le pertenece.

"Roca Ferrer ha conseguido penetrar en la sinuosa y refinada sensibilidad de Murasaki y ha sabido redactar unas notas y comentarios que, participando de tanta sutileza como la autora propone, permitan al lector adentrarse con fácil naturalidad en los primores de esa elegante civilización caballeresca"

La narración, que no es historia  sino  pura ficción,  abarca cien años, cuatro generaciones, tiene la apariencia de un cuento de hadas, como al parecer fue la corte de Heian Kyo, la ciudad de la Paz y de la Quietud, pero en el trasfondo subyace y se oye el rumor bullicioso de todas las pasiones humanas. De Karasaki se ha dicho que fue capaz de dejar plasmada,  antes que ninguna otra fuente escrita,  una galería de mujeres que agota todos los prototipos  femeninos de la literatura universal de todos los tiempos en el mundo de la intriga y el erotismo. Con una  autora que Octavio Paz, Margarita Yourcenar o Borges colocan al nivel de Cervantes,  Shakespeare o  Dostoievski, y con una  galería de escenas y personajes durante cuatro generaciones que se ha comparado con las sagas de Prust,  de Balzac o de Tolstoi,  no puede haber frustración. La fabulación, plena de enredos y peripecias,  está sólidamente construida, los personajes son creíbles, las descripciones son  brillantes y  los  diálogos fluidos. El resultado es una extraordinaria novela, la primera novela del mundo, que al tiempo que  nos cuenta las peripecias de Genji y sus descendientes,  nos adentra en la cultura refinada y detallista de la época, una época en que el amor y el sexo juegan con reglas propias muy permisivas, lo que no significa que las pasiones que actualmente padecemos sean diferentes a las que  entonces atormentaban a los  distintos miembros de las cuatro generaciones que componen la saga de la novela de Genji.        

"Parece que la historia de unos personajes concretos, los miembros de dos sagas o familias, los Baskardo y los Altube, en un pequeño lugar, Getxo y durante un período concreto, de 1890 a 1970, pero no es así. Es una epopeya intemporal que trasciende el localismo y las particularidades para plantear en toda su crudeza y profundidad las contradicciones del nacionalismo"

La trilogía vasca. Y hablando de sagas, solamente las vacaciones de verano pueden brindarnos la oportunidad de leer la gran saga del nacionalismo vasco  “Verdes Valles, colinas rojas”. Son tres tomos intitulados “La tierra convulsa” (hasta 1904), “Los cuerpos desnudos” (hasta la guerra civil) y “Las cenizas del hierro” (hasta el final), trilogía escrita por Ramiro Pinilla durante veinte años en su retiro en Getxo tras haber obtenido el Premio Nadal en 1960 y haber sido  finalista del Premio Planeta en 1972. Esta extraordinaria obra, que se terminó de editar a finales del año pasado, recibió el  Premio de la Crítica 2006, formalmente dedicado a la tercera y última entrega, pero que en realidad ha sido una manifestación  de reconocimiento a esta colosal obra -cuatro kilos de papel pesaba el original- que narra, a través de personajes íntegramente de ficción según asegura el autor, el nacimiento, desarrollo y transformación del  nacionalismo vasco en la visión aranista, aunque en realidad es algo más.
Parece que es la historia de   unos personajes concretos, los miembros de dos  sagas o  familias de Getxo, los Baskardo –o Bascardo, según- y los Altube, en un pequeño lugar, Getxo y durante un período concreto, de 1890 a 1970, pero no es así.  Es una epopeya intemporal que trasciende el localismo y las particularidades de los personajes que la interpretan  para plantear en toda su crudeza y profundidad las contradicciones del  nacionalismo y su resistencia a aceptar y asimilar los avances de los sucesivos movimientos de la civilización y del progreso. Y no solo eso. Aunque a primera vista parece una novela costumbrista en el marco histórico de las evoluciones del nacionalismo vasco, cuya doctrina “vampiriza” personajes y situaciones, su insistente y simbología quizá  dote a esta novela monumental de cierta  dimensión universal y le conceda méritos suficientes para ser recordada cerca de esas grandes sagas del siglo XIX que como ésta, en unas coordenadas circunstanciales de  tiempo y lugar,  describe todo el microcosmos de la comedia humana y de los ideales y pasiones que la enriquecen.

A pesar de algunos devaneos y vueltas-atrás en la narración, sobre todo en los dos últimos tomos, a pesar del barroquismo de algunas de sus concepciones, a pesar de que en ocasiones recurre al surrealismo, al humor grueso y hasta a un sarcasmo cruel, se  trata de una trilogía gigantesca, que deslumbra por su poderosa fuerza narrativa, por sus diálogos fluidos y aparentemente espontáneos,  su habilidad para inventar o fabular personajes y situaciones, y sobre todo por la capacidad de observación y crítica de los personajes de los que se sirve  a los que desnuda hasta  arrancarles de los últimos pliegues de sus entrañas, los sentimientos más ocultos para luego sublimarlos algunas veces o ridiculizarlos sin pudor las más.
La trama se desarrolla en una serie de historias en torno a dos prototipos femeninos. La primera el ama, que encarna la versión delirante del nacionalismo utópico, amor narcisista a la tierra vasca,  donde  en su día tuvo que estar el  Paraíso terrenal, con sus caseríos mágicos que el Señor reservó desde el principio para los vascos, el pueblo elegido de Dios, cuyas leyendas siempre son verdad, que no  llegaron a Euskeria  procedentes de otras tierras sino del cielo o todo lo más de la mar y que consideran contaminante todo lo que proceda del exterior, por ejemplo,     -y esto es absolutamente coyuntural- el mismo notario que vino a “sustituir  y  profanar con sus testificales el insustituible y ancestral apretón de manos callosas”.

"De Karasaki se ha dicho que fue capaz de dejar plamada una galería de mujeres que agota todos los prototipos femeninos de la literatura universal de todos los tiempos en el mundo de la intriga y el erotismo"

Frente a ese arquetipo y desde un lugar de origen desconocido  que sólo será desvelado al lector al final del tercer tomo, aparece en Getxo  otro prototipo de mujer, ésta calculadora, extraña, sin nombre, durante todo la obra se la conoce por Ella,  odiosa encarnación del Mal y el rencor que, siendo criada,  tiene con astucia un hijo ilegítimo de un Baskardo, el marido del ama precisamente, cuya estirpe progresará de modo imparable y tras dos generaciones, alejándose de la tierra y la madera y apoyándose en el hierro, ve gozosamente cómo todas las herencias de los Baskardos confluyen en uno de sus híbridos descendientes, “Cándido Bascardo Lapaza Puerta Garzea del Divino Cuerpo del Redentor” que en un proceso delirante de sublimación fue enviado a estudiar a Inglaterra, de la que a los 15 años volvió con una tarjeta en la que se leía “Lord de Inglaterra”, personaje deforme y depravado,  protegido por los jesuitas, a quien Pinilla denomina la Criatura y al que caricaturiza con saña convirtiéndolo en símbolo de un tercer y extraño prototipo.

"La trama se desarrolla en una serie de historias que se traducen en embates contra la inamovible visión narcisista del amor a la tierra vasca en la versión delirante encarnada por el alma. Merece la pena su lectura, aunque solo fuera por el notable nervio narrativo y carga irónica de su autor"

Gran importancia tienen, en efecto, los símbolos en esta obra ciclópea. Como ese macho que quedó suelto y salvaje en los montes de Getxo aún después de la  batida organizada para acabar con la partida de llamas enviadas desde Perú y luego huidas, y a cuya paternidad se atribuyeron algunos monstruos que luego se creyeron ver en la zona. O la inverosímil comuna nudista que en la casa-solar del ama,  Oiarzena,  crearon sus propios hijos como reacción frente al delirio aranista de su madre, reacción paralela a la que alguna cuadrilla de la siguiente generación, entre ellas el único descendiente del ama, Kresa, que decidió recurrir a la violencia armada como reacción frente al incontrolado antivasquismo de los vencedores de la guerra civil. O el madero que el mar siglos atrás dejó en la playa de Guetxo que se usó de mostrador de la Venta pero que una disparatada leyenda había convertido en Altar-Tabernáculo, reclamado por tanto luego por la Iglesia claro, y que en el fondo simboliza el tótem ancestral o el Útero comunitario de Guetxo  a cuyo alrededor en la Venta toda  la comunidad se confiesa y reconoce, y que fue utilizado por Ella, en  lección ejemplar para todos, como escondite de algo también cargado de alta simbología.   
La trama se desarrolla en una serie de historias que se traducen en embates contra la inamovible visión narcisista del amor a la tierra vasca en la versión delirante encarnada por el ama y que representa la resistencia contra cualquier evolución o progreso. Frente a la industrialización por ejemplo porque supone el abandono de la tierra, cuando es sabido que nada cambiará en Euskeria mientras los vascos verdaderos mantengan la tierra donde los puso el Señor ... Frente al socialismo incipiente, tan contrario a la tradición vasca y rechazable de raíz ya que los problemas de la riqueza y la pobreza han de dejarse en manos de Dios, o contra los  sindicatos,  frente a los que se promueve una Hermandad de Obreros vascos, una asociación de trabajadores cuyo objeto no era defenderse  de los patronos vascos sino del socialismo antivasco, o frente a las revoluciones en general que quieren cambiar el mundo hecho por Dios, etc. Pero la historia, la narración y el progreso siguen avanzando.

"La obra alcanza cimas narrativas antológicas e inolvidables como la preparación y marcha en la huelga general de 1890 con la exaltada activista Isidora a punto de dar a luz al frente, o los episodios de la guerra civil en la constante defensa (de día) y recuperación (de noche) del cerro de Otxamendía por un ejercito mezcla de gudaris y simpáticos anarquistas al que, para mayor confusión, termina juntándose por error un grupo carlista que era del otro bando"

Es imposible en esta breves líneas hacer siquiera simple referencia a la riqueza histórica, social y literaria de la obra, pero merece la pena su lectura, aunque solo fuera por el notable nervio narrativo y carga irónica del autor. Cierto es que  la obra resulta redundante y a veces confusa y enmarañada. Cierto es que en ocasiones utiliza recursos surrealistas como la historia de las llamas, las andanzas de los de la comuna de Oiarzena, las peripecias de los anarquistas,  la solución dada al origen del mal al fin de la obra. Y muchas cosas más.
Pero son muy superiores los aciertos. No podemos olvidar que, por encima de todo, predomina intencionadamente y siempre está presente una alta dosis de ironía, a ratos cómica, a ratos mordaz, con la que el  autor se recrea y que dota a las historias y personajes de cierta distancia, pero ello no impide que al mismo tiempo en la obra queden diseñados, con nítidos perfiles,  personajes  entrañables, encarnación de las virtudes de la raza vasca como Roque Altube, o Don Manuel el Maestro, depositario de la memoria histórica de los vascos e intérprete crítico de sus avatares, o Don Eulogio, el cura que no predica el advenimiento del reino de Dios sino del “nuestro, el de los vascos”, o Isidora la inquieta sindicalista revolucionaria etc. y tantos otros que denotan la perspicacia y maestría descriptiva del autor. La obra  alcanza cimas narrativas antológicas e inolvidables como la preparación  y marcha en la huelga general de 1890 con la exaltada activista  Isidora a punto de dar a luz al frente, o los episodios de la guerra civil en la constante defensa (de día) y recuperación (de noche) del cerro de  Otxamendia por un ejército mezcla de gudaris y simpáticos anarquistas al que, para mayor confusión,  termina juntándose por error un grupo carlista que era del otro bando, o las primeras andanzas de una cuadrilla vasca anti-franquista en los años 50…etc.
La obra es muy atractiva, de fácil lectura y tiene inusitado interés. La deliciosa narración de las entrañables escenas familiares del primer tomo mete de golpe al lector en la gran historia que empieza a tejerse desde el principio, y aunque en ocasiones parece decaer el halito, enseguida resurge vigorosamente la fuerza narrativa de Pinilla que, con diálogos fluidos y agudas e irónicas percepciones vuelve a captar al lector metiéndole irremediablemente en la escenografía de la novela. Vale la pena.